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13 de Septiembre del 2023
Historias
Lectura: 15 minutos
13 de Septiembre del 2023
Fermín Vaca Santacruz
La contaminación de los ríos de Quito sigue sin soluciones en el mediano plazo
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En el sur y centro de Quito, el río Machángara muestra las señales de la contaminación.  Fotos: Archivo PlanV

 

Los cuatro ríos que cruzan el valle de Quito y desembocan en el río Guayllabamba, rumbo al oceáno Pacífico, están altamente contaminados por la ausencia de procesos de tratamiento. El Municipio anunció que abandonó el proyecto Vindobona, que supera los mil millones de dólares de presupuesto por una opción más pequeña y más financiable.

La contaminación de los ríos en el Valle del Pichincha y en los de los Chillos y Tumbaco, que recogen las aguas servidas de la capital, provoca que aguas abajo, en los ríos Guayllabamba, Blanco y Esmeraldas, que desembocan en el oceáno Pacífico, la cantidad de bacterias y desechos sea tan alta, que dichas aguas -en teoría- no deberían usarse ni para riego, ni para consumo, ni, para ninguna actividad turística.

El diagnóstico circula en el Municipio de Quito por lo menos desde 2016, cuando se planteó la construcción de un gran colector que aprovechando el desnivel del terreno de casi 900 metros, en los barrios del sur de Quito y los del extremo norte, canalizara las aguas servidas hacia una planta de tratamiento, ubicada en el sector de San Antonio de Pichincha, conocida como Vindobona, evitando que las descargas alcancen los ríos y tratando el 96% de las aguas residuales de la ciudad. En el camino, se colocarían tres pequeñas plantas hidroeléctricas para usar la fuerza de las aguas servidas en su larga ruta hacia la planta de tratamiento. En el año 2016 se concluyeron los estudios, durante la administración del ex alcalde Mauricio Rodas. Aunque desde ese entonces no se ha conseguido financiamiento, el proyecto llegó a tener una licencia ambiental para su construcción. 

Esta planta de tratamiento es la única que funciona en Quito y se encuentra en Quitumbe. Su superficie es de 1.5 hectáreas. El render de la nueva planta (abajo) permite ver las estructuras planificadas. Fotos: Cortesía Epmaps

Para 2020, el proyecto seguía en pie. En un resumen ejecutivo del proyecto de la Empresa Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps), fechado en ese año, se explican los alcances y objetivos de la nueva infraestructura sanitaria, pero también se hace evidente la magnitud del problema de contaminación de los principales ríos capitalinos.

Según el documento, las coberturas en Quito de agua potable alcanzan al 99,93%, mientras que el alcantarillado atiende al 95,83% de los habitantes de la capital. Pero, ¿a dónde van esas aguas servidas?  Según precisa el propio documento de la Empresa de Agua Potable capitalina, "la Ciudad descarga a las quebradas y ríos circundantes un caudal de aguas residuales estimado de 128 millones de galones al día (MGD), que se espera que crezca a 180 MGD para el 2045".

Prácticamente la totalidad de esos millones de galones se van a los ríos que salen hacia el noroccidente y descienden a la Costa sin ningún tipo de tratamiento. En los ríos que conforman el río Guayllabamba y luego desembocan en el Pacífico, se depositan desechos humanos, basura, desechos industriales y objetos de todo tipo que simplemente son arrastrados aguas abajo. 

Según precisa la empresa de Agua, el área capitalina cubre 21 cuencas de alcantarillado con un área total de 27.000 hectáreas. "El sistema de alcantarillado de aguas residuales de Quito consta de aproximadamente 1.550 millas de alcantarillado combinado. El efluente crudo se descarga a través de una serie de emisarios a lo largo de cuatro ríos que atraviesan la ciudad", admite la Epmaps.

Cuatro ríos contaminados 

Las consecuencias de ello son preocupantes: "Los datos de calidad del agua de los ríos circundantes han confirmado que no son aptos para usos como suministro de agua, riego, uso recreativo con o sin contacto y preservación de la vida acuática", asegura el documento de la Empresa, al tiempo que explica que "la mala calidad microbiológica del agua del río es de particular preocupación con respecto al uso aguas abajo, que puede implicar el contacto y el consumo humano". Un estudio de la calidad de esas aguas reveló que tienen una limitada cantidad de oxígeno y una alta presencia de bacterias producto de las descargas del sistema de alcantarillado. 

