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23 de Noviembre del 2018
Historias
Lectura: 14 minutos
23 de Noviembre del 2018
Redacción Plan V
De cómo la vida imita al ajedrez, según Sergio Coellar

Fotos: Chase Fletcher

Su casa es un museo. Sergio Coellar y su familia viven rodeados de tableros, piezas, libros y recuerdos del ajedrez.

 

Este es el testimonio de un coleccionista de ajedrez y jugador de larga data. Sergio Coellar es un arquitecto que tiene entre sus manos, luego de cuatro décadas de dedicación, casi 110 piezas y tableros de ajedrez casi únicos, traídos desde todos los rincones del mundo, de todas las épocas y desde muchas culturas. Coellar cuenta ahora su experiencia y relación vital con el juego ciencia y abre su colección para los lectores de Plan V.


Sergio Coellar sostiene piezas de Trebejos House of Stouton.

"En el ajedrez hay varias vertientes: artísticas, científicas, históricas, literarias, fílmicas... Es muy amplio, como la vida. Kasparov, famoso campeón mundial, dice en un libro: Cómo la vida imita al ajedrez. Curiosamente yo, en mayo del 2007, doy una entrevista a El Comercio, donde yo digo que la vida se reproduce en el ajedrez.

"Los políticos dicen: se mueve el tablero, el ajedrez político se mueve. El juego está presente en el cálculo, en la inteligencia del movimiento, que lo haces pensando en el siguiente. Cuando te enamoras haces tus movimientos: el primer acercamiento, y luego cuál es el siguiente movimiento...

"Desde la historia, el ajedrez tiene más de 1500 años, y su origen es la India. Era un antigua juego en el que participaban cuatro personas y se jugaba con dados, participaba el azar, era un juego hindú que se llamaba Chaturanga, como se denomina a las cuatro partes del ejército. A partir de este juego se elimina con el tiempo el azar y se hace un juego de dos personas, en un tablero de ocho por ocho.

"Es un juego de guerra. Varios países reclaman su origen. Egipto, la antigua Persia... Luego del chaturanga se expande por las rutas comerciales, por guerra o conquista. De la India va a Persia, los árabes conquistan Persia y lo llevan por sus conquistas. Llega a España en el siglo 8; llegan las buenas costumbres, la buena alimentación, la etiqueta en la mesa y el ajedrez. El ajedrez llega a Córdoba. Y por el Alto Volga llega a Rusia, a China...


Arriba: representación de la Torre del Oro; match Kasparov- Karpov,  Sevilla 1987


Piezas que representan la cultura mesoamericana


Un tablero que representa cruzados y templarios


El ejército de Napoleón Bonaparte


Dos juegos miniatura de su colección. Las piezas son también réplicas a escala y sirven para jugar.

"Y yo llego al ajedrez gracias a mi abuelo Jorge Mideros, pariente de los artistas, de los pintores. Mi madre es hija de uno de ellos. Vivíamos muy cerca de la casa donde ellos tenían los talleres. Los sábados, mis tíos abuelos se reunían con intelectuales, con Velasco Ibarra, el doctor Bonilla... tomaban café y jugaban partidas eternas. Con mi hermano menor veíamos el juego y nos interesaba y mi abuelo materno nos enseñó el movimiento de las piezas, un poco de estrategia, a pesar de que mi vocación era futbolera. Me llegué a probar en la LDU. En la Universidad Central me ganó la política, el movimiento estudiantil y volví al ajedrez. Un poco tarde, aunque desde los diez años de edad juego constantemente, y a los 15 años de edad un tío nos regala un juego de ajedrez cuando regresa desde Estados Unidos. Hice un cambalache con mi hermano Hernán, que es cineasta, dándole un ajedrez de madera y me quedé con el ajedrez del tío. No sabe de lo que se perdió.


Coellar muestra el primer juego de ajedrez que tuvo en sus manos, un Stauton de plástico, que es el pionero de su colección.


