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17 de Febrero del 2021
Historias
Lectura: 10 minutos
17 de Febrero del 2021
Redacción Plan V
Carmen Carcelén: La madre que ha hecho más por los migrantes que los gobiernos
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Fotos: Luis Argüello. PlanV

 

Es una humilde mujer de El Juncal que emigró de joven a la ciudad y ahora es una salvadora de los caminantes venezolanos. Aunque fue reconocida hasta por la prensa internacional, continúa su labor sin apoyo estatal.


 

Carmen Carcelén
Carpuela, 1970


Nació el 25 de octubre de 1970 en Carpuela, Valle del Chota (Imbabura). Pero creció en El Juncal. Tiene ocho hijos, dos de ellos son sus sobrinos a los que crió porque sus mamás fallecieron. Es costurera. Estudió ese oficio en el colegio. Pero solo llegó hasta el tercer curso. Su vida la ha dedicado al comercio de frutas y verduras en Ipiales, Colombia. Durante tres décadas fue negociante de aguacate, mango, limón y tomate. En los últimos años dejó su trabajo para ayudar a los migrantes venezolanos que llegaban a Ecuador desde Colombia. Conocida como la ‘madre coraje’ ofrece alimentación y hospedaje gratis a los recién llegados. El Gobierno y la Asamblea reconocieron su labor. Pero aquello no se convirtió en una ayuda real. Dice que hace una labor que no le toca, pero jamás le cerrará la puerta a un migrante.

“Usted me habla de Jaime Roldós y me da nostalgia”. Carmen Carcelén revive esos años con lágrimas. El Juncal, donde creció, vivió una fiesta cuando el expresidente visitó su pueblo. Llegó en helicóptero para la inauguración del puente que permitió a esa comunidad del norte del país conectarse con sus vecinos. Los habitantes de pueblos aledaños, sobre todo los niños, salieron a recibirlo. Pero al mes de esa visita, Roldós falleció en el accidente aéreo de 1981. Los pocos vecinos que tenían televisores salieron a las calles después de ver la noticia. “¡Murió Roldós!”, gritaron. Carmen tenía solo 8 años y recuerda a más niños de su edad llorando. “Nos impactó mucho porque acabábamos de conocerlo”. Ese fue un momento que aún le causa dolor.

Pero mientras eso pasaba en la política, Carmen vivía una niñez muy dura. Se fue de la casa a los 10 años a Ibarra por problemas familiares. A los tres meses se llevó a sus tres hermanas y una sobrina que crecieron con ella. Continuó con sus estudios en la escuela, pero al mismo tiempo tuvo que trabajar. Puso en prenda un anillo y a cambio recibió una caja de mandarina, pepinillos y ovos. Cada fin de semana, vendía esos productos en la gasolinera de Otavalo. Con el dinero de las ventas recuperaba su anillo, que lo volvía a empeñar cada viernes por la tarde. Así dio de comer a sus hermanos.


Carmen tiene 8 hijos y su figura se hizo conocida después de que Acnur publicara un vídeo sobre ella.

Carmen no fue la única migrante. En la presidencia de León Febres Cordero se desbordó el río Chota y afectó a las comunidades. El mandatario prometió nuevas casas, que nunca se construyeron. Milton Tadeo, un reconocido músico afro de bombas, le cantó entonces: ‘Ya no quiero vivir en este Carpuela. porque lo que tenía se llevó el río”. Carmen dice que mucha gente migró del Valle del Chota porque sus cultivos eran arrasados constantemente por la crecida del afluente.

Aunque la política estaba alejada de su vida, fue testigo de cómo los candidatos buscaban el voto de los más humildes. Un día, mientras Carmen hacía compras en el mercado Amazonas de Ibarra, llegó Abdalá Bucaram y regaló dinero a las vendedoras del lugar. Ese dinero lo recuperó, pensó Carmen, cuando estuvo en la Presidencia y fue acusado de corrupción. Ella se pregunta por qué en la política no hay honestidad y transparencia como en su casa.

Las calles volvieron a Carmen una gran comerciante. A sus 19 años empezó en la feria libre de La Ofelia, en Quito, y luego sus horizontes se extendieron fuera del país. Llevó tomate, aguacate, limón y mango a Ipiales, Colombia. Eran tiempos de bonanza para Carmen. Trasladaba hasta 10 camiones de frutas y verduras al país vecino. Por eso, años después, la devaluación del sucre le benefició a finales de los años 90. Gracias a ese comercio, la crisis bancaria y posteriormente la dolarización no golpeó con fuerza a su familia. De hecho, ella ya comerciaba en dólares.

