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8 de Marzo del 2018
Historias
Lectura: 28 minutos
8 de Marzo del 2018
Redacción Plan V
Luis Verdesoto: el país está en estado de emergencia política

Fotos: Luis Argüello

Luis Verdesoto Custode alerta sobre la crisis política que afecta la institucionalidad del Ecuador. Con todas las autoridades cuestionadas, el Consejo de Participación Social Transitorio cobra enorme relevancia.

 

"En Ecuador tienes una función Ejecutiva que ha asumido un rol pasivo frente a la gestión de la política, una asamblea que simboliza la vergüenza; un procurador que escapó; un fiscal general al borde de un enjuiciamiento; un contralor que es el más corrupto de todos. El segundo al mando del país está preso por corrupto... Son pocas las veces en que un sistema político aguanta tanta debilidad".

¿Cómo caracterizarías el momento político a partir de la consulta?

La consulta es la expresión de dos grandes líneas que el gobierno acumula luego de haber sido electo. Recordemos que en la elección hubo un empate político y el gobierno tenía que reconformar la legimidad que surgía de ese empate, y además porque Alianza PAIS iba a romperse y se rompió de hecho. La segunda era que el gobierno necesitaba captar electorado y bases de apoyo de su antagonista, caso contrario tenerlo intacto era uno de los elementos que no podía permitir en su gestión Y tercero, lo que se incubó en la sociedad es una amplísima legitimidad por la apertura. Todo el mundo exigió apertura y esto presionó fuertemente al régimen. Hay otro elemento, y es que el gobierno necesitaba religitimación e instrumentos de gestión legítimas. Religitimación implicaba que el Presidende de la República recibiera una aceptación mayor a sus propuestas, en las que él tenía transparentemente una posición, e implicaba que podía armar un conjunto de instrumentos que le permitía diseñar cosas. Tal vez lo más importante era eliminar el espectro más importante del proceso político ecuatoriano que era la presencia de Correa como potencialmente elegible. Esto condiciona indudablemente la gestión de cualquier modo, y ese es el paso más importante que dio Lenin Moreno. Así Correa no podía ser candidato pero a la vez se abría el juego hacia otros sectores y en sus manos quedaron dos o tres elementos de presión. Algunos en temas de desarrollo, como es el de la minería metálica; el segundo elemento es la imprescriptibilidad de los delitos contra el Estado, que es la fórmula que —con el fin de la reelección— amenaza más fuertemente a Correa y el tercero es el Consejo de Participación Transitorio, el cual, ubicado en el momento en que está ubicado y el lugar del sistema político en que está ubicado, puede adquirir una relevancia extraordinaria para catalizar los conflictos que se vienen. Si no se procesan ahí, muy probablemente no se podrán procesar en otro lugar del sistema político.  El presidente de la República acumula instrumentos de gestión con la consulta popular. El tema es que no solo se trata de acumular ese excedente político, el tema es saber administralo bien, llevarlo bien y saber a dónde se lo quiere conducir. Si el excedente es visto solamente como tener un excedente que se consumirá de a poquito a lo largo del tiempo, no va ningún lado. El excedente político se debe administrar en función de la consecución de objetivos políticos, que permitan que la apertura y la transición puedan consolidarse y volverse sustentables.

Esa transición debiera ir hacia una democratización de la esfera pública, el sistema político y la sociedad, la pregunta es si en las actuales condiciones será posible aquello tras la disolución institucional producto del autoritarismo y la corrupción de la última década.

Lo que pasa con las hidroeléctricas, con la inversión en salud, en educación, lo que pasa con nuestras carreteras —que fueron pilares de gestión política más que de modernización coherente— han hecho de ese conjunto una modernización fallida. Lo único que pasa es que nada funciona.

