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17 de Abril del 2014
Historias
Lectura: 15 minutos
17 de Abril del 2014
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Gabo, periodista

Foto: cordobatimes.com

El nobel colombiano tomaba sus novelas como una extensión de su trabajo periodístico.

 

El gran escritor colombiano se definía sobre todo como un periodista. Su amor y compromiso con el oficio era expresado constantemente. Plan V rinde su tributo al maestro con algunas piezas de su inconmensurable obra.

“Soy un periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información y los hechos son de periodista”. Entrevista radial concedida a Darío Arizmendi, Caracol Radio, Bogotá 30 y 31 de mayo de 1991. Del libro Gabo Periodista.

“Mi primera y única vocación es el periodismo. Nunca empecé siendo periodista por casualidad –como muchas gentes– o por necesidad, o por azar, empecé siendo periodista, porque lo que quería era ser periodista”.  Entrevista con Orlando Castellanos, en El Universal, Cartagena. Tomado de entrevista radial en Radio Habana, julio de 1976.

“El periodismo es la profesión que más se parece al boxeo, con la ventaja de que siempre gana la máquina y la desventaja de que no se permite tirar la toalla”.

Gabriel García Márquez, Textos costeños. Obra periodística 1. Barcelona, Mondadori, 1992.

“Los directores del periódico colocan a los reporteros en la escala de los aprendices, y cuando de veras aprenden y su lenguaje deja de ser pobre los asientan a arreglar al mundo en un escritorio, desde donde es más fácil llegar a ser diputado que escritor”. 

García Márquez en Miguel Fernández-Braso, Gabriel García Márquez, Una conversación infinita, Madrid, Editorial Azur, 1968.

LA HIJA DEL CORONEL (Apuntes para una novela)

En la iglesia había una silla reservada para el coronel Aureliano Buendía, detrás de los últimos escaños, precisamente bajo el coro. Al lado de la silla, un sitio desocupado, donde la pequeña Remedios colocaba la almohadilla para arrodillarse cuando su padre lo hiciera. El coronel sólo usaba la silla durante el sermón. El primer domingo,  Remedios no supo qué hacer cuando su padre se sentó. Ella siguió de pie todo el tiempo, sin moverse,  hasta cuando los pies se le adormecieron y comenzaron a dolerle las rodillas. Después, cuando el sacerdote descendió del púlpito, el coronel se puso en pie y la  niña no sintió más el adormecimiento ni los dolores, no porque se hubiera movido de su sitio sino porque cuando el sacerdote dejó de hablar y su padre se puso de pie, la niña creyó que la misa había concluido. En las misas siguientes, Remedios ya sabía, sin haberlo preguntado, que durante el sermón debía sentarse en el escaño que le quedaba enfrente, pero sin llevar la almohadilla.

"La música de Shakira tiene una impronta personal que no se parece a la de nadie, y nadie la canta ni la baila como ella a ninguna edad con una sensualidad inocente que parece inventada por ella".

Perfil de Shakira, por el Gabo.

En esa época su conciencia empezó a llenarse con las cosas, del pueblo,  a comprender por qué debía vivir en la misma casa donde varias veces había reaparecido el miedo.  En la escuela aprendió a coser.  Aprendió a hacer adornos  para la ropa y hasta es posible que hasta entonces hubiera empezado a creer que todo eso era la vida, cuando concluyó el año,  antes de que su hermanita aprendiera a sostenerse en pie. Al año siguiente no volvió a la escuela. Remedios no sabría por qué, pero cuatro años más tarde recordaba que fue en las vacaciones cuando asistió a la iglesia en compañía de las mujeres, sin haber hablado todavía directamente con su padre y sin haberlo mirado a la cara durante alrededor de cuatro años.

Con las mujeres se sentó en los escaños de adelante, junto al sacerdote. Fue entonces cuando oyó cantar en la iglesia por primera vez.  Remedios no extrañó el cambio de sitio en el templo. Posiblemente ni siquiera estaba en edad  para preocuparse por lo que significaba un cambio de compañía durante la misa. Pero cuando oyó cantar por primera vez, se asustó a las voces iniciales; se desconcertó.  Frente a ella, el arcángel Gabriel, con una mano alta y las alas plegadas, debió de sentir también la voz de los cantores, porque Remedios vio la túnica disuelta en los espacios totales de la música y vio los pliegues sacudidos por una brisa tenue; por el airecillo redimido y absoluto de la nueva creación. Ella sabe que volvió la vista (porque la música sonaba a sus espaldas) y no vio a los cantores, pero vio al final de la nave central, a su propio padre, erguido, estirado, junto al sitio vacío donde estuvo su propia almohadilla durante un año entero. Y vio a su padre sólo humano, conmovedor, con un aire de completo abandono al final de la nave. Sólo entonces tuvo deseos de estar ahí, junto a su padre, sintiendo el adormecimiento de las rodillas.

Tal vez Remedios no recuerda que fue esa la segunda vez que miró de frente a su padre y que el rostro no era ya parecido al de los pájaros, sino exactamente igual a como lo había querido ver durante largos años al extremo de la mesa.

Repentinamente, el mundo de su padre se le volvió claro. Fue como si la voz de los cantores hubiera descorrido un velo que durante toda su vida se había interpuesto entre su padre y ella. Entonces comprendió por qué su padre no le había dirigido nunca la palabra y comprendió que un hombre no tiene la necesidad de hablar con su hija menor cuando la hija sabe hacer las cosas a tiempo, correctamente, como el padre habría querido que las hiciese si la hija las hubiera hecho de una manera distinta. Y comprendió por qué, cuando iba los domingos a misa de ocho cogida de la mano de su padre, pudo pensar que un padre no era más que eso. Un hombre que lleva de la mano a una niña con quien no debe cruzarse una palabra durante todo el tiempo.

