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13 de Abril del 2015
Historias
Lectura: 13 minutos
13 de Abril del 2015
Redacción Plan V
Carmen Velásquez, la suprema jueza de Queens

Fotos: Luis Argüello

Sin mucho público, la jueza dió su conferencia sobre ética judicial en el Paraninfo de la Universidad Andina Simón Bolívar. 

 

Titular de un trail court del condado de Queens, llegó al país para una serie de visitas y homenajes, auspiciados por el oficialismo. Ecuatoriana de nacimiento, migró a Estados Unidos a los 14 años, y logró superar sus humildes orígenes hasta llegar a un juzgado de primera instancia en el condado de Queens.

"Lupita-dice la jueza- pásame la toga". La aludida forma parte de la comitiva que Carmen Velásquez, titular de un trail court del condado de Queens, en Nueva York, ha traído en su gira por el Ecuador.

La jueza acaba de llegar a la Universidad Andina, en donde va a disertar sobre la ética judicial, tras un día agitado. Acompañada de la asambleísta oficialista Ximena Peña, quien representa a los migrantes de Estados Unidos y Canadá en la Asamblea Nacional, la magistrada se había entrevistado con la presidenta de la Asamblea, Gabriela Rivadeneira; con el canciller Ricardo Patiño; con el presidente Patricio Pazmiño y los intregrantes del Tribunal Constitucional, con el prefecto de Pichincha, Gustavo Baroja, entre otros. 

La magistrada viste un traje de sastre de color azul marino, pero antes de disertar sobre tema tan trascendental, pide a su acompañante que le alcance la toga de color negro que usan los jueces norteamericanos. La comitiva de la jueza estaba conformada por unas diez personas, en su mayoría mujeres de edad madura, que llevaban grandes carteras y, en el pecho, unas medallas doradas, un tanto folclóricas, con la foto de la jueza con la bandera de Estados Unidos de fondo, que se sostenían con unas cintas con los tres colores de la bandera norteamericana.

Las mujeres de la comitiva llegaron al Paraninfo de la Universidad Andina Simón Bolívar antes que la jueza y se sentaron en las primeras filas. Una de ellas, con un Iphone de último modelo, al que le había conectado un micrófono, entrevistaba a las presentes.

 Esta integrante de la comitivia grababa en su Iphone un vídeo sobre la visita de la magistrada.


Esta medalla dorada con la foto de la jueza colgaba del cuello de toda su comitiva.

 

La jueza compatriota sería el equivalente de un juez de primera instancia de cualquier cantón ecuatoriano, pues sus decisiones pueden ser apeladas ante tribunales superiores, siendo la Corte de Apelaciones del Estado de Nueva York la máxima instancia judicial en la zona.

La periodista calificaba como "histórica" a la visita de la jueza suprema del Condado de Queens. Aunque realmente, la jueza Velásquez es una especie de juez de primera instancia en lo civil con jurisdicción en el condado de Queens, uno de los cinco que conforman la ciudad de Nueva York, y el apelativo de "supreme" como se puede confirmar solo leyendo la Wikipedia no se refiere a que forme parte de la máxima Corte del Estado de Nueva York sino a su competencia en cuanto juez de primera instancia -no tiene límites sobre la cuantía de las demandas civiles que puede tratar- varios medios y muchas más personas llegaron a decir que Velásquez era "jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos".

No realmente. La jueza compatriota sería el equivalente de un juez de primera instancia de cualquier cantón ecuatoriano, pues sus decisiones pueden ser apeladas ante tribunales superiores, siendo la Corte de Apelaciones del Estado de Nueva York la máxima instancia judicial en la zona. Como Estados Unidos es un país federal, la Corte Suprema realmente es la conformada por nueve jueces vitalicios, nombrados por el Presidente, con sede en la capital, la ciudad de Washington DC.

Pero no todo el mundo estaba para tecnicismos. Y la comitiva de la jueza suprema del Condado de Queens, con sus vistosas medallas, peinados y carteras, tampoco estaba para aclarar el equívoco. 

