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11 de Febrero del 2021
Historias
Lectura: 10 minutos
11 de Febrero del 2021
Redacción Plan V
María del Carmen Cazorla: por más mujeres en la ciencia
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María del Carmen Cazorla en la Estación de Mediciones Atmosféricas de la Universidad San Francisco, en Quito. Allí tiene instrumentos de cálculo para el monitoreo de la capa de ozono. Es un proyecto con la NASA. Fotos: Luis Argüello

 

Una científica ecuatoriana mantiene su conexión con la NASA para hacer estudios únicos en el país. La diversidad y la riqueza de ideas es lo que ha marcado en ella la democracia.


 

María del Carmen Cazorla
Quito, 1977


María del Carmen Cazorla es PHD en Meteorología. Es profesora investigadora de la Universidad San Francisco de Quito. Se graduó de la Politécnica Nacional como ingeniera química en el 2001. Entre 2001 y 2003 trabajó en la Dirección Nacional de Hidrocarburos. Obtuvo una beca Fulbright e hizo una maestría en Estados Unidos en control de la contaminación ambiental. La cursó en la Penn State University donde también hizo su doctorado. Su trabajo le abrió las puertas a la NASA. Hizo un postdoctorado en la agencia científica más importante del mundo. A su regreso al Ecuador montó la primera Estación de Mediciones Atmosféricas donde mantiene proyectos con la NASA. Es la impulsora de un grupo de mujeres científicas e ingenieras en el Ecuador.

En la terraza del edificio Maxwell de la Universidad San Francisco está uno de los proyectos de vanguardia de la ciencia en Ecuador. Lo lidera María del Carmen Cazorla, para quien el cielo no ha sido el límite. Ella es una de las pocas científicas ecuatorianas que ha llegado a la NASA, la agencia espacial de los Estados Unidos. Tiene solo 42 años, pero ya es la promotora de una Estación de Mediciones Atmosféricas que hace un monitoreo único en el país sobre la contaminación y la capa de ozono. El espacio exterior es una obsesión que lo estudia desde aquella edificación bautizada con el nombre del físico británico James Clerk Maxwell.

Tiene casi la misma edad que el regreso a la democracia en Ecuador, pero sus recuerdos arrancan desde muy temprano. Dice que en su memoria aún está el accidente fatal del presidente Jaime Roldós. Ella tenía solo cuatro años. Pero en el ejercicio de regresar en el tiempo para encontrar los hitos en la vida nacional del Ecuador que marcaron a su generación, María del Carmen pone una señal en el año 1988. Ella se educó en el colegio Ecuatoriano Suizo, donde también estuvieron los hermanos Restrepo, desaparecidos durante el gobierno de León Febres Cordero. Desde entonces siguió la historia de esta familia y cuenta que, después de este caso, los jóvenes y las familias de esa época tuvieron temor a la Policía.

“Me preocupa que no existan nuevos líderes para mejorar la democracia. Las nuevas generaciones quienes están llamadas a liderar en el futuro están desconectadas de la realidad nacional”
 

 

Mientras esos tiempos inciertos ocurrían en el país, la futura científica aprendía que la democracia solo puede ser entendida desde la libertad, la diversidad y la riqueza de ideas. Ese fue un legado que recibió de sus padres. Creció en una familia que le permitió hacer lo que quiera. Y ella eligió ser ingeniera en un país donde la presencia de la mujer en esas carreras es aún mínima.

Sus años universitarios estuvieron atravesados por la convulsionada vida política del país. Primero por la Guerra del Cenepa, de 1995, un año marcado por la unión y el respeto a las fuerzas militares. Segundo, por los derrocamientos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y de Lucio Gutiérrez. Los considera como eventos traumáticos para su generación. En la crisis de 1996, lamenta el trato que se dio a la entonces vicepresidenta Rosalía Arteaga, quien asumió la Presidencia, pero al quinto día renunció mientras el Congreso se reunía para nombrar a Fabián Alarcón como presidente interino.

En la caída de Mahuad, trae al presente la devaluación diaria del sucre, lo que significó un golpe para la economía de las familias. “En una semana el dólar valía 5.000 sucres, al siguiente día 7.000, al siguiente 14.000”.  A inicios de los 2000, María del Carmen estudiaba en la Politécnica Nacional y las paralizaciones eran el tono de esos días críticos. Sin transporte, los estudiantes debían caminar a sus casas por varias horas como lo hizo ella. Mientras que la caída de Gutiérrez la encontró en el Ministerio de Energía, donde trabajaba. Allí conoció al exmandatario en una de las visitas que hizo a esta dependencia estatal. 

