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22 de Enero del 2017
Historias
Lectura: 21 minutos
22 de Enero del 2017
Redacción Plan V
Paco Moncayo: "un nuevo error electoral sería fatal para el Ecuador"

Fotos: Luis Argüello

Paco Moncayo recibió a PlanV en su oficina, ubicada en el centro norte de Quito. A la izquierda, una pancarta con la línea gráfica de la campaña electoral.

 

"La gente no quiere un buen hombre, quiere un hombre con capacidad de liderazgo, enérgico. Mucha gente dice que si gané un guerra cómo no nos va a sacar del apuro. Ya no hay una similitud entre la imagen de Lenín —que cuenta bonitos chistes y es agradable— y las necesidades de la gente. La gente quiere alguien que sepa liderar. Que sepa dar certezas y guía a una sociedad que vive en la incertidumbre. Creo que ahí radica la diferencia entre las dos candidaturas": Paco Moncayo.

Al contrario de su equipo de campaña, Paco Moncayo tiene un entusiasmo prudente. Los últimos sondeos le abren la posibilidad de entrar a una segunda vuelta electoral y sus asesores y publicistas creen que el general, con su reputación intacta y con pocos negativos —algo sorprendente en la política ecuatoriana— puede crecer, como poco a poco ha venido haciendo, para situarse en el umbral de un balotaje. El ex alcalde de Quito muestra una dilatada hoja de servicios. A sus 76 años luce en un estado físico que un cuarentón envidiaría. Y no solo es su bien cuidada salud, sino también un estado de ánimo alejado de cualquier prejuicio contra la tercera edad. La brecha generacional con los otros aspirantes —excepto Lasso— es grande. Y a eso precisamente apela su campaña: a rescatar valores como la vergüenza y la indignación sobre lo que está pasando en el país.  Sin embargo Moncayo tiene —entre otros— un defecto que de cuando en cuando aparece y que en política no se perdona: su extrema sinceridad para reconocer los aciertos de sus rivales. No ha dudado en felicitar a Rafael Correa por algunos logros de su gobierno ni expresar abiertamente su respeto y reconocimiento a Lenín Moreno, lo mismo que con Cynthia Viteri o Guillermo Lasso. Eso lo hace aparecer como un "tibio", algo trasnochado luego de una década de látigo correísmo, en la cual, al parecer, los ecuatorianos nos sentimos más cómodos cual víctimas del Síndrome de Estocolmo. Bueno, esa candorosidad aparente de Moncayo hace que no sea visto de modo más expectante en esta corta campaña presidencial. Pero el estratega victorioso de la batalla del Cenepa está optimista, por algo será...

¿Por qué los ecuatorianos deberíamos votar por usted?

Porque, sin duda, mi candidatura es una garantía de seriedad, eficiencia, honestidad probada a lo largo de una vida entera de administrar funciones complejas, tanto en la administración civil como en la vida militar.

Una serie de virtudes, sin duda, que al parecer sus estrategas de campaña no aprovechan para mostrarle al país los beneficios de una reputación como la suya.

Hay que informar a la gente, lograr que la gente conozca al candidato y, por supuesto, ahí viene una competencia con candidaturas que tienen muchísimos recursos, especialmente la del gobierno,  que pone todo el aparato del Estado, con una campaña abierta y desvergonzada a favor de sus candidatos.

Meses antes de este proceso electoral se negaba usted, rotundamente, a lanzarse a una candidatura presidencial, porque, decía no tener ese ejército que le permitiera luchar.  A estas alturas de la campaña ¿se arrepiente de esa decisión?

No ha sido fácil para los sectores progresistas ponernos de acuerdo como ahora con las bases programáticas que sustentan la mía y las candidaturas a la Asamblea. Nos hemos puesto de acuerdo en 175 puntos o temas.

No me arrepiento y, al contrario, me siento muy feliz. Esta candidatura es producto de proceso democrático singular. El Acuerdo Nacional por el Cambio se conforma por 34 organizaciones que querían estar presentes en la contienda política, gente que estaba en las calles, protestando en contra de la prepotencia y el autoritarismo. Yo era el coordinador general y teníamos tres pre candidatos a la Presidencia. Tres personalidades como Lourdes Tibán, Enrique Ayala Mora y Lenin Hurtado. Cuando la Izquierda Democrática logra inscribirse me propone la candidatura y la propuesta va al Acuerdo Nacional, y nuestros tres precandidatos deciden apoyar mi candidatura, en un acto singular de generosidad y madurez política. Es más, creo que en este proceso hemos podido crear —al menos el embrión— algo que debe tener futuro y no es para estas elecciones: la conformación de un frente amplio, como el Uruguay, y de concertación, como en Chile, de sectores progresistas, para participar en política. De manera que yo no podía dejar de aceptar esta propuesta. Es una responsabilidad cívica. Además es una propuesta plural, diversa, sin amos ni caudillos y no estamos detrás de una persona sino de un programa. 

