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11 de Marzo del 2019
Historias
Lectura: 16 minutos
11 de Marzo del 2019
Fermín Vaca Santacruz
Las historias de la diáspora venezolana: entre el Ávila y el Pichincha
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Fotos: Luis Arguello

Annie Arrieta, de 32 años, es una joven lesbiana que ha logrado una nueva vida en Ecuador.
Presentamos nuestra renovada imagen, disponible en todos los dispositivos móviles, con las experiencias de varios migrantes venezolanos que han llegado al país. Annie Arrieta, joven lesbiana y su familia. Anmelys Figueroa, madre soltera de dos pequeños y la familia de Jesús Castro y Rossmary González junto con sus niñas gemelas abrieron su vida cotidiana para los lectores de PLAN V.

Ella llegó a Quito y le encontró una sorprendente similitud con Caracas. La capital venezolana, aunque está prácticamente junto al mar, está cobijada por el cerro del Ávila. Nuestra ciudad, al pie del Pichincha, le recordó a la suya, en los tiempos en los que la  economía de Venezuela funcionaba bien y era posible, para las clases medias, mantener un nivel de vida cómodo.

Era junio de 2017 y Annie Arrieta acababa de llegar a Quito, tras lograr tomar un avión a Bogotá y un bus hacia el Ecuador. Le recibió su hermana gemela, y como si se viera en un espejo y despertara de un hechizo maligno, pudo percatarse de que la escasez y la angustia le habían hecho perder peso sin que se diera cuenta. Se conmueve hasta las lágrimas recordando el reencuentro con ella, en nuestro país, tras dejar atrás su tierra.

La familia de Guatire

Annie Arrieta, una joven de 32 años, fue la penúltima de su familia en dejar Venezuela. Creció en Guatire, una localidad a 45 minutos de Caracas, considerada una ciudad dormitorio porque muchas personas que trabajan en la capital viven en ella. Ahora vive con su madre, su hermana y su primo en una urbanización del norte de Quito. En su casa, que es amplia y moderna, hay apenas el mobiliario justo, pero, en general, presenta un ambiente acogedor. En la sala de la parte alta, una cometa con los colores de la bandera venezolana es visible en la pared principal. Es el recuerdo permanente que ella y su familia tienen de su tierra.

En su casa eran los padres y cuatro hijas. Ella tiene una hermana gemela y otras dos hermanas. Estudió en Caracas, y tuvo dos trabajos en productoras de televisión por cable. Tenía 12 años cuando Hugo Chávez Frías llegó al poder e inició su proceso de revolución bolivariana. Ella no lo sabía en ese momento, pero su vida, como la de millones de venezolanos, estaba a punto de sufrir un giro radical.

Este pie de foto no se como poner en el formato para que se vea igual a los pies de los que son slide. Es una foto suelta

A los 18 años, sus padres se separaron, y Annie empezó a tener responsabilidades económicas. Sin embargo, tenía dos trabajos, su primer empleo fue en una inmobiliaria. Al mismo tiempo, su madre fue diagnosticada con diabetes, un hecho que marcaría también las decisiones de la familia en los años siguientes.

Luego trabajó en el canal RCTV, un canal de televisión al que el Gobierno chavista le quitó la frecuencia. Se dedicaba en ese medio a hacer edición de televisión. Al cerrar el canal RCTV, pasó por otros medios audivisuales y por productoras independientes de vídeo. Es así como llegó a las sucursales venezolanas de dos canales de cable, en donde tuvo una estabilidad de cinco años. Con esos trabajos, recuerda, logró comprarse un carro, con el que hacía el trayecto diario hacia el centro de la ciudad. Era el año 2006 y aún era posible aspirar a tener empleo y comprarse un auto. Una vez al año, recuerda, planeaban un viaje al exterior de vacaciones y sus dos trabajos le permitían administrar sus finanzas con facilidad. Esto, admite, lo hacía con los cupos de dólares que el Gobierno entregaba para los viajes al exterior, que permitía obtener una cantidad de dólares y volver con ellos para beneficiarse del tipo de cambio en Venezuela. En alguna ocasión viajó a Indianápolis en Estados Unidos, en donde pasó algún tiempo con la familia de un primo. 

La era de Maduro

Pero la muerte de Hugo Chávez, en 2013, produciría cambios dramáticos en el país, que afectarían a Annie Arrieta y su familia de manera insospechada. La joven recuerda que Chávez, si bien impuso una cultura de miedo y conformidad, también aplicaba políticas que maquillaban la crisis económica. Al tomar el poder Nicolás Maduro, en cambio, empezaron a verse fenómenos nunca antes vistos: escasez de comida y de medicinas, y  el aumento de la inflación. Maduro eliminó también la posibilidad de acceder a dólares por medio de los viajes al exterior.