Aunque la conferencia estaba anunciada para las 18:30, hasta las 19:00 que el Paraninfo estaba semivacío, pues en las primeras filas estaban ubicados los miembros de la comitiva de la jueza, y unos cuantos estudiantes, en su mayoría, completaban el aforo. 

Lupita, una de las mujeres que la acompañaba, tomó de un gran bolso de color negro con apliques dorados la toga de la magistrada. Parecía sacada de una película norteamericana, y uno se sorprendía de que no hubiera traído consigo también el clásico martillo, atributo del honorable juez gringo.

Fue a esa hora cuando la jueza de Queens pidió su toga, antes de empezar a hablar. Y Lupita, una de las mujeres que la acompañaba, tomó de un gran bolso de color negro con apliques dorados la toga de la magistrada. Parecía sacada de una película norteamericana, y uno se sorprendía de que no hubiera traído consigo también el clásico martillo, atributo del honorable juez gringo. 

Carmen Velásquez se sacó la chaqueta azul marino de su traje y procedió a ponerse la toga negra, que estaba decorada con un prendedor en forma de una águila norteamericana en el pecho, y así ataviada, se encaminó al podio. En la mesa directiva, la asambleísta Peña y autoridades de la Universidad Andina, esperaban la intervención de la magistrada.

Velásquez se paró en el podio, y en una especie de espanglish, con la entonación característica de los hispanos de Nueva York, empezó a esbozar algunas ideas sobre qué es, en su criterio, un ejercicio ético de la justicia. Mencionó, entre otras cosas, la necesidad de respetar la Constitución de los Estados Unidos y las decisiones de otros tribunales que, en el sistema judicial norteamericano, tienen gran importancia. También, hizo referencia a que, en su criterio, un manejo ético de la justicia pasa porque ella, en cuanto jueza, no puede tomar demás en una fiesta, ni tomarse fotos con los litigantes, ni manejar en estado etílitico, ni, en resumen, cometer ninguna infracción, por muy menor que sea, pues ello la desprestigiaría en cuanto jueza.

 Ayudada por una de sus acompañantes, la magistrada se colocó la toga negra de jueza.

En torno a esas ideas centrales, que parecían recordar la vieja máxima romana de que "la mujer del César no solo debe serlo sino parecerlo", giró toda la conferencia de la jueza, Habló, además, sobre su militancia en el Partido Demócrata, que le llevó a ganar las elecciones, pues los jueces de ese nivel son electos por los votantes de cada condado para un periodo de 13 años. Es decir, la jueza Velásquez estará en funciones hasta el 2028. Antes, desde 2009, se había desempeñado como juez de un tribunal Civil, también en el mismo Condado de Queens, por cinco años. 

Desde 1991 hasta el 2008, la jueza había estado en la práctica privada como abogada. Entre el 2000 y el 2002, fue profesora en el John Jay College of Criminal Justice, y antes lo había sido en el Baruch College. En 1991, fue habilitada para ejercer el derecho, por parte del United States District Court, Eastern and Southern Districts of New York.


Durante su conferencia, expuso algunos casos sobre cómo debe comportarse un magistrado.

Sobre su formación, la jueza obtuvo su B.A en el John Jay College of Criminal Justice, en 1984; hizo un curso en el verano de 1985 en la University of Athens Law School  y en la Temple University, School of Law, en 1987, obtuvo su Juris Doctor , título que sería equivalente al antiguo doctadorado en Jurisprudencia. 

La jueza es también miembro de varias organizaciones profesionales, entre ellas, el Queens County Bar Association (Colegio de Abogados del cantón Queens), el Hispanic National Bar Association, el  Latino Lawyer Association of Queens County, el Puerto Rican Bar Association, el  Queens County Women's Bar Association y la asociación de ex alumnos del John Jay College of Criminal Justice.

La conferencia terminó con algunas preguntas, tras lo cual, la jueza de Queens y su comitiva partirían hacia su segunda escala: la ciudad de Cuenca.

