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1 de Febrero del 2016
Historias
Lectura: 21 minutos
1 de Febrero del 2016
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Pipo Laso: "alguien tiene que convertir la indignación en esperanza"

Fotos: Luis Argüello

Leonardo "Pipo" Laso es consultor político y asesor de comunicación política. Plantea que los actores políticos deben fortalecer su relación con los ciudadanos y así construir una agenda para salir de la crisis.

 

Leonardo "Pipo" Laso, consultor político, asesor de gobiernos locales y generales y publicista, hace una radiografía de este año electoral; de la estrategia y los límites de la oposición y la forma en que los actores políticos se siguen quedando en la lucha personal contra Rafael Correa, cuando lo que se trata es de convertir través de una agenda ciudadana, la indignación contra el gobierno en esperanza.

Leonardo Laso

Consultor político, asesor en comunicación política. Trabajó con Jamil Mahuad, Gustavo Noboa, Paco Moncayo, entre otros.

¿Cómo mira el panorama político tras la salida de Rafael Correa de la contienda electoral? Parece que esa medida que pateó el tablero político aún no genera una reacción en la oposición.

Toda la llamada oposición, los actores políticos, vienen moviéndose exclusivamente en referencia a Rafael Correa, siempre. Los revolucionarios ciudadanos tienen un buen manejo en términos de mercadeo político. Ellos ponen agenda cada sábado y los domingos hay los titulares sobre lo que dijo, anunció, a quien amenazó… Y los lunes todos los medios tienen a los actores políticos refiriéndose a lo que dijo Correa. El presidente cumple con lo primero que tiene que hacer un gobernante, que es poner agenda. Y todo se mueve con su agenda. Pero ahora, que ya Correa no va a participar en el proceso –habrá que ver si lo cumple- la oposición sigue funcionando en referencia a Correa. Un segundo tema es que la oposición repite un comportamiento ecuatoriano que me parece que hay que revisar y cambiar: en las elecciones discutimos sobre personas. Este es el candidato, cuál mide más en la encuesta y no se discute una agenda. El país está en una situación crítica, la gente demanda a quien sea candidato, qué va a hace para salir de la crisis, cómo va a bajar el desempleo… Creo que la oposición llega con la visión de escoger candidato y no con la decisión de marcar una agenda mínima como acuerdo nacional de cómo vamos a salir de la crisis.

¿Por qué los actores políticos no salen de la agenda de Correa y del gobierno y no pueden poner su agenda en el debate público?

Porque no entienden un elemento esencial de las campañas políticas y del juego político. La campaña política no es una pelea de box, que el candidato A le gana al B. Es conectarse con la gente y hacer propuestas que respondan a las preocupaciones  y demandas de la gente. La gente está preocupada de estar sin empleo; el Ecuador está en crisis, está endeudado, hay corrupción, han irrespeto a las libertades, no hay independencia de poderes; hay un conjunto de inquietudes que además responden a una ciudadanía que ya votó en contra de Correa en febrero del 2014. Ciudadanos urbanos, profesionales, clase media, informados. Esa es su agenda. Pero la oposición sigue funcionando en una agenda que posiciona lo personal: Correa está equivocado y yo tengo la razón. Claro que hay unas propuestas de Lasso, de Montúfar, de Pachakutik, pero no hay un solo manifiesto en ninguna parte, de ninguno de ellos, que expresen las salidas a sus diagnósticos de una manera concreta. Pero, además del qué hacer, se necesita el cómo. Todos sabemos lo que se debe hacer, más o menos, pero cuáles son los cambios que se plantean; hay un conjunto de tareas que se deba hacer para cumplir esas demandas de la gente.

Por ejemplo, frente al desempleo, ¿cómo cree que la oposición debiera reaccionar frente al tema?

Iría un poco más allá. Yo creo que hay tres cosas que se deben hacer en el Ecuador, de cara al futuro. La primera es el manejo de la economía, fundamentalmente esta visión de crear empleo. La segunda es la reconstrucción del Estado, que requiere una redimensión y un replanteo en lo jurídico y en lo financiero, y lo tercero es la recuperación de la verdadera democracia, que pasa por el respeto a la libertad de expresión, derechos humanos… Con eso en mente, hay que preguntarse: ¿qué vamos a hacer en la economía para generar empleo? Eso supone una decisión fundamental, que es cambiar el control por la confianza. Este gobierno tiene una visión vertical de control al empresario, todo es sospechoso. Es su forma de ver, pero se debe tener una filosofía de confianza; abrirnos a verdaderas alianzas con el sector privado, con Estados Unidos, con la UE, no es un problema ideológico sino práctico,

