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1 de Febrero del 2021
Historias
Lectura: 10 minutos
1 de Febrero del 2021
Redacción Plan V
Tatiana Ortiz: “El derecho a la salud lo han impulsado las organizaciones”
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Fotos: Wladimir Torres

 

El contacto diario con las mujeres más pobres de Guayaquil fue el motor de una organización para impulsar espacios de atención en salud y en violencia sexual.


 

Tatiana Ortiz
Guayaquil, 1960


Nació el 2 de julio de 1960. En la Universidad Estatal de Guayaquil se graduó como médica-cirujano y se especializó en ginecología en la Universidad Católica de la misma ciudad. Tiene un diplomado en Género y Políticas Públicas por la Universidad Casagrande. Es parte del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM -Guayaquil) desde 1988. Entró como médica capacitadora de mujeres en sectores suburbanos. En 1990, fue parte del equipo de CEPAM que inauguró un centro de salud integral para la mujer. Fue su directora ejecutiva desde el 2006 hasta el 2017. Cree que las desigualdades tienen un impacto directo en la salud de las mujeres. En la actualidad es médica del Hospital Teodoro Maldonado Carbo.

Ella es una médica que ha dedicado su vida a la atención de la salud reproductiva y sexual de las mujeres. Es una de las integrantes históricas del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM) de Guayaquil. Esa labor ha sido su horizonte desde que empezó a capacitar a mujeres de escasos recursos en los barrios más pobres del Puerto Principal. Pero advierte que su memoria histórica es muy frágil.

Sin embargo, recuerda que el regreso a la democracia la encontró en las aulas universitarias mientras estudiaba medicina. Había un gran entusiasmo por Jaime Roldós, cuyo carisma y discurso renovado impactó en la joven médica. Pero asimismo rememora a Martha Bucaram, esposa del expresidente. “Era una mujer que se salía de los patrones usuales de primera dama, era una profesional muy sólida”.

De un hogar humilde, Tatiana siguió los pasos de su madre, quien fue una auxiliar de enfermería. Desde pequeña visitó la clínica donde trabajaba su progenitora. Por eso cuando terminó el colegio su meta fue convertirse en la primera médico de su familia. Lo logró, pese a los prejuicios de algunos docentes que creían que las mujeres no podían alcanzar el mismo nivel que los hombres.

“La democracia tiene que ver con la posibilidad de elegir y de ser elegida, tiene que ver con la igualdad al interior de tu casa, de tu relación de pareja, de tu trabajo”

En 1988, Tatiana llegó a CEPAM. No tiene presente alguna política que haya favorecido a las mujeres en esos años que atravesaban el mandato de León Febres Cordero. En cambio, había una preocupación desde la sociedad civil por el bienestar de las mujeres. CEPAM fue una de esas organizaciones que empezó, con un pequeño grupo de profesionales, a escuchar a las habitantes del Guasmo, uno de los sectores más pobres de Guayaquil. Las recuerda como las defensoras del hogar: luchando por la tierra, por el agua, por el alumbrado, enfrentándose a la policía que llegaba a desalojarlas. A ellas les dieron talleres de nutrición y de cuidado de la familia. Las capacitadoras comprendieron el impacto de las desigualdades y de la triple jornada laboral –trabajo remunerado, doméstico y el comunitario– en la salud de las mujeres. Les enseñaron a valorar las tareas domésticas y que estas no son connaturales a la condición de género.

En 1990 fue un año importante para CEPAM. Tatiana fue parte del equipo que inauguró un centro de salud integral para la mujer, en el sector Casitas del Guasmo. “Era una puesta política para evidenciar que la salud de las mujeres va más allá de la maternidad”. Con ese nuevo espacio abrieron otras especialidades y exámenes como el Papanicolaou. Dice que las organizaciones y el Estado han logrado mejorar el acceso a esa prueba para prevenir el cáncer de cuello uterino. En el centro también hicieron campañas para enseñar el autoexamen de mamas. Las lideresas comunitarias participaron activamente en encuestas e información. “Ese era un momento en el que no se hablaba mucho del derecho a la salud”. En el 2001, CEPAM donó el lugar al Ministerio de Salud. Aún funciona.

