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3 de Diciembre del 2020
Historias
Lectura: 10 minutos
3 de Diciembre del 2020
Redacción Plan V
Ismael Quintero puso a bailar al país hasta en sus peores crisis
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Fotos: Agencia API

 

Los Chigualeros es una de las agrupaciones esmeraldeñas más icónicas. Rescatar la identidad y darle un toque moderno es la huella que han dejado en los escenarios en los últimos 40 años.

 

 

Ismael Quintero
Limones, 1954


Nació el 18 mayo de 1954, en Limones, Esmeraldas. Es músico y su nombre artístico es Ismael ‘Majuco’ Quintero. Influenciado por la salsa colombiana se dedicó a ese ritmo desde los 15 años. Fue parte de la orquesta ‘Z Mar’ donde tocó por más de una década. Después se unió a su hermano, Segundillo Quintero, quien había fundado la orquesta Los Chigualeros. Esa agrupación alcanzó la fama nacional e internacional por su fusión de música tradicional esmeraldeña con ritmos contemporáneos. En 2014, la orquesta recibió un homenaje en la Casa de la Cultura Ecuatoriana por sus 30 años de fundación. En la actualidad, es el director musical de la orquesta.
Ismael ‘Majuco’ Quintero, como lo conocen en el medio artístico, nació hace 66 años en ‘la isla encantada’. Así llama a Limones, una pequeña isla fronteriza con Colombia, donde aprendió a tocar guitarra y a enamorarse de la salsa del país vecino. Animado por el rector de su colegio, empezó en los escenarios estudiantiles.

Ismael era un músico consolidado cuando el país regresó a la democracia en 1979. Alejado de la política y de los debates nacionales, este músico recuerda el triunfo de Jaime Roldós. Pero sobre todo retiene la fotografía de un país con muchos retrasos. Con la orquesta de salsa ‘Z Mar’, formada por músicos esmeraldeños, viajó por el país por carreteras como la Quito-Santo Domingo o la vía a Lago Agrio, donde las llantas rozaban el filo de los precipicios.

Eran años de gloria para las orquestas porque eran el número central de las fiestas en una época donde aún no había discomóviles. Rápidamente la fama de la banda esmeraldeña se extendió a las provincias vecinas.

Ser músico afrodescendiente en los años 80 también implicó romper barreras como la discriminación. Ismael recuerda que en Manta preferían no salir para evitar el rechazo. Los llamaban ‘gallinazos’. Pero eso ha cambiado con el paso de los años.

Mientras tanto, su hermano ‘Segundillo’ ya había fundado en 1980 la orquesta Los Chigualeros. Su nombre surge del ‘chigualo’, un ritual afro esmeraldeño con el que se celebran las defunciones de niños. “Son angelitos, en lugar de llorar se les cantan, se les ‘chigualea’. Les cantamos para que se vayan alegres al cielo”, explica Ismael. Cansado de replicar canciones de bandas extranjeras, prefirió acompañar a su hermano en la búsqueda de música con identidad, que represente a su pueblo esmeraldeño, pero con ritmos contemporáneos. Ismael toca el bajo, el instrumento que es ‘el alma de la orquesta’.

Pero esa década también le deja un mal recuerdo. Un amigo de Ismael, oriundo de Limones, desapareció mientras operaba ‘el escuadrón de la muerte’ del gobierno León Febres Cordero. Otro momento de tensión para el músico fue la Guerra del Cenepa, en 1995. Ismael tenía parientes en el Ejército y la zozobra de su familia fue permanente.

Para entonces, Los Chigualeros eran la atracción de las discotecas de salsa. En Quito, eran frecuentes invitados al Seseribó, uno de los bares salseros más antiguos de la ciudad, que cerró en 2013. Durante esas visitas, Ismael conoció el trabajo de Jamil Mahuad como alcalde y su gran popularidad. Por eso cuando fue elegido Presidente en 1998 creyó que haría una gran administración. Pero el feriado bancario acabó con esa ilusión.

¿Hubo fiestas en esos años de crisis? Ismael dice que los ecuatorianos siempre guardan un presupuesto para sus festejos hasta en los peores momentos. “Con el presidente que fuese, la gente baila. Nunca se paró la fiesta”, afirma. Rememora a Manabí como una provincia con ‘harta rumba’, pero si se tratara de una competencia la que se lleva el primer lugar es El Oro, en especial el cantón Pasaje. Cada barrio contrataba su orquesta para sus fiestas cantonales.


Ismael Quintero aprendió a tocar el bajo desde los 6 años. Para él, la música es su oxígeno.

