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3 de Diciembre del 2020
Historias
Lectura: 10 minutos
3 de Diciembre del 2020
Redacción Plan V
Nina Pacari: La fuerza indígena con rostro de mujer
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

Como líder histórica, ha sido una incansable luchadora por los derechos de su pueblo y parte de la consolidación del movimiento indígena en plena democracia.

 

 

Nina Pacari
Cotacachi, 1960

Nina Pacari Vega Conejo nació el 9 de octubre de 1960 en Cotacachi, Imbabura. Hija de José Manuel o Carawaska Vega, un dirigente muy activo de su provincia natal. Desde su juventud, Nina fue una defensora de la identidad de su pueblo a través del Taller Cultural Causanakunchi de Otavalo. Estudió jurisprudencia en la Universidad Central y ejerció su profesión en Riobamba desde 1984. Fue asesora jurídica de las comunidades y fue elegida como dirigente de tierras y territorios de la Conaie, en 1993. Participó en la Asamblea Constituyente que se instaló en 1997. En 1998 fue diputada por el movimiento Pachakutik. En 2003, fue ministra de Relaciones Exteriores. Entre 2007 y 2012 fue miembro de la Corte Constitucional de Transición. En la actualidad es presidenta del Instituto Pacari.

Nina Pacari supo desde pequeña los costos de vivir en dictadura. José Manuel Vega mejor conocido como Carawaska, su padre, estuvo preso por promover un acto cultural. Él era un fanático de Eloy Alfaro y un declarado liberal. Apenas aprendió a leer y escribir, su padre la llevó a los comités cívicos de la época. A sus 8 años, Nina apuntaba las ideas que salían de los debates en un momento donde las organizaciones eran reprimidas fuertemente.

Esas bases formaron a la futura líder indígena y así recibió la transición. En su adolescencia fundó en Otavalo el taller cultural juvenil Causanakunchi. Desde allí impulsó la identidad de su pueblo y la defensa de sus artesanías. Esto último fue motivo de una reunión con el candidato Jaime Roldós en Guayaquil, en 1978. Los indígenas querían una ley que protegiera sus artesanías. Nina, de 16 años, y su padre fueron parte de la comitiva. Saludaron con Roldós, pero fueron atendidos por su esposa Martha Bucaram, quien se sorprendió al ver una adolescente indígena en el grupo.

Más de 40 años después de ese encuentro, Nina Pacari cree que ese y otros diálogos con las comunidades abrieron las puertas para que Roldós tomara en cuenta a los pueblos indígenas en su primer discurso presidencial que recogió las demandas de las comunidades, sobre todo a la tierra y educación.

Pero pronto perdieron al aliado que habían encontrado. Al atardecer del 24 de mayo de 1981, Nina recibió la noticia de Carawaska. “Ha fallecido”, le dijo. “Nunca había visto llorar a mi padre”. En su casa vivieron un funeral propio.

Mientras tanto en las calles, las consignas como ‘no hay maíz ni arroz solo hambre’ crecieron y se agravaron durante la llamada ‘sucretización’ que impuso Osvaldo Hurtado, sucesor de Roldós. Se llamó así la medida a través de la cual el Estado asumió el pago de la deuda externa privada.

Aquello se discutió en las aulas universitarias. A inicios de los 80, Nina llegó a la capital para estudiar jurisprudencia en la Universidad Central. Se enroló en los debates de las organizaciones que cuestionaban al modelo económico. Ella misma defendió en 1981 la justicia indígena en un artículo publicado en la revista del Partido Comunista. En 1985 como un acto de reivindicación de su identidad cambió su nombre castellano de María Estela a uno kichwa, Nina Pacari.

“EL MOVIMIENTO INDÍGENA HA ESTADO ACTIVO EN EL PANORAMA POLÍTICO, EN LA RECUPERACIÓN DE LA DEMOCRACIA Y VINCULADO AL QUEHACER POLÍTICO”

La líder vivió en su juventud el florecimiento de las organizaciones que fueron coartadas durante la dictadura. Esos procesos derivaron en la creación de la creación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) en 1986.

