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23 de Noviembre del 2022
Historias
Lectura: 11 minutos
23 de Noviembre del 2022
Redacción Plan V
Galápagos: salvando a uno de los pinzones de Charles Darwin
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El pinzón de manglar está en peligro crítico de extinción, se estima que solo quedan 100 ejemplares vivos. Es uno de los 17 pinzones descubiertos por Charles Darwin en Galápagos en el siglo XIX. Foto: © Juan Manuel García / FCD

 

Uno de los 17 pinzones descubiertos por Charles Darwin en Galápagos en el siglo XIX está en estado crítico de extinción. Se estima que quedan alrededor de 100 ejemplares vivos. Una mosca amenaza a las crías y se busca mecanismos para controlarla.


Cristian Rodríguez tiene un doctorado en comportamiento sexual de moscas. A ese grado ha llegado el nivel de especialización de este experto, quien actualmente trabaja en las Islas Galápagos. Rodríguez es un investigador mexicano invitado por la Fundación Charles Darwin (FCD) para el Proyecto de Control de la Mosca invasora philornis downsi.

Rodríguez trabaja con un equipo de siete personas en la FCD. El equipo está liderado por Paola Lahuatte y Charlotte Causton. Externamente colaboran con el Parque Nacional y la academia local e internacional. El investigador llegó a las islas por un periodo de seis meses para investigar sobre el crecimiento del tamaño de la cría de la mosca.

Rodríguez, que estudió biología enfocada en la conservación, había desarrollado su carrera en torno al control de plagas agrícolas. En plena pandemia, el biólogo se encontraba trabajando en el control de plagas en un rancho de producción de arándanos cuando se enteró del proyecto en Galápagos. Coincidió en un foro en línea de discusión de artículos científicos sobre comportamiento de moscas con miembros del equipo de la FCD a cargo del proyecto de la mosca filones.

“Para mí fue una sorpresa, siempre visualicé mis actividades al mundo agrícola. Es bastante reconfortante saber que puedo ayudar a los pinzones”, dice Rodríguez, quien históricamente había desarrollado proyectos en el gremio agrícola.

Cristian Rodríguez lleva un control del ciclo biológico de la mosca filones en la estación científica de la Fundación Charles Darwin. Más de 1000 moscas están bajo estudio. Fotos: Manuel Novik

Los días en el laboratorio en Galápagos inician cubriendo las necesidades básicas del insecto. “Los insectos nos dictan como va a empezar nuestra rutina”, dice. Rodríguez inicia proveyendo el “desayuno” a las moscas, revisa la temperatura de la sala y monitorea que no existan eventos de mortalidad masiva.

Durante incontables horas analiza la conducta sexual de la mosca invasora vampiro aviar o philornis downsi, que se ha propagado en las Islas. En la FCD, ubicada en la Isla Santa Cruz, Rodríguez trabaja en un laboratorio de control dedicado al análisis de la mosca que amenaza la existencia de, entre otras especies, el pinzón de manglar, uno de los 17 icónicos pinzones descubiertos por Charles Darwin, el naturalista inglés que visitó el archipiélago en los primeros años de la República.

La mosca vampiro es una mosca introducida, posiblemente en los barcos y aviones, que pone sus huevos en nidos de aves. Sus larvas se alimentan de la sangre de los polluelos, que generalmente terminan muertos. Hay 18 aves endémicas y nativas de Galápagos afectadas por esta plaga.

Los grupos de estudio se denominan colmenas madre. En estos grupos se monitorea el desarrollo de vida de las moscas. 

Rodríguez, que es un especialista en el comportamiento de la mosca, asegura que es una mosca “romántica”. “Le gusta aparearse al atardecer”, dice. El investigador trabaja en una rutina meticulosa de estudio de esta especie. Las alimenta con proteína y azúcar en polvo, para que su dieta sea similar a la del mundo exterior y puedan reproducirse normalmente.

Las moscas están cerca de la luz y a una temperatura calida para estimular su reproducción. Fotos: Manuel Novik

En el laboratorio mantiene una temperatura cálida. Tiene a las moscas cerca de las fuentes de luz, para que al atardecer puedan simular las condiciones de vida en el exterior.

El científico comenta entre risas que a este nivel de investigación la especificidad en el estudio obliga a centrarse en un ámbito casi único. Recién recibió la visita de un colega que tiene un doctorado en dieta alimenticia para moscas. Según cuenta, la dieta es un elemento clave al momento de simular las condiciones de vida.

Buscando un enemigo natural

Lo que se busca en el laboratorio es replicar la vida de las moscas en el mundo exterior para así encontrar un “enemigo”, que permita controlar la peste de forma natural. Deben encontrar otra especie que logre reducir la población de moscas. Según la FCD, el nivel de propagación de las moscas hace imposible intentar eliminarlas, por lo que solo se puede optar por una forma de control.

El investigador mexicano tiene como objetivo encontrar una solución a la plaga que amenaza al pinzón de manglar, una de las especies icónicas de pinzones de Darwin. Parte de su trabajo consiste en sentarse a monitorear y evaluar el comportamiento de grupos de moscas dentro de cubículos de mallas.