De acuerdo, pero eso en campaña electoral cómo se traduce…

Haciendo una sencilla declaración, un parrafito que hable de la actitud de confianza hacia el sector privado, en ese sentido vamos a cambiar tales leyes, a dar tales exoneraciones, tales promociones; vamos a abrirnos al mundo a partir de nuestra propia fortaleza…

Todo eso ya es un discurso que han dado los actores políticos. Me refiero a temas muy concretos: ¿cómo vamos a reactivar la industria? ¿Qué vamos a hacer con los impuestos que pagamos? Todo el mundo considera absurdo que paguemos tres veces más que un colombiano o peruano por el mismo producto. ¿Qué puede o debe decir un candidato al respecto? O en el tema del ingreso a la universidad, cuando tienes más de 500 mil bachilleres que se han quedado por fuera del sistema universitario. ¿Qué hacer al respecto? Frente a estos temas parece que la oposición viviera en otro planeta.

Hace tiempo comentábamos con amigos consultores cómo se toman las decisiones políticas. En Alemania las decisiones tienen un 80% de componente técnico, que luego sube al 20% de decisión política. En Ecuador es exactamente al revés. Estos políticos, que han declarado medianamente estos principios teóricos que estamos enunciando tendrían que fichar equipos técnicos que digan, en concreto, cómo se hacen los cambios. Por ejemplo, cómo aplicar los incentivos productivos. En Colombia, cuando se invierte en turismo hay hasta 25 años de exoneración del impuesto a la renta. Así se genera empleo, se atrae a turistas y se reinvierte. En Argentina, Sergio Massa está promoviendo un cambio en el tratamiento tributario a las pequeñas y medianas industrias, pymes. No se puede tratar a las Pymes como al Grupo Eljuri, porque las ahogas. Entonces, aquí hay retenciones anticipadas, abusos en las tramitologías por parte de SRI, del IESS; te atrasas un solo día en el pago de la seguridad social y son mil dólares de multa, no puede ser, es una locura. Eso hace un equipo técnico: le dice al político, las diez cosas que habría que cambiar son estas. Y esa es la agenda que debiera ser compartida por los políticos. Así para una política para el campo o para incentivar el turismo. Así se pueden articular visiones con propuestas concretas  que sintonizan con la preocupación de la gente.

Creo que los políticos piensan lo que pueden pensar. Dentro de su racionalidad. ¿Cómo ve usted este grupo de políticos que ahora representan a la oposición, tienen alguna posibilidad frente a un correísmo en crisis, pero entrenado? ¿Hay posibilidad para una propuesta nueva, un outsider, todavía?

Dos reflexiones. Diría que más posibilidades tiene una persona nueva, un outsider, que Jaime Nebot o Paco Moncayo, con el respeto que tengo por sus capacidades y virtudes.

¿Por qué?

Porque de alguna manera la elección de Correa, hace nueve años, ya marcó un cambio generacional importante y una filosofía distinta. Durante estos años Correa se ha encargado de poner una cantidad increíble de estigmas a cualquier personaje que aparezca. Asoma Nebot por Quito y se monta una campaña gigantesca en la calle, en las redes, desde persona no grata, dinosaurio… Aparece Guillermo Lasso y la misma cosa. Mientras que si mañana aparece otra persona lo descoloca, porque es un personaje nuevo. Si uno revisa la historia del Ecuador, esta es un juego entre cacicazgos e inestabilidades. No hay un historial de partidos sólidos, de fuerte institucionalidad; esto que ha pasado con Correa más o menos una historia del populismo. América Latina tiene el estigma de ser el continente más desigual. Mientras así sea, es víctima del populismo y el populismo estará a la puerta. Aquí pensamos más en personas que en cambios institucionales.

Pero no se puede prescindir de las personas. Al iniciar su primera campaña Rafael Correa tenía el 3% de la intención de voto. Pero se coloca encima de una ola de descontento provocado por todo el movimiento social ecuatoriano antisistema. Su propuesta tuvo una ilusión movilizadora, que fue la Asamblea Constituyente y la refundación del país para salir de la pobreza y el dominio de los partidos tradicionales. ¿Usted ve algo parecido ahora? ¿Cuál sería la ilusión movilizadora de un candidato opositor en el actual contexto?

Salir de la crisis y reconstruir el país en las tres líneas que plantee al principio. Economía, Estado y democracia.