“Hasta donde yo sé, la democracia es el derecho a elegir y a ser elegido. Pero también me gustaría que se elija a la gente que sepa lo que va a hacer en el poder”

Al son de malas noches y de mucho trabajo, Los Chigualeros alcanzaron fama internacional. Fue el primer conjunto de Esmeraldas que llevó su música del ‘seis por ocho’ –compás del género musical bambuco de las poblaciones afro del Pacífico– a Europa y Estados Unidos. Pero uno de esos viajes coincidió con el derrocamiento de Mahuad. La noticia llegó hasta el festival al que fueron invitados en Noruega, en el 2000, y fueron consultados por sus colegas. “Sentimos vergüenza”, cuenta Ismael.

Para entonces, Ismael era uno de los compositores de la orquesta. En su primera gira por Europa escribió la letra de ‘Añoranzas’, una canción dedicada a Esmeraldas. Pero su canción favorita es ‘Canto a Esmeraldas’, considerada como el segundo himno de su provincia: “Un 21 de septiembre/ fue Esmeraldas descubierto /y sus hijos la queremos con profundo sentimiento”.

Los Chigualeros ha sido el semillero de la salsa esmeraldeña. Crearon una escuela para niños y jóvenes de la provincia. Cada vez que un músico se les iba lo reemplazaban con una de sus ‘semillas’. Por ejemplo, por la orquesta pasó Wilfrido Medina, conocido como ‘Boris de Borbón’, un cantante no vidente que estuvo entre los favoritos del reality show “Ecuador tiene talento”. Cuando murió el futbolista ecuatoriano Otilino Tenorio, en el 2005, Los Chigualeros le dedicaron una canción en su honor, en la que participaron los niños de su escuela.

“Con el presidente que fuese, la gente baila. Nunca se paró la fiesta”


Fotos: Cortesía de Ismael Quintero

Su semillero musical tuvo apoyo durante el gobierno de Rafael Correa. Los Chigualeros presentaron un proyecto para trabajar con niños en situaciones de riesgo. Escogieron sobre todo a las escuelas que estaban junto al río Esmeraldas. A Ismael le impactó que en los primeros días que visitaron los establecimientos, los menores solían escaparse en los recreos y saltar los muros para fumar marihuana.

En el patio de la Unidad Dr. Luis Prado Viteri, de Esmeraldas, los músicos tocaron durante los recreos para atraer a los estudiantes. Al menos 50 niños aprendieron a cantar y tocar los instrumentos tradicionales como el cununo, el guasá, la marimba y el bombo, o más modernos como el piano, el bajo y la guitarra. La iniciativa duró cuatro años. En los desfiles, los estudiantes salían con las marimbas en las llamadas ‘bandas de la paz’. De ese semillero, Los Chigualeros incorporaron al grupo a un timbalero y a un pianista.

Ningún gobierno puso atención a los músicos tradicionales de Esmeraldas hasta la administración de Correa, dice Ismael. El entonces mandatario llegó el 5 de agosto del 2007 al Municipio de Esmeraldas. En esa fecha se conmemora la independencia de la provincia. Ese día, Ismael y otros músicos tocaron el Himno Nacional con marimba y clarinete.

Desde entonces, Los Chigualeros acompañaron al exmandatario en sus presentaciones por la provincia verde y por el país. “Él aprovechaba y cantaba su canción. Se metía en la tarima con nosotros”. Ismael cuenta que tocaron en las campañas presidenciales o seccionales de la última década. Los candidatos los buscaban porque sabían que tendrían una gran acogida del público si ellos se presentaban. “Candidato con el que tocamos, ese gana, ¡tenemos una suerte! O buena espalda como la llaman”, asegura. Ismael narra que los políticos les ofrecían ayuda, pero una vez que asumían sus funciones no les contestaban el teléfono. Solo Lenín Lara, quien fue electo alcalde de Esmeraldas en el 2014, apoyó la escuela de Los Chigualeros.

La orquesta estuvo en el último enlace ciudadano o ‘sabatina’ como eran conocidas las largas alocuciones de Correa todos los sábados. Antes de entregar el poder, Correa se despidió con un festival artístico, el 20 de mayo del 2017, en Guayaquil.

Para el músico, la democracia es el derecho a elegir y a ser elegido. Pero si alguien busca una función pública, debe estar preparado para esa designación. Por eso pide mayor honestidad a los políticos que pugnan por un cargo en el Estado.

Desde la música, su aporte a estos 40 de democracia, ha sido difundir la identidad esmeraldeña en todo escenario que le ha abierto las puertas y dejar crecer en su orquesta a los nuevos embajadores de música folclórica de su tierra. Gozándola.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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