Ajedrez de talla rusa

"Desde esa edad colecciono tableros de ajedrez. Luego empiezo a comprar libros del juego y empiezo a jugar de modo autodidacta,  juego con Pepe Espinosa, con Polo Galarza, Troski Yépez...  No sabía de la existencia del Pasaje Amador ni de la Asociación de Ajedrez de Pichincha. Yo era seleccionado de fútbol, y tras eso sigo con el ajedrez porque pienso que es tan válido como el fútbol. Desarrolla cualidades deportivas similares. Llego tardíamente, me hubiera podido dedicar con más vocación y entrega; tengo una gran colección de libros, mi mamá me regala piezas, mis amigos, empiezo a coleccionar las notas de Ramiro Diez que sacaba en el diario HOY, recorto la sección de ajedrez que salía en la revista Sputnik, que era la prensa soviética. Así adquiero un libro que es una joya, sobre la historia del ajedrez, y me entra el gusanito de la investigación. Ya para el 2007 tenía unos 40 tableros con sus piezas. Y ahora tengo cerca de 110, junto a piezas, tableros, relojes...


Shogio, ajedrez japonés.


Este es un tablero electrónico de competencia, cada pieza tiene un sensor y todo va conectado a un ordenador que registra cada movimiento

"Hay dos momentos en mi vocación de coleccionista. Uno, en el que se colecciona lo que va asomando, lo que te van regalando. Luego lo hago de modo selectivo. En el 2014, una de mis hijas llega de estudiar en España y me dice: papá, antes de que te olvides de cómo has conseguido estas maravillas de tableros y piezas de ajedrez, te pido que escribas sobre cómo han llegado a la casa. Mi hija, que es más tenaz que la mamá, saca la cámara de fotos, desarma la colección y empieza a graficar todo lo que tenía y me entrega en un disco con un archivo que se llamaba Colección de papá. Ahí está, me dice, para que no tengas pretextos. Unos amigos me dicen que mejor haga un blog y yo no sabía cómo se come eso, aunque soy uno de los primeros arquitectos que entran a la tecnología por el ajedrez. Recién graduado en el 83, paso por el colegio Ingenieros y veo: Programa de Ajedrez Argon 1. ¿Y eso? Me dicen que es para una máquina computadora. ¿Y eso cómo es? Era un tablerito marca Comodore que se instalaba a un televisor y a una grabadora de cinta que era la base de datos. Y se jugaba ajedrez con la máquina. Así desarrollé mi experticia en cálculo unitario de precios, cálculo de volúmenes de obra. Ese era mi trabajo y jugar ajedrez.

"Hicimos el blog que se llamó Colección de Papá y me obligó a alimentarlo y a construir la historia mía con el ajedrez. Y empiezo a ser un coleccionista más selectivo. Porque empiezo a conocer y a encontrar cosas. Detalles importantísimos, como una pieza que fue construida en madera de guayacán. Ahora está prohibido usar el guayacán. En los años 50 a los reclusos del Penal García Moreno les enseñaban oficios, y ese ajedrez se hace ahí, con unas tallas espectaculares. Esto está certificado por un trabajador social de la cárcel. Para subirlo en el blog pongo: ajedrez de guayacán ecuatoriano. Pero en mis búsquedas encuentro un ajedrez Stauton finlandez, y un modelo Stauton de Letonia, exactos a las piezas talladas en el Penal García Moreno. Entonces comparo los caballos y son exactos. No sé cómo esos modelos llegaron a plasmarse en la cárcel de Quito, porque entonces no había internet.


Ajedrez polaco Royal Maxi


Ajedrez de Mario Bros

"El Stauton es el nombre de un campeón inglés, pero se le debe las piezas del mismo nombre. Era jugador y tenía un tallador de ajedrez, que era Jaques, y tenía un editor de una revista. Entre los tres se asocian y hacen la primera empresa con derechos de propiedad de diseño de piezas de ajedrez, a mediados del siglo IXX. Le ponen de nombre Stauton y el hombre firmaba un papelito de garantía y se hacen millonarios. El aporte al ajedrez es que antes las piezas eran siempre distintas, con rostros humanos, con cabezas... Estas son piezas únicas, porque solo el caballo tiene forma de caballo. Esas piezas se representan así hasta la actualidad y son las piezas para los juegos oficiales, hasta ahora.

