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23 de Abril del 2018
Historias
Lectura: 20 minutos
23 de Abril del 2018
Redacción Plan V
Las razones de la censura a "Propagandia"

Fotos: Luis Argüello

Carlos Andrés Vera posa en su productora Cámara Oscura. Es cineasta y ha producido varios largometrajes sobre temas de la realidad nacional e internacional.

 

Desde el Estado, lo que se estaba organizando era un gran encubrimiento por medio de la propaganda. Esta propaganda te pintaba el país ideal, el país de la década ganada mientras sucedía un saqueo brutal. Para lo que sirvió el Estado de propaganda fue para tapar los delitos que se estaban cometiendo. Por eso se explica este conflicto ahora, porque de alguna manera ese trato se traicionó o esa fórmula no funcionó, se quebró y el país está descubriendo de alguna manera que debajo de esta alfombra había un montón de basura.

¿Censuraron a Carlos Andrés Vera? El mensaje del cineasta y activista político llegó a través de su cuenta de Twitter, en la cual señalaba que su último documental Propagandia, estaba impedida de ser proyectada en las principales cadenas de cine del Ecuador. Vera recibió a Plan V en su productora, para explicar porqué considera censura que este documental no pueda ser visto, por decisión de los empresarios, en las principales cines del Ecuador. 

¿De qué se trata Propagandia?

Es un recuento de cómo el gobierno de Rafael Correa fue mutando bastante rápido a la construcción de un Estado de propaganda. El documental va mostrando, cronológicamente, cómo se montó ese aparato y cómo ese aparato vio su cumbre en la última elección. Cómo en un momento en que estuvieron a punto de perder, en un riesgo real que por primera vez se daba en diez años, ese aparato fue usado sin contemplaciones. Como si hubieran estado armando un ejército por mucho tiempo y esta era la batalla que ese ejército no podía perder. Propagandia es un documental histórico de cómo la revolución ciudadana mutó a ese modelo de Estado donde todo es propaganda, donde las políticas públicas vienen más por el lado de los eslóganes publicitarios que necesita el Estado que por el beneficio de las personas. 

¿Los hechos centrales tienen que ver la última elección presidencial?

Son ambas cosas: la construcción del Estado de propaganda junto al Estado librando esa última batalla. El capítulo de la última elección es simplemente la última prueba de la construcción de ese Estado, pero antes de eso tienes todas las víctimas, la persecución a los periodistas, a los opositores, desde el otro lado, cómo mintieron al país y construyeron verdades para que el país les siguiera dando su apoyo y, de alguna manera, eso también convierte en víctima al país.

En la última elección fue parte del equipo de Guillermo Lasso. Fui testigo de primera mano de lo que pasó ahí adentro. Recuerdo que el 2 de abril del 2017, el día de la segunda vuelta, nos sentimos literalmente violados. Todas las contingencias que el equipo de Guillermo había creado no funcionaron.

¿Cómo se construyó el Estado de propaganda?

El primer paso importante fue incautar los medios de los Isaías. Recordemos que dijeron que iban a vender los medios, nunca los vendieron, y pasaron de tener uno o dos medios públicos a controlar más de 29 medios, entre los incautados y los creados por ellos. A partir de la declaración de la prensa como su principal enemigo se empieza a declarar una "guerra por la verdad". Así, el periodismo denunciaba corrupción o cosas que no funcionaban y su aparato imponía otra verdad. Pero esa guerra era, de alguna manera, pareja hasta cuando surge la Ley de Comunicación y el aparato de propaganda se consolida. Ahí es cuando ellos tienen ya la capacidad para construir todo el aparato burocrático para imponer sus verdades. Empiezan a acosar a diarios como La Hora con decenas de citaciones a la Supercom, empiezan a poner a los medios en una situación donde si siguen investigando ya no hay manera de sostener al medio. Entonces o desaparecen o deja de hacer investigación. El periodismo entra en estado de supervivencia, y en la medida que los medios privados pierden la capacidad de hacer mejor periodismo, ellos empiezan a ganar esa guerra por la verdad. Para mi uno de los ejemplos más decidores fue que una buena parte de lo mejor del periodismo del país se fue a internet y dejó de estar en medios masivos, y pasaste de tener periodistas que trabajaban para un medio, con estabilidad laborar y trabajo que hacer todos los días, a tener periodistas convertidos en empresarios para levantar sus propios medios, y con la necesidad de hacerlo todo, porque tenían que buscar apoyo financiero y patrocinadores, conseguirse un salario, pagar a la gente  y al mismo tiempo hacer periodismo.

