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26 de Julio del 2023
Historias
Lectura: 21 minutos
26 de Julio del 2023
Alberto Acosta Espinosa

Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ex-ministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Ex-candidato a la Presidencia de la República.

Estas son las razones éticas para dejar el crudo del Yasuní-ITT en el subsuelo
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Tiputini, Orellana. Una funcionaria de Petroecuador verifica una cámara trampa en la vía desde el campamento del boque 43 de Petroecuador y el bloque Ishpingo A, en la provincia de Orellana. Actualmente el bloque ITT tiene 10 plataformas con 225 pozos en total. Cuatro plataformas se encuentran en el Tiputini, cuatro en Tambococha y dos en Ishpingo. Foto: Alfredo Cárdenas. El Universo

 

La valorización del Yasuní-ITT debería realizarse también, y sobre todo, por su aporte a la biodiversidad y no solo por el petróleo. También deben considerarse los bienes comunes involucrados, como el aire y el agua. Pesa la lucha contra el calentamiento global, así como la protección de la biodiversidad y los derechos de los pueblos indígenas.



   SEGUNDA PARTE   

Otras cuestiones económicas de largo más relevantes

No habrá una catástrofe económica si se deja de extraer el petróleo del Yasuní ITT.[1] Más aún si se consideran los costos sociales y ambientales que estas operaciones implican, en particular en términos de destrucción del patrimonio genético y cultural existente en el Yasuní, no explotar ese crudo será de mucho beneficio para el país. Este punto no puede ser minimizado.

Vamos por partes. La continuada explotación y la utilización de los combustibles fósiles —petróleo, carbón, gas— seguirá carbonizando la atmósfera del planeta. No explotar más crudo es una demanda cada vez más generalizada, tanto que es compartida por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), con sede en París, conformada por los grandes países importadores de petróleo en 1974, para enfrentar a la OPEP: Organización de Países Exportadores de Petróleo. Esta Agencia, que de ecologista no tiene un pelo, ya anunció hace más de 10 años que las dos terceras partes de las reservas conocidas de todos los combustibles fósiles deben quedar en el subsuelo si no se quiere que la temperatura del planeta suba en 2ºC respecto a los niveles pre-industriales. En la revista científica Nature, en el 2021, se publicó con mayor nivel de detalle esta conclusión: el 89% del carbón, el 58% del petróleo y el 59% del gas (incluyendo crudo y gas por fracking) no pueden ser extraídos para evitar un aumento de 1,5ºC en la temperatura media global.

Aquí pongamos un valor de referencia —que integra la cuestión de la contribución al cambio climático—, recurriendo a los costos que presenta el economista Carlos Larrea, persona estrechamente vinculada a la estrategia gubernamental de la Iniciativa Yasuni-ITT. Él nos recuerda que por cada barril de crudo pesado del ITT se puede calcular la emisión de 481 kilos de CO2, causando un costo de entre 25 y 48 dólares por barril en términos monetarios del impacto climático, de conformidad con estimaciones de la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU (EPA).

481 kilos de CO2 por cada barril de crudo del ITT se emiten al ambiente. esto causa un costo de entre 25 y 48 dólares por barril en términos monetarios del impacto climático, de conformidad con estimaciones de la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU (EPA).

Es evidente que Ecuador por sí solo no puede enfrentar el grave reto del colapso ecológico, que conlleva los problemas de las graves fluctuaciones climáticas. Pero el Ecuador, como ya lo hizo con los Derechos de la Naturaleza, si puede marcar una pauta a escala mundial. Asumir que no podemos “ser más papistas que el Papa”, como afirma algún hacedor de opinión publicada, solo demuestra el grado de mediocridad de nuestras élites. Este potencial posicionamiento internacional es quizás uno de los puntos más interesantes para ser aprovechado con una adecuada política diplomática.

Quizás convenga también una aproximación desde un punto sustentado en el egoísmo ilustrado. En Ecuador experimentamos cada vez más el efecto de la crisis climática en todas sus regiones debido a las variaciones en los regímenes hidrometeorológicos. Valga tener presente, además, que Guayaquil es una de las ciudades más amenazadas por el cambio climático en el mundo.[2]

A más de los claros límites ambientales, tenemos que tener presente que se trata de un recurso no renovable y que sus reservas declinan[3], y que, inclusive, ya hay señales sólidas en el cambio de preferencias en la demanda de los energéticos. Sin alentar el uso masivo de vehículos particulares movidos por electricidad, bien podemos entender esta tendencia como una clara señal del cambio de preferencias.