¿Cree que el país está tan destruido como para hablar de reconstrucción?

No sé si la palabra es esa, pero esas tres tareas son las urgentes. En mis charlas digo que más que en izquierda y derecha, uno puede dividir la política en los de arriba y los de abajo. Los que tenemos internet y los que no; los que vemos cable y los que no; los que educamos a los hijos en colegio privado y los que no; los que vamos a clínica privada y los que tienen que hacer una cola de meses en el seguro social. Esa es Latinoamérica y Ecuador es el ejemplo perfecto. Si esa es la realidad, históricamente uno tiene un péndulo entre candidatos del sector de las clases medias, los urbanos, los informados; y un candidato antisistema, populista, que es el candidato de los pobres. El de Rafael Correa es un gobierno que tiene como base política al sector popular. La aprobación más fuerte de Correa está en toda la base que era del Partido Roldosista, el PRE. Costa, popular, marginal y un poco de eso en la Sierra.  Pero le va muy mal en todos los sectores de la clase media, en los jóvenes, en los informados, los profesionales, en todo el sector medio para arriba.

Pero eso es lo que perdió, porque sí tenía a esos sectores…

Claro, porque fue muy hábil para ganarlo, con esa ilusión movilizadora. Poniéndolo en crudo, Correa fue una mezcla de Mahuad con Bucaram. Es un populista PhD. El problema que él tiene es que no puede ser las dos cosas a la vez. Si eras populista vas con el discurso antiimperio. El mandó un mensaje que yo llamé el de los cuatro jinetes del Apocalipsis: estamos mal porque hay un imperialismo que nos oprime, representado en el Ecuador por estos empresarios corruptos, que eligen a través de una partidocracia que le sirve para hacer leyes a su favor y unos medios de información que representan esos poderes. Y hasta yo me podía creer ese cuento porque en ese momento, de una crisis política tan profunda, pegó. Pero luego, lo que a él le viene es la mejor racha petrolera de la historia nacional; y él se declara autor y compositor de una cosa en la cual nada tuvo que ver. El petróleo sale de la tierra, es una lotería que nos cae. Con petróleo de 100 dólares todos somos genios. Yo trabajé algunas cosas con el alcalde Augusto Barrera y yo les decía, a él y a su equipo: yo quisiera que ustedes, por un momento, hagan una retrospección y digan qué harían si llegaban al poder con un petróleo de nueve dólares el barril, como cuando llegó Mahuad. El balance petrolero ahora es negativo. Ahora veamos cómo se maneja Correa, porque en la vida, la familia, el país, un líder se mide en las circunstancias duras. Él no ha sido capaz de tomar ni una sola medida, el no corrigió los subsidios, los combustibles son de regalo y por eso tienes fans. Muchos de los subsidios fueron a la gente rica. 

Ahora tenemos un Rafael Correa con su tiempo histórico llegando a su fin, con un capital político sobregirado, pero no se ve a la oposición, a los actores políticos, enganchados en la dinámica de la realidad. Más allá de decir a lo que van a hacer, no se les ve con credibilidad frente a la gente, por su capacidad de enfrentar y salir de la crisis en todo sentido, y eso va a aprovechar el correísmo. 

Esa lectura justifica la necesidad de tener alguien nuevo frente al candidato del gobierno. 

Pero no hay tiempo para eso. ¿Cómo posicionar a una persona nueva faltando pocos meses para arrancar la campaña?

Yo creo que sí hay tiempo. En una campaña hay cuatro etapas: la de posicionamiento, la imagen positiva que debes construir, y una profundidad de imagen; es decir porqué voy a votar por esta persona, y finalmente el pedido del voto, que es la parte final de la campaña. Ahora, si uno tiene un bajo nivel de conocimiento es más difícil, pero hay que hacer las cosas técnicamente. Creen que por dar una entrevista en una radio y dan una entrevista de televisión ya se es conocidísimo. Y cada vez más los medios tienen menos peso y aunque los medios sigan siendo los medios, la gente decide cada vez más por la recomendación de sus allegados y su contexto. Esto que Juan Manuel Castells llama la audiencia creativa; la que añade sus propios significados a lo que yo comunico; esa autocomunicación de masas llama él a las redes sociales. Si uno hace una revisión de los sitios web de CREO, de Suma, de los otros movimientos y partidos, están en la época neandertal. Se usan medianamente como centros de activismo y medio de comunicación: el candidato, la foto y al abrazo, el candidato abriendo una célula electoral; en vez de dialogar e interactuar.