La persecución y control de la prensa es una pata del sistema, el otro es ese equipo gigantesco en personal e infraestructura dedicado a la propaganda del régimen y la otra es el propio Rafael Correa ¿cómo se juntaron estos elementos para construir ese personaje?

Quien mejor lo define en el documental es César Montúfar, quien dice que Correa gobernaba por televisión. La sabatina se convirtió en la mesa del palacio de gobierno. Correa hizo un show desde donde dictaba sentencias (judiciales). Decía: cómo es posible que tal persona no tenga un juicio, o que el fiscal no haya actuado. Y al día siguiente el fiscal actuaba. Saliéndose de sus funciones, Correa dictaba órdenes de prisión, dictaba sentencias y empezó a hacer de la sabatina el show del gobierno y el eje de todo el aparato de propaganda donde él era el personaje. El tema económico es un buen ejemplo de cómo lo hicieron. Si había un problema con la economía que empezaba a sentirse en el país, con denuncias de corrupción, se tapaba con la consigna de la década ganada. El país era el de la década ganada. Y toda la comunicación del gobierno iba hacia la década ganada, lo mismo que las políticas y las respuestas de los funcionarios iban a la década ganada. Entonces las políticas públicas y las respuestas a los cuestionamientos de la sociedad se reemplazaban con frases publicitarias, con eslóganes decididos en una mesa de comunicación política, en una mesa de propaganda y no en una mesa de políticas públicas. Quien definía lo que el gobierno decía eran los propagandistas, y esa propaganda se convertía en verdad, todo se etiquetaba y eso se convertía en política. No es entonces algo que a Correa se le ocurrió en una sabatina, porque así era su carácter. Entonces, lo más grave del Estado de propaganda en ese sentido es que el Estado se convirtió en una extensión de la personalidad de este individuo. 

¿Cómo arranca Propagandia?

En la última elección fue parte del equipo de Guillermo Lasso. Fui testigo de primera mano de lo que pasó ahí adentro. Recuerdo que el 2 de abril del 2017, el día de la segunda vuelta, nos sentimos literalmente violados. Todas las contingencias que el equipo de Guillermo había creado no funcionaron. El control electoral no funcionó, muchas cosas no funcionaron, pero más allá de las contingencias que él pudo haber tomado, lo que realmente estaba sucediendo era que nos estaban robando la elección; robando no solo por irregularidades en las urnas de ese día, sino como el cierre de un proceso fraudulento, con la cancha inclinada, combatiendo contra los recursos del Estado; pero de una manera más obvia, grande y grotesca de lo que haya visto el Ecuador. Y recuerdo que a partir de esa sensación dije: esto se tiene que saber; el país lo sabe, pero creo que no se había hecho el recuento histórico, desde el 2006, de cómo empezó esto para que llegue a terminar como terminó. Propagandia pone los elementos, los hechos, los va uniendo hasta convertirse en lo que, yo creo, es un documento histórico, que toma valor con el tiempo, para que las cosas no se vuelvan a repetir. Recuerdo que ese 2 de abril mi única respuesta fue filmar, volver a lo que sé hacer mejor: cine, y documentar esta historia. Y bueno, tomó mucho más de lo que pensaba; me puse a trabajar en eso en junio del año pasado, pensé que me tomaría unos cuatro meses. Pero será en mayo de este año. 

¿Por qué ha demorado?

Hay mucho material; revisé diez años de propaganda, spots, sabatinas y solo eso tomó varios meses.

Lo que me di cuenta al revisar diez años de la acción de Correa es que no es un accidente. No es algo que tenga que ver con su personalidad, con su ira o con su carácter. Es algo totalmente conciente, planificado, y ahí es donde una vez más me vienen estas certezas que desde el Estado lo que se estaba organizando era un gran encubrimiento a través de la propaganda.

¿Y cuantas valiums tomaste?

