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17 de Febrero del 2021
Historias
Lectura: 10 minutos
17 de Febrero del 2021
Redacción Plan V
Pablo Estrella: “La universidad ha perdido el rol protagónico”
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Fotos: Robert Puglla

 

Ex decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca y profesor, sostiene que la democracia debe enfocarse en la participación ciudadana.


 

Pablo Estrella
Cuenca, 1948


La persistencia de los populismos en Ecuador, herencia del velasquismo de los años 60 y 70, ha marcado el periodo democrático que se inauguró en 1979, estima este abogado y catedrático universitario, que es partidario de la descentralización y el desarrollo armónico de las regiones del Ecuador y en especial del Austro. El fracaso de los partidos políticos, aún de los más orgánicos, es otra de las conclusiones que saca del análisis de estas cuatro décadas  del último proceso democrático y es una de las explicaciones que le encuentra al fenómeno correísta y a su larga permanencia en el poder político nacional.

Abogado de profesión, Pablo Estrella Vintimilla trabajó durante 40 años en la Universidad de Cuenca como investigador en temas jurídicos y políticos. “Estoy jubilado, pero no soy jubilado, porque no se puede uno jubilar de las pasiones”, dice el catedrático, quien a sus 72 años lleva un riguroso confinamiento en su casa de Cuenca por la pandemia de coronavirus.

Fue decano de la Facultad de Jurisprudencia entre 1994 y 1998, y dictó cátedras como ética profesional, además de participar en el Instituto de Investigaciones Sociales de Cuenca. Fue director del Centro de Arbitraje y Mediación de las Cámaras en Cuenca y actualmente dicta cátedra de solución de conflictos. Pero no solamente se ha dedicado al derecho: también a la literatura y la poesía. Nacido y criado en la capital azuaya en 1948, fue coordinador del colectivo Una Ciudad para Vivir de su ciudad natal.

Como varias personas de su generación, participó del entusiasmo que, a principios de los 80, produjo el retorno a la democracia en tiempos de Jaime Roldós. Tenía 30 años entonces y ya era profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Cuenca, y en sus clases se debatían los alcances de la vuelta al sistema democrático en la que se había empeñado el Ecuador.

Su memoria política se remonta a los tiempos de las dictaduras militares y la última jefatura suprema de José María Velasco Ibarra. Su generación se había forjado en la resistencia contra los gobiernos de facto que limitaron los derechos fundamentales en el país.

“Como habitante del sur del Ecuador crecí siendo consciente de la desgracia de 1941. Esa amenaza se sentía más acá”

Pero tuvo sus reservas sobre la vuelta a la democracia, que le pareció un proceso propiciado por los Estados Unidos de Jimmy Carter. “Vimos un hombre joven como Jaime Roldós, que había sido académico, y había expectativa sobre él a pesar de sus relaciones con el bucaramismo de Assad Bucaram”. Roldós, además, propuso una visión de la democracia que tuvo alcance continental. Pero el encanto con Roldós y sus propuestas duró poco. Ya el día de su muerte, Jaime Roldós sufrió una pifia en el Estadio Olímpico Atahualpa de Quito, recuerda el académico. Luego vino Osvaldo Hurtado, cuya polémica medida de sucretizar la deuda despierta hasta hoy las reservas de Estrella, si bien destaca que durante los doce años siguientes los presidentes pudieron completar sus periodos. La persecución política en tiempos de León Febres Cordero también tienen un espacio en su balance del periodo democrático, con la guerra que el régimen social cristiano le declaró al movimiento subversivo Alfaro Vive Carajo.

La presencia de las figuras de los setenta, recuerda el abogado, mediador y catedrático, habrían de determinar buena parte de lo que ocurriría en los años siguientes. Así, recuerda claramente que el gran defensor de la tesis del conflicto con el Perú, con su declaratoria de la nulidad del Protocolo de Río de Janeiro, fue José María Velasco Ibarra, quien siempre que tenía necesidad de apoyo político interno, recurría al uso político del conflicto con el país vecino para aglutinar en torno suyo a las fuerzas nacionales. Cuando niño, Pablo Estrella escuchó las historias de cómo, en la invasión peruana de 1941, llegaron a Cuenca cientos de refugiados de las provincias vecinas, como El Oro y Loja, ante el temor de que los invasores cometieran abusos de todo tipo.“En la escuela nos enseñaban que los peruanos eran el Caín de América, aunque nunca me interesaron materias como el Derecho Territorial, pues siempre pensé que era algo que no conducía a nada”, afirma.