María del Carmen viajó el 2003 a Estados Unidos, donde vivió por una década. Allí cursó su maestría en la Penn State University. Pero su camino en la ciencia solo se presentó cuando tomó una materia de física y química atmosférica. En ese momento supo que eso era lo que quería hacer toda su vida y decidió hacer un doctorado en esa materia.

Pero no se desconectó de las noticias del acontecer nacional. Por eso aún recuerda la mala impresión que dejó Rafael Correa cuando abandonó una reunión con el Fondo Monetario Internacional, mientras era ministro de Economía, en el 2005. Aquella prepotencia le causó rechazo hacia quien se convertiría en el mandatario que más años ha durado en el cargo en la historia reciente del país. 

Mientras Correa asumía la Presidencia, María del Carmen iniciaba su doctorado en la Penn State University, que le tomó cinco años. Al final, participó en un concurso de méritos para la NASA Postdoctoral Program. Para ingresar en ese grupo élite es necesario hacer una propuesta de investigación que sea de interés de un investigador de la NASA. Su proyecto ganó y así ingresó a la agencia científica más importante del mundo. Luego hizo un posdoctorado entre 2010 y 2012.

Trabajó de cerca con los científicos más reconocidos del mundo en un ambiente intelectual muy estimulante. La científica quiteña estuvo en el área de ciencias de la Tierra. Es amiga personal de Anne Thompson, quien es la investigadora principal para la red de validación tropical SHADOZ. También conoce al físico Paul A. Newman, quién es uno de los científicos más relevantes del clima y la capa de ozono en la actualidad.

María del Carmen volvió al Ecuador en el 2012. Encontró un país orgulloso por lo ecuatoriano y notó un crecimiento de emprendimientos locales de diversos productos, pues antes muchos eran importados. Cree que eso es lo más destacable del gobierno de Correa. Pero también, en su opinión, dejó un legado triste: la división de la sociedad. “¡Cómo se aprovechó de la brecha social –que existe– para infundir resentimiento y división de clases! Eso es imperdonable, cuando un líder debe llamar a la unión”.

Mientras tanto, María del Carmen se convirtió en puente para la llegada al país de científicos de élite. Thompson, por ejemplo, visitó Quito en el 2017 gracias a sus gestiones. Ese ha sido su mayor aporte: mantener la conexión científica con la NASA. A través de ella, la Universidad San Francisco –donde trabaja– firmó un convenio con la agencia internacional para ser parte de una red de sensores remotos que toman medidas en la profundidad de la atmósfera.

La trayectoria de esta científica, sin duda, es una conquista personal. Pero la conquista de una, puede ser el logro de muchas. A su regreso al país le hizo falta las comunidades de mujeres científicas, Women in science y Women@NASA, a las que perteneció durante siete años. Algo nuevo para la quiteña, pues llegó de un medio donde la normalidad era la escasez de mujeres en la ciencia y en la ingeniería.

En 2014, como profesora en la Universidad San Francisco, tuvo lo que llama una revelación: “Ahora me toca a mí”. Reunió a sus compañeras académicas con quienes creó ‘Mujeres en la ciencia y en la ingeniería’, de la universidad. En 2015, el grupo hizo su primer evento y ahora tienen dos actividades al año para impulsar esta comunidad. María del Carmen, cuyo referente es la científica polaca Marie Curie, espera haber sembrado una semilla.

Para María del Carmen, la democracia en el Ecuador es aún bastante débil. Su mayor preocupación es la falta de líderes. “Las nuevas generaciones quienes están llamadas a liderar en el futuro inmediato están desconectadas de la realidad nacional”. Lo asegura porque es profesora y en sus clases ha visto esa apatía. Sin embargo, el aula ha sido su espacio para darle sentido a lo que aprendió de pequeña sobre la democracia, la diversidad de ideas, y más adelante en el extranjero, el valor del trabajo en comunidad.

El país para las mujeres científicas ha cambiado, pero aún hay todo un camino por delante. No se puede esperar progreso –dice la investigadora– de un solo grupo que piense igual. De ahí que no hay sentido en hablar de estereotipos para uno u otro campo en la ciencia. Y se pregunta: “si nos ponemos a programar cualquier circuito, ¿qué hay de femenino o masculino en una línea de código?”.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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