Es, entonces, hora de acelerar el paso a hacia una economía post-petrolera, teniendo en cuenta, además, que la importancia del petróleo en nuestra economía decae aceleradamente: el año 2008 representaba el 62% de las exportaciones y en el 2022 el 36%; mientras que en términos de su contribución como ingreso fiscal cayó del 39% al 19%. Así que, mientras más pronto y de forma ordenada impulsemos esta transición integral podremos esperar resultados realmente prometedores.

Adicionalmente, no nos olvidemos que más de 50 años de explotación petrolera no nos han sacado del subdesarrollo y que la riqueza petrolera ha servido para que pocos segmentos de la población mejoren sus niveles de bienestar mientras cada vez más habitantes viven en la pobreza y la miseria.

19% es la contribución de la exportación petrolera a la caja fiscal, según datos del 2022. es una caída permanente que muchos se niegan a ver, y mientras más demoren en verlo más difícil será tomar la senda de la transformación energética.

En síntesis, no puede pasar desapercibida la inconmensurable destrucción en la Amazonía petrolera, la región más pobre de todo el Ecuador, convertida en “un territorio de sacrificio”.[4] Desde que comenzó la actividad del consorcio Texaco-Gulf en los años sesenta del siglo pasado, los impactos por concepto de derrames, contaminación de pantanos, quema del gas, deforestación, pérdida de biodiversidad, por animales silvestres y domésticos muertos son realmente incuantificables. A lo anterior habría que añadir materiales utilizados que ocasionaron la salinización de los ríos. Imposibles de calcular son las enfermedades (como el cáncer) e inclusive el trabajo mal remunerado. En el ámbito psicosocial los impactos son brutales: violaciones por parte de los operadores de las petroleras en contra mujeres adultas y menores de edad mestizas e indígenas, abortos espontáneos, discriminación y racismo, desplazamientos forzados, nocivo impacto cultural y ruptura de la cohesión social. [5]  Y por cierto en este listado de muerte y destrucción tiene lugar preferente el etnocidio de dos pueblos indígenas: Tetete y Sansahuari.

Por cierto, todo este dantesco escenario tiene como actores a todas las empresas petroleras, sean privadas o la misma estatal, siempre en abierto contubernio con el Estado. Son brutales las imágenes de cómo se encuentra esta región más de cincuenta años después de iniciada la exportación de petróleo amazónico. Su destrucción ha ido a la par de la extracción del crudo. La riqueza de unos pocos explica la miseria de muchos, tanto como la misma destrucción de la Naturaleza. Y el bienestar para el Ecuador entero con el petróleo (o quizás por el petróleo) sigue siendo una entelequia.

En este momento cobra fuerza la necesidad de encontrar otros derroteros teniendo en cuenta que otros países pequeños sin petróleo (o minería) han resuelto de mucho mejor manera sus problemas: veamos los casos de Costa Rica y Uruguay. Esto desbarata aquel discurso que quiere comparar el actual Ecuador con un Ecuador sin petróleo.

Una vista aérea del Parque Nacional Yasuní, donde se encuentra el bloque ITT. El Gobierno ya se adentra en el campo Tiputini. Foto: El Universo

La ética, punto medular de una economía de vida

Abordemos, por fin, lo que interesa en una economía de la vida. Es decir, una economía donde prime la ética. Una economía que debe aceptar sin rodeos que la vida no tiene precio. En este caso están en juego las vidas de seres humanos y de la Naturaleza.

La valorización del Yasuní-ITT solo debería realizarse a partir de múltiples consideraciones sobre su aporte a la biodiversidad y no solo por el petróleo que esta región pudiera contener. También deben considerarse los bienes comunes involucrados, como el aire y el agua. Pesa la lucha contra el calentamiento global, así como la protección de la biodiversidad y sobre todo los derechos de los pueblos indígenas, en este caso especialmente de aquellos pueblos que no tienen voz: los pueblos en aislamiento voluntario. Bien anotó Humberto Campodónico, quien fuera presidente de Petroperú, al apoyar en el 2010 la Iniciativa Yasuni-ITT, que si no se explota el crudo de este Bloque,

se dice que el calentamiento global no tendría por qué disminuir necesariamente, ya que la oferta de Yasuní-ITT podría ser sustituida por otros yacimientos. No sucede lo mismo con la biodiversidad, pues la de Yasuní es única y no puede ser sustituida, sucediendo lo mismo con los derechos de los pueblos indígenas a su diversidad cultural”.

Una economía de vida debe entender que los seres humanos somos Naturaleza y que no podemos colocarnos figurativamente al margen y menos aún encima de ella. Nos toca considerar la existencia de los seres no humanos independientemente de su utilidad para los seres humanos, más aún si tenemos los Derechos de la Naturaleza establecidos en la Constitución de Ecuador, que -en su artículo 71- manifiesta que La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos.

