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20 de Noviembre del 2020
Historias
Lectura: 6 minutos
20 de Noviembre del 2020
Gabriela Muñoz
El ñeque manaba de Aura Zamora
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¿Qué ha cambiado en la vida de Aura tras su aparición en televisión y el confinamiento? Reflexiona que la gente tiene que hacer lo que le gusta, lo que ama, lo que le apasiona. Y perseguir los sueños sin renunciar a lo que uno lleva grabado en el alma. “Y cuando lo visualizas, lo consigues”.

“¿Sabes lo que mejor que hizo mi madre por mí? Cuando era señorita, sacarme del recinto El Toro, donde nací. Porque en mi pueblo, los hombres hacen que niñas de 14 años estén casadas y tengan muchos hijos. Y mi madre no quiso eso para mí, no quiso”, dice orgullosa Aura Zamora, la manabita que el Ecuador conoció y admiró por su sazón con los mariscos, noche a noche y durante varios meses, en la primera temporada del reality show Master Chef.

Cada vez que puede, Aura va a El Toro. Lo que se sabe de este recinto es que es uno de los más alejados del cantón Pedernales y que en el terremoto del 2016 el pueblo se destruyó a tal punto que la gente se metía entre los escombros para protegerse del sol.

“Mi madre es afro. Se llama Secundina Cabezas y gracias a ella aprendí a amar la cocina y a sazonar la jaiba, el cangrejo, el camarón, la concha… como tiene que ser”, dice mostrando las fotos de cuando fue reina del colegio, con su cabello largo y ensortijado, en uno de los callejones de su casa ubicada en un conjunto habitacional de la avenida Los Granados, en el norte de Quito.

A Aura se la conoce hace un año. Accedió feliz a contar su historia tras ser tendencia varios días en las redes sociales por su ímpetu y por mostrarse tal cual es. “Ah, eso sí. Siempre yo igualita. Aquí y en cualquier lado, como buena manaba”.

No esconde ningún detalle de su vida. Se enamoró a los 19 años. Se quedó embarazada y su pareja la abandonó cuando estaba de tres meses. “No me hice problema. ¿Qué podía hacer? Arrendé un cuarto en La Magdalena, compré una cama, un sillón, unos platos, tazas… y así tuve a mi hijo Joel, quien hoy es campeón sudamericano en patinaje”.

Sentada en el sillón de su casa y mirando su cocina, la manabita de piel bronceada y ojos vivaces recuerda que su especialidad de físico-matemático en el colegio le permitió ingresar al Banco Pichincha, donde fue digitadora.


Aura Zamora aprendió en su pueblo en el cantón Pedernales los secretos de la cocina manabita.

“Hasta que llegó la oportunidad de participar en el reality y hubo importantes modificaciones en mi vida. Luego de que sales en la pantalla, algunas cosas cambian.  Por ejemplo, tuve que aprender a manejar el Instagram y Facebook. La gente quería comunicarse conmigo y conocer más de lo que hago”.

Ahí conoció a su esposo, Roberto Bohórquez, con quien tuvo dos hijos: Abigail, quien practica esgrima, e Ismael, experto en kickboxing. Luego, trabajó para la constructora Naranjo Ordoñez y ahí fue asistente de Presidencia. Mientras estudiaba Contabilidad en la Cámara de Comercio de Quito entró a trabajar en la llantera Italcauchos.

Para aumentar el ingreso familiar, Aura se dedicó a conducir en Uber y Cabify.  “Hasta que llegó la oportunidad de participar en el reality y hubo importantes modificaciones en mi vida. Luego de que sales en la pantalla, algunas cosas cambian.  Por ejemplo, tuve que aprender a manejar el Instagram y Facebook. La gente quería comunicarse conmigo y conocer más de lo que hago”.

Actualmente, Aura tiene una cuenta en Instagram con 34.800 seguidores con el nombre Aura Zamora, La Criollita. Tiene una empresa de catering donde cocina sus mariscos al ajillo, rellenos, con maduro y sus paellas acompañadas con sangría.

Antes de que el virus del Covid-19 llegara al mundo, fue invitada a encuentros de emprendedores y grababa sus recetas en un set. “En el confinamiento me tuve que reinventar. Empezar otra estrategia para que la gente siga disfrutando mi sazón”.

En los días de la Madre y del Padre, por ejemplo, Aura entregó cangrejos rellenos y paellas a domicilio. “Se me acabó todito”, dice.

La publicidad la hizo por Instagram y los pedidos por Whattsapp. Cada cliente le envío una foto agradeciéndole por la sazón y Aura las subía a sus redes para mostrar la felicidad de la gente contenta comiendo sus cangrejos, en medio del encierro de la cuarentena. Su esposo, quien siempre la alienta a no abandonar sus sueños, se encargó de repartir la comida por todo Quito.  

¿Qué ha cambiado en la vida de Aura tras su aparición en televisión y el confinamiento? Reflexiona que la gente tiene que hacer lo que le gusta, lo que ama, lo que le apasiona. Y perseguir los sueños sin renunciar a lo que uno lleva grabado en el alma. “Y cuando lo visualizas, lo consigues”.

La manabita postea a diario sus logros. Ya no solo de su emprendimiento, sino de su cotidianidad.

Estas líneas se escriben cuando Aura Zamora promociona su rompope manaba, una de las recetas que su madre Secundina le enseñó antes de sacarla del recinto El Toro y darle las alas necesarias para que pueda volar.

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