Pucha, sabes que sí es deprimente. Como terapia me había propuesto dejar de escuchar a Correa. Escuchaba los resúmenes y las noticias de los medios, pero ahora lo tuve que ver y escuchar. Estoy convencido de que es un hombre enfermo; enfermo de poder, es una persona extremadamente negativa, cargada de odio, un experto en manipular y transformar medias verdades para convertirlas en mentiras; a veces parte de premisas reales pero te lleva a conclusiones absurdas o extremas. Lo que más me di cuenta al revisarlo es que no es un accidente. No es algo que tenga que ver con su personalidad, con su ira o con su carácter. Es algo totalmente conciente, planificado, y ahí es donde una vez más me vienen estas certezas que desde el Estado lo que se estaba organizando un gran encubrimiento a través de la propaganda. Esta propaganda te pintaba el país ideal, el país de la década ganada mientras sucedía un saqueo brutal. Para lo que sirve el Estado de propaganda es para tapar los delitos que se estaban cometiendo. Por eso se explica este conflicto ahora, porque de alguna manera ese trato se traicionó o esa fórmula no funcionó —o lo que sea que haya dejado este hombre preparado sobre la mesa para que la impunidad y la propaganda continúen— se quebró y el país está descubriendo de alguna manera que debajo de esta alfombra había un montón de basura. Y volviendo a la pregunta, es fuerte, deprimente y toma mucho tiempo; pero también hablé con mucha gente, con gente que no quería hablar al inicio. Recuerdo cuando pedí conversar a Ruth Hidalgo, y ella tenía miedo de hacerlo. Finalmente lo hizo con muchas ganas, pero al principio ella no quería compartir su experiencia porque la amenazaron de muerte, porque amenazaron a todos los miembros de Participación Ciudadana, porque tuvo que cambiarse de casa... Ese fue el caso de muchos entrevistados, cerca de treinta, que tenían miedo de hablar de lo que ha ocurrido en el Ecuador. 

Propagandia, según has denunciado, no será estrenada en las principales cadenas de cine del Ecuador.

Tenía pensado estrenarlo en marzo o en abril, en los cines, en las cadenas grandes, pero al acercarme a ellos con suficiente antelación, me encontré con muros. Una cadena de cines me dijo que lo iba a pasar si es que las otras dos cadenas lo pasaban. La otra cadena me dijo que entraba si es que la otra lo hacía; finalmente todo quedó en manos de una cadena de cine. Generalmente cuando un lleva un producto, lo atiende un gerente de distribución, pero esto llevó a los accionistas, y estos de la cadena que finalmente decidió, decidieron no hacerlo, porque para ellos era demasiado polémico; me dieron una cantidad de escusas absurdas, que en el fondo realmente de lo que se trata es que tienen miedo de meterse en problemas. O de comprometerse o quedar mal con este gobierno, y un cine no tendría porqué quedar mal porque está mostrando un producto audiovisual que tiene un autor. En todo caso, el que se metería en problemas soy yo. 

Me pareció que al final pesó la conveniencia. Porque cuando les presenté el documental al principio me dijeron vamos. Es un buen producto, va a funcionar con el público, es un buen momento. Pero luego los accionistas se echaron para atrás.

¿Por qué con el gobierno actual?

El documental sí cuestiona la legitimidad del actual gobierno. No necesariamente partiendo de la premisa de que robaron votos, porque es una acusación que hasta ahora no ha sido probada pero que merece una investigación que no tengo la capacidad de hacer, pero tienes todos los elementos que configuran un fraude, no solo el día de la elección sino antes de la elección. Desde cómo se designan a las autoridades electorales y de control. Y lo estamos viendo ahora, por eso crearon este nuevo Consejo de Participación Ciudadana, justamente para bajarse a todas las cabezas que se encargaban de garantizar la impunidad, de ocultar la corrupción; lo mismo pasó con el CNE, exactamente igual. Y creo que en este momento hay gente que tiene miedo de recordarlo, tiene miedo de decirlo, en parte porque tienen miedo de hacerle algún tipo de favor a Correa, que resulta que sería beneficiado en caso de que se desprestigie a Lenín Moreno. Prefiero mantenerme fuera de esa disyuntiva. Moreno, para mí, es producto de Correa, así actúe mejor de lo que actuó Correa: hay gente de Correa que se mantiene en el gobierno, hay temas enormes de corrupción que no han desaparecido, pero sobre todo, más importante que todo eso me parece que hay que defender la verdad. No podemos, por miedo, autoengañarnos o dejar de revisar lo que pasó recién. Simplemente para que no vuelva a ocurrir. 