Este es un viejo tema de las transiciones a la democracia luego del comunismo en los países de la Europa del Este. La discusión que montaron los conservadores estadounidenses fue precisamente esa. Lo que plantea Kissinger si es que en países como Rusia, que no tienen cultura, estructura ni historia democrática se puedan instalar instituciones democráticas. De algún modo, Kissinger plantea muy pragmáticamente que caminar por ahí es un desgaste y lo que hay que hacer es caminar con lo que hay. Entiendo que ese es el interés nacional de Estados Unidos, que está en cómo consolidar el derrumbe del comunismo y de la URSS, pero no es nuestro caso. Nuestras democracias son defectuosas, y en paises como el nuestro son más defectuosas, lo cual obliga a operativos mayores de acomodo institucional, flexibilidad institucional y lectura de las particularidades. Pero no podemos dejar de plantearnos que nuestro problema es el de instalación democrática, porque nuestro países viven un proceso permanente de acumulación y desacumulación democrática. El tema de Ecuador es primero evitar caer en una crisis permanente,  con la cual la desacumulación democrática te lleve a un sistema político sin legitimidad, como en el caso peruano. Que lleve a un Estado que se convierta en ineficiente. Que la modernización ecuatoriana se pueda convertir en una modernización fallida. Creo que con la agresiva inversión pública que se dio en el Ecuador, desordenada y sin otros objetivos que no fueran el clientelismo político y la corrupción, ha terminado siendo una modernización fallida. Estamos al borde de reconocerlo: lo que pasa con las hidroeléctricas, con la inversión en salud, en educación, lo que pasa con nuestras carreteras —que fueron pilares de gestión política más que de modernización coherente— han hecho de ese conjunto una modernización fallida. Lo único que pasa es que nada funciona, y eso impide que el país pueda salga de estos síntomas precríticos y recesivos que vive. La modernización no es el activo con el cual el Ecuador está caminando. No podría decir cuál es el siguiente paso de la modernización, haber pasado de la concepción faraónica de la Corea del Sur, a la "Corea ecuatoriana" —que va a producir barcos y acero sin tener un centavo de hierro— a producir uvillas y frutillas, es el ejemplo mayor del fracaso de la modernización. Haber construido ciudades del milenio copiando a las del señor Jeffrey Sachs en África, instalarlas en el oriente ecuatoriano y saber que son ahora criaderos de gallinas. Es una barbaridad. El mejor ejemplo de modernización experimental fallida es El Aromo. Y además de este se va descubriendo no solo inversión destinada a la corrupción, sino una idea de quemimportismo en la modernización: se abrían rutas aéreas internacionales sin importar por qué... todo esto es parte de un juego de inversión-acierto-error que llevaba simplemente a desperdiciar recursos de modo corrupto sobre la base de la abundancia y la capacidad política.

¿Y ahora que ya no hay esos recursos ni lo otro tampoco?

El tema es que cuando llegas a niveles de estos te quedan varias cosas. Primero queda una frustración muy grande con el momento que vive Ecuador. Creo que eso es muy grave porque ha dejado susceptible a toda la población, la cual está extremadamente sensibilizada sobre esto y no es que vaya a manifestar todos los días en la calle pero en cualquier momento puede explotar. El tema no es decir que la corrupción esté o no en primer lugar de la preocupación ciudadana, es que la corrupción está en todo lado. El tema es que la crisis va a explotar en el momento en que se produzcala sinergia entre la corrupción y la economía. Hay dos formas de procesos cuando acosan las disputas del excedente por parte de la sociedad. Lo estamos viendo a cada rato, los taxistas, el pueblo, el puente... nos acostumbraron a que la gestión pública estaba dada por una capacidad casi ilimitada de repartir excedente y ahora hay una capacidad limitadísima e ineficiente y va a llevar  a que las disputas entre nosotros comiencen a ser mayores, o todos disputemos teniendo como referente al Estado y al hacerlo vamos a tener un Estado débil, no un Estado fuerte. Esas tensiones sulen llevar a las explosiones sociales. O pueden llevar a que el proceso que se abrió no se consolide. Ese es el tema del millón. Si no logramos consolidar, y la única forma de hacerlo es profundizando la democracia, lo cual significa que debamos lograr que otras instituciones funcionen, el tema mayor es que no están funcionando las instituciones. En Ecuador tienes una función ejecutiva que ha asumido un rol pasivo frente a la gestión de la política, una asamblea que en lugar de ser el foro de los ecuatorianos termina siendo este rato la vergüenza encabezada por quien procesaba la parte más podrida de las interrelaciones entre grupos en el Ecuador, y tienes un vacío. Un procurador que escapó; la primera autoridad penal del Estado, que tiene que bucar y procesar la corrupción al borde de un enjuiciamiento; el contralor, que en las funciones clásicas de todo Estado moderno es el que desarrolla una gestión transparente, es el más corrupto de todos ellos, tan corrupto como concentró poder el presidente de la República. El segundo al mando del país está preso por corrupto. Son pocas las veces en que un sistema político aguanta tanta debilidad. Agunataría si tuviéramos instituciones de soporte, pero no las tenemos. Suelo comparar al sistema político ecuatoriano actual con El Aromo: nada. No hay partidos, no gremios, no hay opinión pública...

Pero de todas maneras, lo poco que haya se expresa. Los partidos hablan, hay un vigoroso debate sobre la coyuntura.