Es un nuevo intento, la izquierda siempre ha estado dividida entre sí y han optado por buscar un caudillo...

No ha sido fácil para los sectores progresistas ponernos de acuerdo como ahora con las bases programáticas que sustentan la mía y las candidaturas a la Asamblea. Nos hemos puesto de acuerdo en 175 puntos o temas. Es un programa común y, por supuesto, unos quedan inconformes porque no es todo lo radical que querían y otros creen que es demasiado radical. Pero yo he dicho: al llegar al poder voy a cumplir el programa, y no me pidan un milímetro más de lo que está escrito y tampoco dejaré de cumplir un milímetro menos de ese programa.

Sin embargo, en una campaña tan corta, lo que más pesa no es el programa sino la reputación del candidato. Ahora, usted tiene una buena reputación, y quizá la prueba de lo dicho es esta guerra sucia es para enlodar las reputaciones de los candidatos opositores al gobierno. El candidato del oficialismo se ha asentado en su reputación de buena gente, pero, a mi criterio, su campaña no ha fortalecido su buena reputación, general Moncayo. ¿No cree que hace falta empujar por ahí, incluso para los jóvenes?

La verdad es que con el sector de los jóvenes hemos logrado una gran empatía. En las universidades en las que he estado hay una relación magnífica. En las encuestas aparecen los jóvenes como los que más apoyan mi candidatura. Pero creo que no va por ese lado.

¿Por dónde va?

Creo que la gente tiene mucha incertidumbre. En este momento, muchas personas piensan en Lenin Moreno porque no saben qué va pasar con la falta de empleo, con la crisis económica, el costo de la vida... Y la gente dice que por lo menos con el gobierno se han hecho hospitales, el bono... Creo que esa candidatura se sostiene por ese lado. Porque la de Guillermo Lasso y Cynthia Viteri están planas, la nuestra crece y la de Lenin cae pero no abruptamente. Entonces me parece que en este momento de incertidumbre, la gente está buscando cambios pero no que ocasionen preocupaciones ni angustias, sino un cambio con serenidad, con estabilidad y eso es lo que ven en mi persona. El elector no va a votar por usted porque haya sido buen alcalde o buen militar, sino por una propuesta que sea atractiva. Todavía hay gente que cae en trampas. Por ejemplo, yo en eso soy serio y no hago ofertas que no voy a cumplir.  Y cuando hago una oferta digo cómo la voy a cumplir.  No estoy desanimado, he estado en 37 ciudades ya y desde el 3 de enero  en todas veo una gran respuesta, una gran simpatía, veo mucho respeto y creo que eso debe ser por mi pasado, la gente sí conoce; y no digo que todos van a votar por mí pero no veo nunca caras feas ni gestos desagradables. En todas las ciudades he sido recibido con cariño y respeto. 

¿Cómo capitalizar todo eso? Muchos votantes van a casi todas las movilizaciones de cada uno de los candidatos...

Personalmente no creo en los mítines. Hago cuando hay que hacer, pero en un mitin generalmente están los de uno, por eso me gusta caminar puerta a puerta. Por ejemplo en Santo Domingo no sé cuántos kilómetros anduvimos pero fue por tres horas, dando la mano veo cómo reacciona la gente. Y no veo nunca un gesto de desagrado. Dicen las encuestas que soy uno de los que menos resistencia tiene. Tengo más agrados que desagrados, más virtudes que defectos según la población consultada. Pero el tema es cómo convertir eso en intención de voto. Ahí viene la estrategia y los estrategas políticos. Pero, insisto, mes y medio es muy pocopar una campaña. Esta cortedad de tiempo sirve al gobierno y es parte de la estrategia para ganar elecciones y decir que son demócratas. Pero tienen jueces propios, han dividido la institucionalidad en 168 partidos y movimientos,  de modo que ellos son el partido del Estado, del caudillo, como lo ha sido el PRI en México. 

Desde la estrategia política se entiende que no existe el candidato ideal, pero en teoría es el que está en el momento justo como para capitalizar políticamente las aspiraciones, frustraciones y necesidades del electorado. Quisiera que describe el momento actual del Ecuador y cómo usted cree que puede capitalizar ese contexto político. 