De los cuatro ríos que cruzan los distintos valles que forman la ciudad, dos están en el sur y casco antiguo, como son el Machángara y el San Pedro, otro está ubicado hacia el valle de los Chillos, llamado Chiche, y el cuarto río se ubica en el norte de la ciudad, y se le conoce como Monjas. Debido a que el terreno va descendiendo en altura desde el sur hacia el norte de la ciudad, estos cuatro ríos descienden hacia la costa formando el río Guayallabamba.

El río Monjas, al norte de la ciudad, recoge buena parte de las aguas residuales de esa parte de Quito.  Foto: Quito Informa

Mientras estos ríos sirven como una gran alcantarilla, el agua potable de Quito proviene de las zonas más altas, de los páramos y zonas montañosas cercanas a la capital. La gerente de Operaciones de la Epmaps, Johanna Patiño, explica que el problema de Quito no se refiere a la escasez de fuentes de agua, sino a la falta de infraestructuras de conducción, sobre todo, a las zonas del extremo norte de la urbe, en donde barrios ubicados en zonas cada vez más altas complican la posibilidad de que les llegue el suministro adecuado de agua potable. 

Varios sistemas abastecen de agua limpia a la ciudad, como Papallacta y Paluguillo, así como de La Mica y los páramos del Antisana. Históricamente, la ciudad antigua se abastecía del agua que descendía del Pichincha, por medio de la planta de El Placer, y sus desechos iban a parar a las quebradas del Machángara, el río más cercano al Centro Histórico. Casi cinco siglos después, la dinámica sigue siendo la misma. 

Los desafíos para tratar el agua servida 

Según explicaban en 2020 los técnicos de la Epmaps, el proyecto de tratamiento de las aguas residuales en Quito tenía varios desafíos, como el transporte  de  aguas  residuales  a  través  de  un  terreno  muy  accidentado atravesado por varios barrancos profundos y áreas densamente pobladas, la intercepción de varios colectores principales del sistema combinado de aguas residuales, la ubicación de un sitio con área suficiente y condiciones geotécnicas adecuadas para instalar una gran planta de tratamiento a alturas de alrededor de 3.000 metros, completar el trabajo de topografía de terrenos muy grandes y accidentados, y una diferencia de elevación de 900 metros entre el comienzo del sistema de interceptación y el sitio potencial de la planta.

Para solucionar estos problemas, el proyecto Vindobona planteaba una gran obra de infraestructura. Se trataba de un túnel de aguas residuales de 12 pies de diámetro y 30  kilómetros de largo, con dos tramos: Tola - Vindobona con una longitud de 27,6 km  y San Antonio - Vindobona con una longitud de 2,4 km. Al final de ese tunel, que iría recogiendo las aguas servidas de todos los colectores en el recorrido,  y evitaría que vayan directamente a los ríos, estaría una Planta de tratamiento de aguas residuales, mientras que aprovechando el desnivel del terreno y el gran volumen de agua se pensaba colocar tres plantas hidroléctricas con una capacidad total de generación eléctrica de de 40 MW.

El principal limitante para la construcción de estas infraestructuras, con su complicado sistema de un gran túnel (que iba a requerir el uso de tuneladoras similares a las que se usaron en la construcción del Metro) era su alto costo: el diseño original estimaba en por lo menos 888 millones de dólares la inversión, de los que el rubro más caro estaba relacionado con el gran túnel que cruzaría toda la ciudad. Se estimaba que la conclusión del proyecto no tomaría menos de 15 años, de los que cinco se dedicarían a las infraestructuras principales.

Golpe de timón al problema del tratamiento de agua

El pasado 25 de julio, el alcalde metropolitano de Quito, Pabel Muñoz, mantuvo una reunión con Verónica Sánchez, gerente de la Epmaps,  Santiago Sandoval, secretario de Ambiente y otros funcionarios para analizar la situación actual de contaminación de los ríos. 

Al respecto el Municipio informó sobre una nueva propuesta, que "implica reemplazar al proyecto Vindobona de USD 1.200 millones por la construcción de 3 plantas de tratamiento de aguas residuales que cubrirá la totalidad de la ciudad y una parte de las parroquias rurales por un monto de USD 437 millones".