La sombra de la posible guerra y de una nueva invasión se cernía sobre varias generaciones de cuencanos, por su cercanía al país vecino. Pero no solamente Velasco Ibarra usó la retórica nacionalista del conflicto: también lo hizo el propio Roldós en 1981 y el Durán Ballén del “ni un paso atrás” en 1995. Al final, la firma de la paz les quitó a los políticos ecuatorianos ese recurso, y la demagogia se enfocó en otros temas y otros relatos en los años siguientes. De ahí que la firma de la paz, en las provincias del Austro, fue percibida como una medida necesaria.

“El gobierno de Borja fue un puente socialdemócrata entre dos gobiernos neoliberales”

Para Estrella Vintimilla, el gran fracaso de estos 40 años ha sido el de un sistema de partidos que empezó con dificultades pero logró una cierta alternabilidad y estabilidad durante los primeros 20 años. “En el Ecuador no ha habido terreno fértil para la constitución de verdaderos partidos políticos”, estima, tal vez con la excepción de la Izquierda Democrática que, sin embargo, se desgranó con el retiro del ex presidente Rodrigo Borja.

En su lugar, “se produjo una rueda moscovita criolla con sucesiones a la carta, en donde en menos de diez años hubo apenas seis gobiernos. Debe ser un récord mundial de sucesiones”, asegura. Y la causa profunda de esto, asegura, es el modelo del populismo trazado por Velasco Ibarra, que no pudo ser superado por la nueva democracia.

La crisis de 1999 aumentó la tradicional diáspora de los habitantes del Austro, cuando miles de personas migraron de las provincias de Azuay y Cañar hacia Estados Unidos, Italia y España. “Aumentó el consumismo, cambiaron las formas de vida debido a las remesas, se construyeron casas con fotos que mandaban de Estados Unidos y esto provocó problemas sociales. Hasta la planificación racional urbana en Cuenca se perdió”, dice el académico, al recordar los años de la crisis bancaria y la dolarización.

La época de inestabilidad política entre 1997 y 2007 la recuerda como una oportunidad para la movilización ciudadana, pues muchos grupos de personas se organizaron y aumentaron su participación política. Movimientos como los “forajidos” tuvieron un defecto: “Eran movimientos inorgánicos que no pudieron aglutinar consignas como ‘que se vayan todos’ que era la expresión de los ciudadanos que buscábamos una nueva forma de política”.

Y en ese marco de crisis y descontento, es que llega la figura de Rafael Correa. Una nueva decepción se fue gestando: la del régimen autoritario que fue abandonando sus planteamientos iniciales. “Yo expresé mi apoyo al principio, pero luego fui confirmando la perspectiva autoritaria y la concepción populista que solo buscaba consolidar la figura política demagógica de Correa”, sostuvo.

“La  muerte trágica de Jaime Roldós fue un crimen político que no se ha aclarado en 40 años”

Al final, Pablo Estrella, quien ha sido un espectador atento de estas cuatro décadas, considera que en el país ha habido un mayor desarrollo y la consolidación de una clase media, sobre todo en el periodo correista que creó una clase de sectores medios tecnocráticos vinculados al empleo público. “Cambiaron las vacaciones de irse a las playas ecuatorianas a irse a pasear a Miami”. Otros ganadores de esta época han sido la banca y los sectores monopólicos, esto a pesar de que, estima, “la producción agraria familiar ha sido la que ha sostenido la economía de este país”.

El aumento de la profesionalización ha sido también muy significativo, pero, destaca en estos cuarenta años “la universidad ha perdido el rol protagónico que tenía, su rol de participar en el debate”, así como la identificación que la población tenía con sus universidades.

“Los logros materiales y tecnológicos no han eliminado la inequidad. Y nuestra sociedad sigue siendo una sociedad desigual, como ha evidenciado la pandemia”, finaliza.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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