Yo creo que estamos navegando sobre las inconsistencias. Si hay algo que no sabemos es lo que pasa en el fondo de todo esto. Aquí hay un mar de fondo que no lo podemos descifrar, no sabemos qué es lo que estructura la oquedad de este sistema. Cuando me refiero al mar de fondo es que en este país han pasado diez años de un extraordinario desarrollo capitalista y circulación de excedente y una barrida de instituciones extraordinaria. Se mató a las instituciones. ¿Cuál es el mar de fondo, quiénes son esos nuevos actores, que segurametne se ligaron a la contratación pública lícita o ilícita? ¿De gobierno a gobierno? ¿Es que acaso estamos frente a una nueva forma de corrupción que se da de Estado a Estado? Tenemos una serie de contrataciones, desde los pequeños a grandes constructores, los importadores, y la parte pasiva que convirtió a la gente de ciudadanos a consumidores. Después de diez años tenemos en el Ecuador una mayor cantidad de seres engordados pero no tenemos ciudadanos. Todos consumimos más, tenemos mejores carros, más capacidad de consumo, segundas viviendas, viajes al exterior... pero lo que no somos es ciudadanos, es decir responsables y constructores del hacer público.

Cómo miras al gobierno, ¿es de transición hacia qué? ¿Continuidad? ¿Es un camino de retorno con mea culpa incluida a la promesa del 2006?

Creo que el gobierno es las dos cosas: continuidad y apertura. Cuando sales de Pinochet hay las dos cosas, hubo continuidad, Pinochet manejó un aparato instituciones de perennización de sus "logros" y supuestos autoritarios y desmontar eso ha costado décadas a la sociedad chilena. No es el caso ecuatoriano, necesariamente. Tampoco es que Pinochet se derrumbó. Creo que la transición ecuatoriana, este salir del autoritarismo correísta, se parece más al de Fujimori, donde si bien no tuvimos el tema de la guerra ni una grave trasgresión de los derechos humanos, sí la concentración de las capacidades en el Ejecutivo, lo cual hizo muy parecidos a Fujimori y a Correa. La salida electoral es muy parecida. Fujimori gana la reelección con muy poco, el desmontaje de ese aparato corrupto ha sido de absoluta lentitud. En el caso peruano ese desmontaje tuvo un eje central que fue el presidente de la transición, que fue muy sensato en el manejo de todos los instrumentos institucionales. Lo que sí pasó es que el sistema social y político no logró retomar la conducción. Al contrario de nosotros, el Estado peruano se tecnificó. Nosotros tenemos un eje autoritario muy grande como es Correa, una sociedad civil muy débil que este momento está más hacia la coptación que a la conducción de los comportamientos de la sociedad; tenemos partidos políticos que están sosteniendo al gobierno porque esperan ser gobierno después, no por consecuencia democrática. Los partidos y los actores políticos tienen que asumir esta transición con consecuencia democrática, no solamente con expectativas de poder. Y vamos a tener una situación económica distinta, porque a diferencia de Fujimori, que montó un neoliberalismo claro, en Ecuador tiene que abrirse la economía y esa apertura no tiene actores.  La propuesta gubernamental es inconsistente. La apertura con excesiva inversión pública no existe en ninguna parte del mundo.  O asumes una disciplina fiscal que permita robustecer las condiciones en que la apertura genera un modelo de desarrollo y se revierta en redistribución interna, pero no es posible tener apertura y además gasto excesivo porque eso se llama endeudamiento. Tenemos que resolver bien si sabemos a dónde vamos.

¿Ese saber a dónde vamos no está claro y hasta ahora es una frustración? La sociedad que se movilizó desde fines del 2014 hasta diciembre del 2015 logró que Correa no opte por una nueva postulación, pero esa sociedad ¿se esfumó, está expectante? Sería incoherente que una protesta que movilizó más de dos millones de personas en el 2015 se haya esfumado.