Otro de los elementos que evidenció el paulatino deterioro del país fue el aumento de la inseguridad. Elisa, hermana de Annie, recuerda que la inseguridad masiva se hizo más evidente con la crisis económica provocada por el chavismo. En un corto periodo de un año, la escasez de víveres se fue haciendo cada vez más perceptible. Annie empezó a notar que los bonos de alimentos que le daban en su trabajo cada vez compraban menos productos. Su carro empezó a dañarse y cada vez era más difícil conseguir repuestos. Salir de noche se le hacía más riesgoso, pues trataron de asaltarla en dos ocasiones. Esos intentos de asalto le motivaron a dejar su trabajo de la tarde, para no hacerse de noche al regresar a su casa.

Otro de los elementos que evidenció el paulatino deterioro del país fue el aumento de la inseguridad. Elisa, hermana de Annie, recuerda que la inseguridad masiva se hizo más evidente con la crisis económica provocada por el chavismo.

Dejar su segundo trabajo complicó todavía más sus finanzas. Con el dinero que ahorró en Estados Unidos logró reparar su auto y comprar algunas cosas en su casa. Pero la situación era, cada día, más asfixiante. "Ecuador nunca estuvo en mis planes", cuenta, pero fue su hermana gemela quien vino primero al Ecuador con su esposo. Ambos, abogados, decidieron que nuestro país tenía buenas posibilidades para la migración. Los primeros integrantes de su familia en llegar a Ecuador fueron ellos. Su hermana mayor ya se había ido con su familia a Panamá tiempo antes.


La madre de Annie, quien sufre diabetes, debió dejar su país por no encontrar insulina en ninguna parte.


Junto con su madre y su hermana, Annie vive en una urbAnniezación al norte de Quito.

Pero la diabetes de su madre, que requiere de insulina de manera constante, empezó a preocuparla. Con la crisis que se instaló con Nicolás Maduro, los medicamentos empezaron a no llegar a las farmacias. Annie empezó a peregrinar por toda la ciudad en busca de insulina para su madre, que no se conseguía en las farmacias privadas ni en las del Estado. La explicación era que simplemente no había en ninguna parte. La situación preocupó a las hermanas Arrieta. Sin la insulina para la madre, su vida corría peligro si se quedaba en Venezuela. Decidieron traerla al Ecuador hace dos años y medio.

Empezó a pasar también que en los supermercados no había alimentos. La harina que se usa en su país para las arepas, un producto que se consume más que el pan, empezó a escasear. Al inicio de 2017, en la casa de Annie Arrieta quedaban solo ella y su hermana Elisa. La situación, recuerda, empezó a ponerse super difícil en todo el país. "Había semanas que no comiamos ni carne ni pollo", recuerda, y para conseguir alimentos era necesario hacer grandes colas -de hasta cinco horas- en las tiendas. No solamente eso: era tal la falta de alimentos, que debía cocinar lo mismo durante días, pues no había con qué alimentarse. Una semana entera de papas. Otra de lentejas. Otra de yuca. La revolución chavista había sembrado el hambre en todo el país y arrasado con las perchas de los supermercados.

"Había semanas que no comiamos ni carne ni pollo", recuerda, y para conseguir alimentos era necesario hacer grandes colas -de hasta cinco horas- en las tiendas.

Su carro dejó de funcionar y quedó dependiente del transporte público, pero también ese sistema empezó a fallar. Los buses eran cada vez más espaciados, porque la falta de repuestos también los afectó. Debía, en ocasiones, caminar hasta 45 minutos para lograr conseguir un bus que la llevara a su casa en las afueras de la capital.

"Estaba super desesperada", recuerda, y se comunicó con su hermana y su madre para salir de Venezuela. La situación era insostenible, y con la ayuda de ellas, logró salir del país. Dejó su casa cerrada, vendió su auto, renunció a su trabajo y con lo que le dieron de liquidación -que no sumaban ni 60 dólares- emprendió su viaje a nuestro país.

La experiencia en Ecuador

Annie Arrieta logró traer documentos apostillados de Venezuela, como los antecedentes penales, con lo que pudo regularizarse en nuestro país. Empezó a buscar trabajo en centros comerciales y almacenes. "Entendí que estaba empezando desde cero, como creo que lo entienden todos los que hemos llegado de Venezuela". Luego vendría Elisa, la última de las cuatro hermanas y un primo. Todos han logrado conseguir trabajo en Quito. Al principio no fue fácil. Asegura que personas que le entrevistaban para un trabajo la rechazaban al saber que era extranjera.