Pero hubo tropiezos con la llegada de León Febres Cordero. La líder indígena recuerda que el expresidente intentó crear una organización paralela a la Conaie, que no cuajó. Esa forma de gobierno puso a debatir al movimiento indígena, que cuestionó a una democracia que se reducía a las elecciones. Por eso promovió el voto nulo en las presidenciales de 1988.

Los 80 fue una década de formación para Nina y de apuntalamiento de la recién creada Conaie, que estaba por irrumpir en el escenario político.

Aunque en el plan de gobierno de Rodrigo Borja se incluyeron a las nacionalidades indígenas, a inicios de los 90, ese sector vio una reducción del presupuesto para la educación bilingüe y los conflictos de tierras se mantuvieron sin solución. Esa desatención derivó en el primer levantamiento indígena. Entre sus demandas estuvo la reforma al artículo 1 de la Constitución para que se declare a Ecuador como un Estado Plurinacional.

Para entonces, Nina Pacari ya era asesora jurídica de la Conaie. Durante la marcha de 1990, estuvo pendiente de posibles detenciones de sus compañeros movilizados y fue parte de las mesas de negociación en Chimborazo. “Ecuador a partir de ese levantamiento no es el mismo, ni tampoco el movimiento indígena”.

Desde entonces, los indígenas salieron en varios momentos a exigir sus derechos. En 1992 se dio la marcha por la vida de los pueblos de Pastaza para conseguir la legalización de sus tierras. En 1994 se produjo un nuevo levantamiento contra la privatización del agua. En esa acción, la figura de Nina Pacari saltó al escenario nacional al liderar el diálogo como dirigente de tierras de la Conaie. En 1996 vivió de cerca la gestación de Pachakutik, como un movimiento que en su opinión no fue solo para los indígenas. “Si bien nace desde el sector indígena es un movimiento abierto. Por eso hubo asambleístas, prefectos y alcaldes no indígenas”.

Para la líder, otra marcha histórica fue la de finales de 1997 para presionar a Fabián Alarcón a la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Nina Pacari fue electa asambleísta por Chimborazo. Allí presidió la Comisión de Derechos Colectivos, donde veló por su pueblo, por las mujeres y por las niñas, niños y adolescentes.

“La economía es parte de la democracia y si no hay ese equilibrio no podemos gritar a los cuatro vientos democracia”

Para el resto del país, las crisis económicas y políticas de los 90 significaron una década perdida. Pero para el sector indígena fue lo contrario. “Fue una década ganada porque hubo la presencia de un actor político y social como es el movimiento indígena, pero también de las tesis con las queremos incidir para cambiar el país”.

Nina Pacari fue un nombre que marcó hitos en la historia reciente del Ecuador. En 1998 ganó con una alta votación una curul en el Congreso Nacional, en tiempos donde las mujeres indígenas aún no llegaban a esos espacios. En 2003, fue ministra de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Lucio Gutiérrez. Fue la primera vez que una mujer indígena llegó a esa posición en el continente. Su designación se debió a la alianza entre el movimiento indígena y Gutiérrez para las elecciones de 2003. Pero las diferencias entre Gutiérrez y su aliado produjeron la ruptura. En su caso personal, un momento de quiebre fue cuando Nina Pacari como canciller se pronunció por la paz mientras Estados Unidos estaba en guerra contra Irak. “Me dijeron que me había extralimitado”.

Para ella, la mayor lección que le dejó ese episodio es que los cambios deben venir desde los procesos sociales. “El proyecto político no podemos dejarlo en manos de otros”. Y esa misma enseñanza sacó, dice, de la época de Rafael Correa. “No es un advenedizo, un ‘outsider’. Tiene que ser alguien desde los procesos porque solo así será sostenible en función de las mayorías”.

Durante el correísmo, la líder indígena fue miembro durante cinco años de la Corte Constitucional (2007-2012). Se convirtió en una testigo de la falta de independencia de poderes y de la subordinación al Ejecutivo. Ella, como parte de la minoría en la Corte, dejó su voto salvado en un gran número de sentencias, sobre todo en las declaraciones de estado de excepción que permitieron innumerables actos de corrupción.

En el camino han quedado batallas perdidas y otras ganadas. Pero de lo que está segura es que el movimiento indígena ha sido un actor destacado en la recuperación de la democracia en estas cuatro décadas.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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