Pero en esa década, la organización también empezó a trabajar contra la violencia hacia las mujeres. Tatiana recuerda que muchos padres e hijos, que habían emigrado al Puerto Principal, no se habían inscrito en el Registro Civil. Hicieron una campaña para dar identidad a familias enteras. Durante este trabajo, las activistas conocieron el maltrato que muchas de ellas vivían dentro de los hogares. En ese tiempo, la violencia de género era un problema ausente de las políticas estatales.

Pasaron algunos años, hasta 1994, cuando se crearon las Comisarías de la Mujer y la Familia. Fue durante el mandato de Sixto Durán Ballén. Pero no fue una decisión espontánea del Estado, según Tatiana. “Fue el resultado de una gran presión política de las organizaciones de mujeres”. En ese año se entregó anticonceptivos orales de emergencia a una víctima de violencia sexual, por primera vez. Eso sucedió en CEPAM-Quito, organización hermana de la de Guayaquil. “Se trabajó mucho para que los servicios médicos legales del Estado pudieran proveer de estos anticonceptivos a las víctimas”. Durante 10 años, CEPAM capacitó a los trabajadores de la salud en esa atención.

El feriado bancario y la dolarización fueron un momento crítico para la organización. Se redujeron los recursos para sus actividades, algunas integrantes de CEPAM tuvieron que renunciar, otras se quedaron medio a tiempo y otras siguieron acompañando a la institución como voluntarias o con menos sueldo. La convicción de sus miembros sostuvo a la organización que, al estar muy cerca de las mujeres, pudo advertir problemas invisibilizados.

“Cuando trabajas por los derechos de las mujeres, trabajas no solo por las mujeres de ahora sino por las nuevas generaciones”

Por ejemplo, la situación de las adolescentes. En el mismo centro de salud de Casitas del Guasmo, a inicios de los 2000, la organización empezó a atender a ese sector. Instaló el primer consultorio especializado para jóvenes. Tatiana dice que esta fue otra apuesta no solo para las instituciones de salud sino para la comunidad en el sentido de reconocer que los y las adolescentes tenían derecho a ser atendidos en espacios propios. Ese consultorio se convirtió en un referente para el Ministerio de Salud, al que acudían médicos para hacer sus pasantías. Una línea de trabajo fue también la prevención del embarazo adolescente.

Formaron además a promotores juveniles en temas de sexualidad y salud reproductiva. Los colegios enviaban a CEPAM a los ‘chicos problemas’ a estos talleres con la esperanza de recuperarlos. Ahora, Tatiana se emociona al contar que lograron una primera promoción que se convirtió en líderes para impulsar políticas públicas a favor de la juventud. “Cuando intervienes a tiempo puedes lograr una gran participación ciudadana de los jóvenes”.

Esa atención diferenciada tuvo un auge durante el gobierno de Rafael Correa. Se crearon más de 100 servicios de este tipo en todo el país. Alrededor del 2008, en el país se empezó a hablar de la salud sexual y reproductiva. Tatiana trae a su memoria que en esos años se impulsaron algunas políticas, pero estas siempre estuvieron lideradas por las organizaciones de mujeres, donde CEPAM sumó fuerzas con más aliadas. Por ejemplo, lucharon para que el Estado asumiera los costos de la atención a las víctimas de violencia. Aunque el Estado apoyó a esos centros, no asumió los costos reales de ese servicio y ese ha sido un problema permanente, afirma Tatiana.  Parte de los recursos los han puesto las organizaciones. “La sociedad civil ha tapado los vacíos del Estado”.

Para esta médica, la peor deuda que mantiene el Estado con las mujeres es la violencia, pero en especial la violencia sexual. “Las cifras de femicidios en el país son vergonzosas, al igual que la impunidad en violencia sexual. No existen políticas integrales para prevenirla”. En ese sentido, otro pendiente es el embarazo adolescente. Ecuador tiene las más altas tasas en la región. Tatiana prevé que esas cifras aumentarán con la precariedad económica que ha dejado la pandemia.

El trabajo de las organizaciones ha contribuido históricamente a la democracia, opina. Por eso, para Tatiana, democracia es ese aprendizaje en una institución que la ha redefinido como mujer y como madre. “Porque cambiar la historia de las mujeres de hoy es contribuir con la historia de las mujeres del mañana”.

Con el apoyo de la Fundación Esquel. Visite el portal: 40 años de democracia: una tarea inconclusa

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