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12 de Diciembre del 2020
Historias
Lectura: 9 minutos
12 de Diciembre del 2020
Redacción Plan V
Jorge Medranda: “Hoy tenemos un país más tolerante”
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Fotos: Luis Argüello. PlanV

 

Activista de la diversidad sexual, Jorge Medranda analiza la significación de estas cuatro décadas para la comunidad de gais, lesbianas, bisexuales y transgéneros.

 

 

Jorge Medranda
Quito, 1966


Mientras pasa revista a esas cuatro décadas, Jorge Medranda tiene hoy, a sus 54 años, una visión optimista sobre el futuro de los ecuatorianos que forman parte de la comunidad LGBTI. Cree que actualmente hay una valoración positiva de muchos de las personas de la comunidad en la sociedad ecuatoriana. “Hace años en las fiestas de los pueblos pequeños se convocaba al cura, al alcalde, al profesor, a la reina. Ahora también invitan a la reina trans”. Está seguro que hoy muchas personas de 20 años de la diversidad sexual que tienen más oportunidades de vida y menos riesgo de ser agredidos y discriminados en la actualidad que en 1979.

Jorge Medranda tenía poco más de doce años cuando se reestableció el orden democrático en el Ecuador. Para este hombre gay quiteño, quien ha dedicado buena parte de su vida al activismo por la diversidad sexual, y que ha seguido de cerca las luchas de su colectivo, los cambios en el Ecuador entre 1979 y 2019, que coinciden con los 40 años del periodo democrático, dejan un balance positivo. 

A los 21 años, paralelamente a los momentos de agitación que se vivían en el país, decide asumir su homosexualidad y salir del clóset. Dos hechos marcaron ese proceso: en 1984 se conoció del primer caso de VIH en Ecuador, y el activista recuerda vívidamente una campaña del Gobierno de la época de “prevención” que prácticamente responsabilizaba y estigmatizaba a los hombres gais por la pandemia. “Todos los hombres gais son portadores del virus, decía la campaña, sin ningún matiz ni reflexión”. La campaña la sacó el gobierno. Al mismo tiempo, el joven Medranda descubrió un artículo del Código Penal, que imponía una pena de cárcel en contra de los hombres gais. La norma se refería a “los casos de homosexualidad que no constituyan violación” y advertía con varios años de cárcel a “los dos correos”.

A principios de los 90, Jorge Medranda, una persona de clase media, formó parte de su propia “organización clandestina”. Pero no era ni guerrilla urbana ni un movimiento subversivo. Era un colectivo de la diversidad sexual llamado Sociedad Gay (Soga) cuyo objetivo era poner en la agenda pública la despenalización de la homosexualidad y los derechos de la diversidad sexual en el país. La organización, que luego cambiaría de nombre a Fedaeps, se funda en 1988 con células en Guayaquil y en Manabí. El financiamiento provino del exterior, porque ni los gobiernos de la época ni ningún político estaban interesados en apoyar la iniciativa, que centró su discurso sobre todo en salud y en la prevención del VIH.

En ese entonces, las minorías sexuales no tenían apoyo de ninguna fuerza política. Entre los 80 y los 90, Jorge Medranda recuerda que “los más revolucionarios eran los más homofóbicos”. “En la clandestinidad de los lugares y de la noche nos reuníamos para conversar sobre estos temas”, y así nace Soga, huérfana de cualquier apoyo político porque a ninguno de los partidos ecuatorianos el tema le despertaba el más mínimo interés. “Éramos como delincuentes, no podíamos vernos de día por el temor de ser descubiertos”. Pero el rechazo no solo era de los políticos: “también había negativa de las propias organizaciones de derechos humanos a tratar el tema. Recuerdo que una organización grande de la época se negó a discutir la cuestión afirmando que no era prioritario, que no era importante, que no es lo que el país necesitaba”. 

“No se podía hablar de estos temas ni con los chinos, ni con los cabezones, ni con los que apoyaban a Cuba, ni, por supuesto, con la derecha”

Jorge Medranda cree que hay un punto de inflexión en este sombrío panorama de los primeros 20 años: la caída de Abdalá Bucaram puso de moda el discurso de los derechos. 

En junio de 1997, un acucioso intendente de Policía del Azuay hizo una redada en una discoteca gay de Cuenca, en donde el valeroso oficial de la ley maltrató a la clientela, sobre todo, a algunas personas transgénero. La academia de Cuenca se pronunció en señal de rechazo, mientras el arzobispo Luis Alberto Luna Tobar escribió un artículo condenando el abusivo exceso. Eran los primeros meses del Gobierno interino de Fabián Alarcón, y Medranda y sus amigos sintieron que había llegado el momento de levantar la voz. Aunque el Gobierno de Alarcón estuvo en contra, el Tribunal de GarantíasConstitucionales de la época declaró inconstitucional el artículo del Código Penal que penalizaba “los casos de homosexualidad que no constituyan violación”.

Pero aunque empezaban a producirse importantes avances en los aspectos legales, para muchos de los gais y lesbianas de la generación de Jorge Medranda, la aspiración durante los primeros 20 años de democracia era irse del país. La crisis de 1999 obligó a millones de ecuatorianos a irse, pero ya muchos de sus amigos y conocidos se habían ido, sobre todo, a Europa y Estados Unidos por una razón: el Ecuador no brindaba las condiciones para que una persona de la diversidad sexual tuviera una vida feliz. 

Por esa misma época dejó la burocracia y empezó a laborar de manera estable con organizaciones de la diversidad sexual, en las que se mantiene hasta hoy. Había abandonado su carrera universitaria y había decidido tomar el control de su vida, dejando atrás la vida que su entorno familiar había planeado para él. Durante seis años trabajó como funcionario público y desde 2002 su principal forma de subsistencia ha sido el activismo. 

Para 1998 los políticos se embarcan en un proceso constituyente.“Su postura en 1998 era ya se despenalizó la homosexualidad, ¿qué más quieren estos maricones?” recuerda Medranda. Los movimientos LGBT debieron buscar aliados estratégicos para intentar hacer presión en la Asamblea Constituyente de 1998. “Se intentó también incluir la no discriminación por identidad de género, pero eso fue más complicado entonces”. 

No sería hasta el advenimiento de Rafael Correa que se producirían una serie de cambios que también impactarían a la diversidad sexual ecuatoriana. Activista de tiempo completo durante esos años, Medranda recuerda que la Constituyente de Montecristi, que redactó la Constitución de 2008, fue una nueva oportunidad para poner en el debate garantías legales. Así, se logró incluir la prohibición de la discriminación por asuntos de identidad de género, pero, al mismo tiempo, el correísmo impuso la prohibición del matrimonio igualitario y de la adopción por parte de parejas del mismo sexo. 

Para Medranda, no hubo cambios significativos en los movimientos de la sociedad civil sino hasta 2013, cuando el correísmo empieza a crear movimientos sociales “marioneta” que tenían la misión de deslegitimar a todas las organizaciones críticas con el Gobierno.

A pesar de los esfuerzos del correato por imponer a la sociedad su visión del mundo, Medranda cree que, sin querer, contribuyó a que la temática de la diversidad sexual fuera ampliamente conocida y debatida en la sociedad ecuatoriana, una cuestión que no había ocurrido en las tres décadas anteriores.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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