Me parece que en este momento de incertidumbre, la gente está buscando cambios pero no que ocasionen preocupaciones ni angustias, sino un cambio con serenidad, con estabilidad y eso es lo que ven en mi persona..

Había pedido una encuesta para que se determinara si la edad avanzada influye negativamente en el voto y eso no sucedió. Y está pasando esto en el mundo. Hay una mejor conexión entre los jóvenes y candidatos de edad avanzada. Por ahí no es el problema. Lo veo al revés: obra en favor de mi candidatura el fracaso que ha tenido esta propuesta del gobierno, siendo la de la juventud, del cambio. El atolondramiento y la improvisación conducen a lo que estamos viviendo. Y ahora, con estos escándalos de corrupción  más aún. Obra en mi favor el ser una persona que tiene su edad, que ha administrado toda su vida, a la que nadie ha podido tachar de corrupción. Y creo que es un buen momento para una candidatura como la mía. No es lo que pasaba hace diez años. La gente ahora como que quiere tranquilidad, certezas, cambios seguros, quieren volver a tener una vida tranquila y mejor. Que lo tuvieron en parte con este gobierno por el alto precio del petróleo, de las materias primas y el endeudamiento irresponsable. A mi juicio a mi momento favorece a mi candidatura. 

Pero también favorece al oficialismo: el perfil de Lenín Moreno, con su bonhomía y él también plantea un cambio con tranquilidad, sin rupturas drásticas. ¿En que se diferencia, entonces, usted de Lenín Moreno?

A Lenín Moreno no favorece la idea de un cambio ordenado y sin agitación. A él favorece la idea del continuismo de gente que no quiere que le muevan las cosas y de gente que dice, bueno, todos han robado y antes también. Lo cual es terrible. A Lenin se le pone complejo porque de alguna manera tiene que defender todo lo que está pasando en el Ecuador. Porque no puede decir que no es parte de Alianza PAIS, no puede decir que está libre de culpa. El es parte de todo esto, es de la cúpula del gobierno. La gente no quiere un buen hombre, quiere un hombre con capacidad de liderazgo, enérgico. Mucha gente dice que si gané un guerra cómo no nos va a sacar del apuro. Ya no hay una similitud entre la imagen de Lenín —que cuenta bonitos chistes y es agradable— y las necesidades de la gente. La gente quiere alguien que sepa liderar. Que sepa dar certezas y guía a una sociedad que vive en la incertidumbre. Creo que ahí radican las diferencias entre las dos candidaturas. 

Usted ha exteriorizado sentir vergüenza por todos estos hechos de corrupción que se vienen denunciando. ¿Cree usted que este sentimiento de vergüenza toca a gente que se gana el día a día juntando un dólar con las justas? ¿Cree que la gente va a creer más en Correa y sus intentos de desviar el tema de Odebrecht y de la petrocurrupción a gente que no es de su gobierno?

Eso podía hacer Correa hace diez años. Pero luego, en su propia vida ya se comenzaron a conocer temas como el juicio al Banco del Pichincha, se comenzaron a ver juicios contra periodistas de investigación, juicios por dinero. Entonces, ya no es la persona que tenga la credibilidad para hablar de estos temas como hace diez años. Hoy, hábilmente trata de manejar el tema, poniendo distancia con sus hombres de confianza, como Carlos Pareja Yanuzzelli, pero ya no le creen. Entonces argumenta que ni los dedos de la mano son iguales, que confió en él, que en arca abierta el justo peca. Ya la gente no le cree, su credibilidad ha caído drásticamente. Ahora, da vergüenza cómo se echan lodo unos a otros —veo que Nebot está queriendo hacer algo, como yo hice cuando dijeron que el aeropuerto de Quito era un atraco. Fui donde el fiscal llevando todos los documentos—. Entonces el presidente y el señor alcalde de Quito no deberían comenzar a tirarse la pelotita porque la gente se avergüenza el doble. Quiero hacer notar una inconsistencia malintencionada y espurrea del presidente Correa. Dice: que nos den los nombres, pero con la documentación, con las pruebas, porque hoy que estamos en campaña van a asomar nombres, pero sin pruebas. Y qué tal que las pruebas asoman si es que Moreno y Glas llegan la  Presidencia y Vicepresidencia. Al contrario, ahora es el momento que debiéramos saber si están involucrados los candidatos y no cuando ya estén en funciones. 

Hay otro hecho: el presidente y el gobierno piden pruebas y documentos, pero al primer papel que aparece, sin forma de responsabilidad, le dan toda la credibilidad y dictan sentencia...

