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10 de Agosto del 2015
Historias
Lectura: 15 minutos
10 de Agosto del 2015
Redacción Plan V
¿Qué hacer con Yachay?

Fotos: Luis Argüello

El ex rector del IAEN recuerda los casos de Panamá y Costa Rica, países que fracasaron en sendos proyectos de establecer centros de alta tecnología. 

 

La falta de recursos y de incentivos para obtenerlos del exterior es, en criterio de Arturo Villavicencio, una de las posibles limitaciones para que la Yachay Tech y la proyectada Ciudad del Conocimiento puedan consolidarse. El académico cuestiona nuevamente el programa y señala las falancias de la venida de los "prometeos" al país. ¿Será Yachay el más costoso elefante blanco del correísmo?

Arturo Villavicencio

Se formó como matemático en Rusia. También tiene una maestría en economía obtenida en Francia. Fue presidente del Conea, rector del IAEN y dirigió la primera etapa de la reforma universitaria. Actualmente es profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar.

La polémica por el manejo de la universidad Yachay Tech, con sede en Urcuquí, Imbabura, continúa. Aunque el rector encargado, José Andrade, pidió una auditoría a la Contraloría, los primeros informes del organismo de control determinaron algunas irregularidades administrativas y una abultada planilla de gastos en viáticos y contrataciones. 

La polémica ha involucrado al secretario de la Senescyt, René Ramírez, cuyo hermano es profesor en Yachay desde el principio de las actividades de la Universidad, según el documento de creación de casi mil páginas que ha circulado en redes sociales, y cuya esposa se desempeña como rectora del IAEN. 

El académico Arturo Villavicencio, quien cuestionó desde el primer momento el proyecto, reflexiona sobre qué hacer con Yachay y determina su actual viabilidad. 

¿Qué impresión le dejó la salida del español Fernando Albericio del rectorado de Yachay Tech?

Debemos ver la parte positiva de esta crisis. Es necesario abrir un debate sobre un proyecto que el propio Presidente de la República ha calificado como el más importante del país en los próximos 100 años, que requiere una inversión enorme, que compromete recursos de gobiernos futuros. Pero en lugar de eso, el Gobierno se ha cerrado, no hay apertura con el campo académico ni con los sectores que van a ser actores de ese proyecto, como son el productivo, el industrial, el financiero, pues las ramificaciones del proyecto son muy grandes. La Universidad debería reaccionar y exigir un diálogo: ese proyecto no puede continuar, todos lo sabemos, lo sabe el Gobierno, no solo porque es un disparate conceptualmente, sino porque las condiciones económicas no lo permiten. 

"Ese proyecto no puede continuar, todos lo sabemos, lo sabe el Gobierno, no solo porque es un disparate conceptualmente, sino porque las condiciones económicas no lo permiten".

¿Entonces, en este momento el proyecto Yachay se ha tornado en inviable?

Definitivamente. 

¿No debieron las escuelas politécnicas del país acoger este proyecto, en lugar de crear una nueva entidad?

Esa idea la propuse desde un comienzo, se debe fortalecer el sistema universitario del país. Pero estas acciones se enmarcan en la lógica del Gobierno que ha descrito en sus trabajos Carlos de la Torre, que califica al actual Gobierno como un tecnolopopulismo. En efecto, Yachay es la expresión más clara de esa política tecnopopulista, que quiere conjugar la ciencia y la tecnología con una euforia casi caricaturezca de redención y de cambio. Lo importante ahora es mantener en la sociedad esa ilusión, esa utopía de un cambio, pero la sociedad no se está preguntándo cuándo y cómo se va a producir ese milagro. Son promesas abiertas: algún rato alcanzaremos el buen vivir, no sabemos ni cuándo ni a qué costo. Es también la idea de refundar el país desde cero: como que no ha habido universidades, como que no se ha hecho nada. Por eso hablan de una Ciudad del Conocimiento, que nos llevará a un nuevo Nirvana. 

Documento de creación de Yachay.  Jacques Ramírez, hermano de René Ramírez, estuvo desde el inicio.

¿Este afán de crear Yachay trayendo extranjeros no recuerda a la Politécnica de García Moreno? 

Esa referencia la hice hace tiempo, cuando cuestioné la reforma educativa. Es un espíritu netamente garciano. García Moreno decía que se necesitaba una universidad funcional, que se necesitan más ingenieros y menos abogados. Él vió en Europa la revolución industrial. Por eso cerró la Universidad Central y abrió la Escuela Politécnica, un discurso similar al del presidente Correa. Como en ese tiempo no teníamos profesores trajo un grupo de científicos jesuitas, que fueron los "prometeos"del siglo XIX.

