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21 de Enero del 2021
Historias
Lectura: 9 minutos
21 de Enero del 2021
Redacción Plan V
Tamia Maldonado: El grito feminista que sacude las calles
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Fotos: Luis Argüello. PlanV

 

Nacida en una familia muy activa en diferentes luchas políticas y sociales, encontró la suya propia: los derechos de las mujeres. Desde ese marco lee la democracia y la política del país.


 

Tamia Maldonado
Quito, 1998


Nació el 27 de julio de 1998, en Tumbaco, Quito. Creció en un hogar de izquierda. Estudia una licenciatura en Música. Es cantante. Desde su adolescencia se involucró con el movimiento feminista y se ha interesado en los derechos sexuales y reproductivos. Utiliza su segundo apellido para reivindicar su lado materno. Vive con su madre y abuela, quienes también apoyan su activismo. “Es un matriarcado”, dice Tamia. Es miembro de Las Comadres, una red feminista de acompañamiento en aborto seguro. Ha militado en el movimiento Vivas nos queremos y ha sido vocera del colectivo Aborto Libre.

Tamia Maldonado tiene 22 años, pero ha pasado más de la mitad de ellos protestando en las calles por sus convicciones. Esta joven activista nació en un hogar de izquierda. Su bisabuelo materno, Ataulfo Tobar, fue comunista y embajador en Cuba. Su abuela, Guadalupe Tobar, militó en el movimiento de izquierda cristiana y apoyó a los pueblos indígenas. Su abuelo, Diego Maldonado, luchó desde los sindicatos por los trabajadores. Mientras que su padre, Eloy Alfaro, un descendiente del expresidente del mismo nombre, también se involucró en la política. Y su madre, Paola Maldonado, es una defensora de los pueblos indígenas y trabaja con grupos de la Sierra y Amazonía. 

 Era imposible que, con esos antecedentes, Tamia no haya estado presente en los momentos más álgidos del país. A sus siete años, vivió de cerca el derrocamiento de Lucio Gutiérrez. Fue una época en la que su familia fue muy activa. Las mañanas eran para escuchar radio La Luna. Junto a sus padres, asistió a las asambleas de La Floresta, donde vivió en su niñez, mientras los vecinos organizaban su participación en las protestas de ese histórico abril de 2005. Durante días, la clase media quiteña salió con cacerolas vacías. Gutiérrez los llamó ‘forajidos’ y la rebelión creció. Julio García, el fotógrafo chileno que falleció durante la represión del gobierno, fue un vecino de Tamia.

En la mesa de su hogar se discutió siempre el acontecer del país. Así ocurrió con las elecciones de 2006 y el ascenso de Rafael Correa al poder en 2007. El nuevo presidente visitó La Floresta mientras se discutían las reformas a la Constitución. Tamia lo recuerda como un personaje que cautivaba y que se mostraba muy cercano. La niña escuchaba de sus abuelos que Correa prometía un cambio en la forma de hacer política.

“Las vidas que queremos tener las construimos nosotras. Aunque no sea ese el horizonte del político de turno. Quiénes nos permitimos tener vidas más dignas somos nosotras mismas”.

Un evento durante el mandato de Correa fue muy cercano para la familia de Tamia. Durante la insubordinación policial del 30 de septiembre de 2010, su padre -que salió a las protestas- fue herido por los uniformados que se habían alzado en armas contra el Presidente. Recibió 30 perdigones en su cuerpo. 

Tamia, ya en el colegio, se identificó con la defensa de la Naturaleza, así como lo hicieron su madre y abuela. Apoyó la iniciativa del Yasuní ITT, una propuesta del Gobierno para dejar bajo tierra 856 millones de barriles de petróleo en esa reserva, una de las más biodiversas del planeta. Eso a cambio de compensaciones por 3.600 millones de dólares de la comunidad internacional. El compromiso de Ecuador era mantener, de forma indefinida, las reservas de crudo del campo ITT ubicado en el corazón de la selva. Una zona, además, muy sensible pues allí viven comunidades indígenas no contactadas. Pero esa promesa de campaña del correísmo se desmoronó en 2013. Correa anunció el fin de la Iniciativa por falta de apoyo de los países. 