 La opositora Martha Roldós le entregó un sobre con documentos, que la jueza tomó con reservas.

La jueza en Cuenca

El vuelo de la jueza y su comitiva, como ocurre cada vez más seguido entre Quito y Cuenca, tuvo un retraso de una hora. Los medios cuencanos lo estaban esperando en el salón de actos de la Prefectura del Azuay, al igual que sus principales dignatarios, Paúl Carrasco y María Cecila Alvarado. La jueza llegó ataviada de un vestido gris, ceñido, y acudió al estrado mientras que su comitiva se ubicaba entre los asientos. 

En Cuenca, recorrió el centro de la ciudad, con la viceprefecta María Cecilia Alvarado. 

Carmen Velásquez recibió las palabras de alabanza de las autoridades con una constante sonrisa. Y la mantuvo mientras tomaba en sus manos un árbol de la vida, cerámica de Eduardo Vega, un regalo de la Prefectura. Voy a ponerlo en mi chambers, dice en su espanglish, o sea, explica, su despacho de juez.

"Estamos haciendo historia", dice Carmen Velásquez cuando toma la palabra. Y cuenta que es hija de una madre que se fue para Estados Unidos con 60 dólares y tres vástagos. Sola y sin recursos. Y ahora, ella, Carmen, vuelve a casa siendo "jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos..."

"Estamos haciendo historia", dice Carmen Velásquez cuando toma la palabra. Y cuenta que es hija de una madre que se fue para Estados Unidos con 60 dólares y tres vástagos. Sola y sin recursos. Y ahora, ella, Carmen, vuelve a casa siendo "jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos... (sic)"

Y que todas las dificultades que tuvieron que pasar ella y su familia son solo piedras en el camino, pues en el mensaje de superación que dio a los jóvenes estaba la premisa de que "sino estudias tienes que lavar platos".

Dice con orgullo las cifras de su gestión, de como si fuera un informe de rendición de cuentas: 139 mil personas votaron por ella, ha tomado 19000 decisiones, 2500 juicios, 100 juicios con jurado, 17 decisiones de precedencia, dos de estas han quedado en los libros. Todos los escuchan arrobados, pues nadie está ahí para contrastar cifras de una realidad que no conoce. Antes de de esto fue cajera de un banco, cajera de supermercado, dependiente de una tienda de ropa... Ahora recibe los homenajes del Prefecto.

En un acto solemne, la Prefectura le entrega un acuerdo como ecuatoriana ilustre,y los miembros de su comitiva reciben sendos sombreros de paja toquilla, que no se quitarán a lo largo del día. Luego de servirse un aperitivo emprenden un recorrido por la engalanada ciudad, que festeja un aniversario más de fundación. La viceprefecta María Cecilia Alvarado los acompaña ahora a un  almuerzo típico, en el mercado central de Cuenca. Ahí, las vendedoras de hornado han instalado varias mesas largas y la jueza y su comitiva empiezan a comer los abundantes platos de puerco hornado acompañados de jugos "rompenucas" de coco. Mientras comen, los miembros de la comitiva no abandonan sus sombreros ni sus medallas.

En el Mercado Central de Cuenca, la jueza y su comitiva comieron hornado.

Algunos acompañantes refieren aguantar hambre ante el espectáculo popular. Pero la mayoría disfruta del momento, incluso los agentes del Estado que ha dispuesto el Ministerio del Interior para proteger a la jueza. Ella recibe más regalos aún: una muñeca de trapo, la cholita cuencana; un casa típica cuencana para pegar en la pared... La jueza es toda sonrisas cuando abandona el mercado, cuyas vendedoras, salvo las del hornado, no se han percatado de tan ilustre personaje: será porque el prefecto Carrasco acapara las miradas, los besos y los abrazos de casi todas las vendedoras del mercado. "La he pasado muy bien -dice Velásquez mientras abandona el opíparo alnuerzo hacia el mercado artesanal de Cuenca y otra conferencia sobre ética judicial- pues en Quito me agarró la altura, pero aca no. Todo ha estado muy rico...".

 

 

 

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