¿Cómo ve el programa de los prometeos?

No estoy en contra de la venida de catedráticos extranjeros, recordemos que en los años 70, con la venida de académicos del Cono Sur, que huían de las dictaduras, la academia ecuatoriana se oxigenó con su presencia. Ahora no hay dictaduras, pero sí crisis económica en Europa que motivaría a la venida de un contingente humano. Lo malo que el programa de los prometeos se ha hecho sin ningún criterio ni orientación, se ha convertido en un programa para traer amigos y conocidos de otras partes para que luego les retribuyan la invitación.

¿En principio, entonces, no es mala idea traer científicos del exterior?

De ninguna manera, tienen mucho que aportar. Pero si se hubiera creado un programa para necesidades específicas, para posgrados o maestrías con una orientación determinada, en donde se determine que no haya académicos locales con experiencia hubiera sido perfecto, pero los que han venido no están integrados plenamente en las universidades, no hay un programa serio, hay despilfarro en ese programa.

"Cuando fui rector del IAEN, el secretario de Ciencia y Tecnología me pidió que contrate cuatro prometeos, pero se quería utilizar esa figura para traer consultores para el Gobierno y poderles pagar salarios más altos. Yo me negué a eso, pues ese no es el objetivo del programa".

Ha llamado poderosamente la atención los altos sueldos de los miembros de la Comisión Gestora y de algunos profesores. ¿Se justifican esos salarios en un país como el nuestro?

Cuando fui rector del IAEN, el secretario de Ciencia y Tecnología me pidió que contrate cuatro prometeos, pero se quería utilizar esa figura para traer consultores para el Gobierno y poderles pagar salarios más altos. Yo me negué a eso, pues ese no es el objetivo del programa. Llegué a decirle a René Ramírez que no creía en esta figura, porque no se debían traer personas con un estatus privilegiado, pues eso crea problemas al interior de las universidades. Ahora se bajaron a 16 mil dólares, pero el sueldo original era de 17.800 dólares. Es un sueldo exagerado, no es congruente con nuestro esquema de salarios, ni con lo que van a aportar. Tenemos una planta de profesionales de alto nivel en el país con los sueldos que pagan las universidades, a los que se debe ofrecer estabilidad. Pienso que esos sueldos, definitivamente, son exagerados. Un profesor de Yachay está ganando más o menos 40 veces un salario mínimo de un trabajador del país. 

¿Qué hacer con Yachay si es inviable actualmente?

Este proyecto se creó en el marco de la Ciudad del Conocimiento, que deberá convertirse en el motor de la transformación social del país, tanto económica, cuanto educativa. Pienso que esos objetivos son desmesurados: en ninguna parte del mundo un proyecto aislado puede cambiar totalmente la estructura de un país. Se necesitarían unos 200 años.

Si Yachay va a ser el eje del cambio de la matriz productiva, hay que pensar concretamente en los objetivos. No sabemos en qué se va a basar ese cambio de la matriz productiva, si en las industrias pesadas o en la tecnología, no podemos hablar en abstracto. Se debe definir cuál es el nuevo modelo de la economía antes de establecer muchos aspectos relacionados con este proyecto. Recordemos que cuando lanzaron el juguete ese al espacio, el Pegaso, el presidente dijo que ahora sí hemos entrado en la era espacial. Primero deben definir qué queremos hacer, porque uno de los problemas de Yachay es su falta de objetivos. No se ponen de acuerdo entre los propios miembros de la Comisión en cuáles son los objetivos de la Universidad Yachay. Sin definiciones claras no va a avanzar ese proyecto. Se debe aislar el proyecto de la burocracia del Gobierno, debe haber un proyecto claro, con recursos, y eso no tienen. 

"Recordemos que cuando lanzaron el juguete ese al espacio, el Pegaso, el presidente dijo que ahora sí hemos entrado en la era espacial. Primero deben definir qué queremos hacer, porque uno de los problemas de Yachay es su falta de objetivos".

¿Describe usted un elefante blanco académico?

