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18 de Enero del 2021
Historias
Lectura: 10 minutos
18 de Enero del 2021
Redacción Plan V
Carmen Aguilar: El trabajo de hormiga para dar voz a las mujeres
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Fotos: Felipe Suárez

 

Con la Federación de Mujeres de Sucumbíos, esta líder ha trabajado por las víctimas de violencia y el bienestar de su comunidad en una de las zonas más olvidadas del país.


 

Carmen Aguilar
Piñas, 1957


Nació el 6 de octubre de 1957, en el cantón Piñas, provincia de El Oro. Se casó a los 16 años y en 1981 emigró para Lago Agrio, Sucumbíos, después de que una inundación la dejara sin nada. Con su esposo se fueron al Oriente atraídos por el trabajo en petroleras. En esta nueva ciudad terminó la primaria y a sus 47 años se graduó del bachillerato. En medio de esos años se consolidó como una de las voces femeninas más fuertes de la provincia en la lucha por la igualdad y la mejora de las condiciones de vida de su comunidad. Ha sido cinco veces presidenta de la Federación de Mujeres de Sucumbíos, una de las organizaciones más antiguas del país en la defensa de los derechos de las mujeres.

“Fue el único partido al que me afilié y por el único que hice campaña”, dice Carmen Aguilar, uno de los referentes en la Amazonía por la defensa de las mujeres al recordar el país del regreso a la democracia de finales de los años 70. Ese partido que menciona fue Concentración de Fuerzas Populares con el que Jaime Roldós ganó la presidencia. En Pasaje, de su natal El Oro, salió a las calles a entregar propaganda embarazada. Al poco tiempo, Carmen emigró para Lago Agrio porque la crecida de un río la dejó en la calle. En busca de opciones laborales, ella y su esposo decidieron irse al Oriente que prometía mejores días por las actividades petroleras.

A inicios de los años 80, Lago Agrio –que hasta 1989 perteneció a la provincia del Napo– era un pueblo con solo dos calles lastradas, de agua empozada, de una sola línea de transporte urbano hacia Aguarico, con un mercado vacío y dos tiendas de abarrotes. Había electricidad solo en las noches. Los vecinos recolectaban agua de lluvia para tomar. Los aguaceros eran aprovechados por las mujeres para lavar ropa. Sin centros de salud, moría mucha gente por accidentes en las fincas. Esa es la fotografía que Carmen tiene en su memoria de esa ciudad donde se perforó el primer pozo petrolero del país.

En 1984, fundó su primer grupo llamado Asociación de Mujeres Hermana Leonilda en honor a una religiosa que enseñó a los habitantes de Lago Agrio a organizarse. Una de las primeras acciones de la asociación fue impulsar capacitaciones sobre corte y confección. Dos veces a la semana, una vecina de barrio que tenía un taller de costura les dio clases. Mientras que la Iglesia Católica las instruía en la defensa de sus derechos laborales y a ser solidarias. “Ahí aprendí también a hablar, me sentaba en la última banca para que no me pregunten nada. Ahora nadie me para”.

“Deberían acabarse el machismo y la corrupción. Utilicemos la verdadera democracia que se basa en la igualdad y equidad”

Los Carmelitas Descalzos fue la congregación que empujó a las organizaciones de esos años. A través de Cáritas, una ONG de la Iglesia Católica, consiguieron ropa usada. Las mujeres costureras la arreglaban y la vendían para tener algunos ingresos.

El Lago Agrio de los 80 era un rincón olvidado del país. Pero donde las petroleras “eran amos y dueños del cantón”, asegura Carmen. Cuenta que por aquellos años había numerosos accidentes de tránsito ocasionados por los vehículos de las empresas. También vio cómo crecía la prostitución de menores de edad.

En medio de este contexto, sucedió el terremoto de 1987, cuyo epicentro fue el volcán Reventador, ubicado a una hora y media de Lago Agrio. El sismo dejó sin vía principal a la población desde el Reventador hasta el Chaco. Fue un año de retrasos para la ciudad petrolera. Carmen aún tiene presente las palabras de León Febres Cordero, quien dijo que no podría reparar la carretera por su alto costo. El mandatario ordenó que la gente viajara por la vía Loreto-El Coca.

Entonces hubo un paro de las organizaciones. Un gran número de grupos de mujeres salió desde las comunidades más alejadas. Se conocieron por primera vez y decidieron tener una representación provincial. En la primera sesión hubo 40 organizaciones y con ellas crearon la Federación de Mujeres de Sucumbíos también en 1987. Carmen visitó a las miembros de la naciente organización subiéndose en tanqueros o en los camiones que vendían cerveza, ante la falta de transporte.