Esto sucedió un domingo. El lunes, Remedios empezó a crecer apresuradamente.

Publicado por Gabriel García Márquez en El Heraldo, de Barranquilla, el 13 de junio de 1950. En 1967, 17 años después publicaría Cien Años de Soledad.

ALGUNAS ENTRADAS

Primer escrito periodístico de Gabriel García Márquez. Publicado en El Universal, Cartagena, el 21 de mayo de 1948.

Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda.  El reloj de la Boca del Puente, empinado otra vez sobre la ciudad, con su limpia, con su blanqueada convalecencia, había perdido su categoría de cosa familiar, su irremplazable sitio de animal doméstico. En las últimas noches ya no iban nuestras miradas a preguntarle por el regreso enamorado de aquella voz que nos quedó sonando en el oído como un pájaro eterno; o por el rincón temporal donde cortamos el hilo tenso de la aventura, sino que tratábamos de impedir, de detener con un gesto último y desesperado aquella marcha lenta, angustiosa, que iba precipitando las horas contra una frontera desconocida que era, a su vez, la orilla tremenda donde se doblaba nuestra libertad.

EL CLERO EN LA LUCHA

Publicado en la revista Momento, el  7 de febrero de 1958. Crónica de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.

El primero de mayo del año pasado –fiesta del trabajo–, los curas párrocos de Venezuela leyeron en los púlpitos una carta pastoral del arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en sus términos esenciales la doctrina social de la Iglesia. Desde Caracas hasta Puerto Páez, en el Apure; desde las solemnes naves de la catedral metropolitana, hasta la destartalada iglesia de Mauroa, en el territorio federal amazónico, la voz de la Iglesia –una voz de veinte siglos– sacudió la conciencia nacional y encendió la primera chispa de la subversión.

EL GOLPE SANDINISTA. CRÓNICA DEL ASALTO A LA “CASA DE LOS CHACHOS”

Publicado en la revista  Alternativa, Bogotá, septiembre de 1978. Sobre el secuestro de diputados protagonizado por Edén Pastora, uno de los comandantes del nicaragüense Frente Sandinista para la Liberación Nacional, durante la lucha armada contra Somoza.

El plan parecía una locura demasiado simple. Se trataba de tomarse el Palacio Nacional de Managua a pleno día y con sólo veinticinco hombre, mantener de rehenes a los miembros de la Cámara de Diputados, y obtener como rescate la liberación de todos los presos políticos. El Palacio Nacional, un viejo y desabrido edificio de dos pisos con ínfulas monumentales, ocupa una manzana entera con numerosas ventanas en sus costados y una fachada de columnas de Partenón bananero hacia la desolada plaza de la República.

CHILE, EL GOLPE Y LOS GRINGOS

Publicado en Alternativa, marzo de 1974. Una crónica de cómo se fraguó el golpe militar en contra de Salvador Allende.

A fines de 1969, tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en una casa de los suburbios de Washington. El anfitrión era el entonces coronel Gerardo López Angulo, agregado aéreo de la misión militar de Chile en los Estados Unidos, y sus invitados chilenos eran sus colegas de las otras armas. La cena era en honor del director de la Escuela de Aviación de Chile, general Carlos Toro Mazote, quien había llegado el día anterior para una visita de estudio. Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de ternera con guisantes, bebieron los vinos de corazón tibio de la remota patria del sur donde había pájaros luminosos en las playas mientras Washington naufragaba en la nieve, y hablaron en inglés de lo único que parecía interesar a los chilenos en aquellos tiempos: las elecciones presidenciales del próximo septiembre.

TONTO ÚTIL, PARA SERVIRLE A USTED

Publicado en Alternativa, en julio de 1977, la revista de izquierda que él dirigió.

En el archipiélago de incomunicación e irrealidad de las izquierdas colombianas, no hay criterio unánime en relación con nada, pero mucho menos con relación a esta revista, que en unas semanas es leída en voz alta en la universidad entre aplausos y gritos de entusiasmo, y en otras semanas los mismos que la aplaudieron la queman en ceremonias públicas aprendidas de los fascistas.

EL AVIÓN DE LA BELLA DURMIENTE

Publicado en El Espectador, Bogotá, 19 de septiembre de 1982.

Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y un aura de antigüedad oriental que lo mismo podía ser de Bolivia que de Filipinas. Estaba vestida con un gusto sutil: una chaqueta de lince, una blusa de seda de flores muy tenues, unos pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales  del color de las buganvillas. “Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida”, pensé, cuando la vi en la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle, de París. Le cedí el paso, y cuando llegué al asiento que me habían asignado en la tarjeta de embarque  la encontré instalándose en el asiento vecino. Casi sin aliento alcancé a preguntarme de cuál de los dos sería la mala suerte de aquella casualidad aterradora. 

NOTICIA DE UN SECUESTRO (LIBRO)

Publicado por Editorial Mondadori, Barcelona, 1996.

Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siente y cinco de la noche en Bogotá. Había  oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste, pero no había a la vista nada que temer. Maruja se sentó detrás del chofer, a pesar de su rango, porque siempre le pareció el puesto más cómodo.

90 DÍAS EN LA CORTINA DE HIERRO

Publicado en revista Cromos, Bogotá, julio de 1959.

La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías. Después de haber permanecido tres meses dentro de ella me doy cuenta de que era una falta de sentido común esperar que la cortina de hierro fuera realmente una cortina de hierro. Pero doce años de propaganda tenaz tienen más fuerza de convicción que todo un sistema filosófico. Veinticuatro horas diarias de literatura periodística terminan por derrotar el sentido común hasta el extremo de que uno tome las metáforas al pie de la letra.

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