¿Es miedo o conveniencia?

Pueden ser ambas. En el caso de los cines, como no tengo certezas prefiero dejarlo en duda. Pero me pareció que al final pesó la conveniencia. Porque cuando les presenté el documental al principio me dijeron vamos. Es un buen producto, va a funcionar con el público, es un buen momento. Pero luego los accionistas se echaron para atrás y eso me hace pensar que fue por conveniencia: no me conviene pelearme con el gobierno, o me llevo muy bien con el gobierno y no quiero generar inconformidad ni molestia.

¿Es una censura?

Sí, lo es, sin duda. Ellos, en el proceso de negociación con los cines, jamás se cuestionó la calidad del producto. Dijeron que es un producto de alta calidad. Pero no entramos para no incomodar a alguien. Eso es censura, por supuesto. 

¿La televisión, Netflix...?

Lo mismo ha pasado con la televisión y Netflix es complicado porque sube solo coproducciones, donde ellos hayan participado. Pero es una puerta que estamos tocando. Este documental lo hice, como todos los demás, para que lo vea la mayor cantidad de gente posible. Lo mismo hice con Taromenani, el cual sí llegó a las salas de cine y a la televisión. Ahora, contrario a lo que sucedía hace diez años, el internet tiene mucha mayor fuerza, y soy capaz de —si no encuentro canales masivos de distribución— subirlo a internet y regalarlo al público. Me interesa tener más de 300 mil reproducciones a ganar un dólar por reproducción y que lo vean diez mil. 

Creo que el fantasma de Correa asusta todavía a mucha gente. Durante su gobierno había una situación real de persecución. Ahora, creo que sectores que siempre fueron cuestionados por el correísmo hoy están más interesados en sostener a Moreno.

¿Hay posibilidad de que se abran las puertas?

No creo, este es un documental que es poco conveniente para los medios tradicionales; en el internet está su fortaleza, y por supuesto en todo lo alternativo. Salas pequeñas, universidades, proyecciones en la calle, y hasta he pensado en regalar DVD. Estoy haciendo una estrategia de guerrilla para la difusión. Pero, claro, nos quedamos colgados. 

¿Cuánto costó?

Costó 80 mil dólares hacerlo sin que yo gane un solo dólar. Normalmente un largometraje documental en el Ecuador cuesta entre cien mil y 250 mil dólares. Estamos a pérdida, pero yo estoy soltando eso. Sí, contaba con una taquilla, con ventas en televisión, y con lo que ahora cuento es con golpear duro a todos los que no quieren que se vea. 

¿Por qué sucede esto? ¿Se puede decir que sigue el miedo a Correa?

Creo que el fantasma de Correa asusta todavía a mucha gente. Durante su gobierno había una situación real de persecución. Ahora, creo que sectores que siempre fueron cuestionados por el correísmo hoy están más interesados en sostener a Moreno, por el fantasma de Correa; porque, en efecto, Moreno se ha peleado con Correa, ha traicionado a Correa y no quieren que ese fantasma retorne. Para mi, este documental no va a hacer que vuelva Correa; simplemente este documental da cuenta de algo muy grave que sucedió en el país y que no debiera suceder de nuevo. 

¿Cómo crees que el público reaccione? Te pueden decir que es un documental sesgado en el cual solo habla una parte del problema. No hay la otra versión.

Me hubiera encantado entrevistar a los hermanos Alvarado; entrevistar a Correa, pero son gestiones imposibles. Lo que siempre digo es: por diez años, nosotros escuchamos este lado de las cosas, y ese lado está claramente expuesto en el documental. En el documental escuchamos a Correa, a los Alvarado. Ya hablaron diez años, y ahora vamos a mostrar lo que sucedía mientras ellos hablaban. Ahora sí vamos a contrastar, de hecho. Su versión sí está en Propagandia. Por supuesto, como digo, me hubiera encantado entrevistarlos, pero son entrevistas imposibles, por lo menos para mí que soy un activista político, no soy un extranjero que viene a hablar con todos. Pero mi modo de ver y actuar no me impide reconstruir los hechos con profesionalismo; tampoco lo hago con la idea de que es la única verdad; simplemente en el documental están los elementos para que la verdad se vaya construyendo, pero en Propagandia hay elementos de no se habían puesto antes.

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