El Municipio dijo que se buscará ese financiamiento por medio de "alianzas público-privadas y cooperación de países que enfrentan el Cambio Climático". El alcalde ratificó así su decisión de darle un golpe de timón al proyecto, del que solo se ha logrado construir una planta piloto para evaluar las tecnologías de tratamiento de las aguas servidas.

La planta funciona en el sector de Quitumbe y recibe aguas contaminadas con todo tipo de desechos: basura, troncos, llantas, restos de animales y plantas, desechos industriales y humanos, que son sometidos a procesos de filtrado a niveles microscópicos, al extremo de poder lograr purificar el agua. Una serie de rejillas, redes y tamises van filtrando las aguas, en donde se pueden encontrar tapas de botellas, cáscaras de huevo, restos de café, o simplemente la tierra de las calles, las plazas y los parques que con la lluvia termina en el alcantarrillado. Fomentar que colonias de bacterias se formen en el agua es otra etapa del proceso, que concluye con el uso de luces ultravioletas para desinfectar el agua. La planta tiene 1,5 hectáreas de superficie y varios tanques en los que se realizan esta serie de procesos. 

Pero esta planta procesa una cantidad ínfima con relación a los millones de galones que se vierten al día en los ríos de Quito, pues su capacidad de tratamiento es de 108 litros por segundo y se estima que eso es solamente el 3.42% de las aguas residuales de la ciudad. 

Irina Moncayo es la coordinadora de Proyectos de la Epmaps. Ella explica que la ciudad ya cuenta con un sistema de interceptores, que son un tipo de tubería que evita que las aguas de las alcantarillas lleguen directamente a los ríos, pero esto solamente cubre al 33% de la ciudad. El avance de estas infraestructuras es desigual: en el sur de Quito hasta el 85% de las aguas servidas son contenidas antes de que lleguen a los ríos que corren por la zona, pero el porcentaje es mucho menor en el norte de la ciudad, donde las redes de alcantarillado alcanzan directamente los ríos del lado este. 

Pero la falta de recursos motivó a la Epmaps a replantear su diseño, que llegó a costar diez millones de dólares. Según explica Moncayo, esos recursos no se han perdido pues se sigue estimando que el avance en la construcción de interceptores debe ser aprovechado. 

Las funcionarias de la Empresa de Agua y Alcantarillado, Irina Moncayo y Johanna Patiño explican la situación de ambos servicios en la ciudad. Foto: PlanV

El replanteo consistió en diseñar una planta de tratamiento más pequeña que pueda captar el caudal de agua que viene del sur, centro y centro norte de Quito, así como de varias zonas del Valle de los Chillos, una segunda planta que reciba las aguas del Comité del Pueblo, Llano Chico, y Calderón, y una tercera ubicada en San Antonio de Pichincha, que atenderá la cuenca del río Monjas, al norte de la capital. 

Este replanteo, explica Moncayo, significa que se requerirá hacer túneles y plantas más pequeñas, pero esto reduciría el costo de la obra a cerca de $440 millones. Pero la nueva propuesta aún está en etapa de prefactibilidad, luego vendrá la factibilidad y a partir de ahí se puede plantear el diseño y la construcción de sistema, que al igual que en el plan original, busca conducir las aguas servidas hacia las plantas de tratamiento para evitar que vayan directamente a los ríos. Se estima que con esta infraestructura hasta el 59% de las aguas que genera Quito podrían ser tratadas. 

La Epmaps participó en la reciente rueda de negocios promovida por el Municipio capitalino, en donde explicó que aún no tienen claros todos los valores, pues la guerra europea que enfrenta a Rusia con Ucrania y las restricciones económicas en la región han afectado los costos de ciertos equipamientos. 

Moncayo sostiene que también se debe esperar una nueva Ley de Recursos Hidrícos, tema que está parado por la disolución de la Cámara legislativa, y que el nuevo marco legal que resulte será el que determine qué modelo de negocios se podría implementar para este proyecto. Con todo, no se espera que los estudios de factibilidad puedan estar listos antes de 2025 y de ahí se daría paso a la licitación. 

Mientras tanto, el daño ambiental que se causa a los ríos aguas abajo, en las provincias de Santo Domingo y Esmeraldas, continuará sin ningún tipo de remediación. 

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