Ese término se ha repetido muchas veces. Un académico que trabaja en Inglaterra, Julio Prado, fue el primero en calificarlo así. Los políticos que aspiran a la Presidencia deben estar preocupados, porque el próximo Gobierno va a tener que tomar decisiones, a pesar de que estamos viendo que eso se desmorona. Dicen que hay compromisos de inversión por 120 millones de dólares, pero no dicen qué empresas van a invertir y cuánto realmente. Hablan de IBM, de Cisco, pero no dicen cuáles son las condiciones de esas inversiones. Dicen que van a llevar 15 institutos de investigación a Yachay, la nueva torre de la Universidad Andina ha costado doce millones de dólares, necesitan 15 torres para albergar esos institutos, eso quiere decir que ahí necesitan 300 millones de dólares. Nos están engañando, nos venden una idea que solo pretende mantener vivo el entusiasmo.

¿O se reformula Yachay o se cierra?

Una de las posibilidades sería olvidarse, pero se podría reconvertir Yachay. Aspiran a llegar al 2030 con una ciudad de 140 habitantes en ese sitio. Una ciudad de ese tipo cuesta miles de millones de dólares, por eso presupuestan 30 mil millones de dólares en infraestructura de una ciudad, en donde aspiran que se instalen grandes corporaciones del exterior. Pienso que ni los Emiratos Árabes Unidos pueden financiar una cosa así, y sin embargo, quieren hacerlo aquí. Una empresa coreana hizo una consultoría solo del costo de las vías de acceso a Yachay, y hablaba de 2500 millones de dólares en ese tipo de infraestructura. Esta es una idea megalómana. Me pregunto, ¿por qué una empresa como Microsoft va a poner una gran planta en Urcuquí, qué incentivos tiene para eso? El Gobierno se ha negado a respetar los tratados de protección de inversiones, ¿qué razón hay para que ese tipo de empresas vengan acá? 

"Pienso que ni los Emiratos Árabes Unidos pueden financiar una cosa así, y sin embargo, quieren hacerlo aquí. ¿Por qué una empresa como Microsoft va a poner una gran planta en Urcuquí, qué incentivos tiene para eso?"

¿Hacia dónde podría ir esa reformulación?

Creo que Yachay puede ser un centro de maquila de segunda generación, algo similar a lo que intentó Costa Rica y fracasó. Costa Rica tenía maquila de ropa, pero le apostó a una maquila con más tecnología y mano de obra calificada, logró que Intel ponga una planta en su territorio. Pero llegó un momento en que Intel se retiró, y se trasladó a Tailandia, a Vietnam y a los propios Estados Unidos. Ese es un ejemplo que debemos mirar. Igual pasó en Panamá, que intentó construir en la zona del Canal una "ciudad del saber" que se convirtió en un fracaso. ¿Por qué razón en Urcuquí, en medio de la nada, vendrían a instalarse las empresas transnacionales en forma milagrosa? 

¿Qué la pareció la reacción del doctor José Andrade, rector interino de Yachay, que amenazó con demandas? 

Él se ha contagiado del discurso y los métodos del Gobierno: cada vez que alguien cuestiona hay un juicio. O aprendió muy rápido la lección o fue muy bien aleccionado. Es lamentable: debió tener un discurso de apertura. Creo que las denuncias de Albericio son de buena fe, debieron buscar convenios con las universidades del país en lugar de mirar a Yale o Harvard. Es difícil entender que un Gobierno que habla tanto de soberanía y antiimperialismo tenga una sumisión tan profunda, una mentalidad tan neocolonial. Lo único que han hecho es copiar un modelo ni siquiera de Estados Unidos en general, sino el modelo del Instituto de Tecnología de California (Caltech). Hasta el nombre refleja esa obsesión por imitar y copiar: le han puesto "Yachay Tech".

Pero la propuesta de imitar el modelo norteamericano ya la implementó en su momento la Universidad San Francisco de Quito...

La Universidad San Francisco ha tenido éxito porque Santiago Gangotena no tomó un modelo único sino un tipo de universidad de Estados Unidos, la de Artes Liberales, que combina las materias de especialización con materias humanísticas, para antes que formar profesionales formar ciudadanos. Me parece que la San Francisco logró ese modelo. No obstante, se está queriendo eregir en el modelo de la Universidad ecuatoriana a la San Francisco y eso es absurdo. Yo respeto y admiro la Universidad San Francisco, creo que cumple una función y llena un nicho, pero no puede ser el modelo único para el país. Eso no es factible. Hay varias universidades con modelos interesantes en el país, como la de Cuenca, que tiene un gran nivel de enseñanza. 

 

 

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