En la presidencia de Rodrigo Borja consiguieron que se construyeran guarderías. Las mujeres que lavaban ropa no tenían donde dejar a los niños. La Federación y la Iglesia hicieron las gestiones. Las mujeres se capacitaron y Carmen trabajó en una de esos centros. Pero al inicio sintieron el rechazo de la población que las acusaba de no estar preparadas porque no sabían ni leer ni escribir. En esa época también se crearon las ferias libres, donde las comunidades tuvieron un espacio para vender sus productos.

En 1996, las mujeres y otras organizaciones de Lago Agrio convocaron una movilización para recibir a ministros que estaban por visitar la provincia. Iniciaron la marcha vestidas de blanco, pero debajo traían una camiseta de negro. El cambio de color de la movilización fue un mensaje de rechazo por la falta de atención a sus necesidades básicas de agua, luz, vías durante el gobierno de Sixto Durán Ballén.

 No fue la única movilización. La Federación de Mujeres fue la protagonista de las marchas del 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujer. También hubo rechazo. Hombres y mujeres les gritaban ‘quita maridos’, ‘vayan a lavar la ropa’. Pero la organización continuó y de 80 asistentes pasaron a 10.000 en los siguientes años. Carmen recuerda la falta de apoyo de las autoridades para las mujeres víctimas de violencia.

Pero el coletazo del feriado bancario también llegó a Lago Agrio. Carmen tenía préstamos en el banco, que dejó en quiebra a su familia y muchas otras de la comunidad. La ciudad se volcó también a las manifestaciones contra Jamil Mahuad. Cerraron pozos petroleros y se tomaron el aeropuerto.

“Todo lo que tenemos es por las luchas, por los paros. Por ejemplo, el puente ha sido una lucha de toda la vida, los asfaltados de las vías…”

Las crisis no aminoraron su trabajo comunitario. Uno de los logros de las mujeres de Sucumbíos fue la maternidad. Monseñor Gonzalo López Marañón, quien fue obispo del Vicariato Apostólico de la provincia, donó un terreno para construirla. Era una necesidad apremiante, pues las mujeres se morían en los pasillos del hospital porque ese centro no tenía implementos para atenderlas. La maternidad fue construida con manos de voluntarios. Pero no tenía quirófano. Las organizaciones pidieron esos equipos a Petroecuador, que aceptó. Ocurrió durante el gobierno de Lucio Gutiérrez. Carmen fue una de las delegadas de la Federación para ir a Quito para firmar el acuerdo. Fue la primera vez que entró al Palacio de Carondelet. Pero se encontró con un Centro Histórico cercado pues llegó en medio de las crecientes manifestaciones contra Gutiérrez, en 2005. Les entregaron inmediatamente el equipo. Fue una sorpresa para ellas por la rapidez de los trámites. A su arribo a Lago Agrio, médicos amigos y un técnico de Petroecuador instalaron los equipos. Ocho días después Gutiérrez fue derrocado. ‘¿Cuánta plata dieron?’, les reclamó la nueva administración de Petroecuador nombrada por el sucesor de Gutiérrez, Alfredo Palacio. La estatal intentó quitarles la donación. Pero al final lograron quedarse con los equipos.

Otra batalla de la Federación fue la creación de una casa de acogida. En el 2004 inauguraron el establecimiento. Antes, Carmen llevaba a las mujeres víctimas de violencia a su hogar. Pero los recursos eran limitados. Por ese motivo fueron hasta Montecristi donde se reunió la Asamblea Constituyente en el régimen de Rafael Correa, en el 2008. Consiguieron el presupuesto para el albergue, pero dice que los desembolsos siempre llegaron con varios meses de atraso. Eso ocurre hasta la actualidad.  De ese mandato, también lamenta la división de las organizaciones.

Aunque Sucumbíos es una de las provincias con las mayores riquezas petroleras, ha sido el trabajo de las organizaciones, en especial de las mujeres, el pilar del desarrollo de la provincia, afirma. Sin embargo, aún no hay agua potable y carecen de un hospital avanzado en tecnología. “Todo lo que tenemos es por las luchas, por los paros. Por ejemplo, el puente ha sido una lucha de toda la vida, los asfaltados de las vías, las buenas escuelas y colegios”. El trabajo de hormiga de las organizaciones más locales, para Carmen, es la verdadera democracia.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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