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24 de Abril del 2016
Historias
Lectura: 5 minutos
24 de Abril del 2016
Alex Ron
7.8

Fotos: Reuters

"El minuto más largo en la historia de Ecuador ha terminado, se escuchan llantos por todas partes, tu padre te dice: “pasó”.

 

El escritor y maestro universitario, Alex Ron, radicado en Manta, relata el infierno que vivió, junto a su padre, en 70 segundos. Después de eso, la vida nunca será la misma: "caen platos, lámparas, libros, talismanes, caracolas, cuadros, trofeos, anaqueles, botellas; sigues en el piso, en posición fetal, debajo de un mesón de mármol de la cocina. Eres testigo del rezumar de una tierra mil veces devastada que ahora nos recordaba su balance y nuestra fragilidad".

Sábado 16 de abril de 2016, 18:58, Manta. La vida nunca será la misma después del minuto más largo en tu vida.

Todo se inició como un sismo más, con un leve trepidar, repentinamente una fuerza ciclópea rompió la frágil serenidad del temblor, el universo ya no quería jugar, ni dios jugaba a los dados, la tierra nos brindaba los frutos más deliciosos, compartía atardeceres deslumbrantes y sabores eternos pero también despabilaba furia sin excluir a nadie.

Las oscilaciones se mezclaban con una búsqueda caótica de profundidades ígneas, los movimientos iban de norte a sur, de este a oeste y por último un efecto de licuefacción en cada bramido de la tierra. Has perdido cualquier mapa de sobrevivencia, tu mente no procesa idea alguna. Caen platos, lámparas, libros, talismanes, caracolas, cuadros, trofeos, anaqueles, botellas; sigues en el piso, en posición fetal, debajo de un mesón de mármol de la cocina. Eres testigo del rezumar de una tierra mil veces devastada que ahora nos recordaba su balance y nuestra fragilidad. Cada segundo de terremoto nos convertía en pluma o diente de león soplado por infantes traviesos, el miedo paralizaba y suspendía todo.

Empecé a repetir sincopadamente: dios, dios, dios. Sentía que cada segundo de terremoto podía ser la diferencia entre estar vivo o muerto. Qué tan épico y dispar fue ese minuto, cuántas almas habían dejado de luchar...

La oscuridad era total. No crees en dios, a veces es más difícil, no hay imagen, ni crucifijo.Te identificas con Heráclito de Efeso y su idea de logos como palabra unificadora y divina que da sentido al universo, dios está en todas partes. Empecé a repetir sincopadamente: dios, dios, dios. Sentía que cada segundo de terremoto podía ser la diferencia entre estar vivo o muerto. Qué tan épico y dispar fue ese minuto, cuántas almas habían dejado de luchar para entregarse a la muerte en un hiperbólico y silencioso suspiro. En qué nicho del tiempo quedarían tus sueños y atardeceres.

Tu padre, aferrado a una columna de la sala, repite que ya va a pasar, él es la energía de vida más poderosa, escuchas su voz y todavía crees que puedes salvarte pero la fuerza del terremoto aumenta.

Un caleidoscopio agitado por un dios drogadicto, la tierra te quiere devorar, no hay pausa. Caen vidrios, una pared del pasillo, tú no estás preparado para morir, sabes que todo el techo será tu sepultura y que podrás resistir con suerte unos pocos minutos. No existen muertes poéticas, aférrate a un dulce recuerdo, no hay remembranzas, no hay mente, ni arco iris salvífico, dios, dios…

Llega el silencio. La energía freática se ha liberado. Sobreviviste, eres polvo de estrellas, bocanada.

El minuto más largo en la historia de Ecuador ha terminado, se escuchan llantos por todas partes, tu padre te dice: “pasó”.

Después bajamos a tientas los tres pisos, tenemos miedo de pisar cada grada, cada pisada es un reto, aparentemente el edificio resistió. Salimos a la avenida principal, una leve llovizna se inicia en Manta. La gente se ha volcado en sus autos de una forma salvaje, buscan a sus familiares pero pueden arrollarte sin compasión, el ser humano sigue siendo el mismo, devorará todo y repetirá siempre el mismo ritual.

Al siguiente día recorres Manta y regresas a la pesadilla, postes de luz sobre autos, casas y edificios derrumbados, gente llorando en las aceras, olor a muerte. Me llama la atención que en la zona más turística, los edificios con diseños innovadores hayan sucumbido. Fachadas deslumbrantes y estructuras deleznables, la historia se repite.

La ciudad oceánica donde trabajas, juegas y amas ha sido mirada por el Angelus Novus de Klee.

La placa de Nazca seguirá siendo una espada de Damocles mientras nuestra visión de futuro sea una burda construcción asfáltica.

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