"Tengo piezas de varios orígenes, épocas y culturas. Unas piezas mayas que representan el mundo de la cultura mesoamericana; tengo los personajes del palacio de Versalles, con el Rey Sol; tengo guerreros de terracota, de China; tengo unas piezas de la escuela de Arquitectura Bauhaus la más importante del mundo del diseño y en 1923 Josef Hartwig hace unas piezas espectaculares, de una simplicidad única en las cuales el diseño de cada una representa cómo se mueve en el tablero. Así, el alfil es una X, el caballo es un cubo incompleto de dos por uno. Tengo unas piezas desarrolladas por Gaudí, el arquitecto catalán, en el modernismo puro de 1930, que cortó la Guerra Civil.

"El ajedrez me ha dado muchas satisfacciones. Es curioso, pero la vinculación del ajedrez con el arte, en las películas, te llena de emociones. Al ajedrez hay que estudiarlo, para disfrutarlo hay que conocerlo. Yo trabajaba en el Consejo Provincial de Pichincha y jugábamos en las noches en los campamentos, y en uno de estos había un hombre de ébano, que era cuidador de una central maderera; se llamaba Benito, un hombre fornido. Un día nos acompaña en el juego y no pronunció palabra, se sacaba la gorra, se rascaba la cabeza pero no decía una palabra. El juego se acabó en una hora y gano la partida. Entonces el cuidador se saca la gorra, y dice: más lo que piensa el arquitecto Coellar para nomás de mover los payasitos. 

"Hay un proverbio hindú que dice lo que es este juego: el ajedrez es un mar, en el que un mosquito puede bañarse y un elefante puede ahogarse. Es una metáfora de que en el ajedrez no hay enemigo pequeño. Puede jugarlo un niño de ocho años contra un anciano de setenta; no hay sexismo, no hay fuerza sino el enfrentamiento de una mente contra otra. Juegan la estrategia y la táctica. La primera es una visión de a dónde quieres ir y cómo, y la táctica es el cómo vas llegando. 


Caballos Stauton, replica del modelo para el macht Capablanca-Alekhine, Buenos Aires, 1927

"El ajedrez me ha dado amigos, me ha hecho conocer lugares increíbles, mi familia va conmigo con eso. En La Habana está enterrado Capablanca. Fui con mis hijas y mi esposa y su tumba es la pieza de un rey. Conocí el teatro Lope de Vega, donde se jugó la final mundial de ajedrez; conocí un ajedrez del año 1200 hecho en cuero. El ajedrez me ha hecho más paciente de lo que era, me ha hecho calculador. Mi profesión está vinculada e esto, porque organiza los espacios. Otro dicho dice: si usted quiere ver feliz a un hombre, enséñele a jugar ajedrez.

"Un amigo me trajo un ajedrez lituano. La Unión Soviética marcó un antes y un después en la historia del ajedrez. Los zares lo jugaban; lo hacían Marx, Engels, Lenin que jugaba con Máximo Gorki. Un bolchevique de la vieja guardia, Ilyin Zhenevsky era ajedrecista y consigue que le encarguen el desarrollo del ajedrez en el Ejército Rojo y ahí, en esos verdaderos Comités de la Revolución se desarrolla el juego, y está en las escuelas, en todas partes. En 1925 se hace un torneo invitando a los jugadores más importantes de la época y se filma una hermosa película, que se llama Fiebre del ajedrez. Krylenko, que es el personaje que construye el derecho soviético, y juega con Stalin, masifica el juego y en 1940 el apoyo del Estado hace que tengan por primera vez un retador al título mundial. Quedan campeones y hasta 1971 solo los soviéticos fueron campeones del mundo. Fischer los destrona, pero de 19 olimpiadas de ajedrez, 18 las ganan los soviéticos. Karpov, el campeón, es diputado de Putin en la Duma y le entregan el desarrollo de los deportes. Y le preguntan qué pasó con las pasadas glorias rusas, porque el trono del mundo ahora lo disputan un noruego y un ítalo americano. Y dice que la desaparición de la URSS afectó al ajedrez y ahora quieren recuperar el puesto que históricamente siempre han tenido.  

"India explotó en el juego del ajedrez porque tuvo un Campeón Mundial. Los hindús van a tener más triunfos porque van a tener ciudadanos concentrados, enfocados y disciplinados por el juego; van a tener ciudadanos con memoria porque el ajedrez desarrolla la memoria. Sería bueno eso para el Ecuador, para que los políticos no se aprovechen de  nuestra falta de memoria y nos sigan engañando porque nos olvidamos. Los ajedrecistas sí nos acordamos".

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