Eso es inexplicable porque ya Obama en el 2008 mostró el poder de las redes sociales en el activismo de campaña y para recaudar fondos.

Exactamente, generó militancia y obtuvo fondos, claro que luego se debe hacer aterrizaje territorial, ir a cosechar los votos casa por casa. Las dos cosas deben caminar. Ahora, se puede generar debate, sobre el ingreso a las universidad, los incentivos a la inversión, la retención en la fuente para las pymes... Interactuar con la gente, construir la agenda con la gente. 

Tanto el gobierno como los actores políticos de la oposición se han olvidado del poder de la participación ciudadana.

Ya la democracia cambió. Moisés Naim, en El fin del poder sostiene que el poder es más efímero que nunca. Porque las redes sociales dieron voz a los colectivos que no la tenían. Antiguamente, los sindicatos de choferes, los maestros, etc, generaba activismo y podía copar las calles. Cuándo se nos podía ocurrir que los Yasunidos, un grupo de jóvenes ambientalistas e idealistas, podían generarte un gran problema político. En Argentina ocurrió un fenómeno interesante que se llamó Ni una menos, contra la violencia de género que terminó convocando 350 mil personas en Buenos Aires, un movimiento nacido en las redes y promovido por mujeres periodistas. Castells dice que estas redes se articulan por la indignación y las llama redes de indignación y esperanza. Analiza Los indignados de España, la primavera árabe. Y creo que en el Ecuador, alguien, con ese apoyo de las redes, en las calles, tiene que convertir la indignación en esperanza.

¿Desde ese punto de vista, el tema no pasa entonces quién va a ser el nuevo presidente?

El debate está en la agenda y en el mercadeo y los ciudadanos. Es la gente, que a través de un mecanismo innovador, talentoso, de redes sociales y militancia en la calle y digital, construye una agenda..

El debate está en la agenda y en el mercadeo y los ciudadanos. Es la gente, que a través de un mecanismo innovador, talentoso, de redes sociales y militancia en la calle y digital, construye una agenda. Esa es la construcción que hay que hacer.

El gobierno ha dado muestra de su estrategia para la campaña: nosotros, el futuro, versus el pasado. ¿Cómo lo ves?

En campaña hay que partir, al más puro estilo de Maquiavelo, mirando el terreno de batalla. Dónde soy mejor. El terreno del gobierno es posicionarse del presente y del futuro, y los contrarios quieren regresar al pasado. Creo que el terreno de cualquier opositor es: quieren salir de la crisis o quieren convertirse en Venezuela. Porque sin haber dinero del petróleo, él, que ha dicho ser muy creativo para salir de la crisis, realmente su creatividad no existe. La Mashicard no permite pagar el arriendo. El sábado último dijo 18 veces que no estamos en crisis y el domingo me fui a cortar el pelo y toda la peluquería, gente humilde, decía este h... dice que no estamos en crisis. Uno no puede desconocer la realidad, y él está negando la realidad. Ya ese pasado del cual habla ya está lejos, porque su clientela, al menos de una generación y media, nunca votó por ese pasado ni lo conoció. Ya son nueve años. Hay toda una generación jóven que votó por primera vez por él, que solo lo ha conocido a él en el gobierno y que están defraudados por él.

¿Y la oposición en todo esto, qué pinta?

No creo en la oposición como totalidad. Es casi imposible juntar a Nebot, con Lasso, con Pachakutik, con Concertación, con los colectivos de peso político y cada uno con su agenda. Y hasta donde yo veo, en la historia del Ecuador hay mucha dificultad para entablar diálogos políticos. El diálogo implica ceder. Se llega pero con condiciones y hasta con chatajes. Y eso hace necesario que alguien surja como un motor, que acumule, que represente la indignación.

Pero alguien, otro outsider, termina siendo como Correa o como Lucio: sin carrera política sin experiencia previa, no se sabe lo que es gobernar un país como Ecuador y los límites y la ética del poder.

Por eso creo que primero hay que reunir equipos técnicos, de ciudadanos, y hacer una agenda, para poner la partitura a los políticos, para que discutan sobre nuestras agendas. Porque ellos no lo van a hacer; los políticos son territoriales e inseguros. Están disputando territorios y tienen desconfianza porque creen que cualquiera que proponga algo le está disputando su territorio. Esta no es la elección de Miss Ecuador; se trata de buscar la agenda que permita salir de la crisis.

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