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8 de Marzo del 2019
Historias
Lectura: 7 minutos
8 de Marzo del 2019
Redacción Plan V
Los Castro-González: todo por sus gemelas
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Foto: Chase Fletcher

La familia permanecía hasta 7 horas en el lugar, dependiendo del clima. se instalaban a las 9 de la mañana, luego de atender a las niñas; tomaban un tiempo para su almuerzo y luego a su casa en el Comité del Pueblo.

 

Dos padres jóvenes y sus gemelas. Son venezolanos, trabajadores de la industria petrolera. Salieron de su país y caminaron hasta Quito en el 2018. Hasta diciembre último ambos padres trabajaban en las calles mientras sus hijas los acompañan todo el día. Esta es su historia.
Chase Fletcher y Luis Argüello

Rossmary González (31 años) y Jesús Castro (32), y sus gemelas Susej e Isabella, que van a cumplir tres años de edad este abril, son una joven familia venezolana que llegó a Quito en la ola migratoria del 2018. Él es de Anaco y ella de Barquisimeto.


Susej e Isabella, las gemelas, permanecen bajo el cuidado de sus padres, Jesús y Rossmary, mientras limpian parabrisas en la esquina de la avenida 6 de Diciembre y Los Fresnos.


Jesús es ingeniero mecánico y su esposa es ingeniera metalúrgica. Llegaron a Quito desde mediados del 2018. Ellos trabajan en pareja.


En el mejor de los días ellos podían recibir unos 50 dólares por limpiar los parabrisas, pero no trabajaban todos los días de la semana ni cuando llovía. Pero, por lo general, lograban reunir unos 20 dólares al día, aunque había días que regresaban a casa con 4 dólares. Fotos: Chase Fletcher

Él llegó primero, a mediados de año, y luego llegó su esposa con las niñas, unos tres meses antes de la Navidad de ese año. La pareja de esposos trabaja en la calle. Limpian parabrisas en la esquina de la avenida 6 de Diciembre y Los Fresnos, al nororiente de Quito, sector de la California Alta. Mientras trabajan, sus dos hijas, muy monas, permanecen al pie de un gran árbol, protegidas por una pequeña carpa infantil y rodeadas de muñecas y peluches. Debidamente educadas, se mantienen quietas en el centro del parterre. A su lado rugen camiones, buses y particulares y en sus caras echan el humo que envenena Quito. Sobre todo juegan en lo que el corto espacio les permite. Sus padres no les quitan el ojo de encima, mientras echan agua jabonosa y pasan trapo y esponja a los pocos conductores que se lo permiten. Al pie del semáforo se agrupan otros vendedores, de mandarinas o fruta de temporada, de agua, de bebidas estimulantes...


Las gemelas eran consentidas por los colegas vendedores y sus padres. Uno de ellos ofrece un chupete a una de las niñas. El día de la foto ellas tenían 2 años y medio de edad. Fotos: Chase Fletcher

Rossmary, ingeniera metalúrgica, trabajó en su país en una empresa petrolera que se llamaba CPVEN, durante cinco años. Por la crisis perdió su empleo. Su esposo era compañero de trabajo, ingeniero en mantenimiento mecánico, pero también salió de la empresa. Vivían en Anaco, una localidad en el Estado Anzoátegui, en los llanos orientales.

La situación era crítica con el embarazo. Tuvo muchas dificultades, pues debieron recorrer tres ciudades para encontrar un lugar donde dar a luz a las gemelas. Los hospitales estaba saturados y no había medicinas, y caminaron. Casi pierden las niñas, y debían hacerle una cesarea. Para dar a luz pasó por los pasillos pisando a los enfermos, tendidos en los pisos.

En su ciudad tenían su casa propia y una camioneta. Tuvieron que vender la casa luego de un robo violento, cuando varios "malandros" los maniataron en su casa y sus hijas chiquitas estuvieron a merced de sus captores. No pasó nada, salvo el robo, pero tuvieron un susto de muerte. No quedó ahí la cosa. Semanas después, la pareja defendió de un robo a una anciana, y los malandros les amenazaron de muerte. Vendieron y salieron del barrio y fueron a vivir con la madre de Rossmary, en Barquisimeto, al otro extremo del país.


En su sala de 6 metros cuadrados, se acumulan los juguetes y muñecos de las niñas. Todos fueron regalos de las personas en la esquina donde trabajan.


Isabella y Susej son niñas felices a pesar de las dificultades de sus padres. Ellos recibieron también juguetes y muñecos nuevos. Todos los donaron a sus compatriotas venezolanos que permanecián en albergues.


Rossmary acomoda los pocos víveres en la alacena. Ellos brindaron gaseosa y hallacas al equipo de este portal cuando fue a realizar la visita periodística. Era época de navidad.


Las gemelas permanecen en la cocina del minidepartamento del Comité del Pueblo. En primer plano, una pequeña refrigeradora que fue obsequiada por una vecina, pero estaba dañada.


Esta es una tarjeta que recibe la familia. Con ella pueden hacer compras en dos cadenas de supermercados de Quito una vez al mes. La recibieron desde junio del 2018 hasta febrero de este año. Fotos: Luis Argüello

Cuando se terminó el dinero, y no había trabajo en el horizonte, decidieron vender la camioneta y emigrar a buscar un futuro. Jesús tomó un bus y llegó junto a su cuñado a Quito, pero este no permaneció en Quito y se fue para Colombia. Jesús trabajó en lo que pudo y seis meses después recibió a su esposa y a sus gemelas. Ella viajó en autobús con las niñas. En el camino recibió mucho apoyo de la gente, pues con sus gemelas el viaje fue pesado. 

Ellos, los cuatro, viven en el Comité del Pueblo. Su primera vivienda era un minidepartamento, en la parte trasera de una casa.  Ahí, en una sola habitación se han acomodado padres y hijas, y en la sala de la casa se acumulan sus pocas pertenencias. PLAN V los acompañó por varios días, y ellos consintieron en abrirnos su casa. 

Dos meses después de este reportaje, Jesús tiene ya cédula ecuatoriana de identidad y un trabajo fijo. Es gestor en una empresa quiteña de cobranzas. Ella todavía va al semáforo hasta el mediodía, pero sus hijas están ahora en una guardería, protegidas del tránsito y del humo. Ella no fue al semáforo en enero mientras estuvo trabajando en el servicio doméstico en una casa, pero solo duró un mes, porque no le pagaron. Su padre murió en Venezuela. No pudo ir a verlo. 

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