Es más, si se habría respetado ese mandato constitucional y aquel que veda toda actividad extractivista en regiones donde haya evidencia de pueblos en aislamiento voluntario -artículo 57 de la Constitución- no se debió haber autorizado en ningún caso la explotación de crudo en el Bloque 43 o ITT.

Lo que interesa este rato, es que en esa región del Yasuní, gran parte del ITT permanece aún como pequeño fragmento intocado de una Naturaleza maravillosa. Se trata de ecosistemas cuya integridad estará en grave peligro si se mantienen las actividades petroleras y más aún si se amplia su frontera de penetración.

En suma, tenemos entre manos una suerte de Arca de Noé, pues el número de especies nativas supera con creces los existente en cualquier otro lugar del planeta: de árboles y arbustos más de 2.000, de réptiles 121, de mamíferos 204, de aves 610, de anfibios 150, de peces 250. Esta es una de las pocas reservas del pleistoceno, donde la vida no se ha interrumpido en los últimos millones de años, y continúa creando y recreando especies.

2000 especies de árboles y arbustos contiene el yasuní. además de 121 especies de reptiles,  204 DE MAMÍFEROS, 610 de aves, 150 DE ANFIBIOS y 250 DE PECES. Esta es una de las pocas reservas del pleistoceno, donde la vida no se ha interrumpido en  millones de años.

Este potencial de biodiversidad -una gigantesca reserva genética-, nos podría ofrecer incluso enormes ingresos a partir de los potenciales descubrimientos científicos -sobre todo en el campo de la medicina-, impulsando una adecuada y respetuosa prospección científica, sobre la base de un genuino diálogo de saberes, impidiendo, simultáneamente, que esos conocimientos sean aprovechados por las grandes farmacéuticas transnacionales.

Para completar este rápido repaso de cuestiones económicas trascendentales, debemos aceptar que el Yasuní es parte de la mayor reserva de agua dulce del planeta por una compleja y potente combinación de factores que hace de esa región una verdadera bomba de generación de agua. En su subsuelo se encuentra una enorme cantidad de agua dulce que puede ser afectada por la actividad petrolera. Los múltiples pantanos y ríos -sobre todo en el ITT- la caracterizan en su superficie. Y en este contexto, la formación de nubes da paso a los “ríos flotantes”, que son los que riegan gran parte de los Andes y de otras zonas de América Latina impidiendo la conformación de zonas desérticas como sucede en otros lugares del planeta. No está por demás hacer hincapié en la importancia que tienen las lluvias que provienen de la Amazonía para la Sierra e incluso para la Costa ecuatoriana, indispensables tanto para la agricultura como para los proyectos hidroeléctricos.

Este breve análisis económico se cierra destacando que, en ningún, caso, se puede poner en riesgo la vida de los seres humanos. Se trata de proteger los pueblos en aislamiento voluntario: Tagaeri, Taromenane, Dugakaeiri y quizás también Oñamenane. No se trata de una potencial amenaza. Recordemos nuevamente que con la actividad petrolera hace medio siglo se dio paso a la extinción de pueblos originarios como los Tetete y los Sansahuari, con cuyo nombre, irónicamente, se denominan dos campos petroleros en la misma zona donde antes ellos habitaban. A más de los destrozos ambientales que provocó dicha actividad extractivista, se registraron y registran todavía brutales afectaciones sociales y culturales a los indígenas Siona, Secoya, Cofán, Kichwa y Waorani.

Es bueno tener siempre presente que la violencia no es solo la consecuencia de los extractivismos, sean petroleros o mineros, sino una condición necesaria para su desarrollo; constatación que se extiende a la corrupción y al autoritarismo, basta ver como su imposición dividiendo comunidades: en la actualidad tenemos las divisiones profundas que provocan las petroleras, incluyendo Petroecuador, en las comunidades Waorani en la región del Yasuní.

La actividad petrolera ha arrasado con culturas y territorios. Para las petroleras -privadas o estatal- no cuenta que estos pueblos y nacionalidades, sus prácticas, sus lenguas, sus cosmovisiones sean inclusive parte integrante del patrimonio cultural del Ecuador. También cabría traer a colación los múltiples perjuicios a los colonos blanco-mestizos.

Es cierto que el ITT representa una pequeña fracción del total amazónico, pero dejar de forma consciente el crudo en el subsuelo y más aún retirar las instalaciones colocadas atropellando la Constitución y la democracia, sería una señal poderosa para empezar en serio a trabajar por este bioma fundamental para la vida en el planeta entero. Pero más aún esa sería una decisión colectiva para transitar oportuna- y planificadamente hacia una economía post-petrolera y post-extractivista. Esta sería, en suma, una gran oportunidad para dejar de ser un país-producto y así poder transitar hacia un país-inteligencia.