Un día, El Juncal volvió a recibir la visita de un presidente. En 2002, Gustavo Noboa llegó con un cheque de 92 mil dólares para la construcción del complejo polideportivo Agustín Delgado. Se habilitó una cancha para el entrenamiento de niños y un centro de atención en salud, que ya no funcionan. Pero el mandatario prometió también un estadio moderno capaz de albergar partidos para la primera división del fútbol. Nunca pasó.

Mientras el país vivía años convulsionados en la política -una nueva crisis, el derrocamiento de Lucio Gutiérrez y el ascenso de Alfredo Palacio al poder- Carmen empezó con su labor humanitaria. El abandono y la pobreza de los más ancianos de su pueblo la conmovieron. Ellos recorrían El Juncal para pedir limosna. Su formación en la pastoral afro la impulsó a ayudarlos. Aprendió sobre las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y dar posada al peregrino.

“Creemos que solo servimos para empleados, pero es necesario que nosotros (el pueblo afro) pensemos en que podemos ser presidentes o presidentas del Ecuador”

Carmen da comida y hospedaje gratis a los migrantes venezolanos. Por esa labor la conocen como ‘madre coraje’.

Por eso cuando llegó Rafael Correa al poder, Carmen se sintió identificada por la cercanía del mandatario con los sectores populares. Vio una figura que iba a las zonas más alejadas del país y que comía de cualquier mano. Cuando visitó El Juncal, Correa abrazó a su gente, incluida a la madre de Carmen. De esa época, recuerda, que recibió libros gratuitos para sus hijos y el bono que le permitió pagar los estudios universitarios de uno de ellos. Las carreteras mejoraron y eso ayudó al comercio. Algunas personas de su familia fueron beneficiadas con los proyectos habitacionales del Ministerio de Vivienda. “Son cosas que para muchos grandes no son visibles, pero para nosotros como personas humildes, de bajos recursos, sí nos ha tocado el corazón”.

En los últimos años, Carmen se ha dedicado a atender a los migrantes venezolanos. Esta labor la inició en agosto de 2017. Usó los utensilios de su casa que siempre fueron grandes para alimentar a su gran familia. Carmen dejó de trabajar y ofreció su hogar a los extranjeros. Se corrió la voz y para el 2019 a la casa de esta mujer habían llegado 14.500 personas. En agosto de 2020, el registro iba en 21.000 migrantes.

Muchos se han quedado por meses hospedados. Fue el caso de Héctor, un militar venezolano que caminó desde su país hasta Ecuador. Se quedó y se convirtió en uno más de su familia. Cuando conseguían trabajo o seguían su camino, algunos la llamaron madre. “Madre que Dios te bendiga y te dé más”.

Muchos venezolanos que han pasado por su casa se han convertido en parte de su familia.

Esas palabras dieron aliento cada día a Carmen. Llegó a atender a 300 caminantes por día y a hospedar hasta 138 caribeños al mismo tiempo. De organizaciones internacionales ha recibido kits de aseo y la comida ha sido provista por ONG y venezolanos que querían ayudar a sus compatriotas. “Todo lo que hago me recuerda a mi niñez, mi sufrimiento, la soledad, la carestía, la pobreza”.

Esa labor la descubrió Acnur y lanzó un video sobre Carmen, el 8 de marzo de 2019 por el Día Internacional de la Mujer. La publicación se hizo viral rápidamente y la llamaron ‘madre coraje’. También el presidente Lenín Moreno dijo en Twitter: “Carmen, ¡tú eres un ejemplo de las #MujeresQueConstruyenEcuador! Gracias por ayudar a hacer de Ecuador el país más solidario del mundo”.

La historia de Carmen salió en toda la prensa nacional y llamó la atención de la internacional. Recibió homenajes de todos los sectores y la Asamblea Nacional le otorgó la condecoración Matilde Hidalgo de Prócel, el 17 de diciembre del 2019

Pero esos reconocimientos quedaron en palabras. No ha recibido ayuda del Estado y de a poco se ha ido quedando sin recursos para pagar a ayudantes. A veces tiene el apoyo de voluntarios. Solo la acompañan el Servicio Jesuita a Refugiados y Acnur. Pero la casa de Carmen sigue abierta sin negar a nadie ayuda.

De la democracia rescata la libertad de expresión. Carmen es una mujer de voz fuerte y directa como su pueblo afro. “Es para que la gente sepa que aquí estamos, que nos conozcan como un país étnico y multicultural”. Si pudiera, Carmen haría una revolución para rescatar la historia y la identidad del pueblo afro empezando por él mismo. “Si alguien me dice negra como grosería no me voy a ofender. Necesitamos cambiar de mentalidad”.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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