"Esto es como Caracas, como si a Caracas la quisieran mucho", sostiene cuando habla de Quito. A Annie no le ha dado frío, aunque sí le pareció super diferente la comida.

Su primera visita a la tienda del barrio fue singular. Fue a comprar y pidió: ollama, apio, cambur... La tendera la miró un poco perpleja, pero con cortesía le pidió que le señalara qué era la ollama. Resulta que sí había, pero se llamaba zapallo, mientras que el cambur eran los plátanos y el apio era realmente zanahoria blanca. Quince minutos estuvo aprendiendo los nombres de los productos en el Ecuador.

"Esto es como Caracas, como si a Caracas la quisieran mucho", sostiene cuando habla de Quito. A Annie no le ha dado frío, aunque sí le pareció super diferente la comida.

En el transporte público, que si bien la parece más organizado y frecuente que el de su país, tuvo el consabido conflicto con los buseros agresivos, parte de la fauna urbana de Quito. Como no sabía cómo pedir la parada, el bus no se detuvo, y cuando le reclamó, el conductor le contestó de mala manera.

Le llamó la atención que mucha gente conocía algunos aspectos de Venezuela: desde la cultura de la telenovelas hasta cantantes como El Puma. La preguntaban de Guillermo Dávila, de Karina, y de otras figuras del espectáculo conocidas en nuestro país gracias a la televisión.

La diversidad sexual

Annie es lesbiana. A los quince años salió del closet y se lo dijo a su familia. Ellos ya tenían sospechas, pues, a diferencia de su hermana gemela, no tenía novio. Es la única persona de su familia que tiene una orientación sexual diferente. De niña no le gustaba jugar con muñecas, y prefería salir a jugar béisbol o con la patineta con los chicos. La primera persona en saberlo fue su hermana gemela, luego le contó a sus otras hermanas. Su madre la encaró en un momento, y debió contarle la verdad. Su padre se enteró al último, pero le confesó que ya le habían llegado referencias. Como todos y todas, perdió amigos y trabajos como consecuencia de su sexualidad, pero estima que, si se fueron por esa razón, no eran amigos verdaderos. En la actitud frente a la homosexualidad, cree que no hay mayores diferencias entre su país y el Ecuador.

Annie es lesbiana. A los quince años salió del closet y se lo dijo a su familia. Ellos ya tenían sospechas, pues, a diferencia de su hermana gemela, no tenía novio. Es la única persona de su familia que tiene una orientación sexual diferente.

En su país no se dedicó al activismo de la diversidad sexual, pero hoy colabora en un proyecto con el activista Danilo Manzano, cuyo objetivo es, precisamente, apoyar a los miembros de la comunidad GLBT que están llegando de Venezuela. Antes había colaborado como productora voluntaria de un programa en internet que realizaba Manzano.

El proyecto, en donde también trabajan Gabriela Alvear y Jorge Medranda, busca acoger y apoyar a los migrantes venezolanos GLBT que llegan a nuestro país. La mayoría de ellos, destaca Annie, son hombres jóvenes, muchos de ellos dedicados a ser estilistas. Además de la crisis económica, algunos jóvenes gais están dejando Venezuela debido a que la crisis del sistema de salud no les brinda garantías, por ejemplo, a quienes viven con VIH.

La falta de medicación antirretroviral y de pruebas de control y diagnóstico en Venezuela ha hecho que muchas personas con esa enfermedad crónica abandonen el país. En el proyecto, destaca Annie, han derivado a algunos de ellos hacia el Ministerio de Salud, que les brinda tratatamiento sin importar su condición migratoria. "Hay una muy alta tasa de personas venezolanas con VIH aquí", admite.

Otro fenómeno que afecta a los jóvenes gais que vienen de Venezuela es la prostitución. Annie destaca que el proyecto también va a poner énfasis en ayudarles a conseguir alternativas laborales que les eviten dedicarse al trabajo sexual. El proyecto colabora con la misión Scalabriniana, una entidad de la Iglesia católica que atiende en asesoría legal y albergues a los migrantes.

Annie ya se mueve en la ciudad como pez en el agua. Sabe qué buses tomar y atiende a su madre y su casa con entusiasmo. Se siente más segura, y ya no se asusta cuando se le acerca alguien en una moto. Varias veces le robaron en Caracas personas que andaban en motos, uno de ellos, un escolta de un funcionario que, por insólito que parezca, le despojó de su celular y su dinero en plena calle, a punta de pistola, antes de irse en su moto oficial.

La vida le ha dado una nueva oportunidad en el Ecuador lejos del infortunio de su patria.


Bajo el sol equinoccial, las tres mujeres han rehecho su vida lejos del caos que impera en Venezuela. 

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