Creo que la movilización que detuvo a Correa no fue políticamente conducida. Fue una movilzación de la espontaneidad. Fue la expresión del hastío, de la incomodidad, el fin de un ciclo de populismo, el tratar de respirar tras ser violados políticamente día y noche por tantos años. Esta movilización aparecía por todo lado, se iba agregando y desagregando y no tuvo conducción. Y ese momento de espontaneidad perdura hasta hoy. Porque si algo dejó bien hecho Correa fue dejar grandes obstáculos para que los partidos ejerzan una conducción política. Un partido político no se hace con voluntarismo. Las sociedades crean climas políticos para la existencia de partidos o no. Este rato no existe el clima político mínino para que estos funcionen. No hay son cortapisas para la espontaneidad. Y mañana pueden aparecer o no las movilizaciones espontáneas. Estas surgen ante determinadas sinergias, por la economía, por la corrupción, por abusos de autoridad. Es decir, no vienen por la voluntad de una conducción política que diseña estrategias para llegar a un objetivo. Ecuador, este momento, está lleno de estados de ánimo que han sido congelados manteniendo niveles de consumo gracias al endeudamiento hasta que se llegó al límite. Creo que las medidas económicas nos van a mostrar hasta dónde hay una percepción de ese límite y hasta dónde hay esa percepción de que no hay que dejar que esta sociedad desacumule más. Lo mismo que en las familias, uno puede vender la casa para seguir consumiendo e irresponsablemente el padre puede decir: ya veremos qué pasa después o voy  a jugar la lotería.  O puede no hacerlo. Seguir endeudándonos no tiene espacio, la indisciplina fiscal ya no tiene espacio, pero siempre se puede estar peor. Creo que en las medidas económicas vamos a ver que ya no hay más de eso y vamos a ver que harán sinergia con esa espontaneidad que surgirá de nuevo. Son asociaciones, catalizaciones que no son controlables.

En el plano institucional, la Asamblea está en medio de una franca desconfianza ciudadana y el Consejo de Participación Transitorio podrían generar expectativas más grandes que la propia Asamblea. ¿Se dará un cambio de roles de confianza?

Comenzaría al revés. Estamos la borde de hiperparlamentarizar la política ecuatoriana. Nos fijamos solo en la Asamblea, que es el foco del conflicto principal, y si ese conflicto se mantiene y en torno a este se aglomeran otros conflictos, vamos a tener una coyuntura tan híperparlametarizada que dará lugar a una crisis. Y es una grave problema porque el conflicto entre José Serrano y el fiscal general Carlos Baca, que es la primera autoridad penal del ecuador tiene razones de fondo que para nada son las que ellos nos dicen. Me preguntaría por qué la primera autoridad penal del Ecuador le dijo al —en ese momento— presidente del Congreso que temía que alguien le ponga una carga de droga en algún lugar. Me asustó porque ese lenguaje se usa en otro tipo de relaciones, no en las relaciones entre dos representantes de dos instituciones del Estado. Si hay alguien que sabe de la parte turbia penal del Ecuador es el fiscal general. Si él dice que le pueden poner droga está diciendo muchas más cosas. Y eso tiene que ser aclarado ante la Asamblea y el país,  qué quiso decir cuando dijo eso; qué es lo que quiere hacer el presidente del Congreso cuando se comunica con el principal  perseguido de la deshonestidad ecuatoriana y se comunica en los términos que se comunica. Al margen de la amistad u homogeneidad que puedan tener, tienen que decirnos por qué de esa relación; y otro tema: el autoritarismo ecuatoriano tuvo un epígono en el 30S. El destapar el tema del 30S no solo es haber destapado la probable injusticia cometida contra muchos, es haber puesto en duda la principal injusticia del Ecuador, la que permitió el desencadenamiento de todos los actos autoritarios post Montecristi. Es a partir de eso donde se desataron y robustecieron todas las intervenciones: a la justicia, en las fuerzas armadas y la policía, se entró de distinta manera al escenario internacional y se consolidó el dominio de todas las funciones del Estado. Tienen que explicarnos eso, para saber lo que está debajo.

¿Queda resuelto el nudo parlamentario con la salida de Serrano y el juicio a Baca?

Si el Ejecutivo no logra deshacer el nudo parlamentario en este sentido, su futuro es incierto.  La correlación Serrano y Baca es una correlación de rabos de paja. Ambos están comprometidos en una lucha de "malos", para decirlo mal y pronto. De ahí deviene la forma de administrar el resultado de la consulta popular. De la consulta deviene una legitimidad que tiene que ser bien administrada. No es solo tener el capital político para perder un punto cada mes y al final me alcanza. Eso es administrar la política como cartera de señora. Tiene que administrarse cualitativamente, algebraicamente, y eso implica instalar en la sociedad grandes y nuevos hitos democráticos.

"Los actores políticos y la sociedad en su conjunto debe comprender que estamos en un momento de absoluta emergencia política; se están fundiendo todos los conflictos y eso puede llevarnos a una crisis que nos deje en el despeñadero".

¿Qué son cuáles?