A modo de conclusión

Concluyamos, más allá de las miopes visiones de unos cuantos y de la codicia de otros, la explotación petrolera en el Yasuní no es rentable para el Estado ecuatoriano. Si damos paso a análisis de costo-beneficio ampliado, incorporando los subsidios ocultos a la extracción petrolera, desparecen totalmente los supuestos beneficios que ofrece la explotación del ITT. Es más, las escasas exportaciones del ITT no traerán el tan ansiado desarrollo, puesto que, además de no haberlo logrado en los más de 50 años de explotación petrolera, por ley los ingresos que genera el petróleo van al agobiante servicio de la deuda externa.

Por lo tanto, la Consulta Popular sobre el Yasuni -así como también la del Chocó-Andino, para prohibir la minería metálica en el Distrito Metropolitano de Quito- supera largamente el significado de las elecciones generales anticipadas. En estas consultas está en juego la vida de las próximas generaciones. Su potencial transformador es enorme en todos los órdenes de la vida nacional. Se trata de un paso importante en la difícil construcción de una utopía. No es “un suicidio asistido”, es un acto de redoblada fe en nuestras capacidades y nuestra voluntad de cambio.

la Consulta Popular sobre el Yasuni —así como también la del Chocó-Andino, para prohibir la minería metálica en el Distrito Metropolitano de Quito— supera largamente el significado de las elecciones generales anticipadas. En estas consultas está en juego la vida de las próximas generaciones.

Por eso, con un sí consciente por el Yasuní y el Chocó Andino se fortalecen los procesos de participación democrática, pues se pueden seguir construyendo más espacios similares en donde la ciudadanía decida su futuro sin intermediaciones. Se puede abrir la puerta a la construcción de una economía de vida superando la economía de muerte. Culturalmente será un impulso formidable para recuperar el vigor de una profunda transformación de la sociedad, teniendo a la juventud como su vanguardia y motor de la acción. Con un triunfo en estas consultas, en suma, se abre la puerta a continuar con los procesos de resistencia y de construcción de transiciones transformadoras, tanto para levantar colectivamente horizontes esperanzadores.

Inclusive con esta decisión se consolida la posibilidad para construir alternativas globales basadas en los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza para enfrentar el colapso ecológico -no solo climático-, a partir de los principios de responsabilidades compartidas, pero diferenciadas. Sin caer en la trampa de las soluciones de mercado también podemos instrumentar respuestas basadas en la solidaridad internacional e intergeneracional. Estas estrategias encuentran su punto de partida en el reconocimiento de la deuda ecológica, de la que los países del Sur son los acreedores.

Desde esa perspectiva, el potencial que tiene, inclusive en el campo de internacional, una decisión favorable del pueblo ecuatoriano, es inocultable. Ecuador se colocaría una vez más -como fue con la aceptación constitucional de la Naturaleza como sujeto de derechos- a la cabeza de las acciones concretas para enfrentar el colapso ecológico que nos agobia como Humanidad.

En síntesis, el SÍ por el Yasuni, que es un SÍ por la vida, abre la puerta a una nueva y emocionante etapa en la vida nacional.

 



[1] Esta constatación se expande. Basta leer el artículo de Inty Groneberg (2023): “Mantener el petróleo del Yasuní ITT es mejor negocio”. Disponible en https://gk.city/2023/06/15/cuanto-perderia-ecuador-por-no-extraer-petrol....

[2] Guayaquil está entre las 10 ciudades más amenazadas por el cambio climático y que en pocos años más se requerirán anualmente más de 3.000 millones de dólares para mitigar este fenómeno. (Ver aquí)

[3] Se puede consultar el Amicus Curiae de Carlos Larrea presentado en la Corte Constitucional: https://sialyasuni.com/wp-content/uploads/2023/06/Amicus-Curiae-Carlos-L...

[4] Los aportes del autor de estas líneas sobre el tema son múltiples. Consultar, por ejemplo, (2009) La maldición de la abundancia. CEP, Swissaid y Abya Yala. Quito. Disponible en https://extractivismo.com/2009/11/la-maldicion-de-la-abundancia/

[5] Consultar en Beristain, Carlos Martín, Rovira, Darío Páez, Fernández, Itziar (2010); Las Palabras de la selva – Estudio psicosocial del impacto de las explotaciones petroleras de Texaco en las comunidades amazónicas de Ecuador, hegoa, Bilbao. Disponible en https://libros.metabiblioteca.org/server/api/core/bitstreams/f6bf1e98-ab...

 

 

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