Claro, es que esa es la forma de manipulación que ellos usan. Hay que exigir al Presidente que, al contrario, nos de los nombres. Acaso que la prueba tiene que darnos Estados Unidos. Aquí la Fiscalía y la Contraloría son los que deberían recabar los nombres y hacer la investigación. Debemos recordar que el tema de Lava Jato lleva dos años. Ya entonces, Marcelo Odebrecht dijo que muchos presidentes latinoamericanos iban a estar en apuros cuando se sepa quiénes recibieron coimas. ¿Por qué no empezaron a investigar entonces? ¿Por qué sabemos lo que sabemos ahora? Por que "el imperio" nos lo dio conocer, como dio a conocer la corrupción en la FIFA, una olla podrida. Actúan mal el alcalde y el Presidente; debieran iniciar una investigación de inmediato, porque no vamos a esperar a que sean presidentes para recién saber los nombres o que tapen desde el poder las evidencias.

Usted recorre el país por la campaña, ¿cuáles son los temas que preocupan a la gente en esa encuestas personales que hace en el puerta a puerta?

El Ecuador no tiene conciencia de la dimensión de la crisis. El gobierno ha sido muy hábil en tapar la realidad de la crisis. Cuando usted le habla al Ecuador, a la gente que vive para sobrevivir, y le dice que la deuda sobrepasa los cuarenta mil millones de dólares, cuando le habla del déficit fiscal de cinco mil millones, le habla del servicio de la deuda, usted está hablando para los economistas. ¿Qué es lo que la gente, en su sencillez, percibe? El alto costo de la vida. Cómo los salarios no alcanzan para poder vivir con relativa tranquilidad. La gente que logró salir de la pobreza tiene miedo de regresar a la pobreza.  Esa angustia, en muchos casos, tiene respuestas conservadoras. ¿Qué vendrán a hacer otros? A la gente le preocupa el empleo. Cuando estoy con algunos grupos les pido que levanten la mano que en su entorno cercano haya perdido el empleo. Y se levanta un bosque de manos.

A los abuelos, a los papacitos, a los tíos, a los hermanos les molesta enormemente que haya esos 620 mil jóvenes que no han podido entrar a la universidad.

A los abuelos, a los papacitos, a los tíos, a los hermanos les molesta enormemente que haya esos 620 mil jóvenes que no han podido entrar a la universidad. Ahí sí hay una indignación general. Si uno pregunta si en sus familias o alguien cercano hay chicos que no han podido entrar a la universidad, aparece otro bosque de manos. Preocupa mucho también que en el sistema de educación básica se hayan cerrado 1317 centros educativos y que se hayan creado escuelas a las que tienen que ir a lejanas distancias, como que en todas partes hubiera transporte. Es un problema de esta gente que viene de Bélgica, de Europa, no entiende el país real. No ha caminado en la selva y les ponen dos kilómetros para llegar a la escuela del milenio a los niños en la selva. Ellos tienen un visión urbana generalizada, no entienden al país ni a su gente, se saben de memoria los manuales y enrostran los doctorados honoris causa pero les falta un bachillerato en ecuatorianidad, son analfabetos en ecuatorianidad. 

Hay un tema adicional. En el 2007 no éramos un paraíso de las drogas, no habían mafias mexicanas, ni mafias rusas... hoy en el Ecuador se lava dinero, se trafican personas, armas y claro lo que nos muestra el Ministerio del Interior es relativo a cómo se ha incrementado la violencia y la delincuencia. No es cierto que han bajado los índices. Cuando en Quito hicimos los sistemas de seguridad, porque era competencia de Quito, había un observatorio ciudadano.

¿Eso preocupa a las familias?

Sobre todo preocupa que están corrompiendo a los niños, a la edad más corta ya entran al consumo. Y culpan a esta disposición legal que permite que la gente lleve cantidades pequeñas de droga disque para el autoconsumo. Los microtraficantes están usando ese pretexto para no caer en manos de la policía y están metiendo droga en las escuelas y los barrios. 

Vuelvo a la primera pregunta ¿cómo deben votar los ciudadanos en estas elecciones?

Yo digo al Ecuador que los electores voten como un acto reflexivo y racional. No votemos con solo el corazón. Pensemos que si tuviéramos que escoger un gerente para nuestra pequeña empresa, le pedimos que al menos presente una carpeta, su experiencia... Voten racionalmente, pensando a quién se le puede poner a dirigir un país en crisis; un error ahora puede ser fatal. Ya nos hemos equivocado varias veces al momento de elegir. Ya es hora de que no reincidamos en ese error.

 

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Paco Moncayo: "un nuevo error electoral sería fatal para el Ecuador"
 


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