Esa decisión provocó un fuerte desencanto del gobierno sobre todo de sectores ambientalistas y de jóvenes. Como Tamia, quien hizo su monografía del colegio sobre el cambio de discurso de Correa sobre el Yasuní. Para entonces Yasunidos, un colectivo social en defensa de la reserva, presentó una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra Ecuador por impedir que se celebre una consulta popular sobre la exploración petrolera en el parque nacional. Aquel proceso lo vivió de cerca Tamia, pues su madre hizo los mapas que se incluyeron en la demanda. “Entendía mucho, incluso visualmente, qué es lo que estaba pasando. ¡Era el colmo!”.

“El feminismo es ese espacio donde he podido participar activamente, donde no estoy ni detrás de alguien o encima de alguien, sino de estar a la par, aprendiendo”

Mientras descubría las inconsistencias del poder, Tamia vivió otra ruptura. Empezó a acercarse más a su madre y entrar al movimiento feminista. A los 16 años, la joven empezó a formarse en derechos sexuales y reproductivos. Recuerda los discursos del entonces mandatario cargados de violencia contra las mujeres y en contra del aborto. A Tamia se le quedó grabada la caricatura de Bonil, del 2013, quién dibujó el Palacio de Carondelet del que salía la frase: “¡Sí aprueban el aborto… abortaré mi cargo!”.

Tamia ya tenía motivos para indignarse: “Para mí esa era una realidad que no estaba lejana. Muchas chicas en el colegio estaban embarazadas y tenían 13 o 14 años. Otras compañeras ya tenían hijos y otras abortaban en silencio y solas”.

Por eso le impactó cuando, en el 2015, el Régimen cambió su estrategia de la acción conjunta de tres ministerios para evitar el embarazo adolescente (Enipla) al Plan Familia Ecuador que estuvo a cargo directamente del Ejecutivo y de la imposición de valores conservadores. Los movimientos feministas denunciaron un retroceso en derechos.

Aquellos hechos y su vinculación con el feminismo la llevaron a integrar Las Comadres. A sus 18 años, formó parte de ese grupo de mujeres que acompañan a otras que han decidido abortar. Esa red facilita información y está con ellas durante el proceso. Buscan prevenir la criminalización de las mujeres que abortan.


Tamia Maldonado dice que su familia es un matriarcado.

Ese recorrido tenía Tamia cuando participó con fuerza en las primeras marchas del movimiento Vivas nos queremos, en 2017. Para entonces su hogar, dice ella, ya era un ‘matriarcado’. Salió a las protestas con su madre y abuela. Coincidió además ese momento con la publicación del primer mapa de los femicidios que hizo su madre para el colectivo Geografía Crítica. “Fue un gran hito para mí familia el ir a una marcha feminista juntas, porque vamos a hablar de esto en primera persona”. 

 La joven ha estado presente en los debates a favor del aborto por violación. Estuvo en las primeras asambleas del movimiento Aborto Libre en el 2018, ya en el gobierno de Lenín Moreno. Fue un trabajo nacional e internacional. Tamia fue vocera de una articulación regional de grupos feministas que impulsaban la despenalización del aborto. 

Estas luchas crecieron conforme se acercaba la votación en la Asamblea Nacional para la despenalización del aborto por violación. El 17 de septiembre de 2019, el Legislativo no aprobó la propuesta. Ese día hubo incidentes con la policía. “Nos empezaron a lanzar gas pimienta. Una represión así no la veíamos desde Correa”. Semanas después, en octubre, estallaron las manifestaciones sociales contra las medidas económicas del gobierno y en las calles estuvo de nuevo a Tamia esta vez en la marcha de las mujeres del 12 de octubre de 2019. 

 “Creo que la democracia no es la forma más justa de tomar decisiones. Aunque votemos sigue ganando la clase dominante. ¿Podemos elegir de verdad? Siento que no es real la posibilidad de cambiar las cosas de esta manera”, se cuestiona la joven activista.

 ¿Qué opción existe? Tamia habla desde su experiencia: “Nosotras tomamos decisiones por consenso. Siento que la democracia tiene una lógica de quién da más, de comprar los votos”.

 La defensa de los derechos de las mujeres ha sido la bandera de la activista. En ese caminar concluye que la búsqueda de un cambio solo deviene de un proceso colectivo. “Las vidas que queremos tener las construimos nosotras mismas. Aunque ese no sea el horizonte del político de turno”. 

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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