El proyecto de control biológico involucra varias estratégicas en sus más de ocho años del desarrollo. La introducción de la avispa, los repelentes y atrayentes y la esterilización de la mosca para evitar que se siga reproduciendo son parte de las estrategias que ponderan. 

La FCD estima que quedan menos de cien pinzones de manglar vivos, una cifra crítica. Para proteger al ave manejan soluciones a corto plazo como atrayentes de moscas para su posterior estudio en cautiverio en el laboratorio o repelentes con baja toxicidad en la base de nidos. La institución tiene científicos que saben escalar y han logrado colocar el repelente en altos árboles, pues los nidos de estas aves suelen estar en lugares de difícil acceso.

El pinzón de Manglar (Camarynchus heliobates) habita en la zona norte de la Isla Isabela, Galápagos. Foto por Liza Diaz Lalova.

Se consideró la crianza de las aves en cautiverio, pero la opción es demasiado costosa. Los pocos ejemplares vivos hacen de este tipo pinzón uno de los más raros en las islas. Según la organización Galapagos Conservation, en los últimos ocho años se han encontrado solo 20 parejas en reproducción.

Sin embargo, estas soluciones son a corto plazo. La propagación de la mosca requiere la introducción de un “enemigo natural” que regule su población. Actualmente un candidato potencial es una avispa descubierta en Ecuador continental que parece atacar solo a moscas. La solución sería un tanto paradójica y también entraña riesgos: traer otra especie del continente a la islas.

Según Rodríguez, a lo largo de la historia la ciencia ha determinado que existe un ejecutor para cada víctima. Las moscas son víctimas y victimarias de especies específicas. La introducción de la avispa podría ser la solución, el problema está en que todavía no hay seguridad en las implicaciones de introducir esta avispa en el ambiente y las alteraciones al ecosistema natural en Galápagos.

Ya hay experiencias exitosas

El pinzón de manglar se encuentra en la isla Isabela, la más grande del archipiélago, en el sector de Caleta Negra, en los manglares del noroccidente de la isla. Según María José Barragán, directora de Ciencias de la Fundación Charles Darwin, se cree que la mosca se introdujo en las islas en la década de los 60, aunque solo se vio el impacto en los 90.

María José Barragán, directora de Ciencias de la FCD, expuso en un programa de periodismo de conservación, liderado por la Universidad Hemisferios, los principales avances de la fundación en torno a la conservación en la islas. Foto: Manuel Novik

Barragán declaró en una conferencia de periodismo por la conservación de la Universidad Hemisferios en Puerto Ayora que existió una experiencia en el pasado que les da la confianza de poder controlar esta plaga. A inicios de los 2000 un hongo algodonoso afectó críticamente a 98 especies de plantas en las islas. Se introdujo una mariquita australiana que fue exitosa para el control de esa plaga. La avispa que lograría el control de las moscas lo haría a través de parasitar los huevos que éstas dejan en los nidos de los pinzones.

Rodríguez tiene distintos grupos de moscas que denomina “colonias madre”. El investigador conduce tareas con los distintos grupos, a través de los cuales tiene más de 1000 moscas en estudio. La FCD tiene más de 40 investigadores que trabajan en proyectos específicos de conservación con distintas especies endémicas, nativas e introducidas de las islas.

Especies introducidas y el balance natural

El pinzón de manglar vive en un ambiente reducido en un bosque de manglar. El equipo investigativo busca una solución a largo plazo. Una vez en los nidos, los investigadores usan palos con jeringas para inyectar el repelente en los nidos. En algunos casos inspeccionan y remueven larvas de los polluelos encontrados. Pero el uso de repelente debe hacerse con mesura, si se excede la dosis los padres pueden abandonar el nido. Por otro lado, si no se coloca suficiente repelente la mosca puede sobrevivir y seguir parasitando a las crías. 

Los investigadores han desarrollado habilidades para escalar árboles de hasta 20 metros de altura para poder colocar los repelentes. Fotos: © Juan Manuel García / FCD

Aplicar insecticidas ha sido un alivio momentáneo, pero los árboles de más de 20 metros son escenarios peligrosos y costosos de acceder para los científicos, que deben usar equipos de escalada y andamios improvisados.

La mosca vampiro no es la única causa de las disminuciones en las poblaciones de aves endémicas en Galápagos. La reducida disponibilidad de alimentos causada por la degradación ambiental, la depredación por especies invasoras y las enfermedades introducidas son otras de las razones.

Video sobre el trabajo con los pinzones de manglar. Fundación Charles Darwin

Desde 2014, la FCD gestiona un programa de conservación de aves con la cooperación de científicos en todo el mundo. El estado de las poblaciones de pequeñas aves terrestres es especialmente crítico en las cuatro islas habitadas: Santa Cruz, San Cristóbal, Isabela y Floreana.

El pinzón de manglar habita hoy en un área reducida de 30 hectáreas en la isla Isabela. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica como Críticamente Amenazado.

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