A mi criterio son tres. El primero, un sistema representativo que estimule la formación de partidos, y eso se llama sistema electoral. Hasta ahora lo que hemos tenido es una forma de desestructurar el sistema representativo; hay que reestructurar el sistema electoral. El segundo hito, claramente, es el tema de la corrupción. Si no se rompe la relación entre el andamiaje institucional que se armó para estimular la corrupción y el autoritarismo, esto no va a funcionar. Eso pasa por revisar todas las formas de contratación pública hasta las paraestatales. Y el tercer hito es la justicia. Sin estado de derecho no hay posibilidad alguna de estabilizar la democracia. La democracia no se estabiliza por la buena voluntad de las partes sino por instituciones que están ligadas al estado de derecho. Es ahí donde se armó la necesidad de esta transición lenta. Llámese como se llame, lo que hay es una apertura insuficiente, que tiene que terminar siendo una apertura que instale o reinstale instituciones. Es fundamental una recuparación de las capacidades expresivas de la sociedad, de las capacidades de procesamientos de conflictos, de procesar las demandas de la sociedad, de convivencia transparente, de una limpieza de la porquería y en medio de eso tener un rumbo.

En eso ¿cuál es la función del Consejo de Participación Transitorio?

Es un pozo de legitimidad muy grande, este momento en el Ecuador. Hay el pozo que se armó en torno al Ejecutivo pero el andamiaje institucional terminó en el Consejo de Participación Transitorio. En sí mismo, el Consejo es la peor de las instituciones, si algo mal hizo Montecristi, con mala fe y tontera fue el Consejo de Participación, pero el Consejo Transitorio tiene la llave, incluso para terminar con esta institución. Si no lo eliminamos en la consulta hay que darle las llaves para que actue. Los actores políticos y la sociedad en su conjunto debe comprender que estamos en un momento de absoluta emergencia política; se están fundiendo todos los conflictos y eso puede llevarnos a una crisis que nos deje en el despeñadero. Hay que administrar todo eso, hay que darle orden y legitimidad para que ellos puedan administrar bien las cosas. Hay que tener una comprensión de la flexibilidad institucional. Las instituciones no son para las rigideces de los abogados. Cuando las instituciones quedan en manos de los abogados, lo que hacen es medir con una métrica simple. La institución es un hecho de flexibilidad política y esto significa que pueda flexibilizarse sin quebrarse; cuando se quiebra estamos en dictadura, pero hasta tanto lo puede hacer, y debe encontrar cuál es la coyuntura política, y el momento en que la sociedad requiera de ello con flexibilidad. El correismo hizo cerrojos institucionales para evitar que se mueva el modelo político y económico que montó. Hay que dotar de flexibilidad al Consejo de Participación para que pueda cumplir el rol político que se requiere que cumpla.

De todas maneras, nosotros tenemos como cultura política este falso respeto a la formalidad, y decimos falso porque al final terminan haciendo lo que les da la gana, acomodando la ley a sus intereses. ¿Crees que es un momento que se requiere mucha creatividad de los actores políticos para salir de esta emergencia?

La creatividad tiene que ser primero de la sociedad civil, la cual tiene que poner en el papel aquello que denunció internacionalmente, lo que peleó en el el Ecuador, porque ya tiene una institución para ello. La opinión pública existe cuando tiene una institución a la cual asirse. Hay sentido cuando hay una institucionalidad que garantiza el derecho ciudadano. No hay que quedarse en si un funcionario fue electo con trampa o no por el Consejo de Participación, eso hay que descubrirlo, pero hay que tener claro que ese funcionario, llámese Pozo u Ochoa, fue electo para que opere una institución que está mal diseñada, la cual le permitió operar como le dio la gana. Hay que ir y mirar qué pasó con esa institución sobre la cual operaron los Pozo y los Ochoa, a partir de esa trampa o ilegitimidad de origen. Eso nos permite ver que fue hecho para eso. El señor Pozo no fue electo para sentarse en el cargo y ser medianamente autoritario o democrático, no, fue para operar una institución, que estaba dentro de un modelo politico más global, el cual le permitía funcionar para el autoritarismo. El problema no es que ahora cambiamos a tres que hacían tonteras y ahora pondremos otros tres que lo harán mejor. Ese no es el problema, es el Consejo el que lo hizo, el que está mal diseñado porque arrebata la soberanía popular, la capacidad de determinación de decisiones del pueblo y la arrebata para generar un árbol de autoritarismo que opera instituciones que se encaminan al autoritarismo. La sociedad civil tiene que otorgarle legitimidad al  Consejo de Transición, entregarle la información que tiene, porque tenemos la conciencia, además de que el Ejecutivo no está abriendo todas las puertas de la información que tiene, o vamos a ver si las abre. Si no las abre tendremos que tener doble trabajo y si las abre mejor porque entonces investigaremos qué se hizo en cada superintendencia, y en todos los lugares que tuvieron que ver con el Ejecutivo. Este es EL momento.

 

 

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