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14 de Agosto del 2023
Historias
Lectura: 15 minutos
14 de Agosto del 2023
Ramiro Ávila Santamaría

Abogado, docente universitario, ex juez de la Corte Constitucional del Ecuador. 

Pueblos indígenas amazónicos, el “desarrollo” y las consultas ambientales en el Yasuní y el Chocó Andino
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Los pueblos y nacionalidades indígenas han participado activamente en la campaña en favor de dejar el crudo en tierra en el Yasuní. Foto: elvanguardistaonline.com

 

Decir SÍ en las consultas es una apuesta por la conservación, la protección de la naturaleza, respeto a las formas de vida autónoma y soberana, búsqueda de otras formas de comprensión de lo que es valioso


Uno de los argumentos recurrentes de quienes defienden seguir explotando el petróleo en el Parque Nacional Yasuní, es que les hemos llevado el “desarrollo” a los pueblos indígenas.
Por el “desarrollo”, se afirma que las empresas petroleras han dado a los pueblos indígenas amazónicos las carreteras, escuelas, centros de salud, camionetas, tuberías, plataformas y pozos petroleros, ciudades, almacenes, tecnología (teléfonos y computadoras); y el trabajo a varios miembros de la comunidad indígena que antes no tenían.

El 31 de julio de 2023 tuvimos varias personas un debate con el gerente de Petroecuador y otras personas empleadas de esta empresa estatal en Loja.  A más de los típicos argumentos económicos, también se dijo que la presencia petrolera era totalmente beneficiosa para los pueblos indígenas en la Amazonía.

Mi réplica, en ese debate, fue descontextualizada con muy mala leche por parte Teleamazonas en dos ocasiones (9 de agosto y 12 de agosto). Este canal de televisión en lugar de informar y contrastar la información, abiertamente está haciendo propaganda a favor de la industria petrolera y en contra del SÍ en la consulta ambiental.

La periodista de este canal televisivo, después de editar mi intervención, cortar las partes que consideraban que no les convenía, concluyó que “El abogado de Yasunidos criticó el desarrollo al que han accedido miles de personas… cuestionó que las comunidades cercanas tengan desarrollo y mejores condiciones…”.

Por este medio, que permite la libertad de expresión sin tapujos, aclaro mi posición frente a la actividad petrolera y los pueblos indígenas.

¿Qué está detrás de la concepción de  “desarrollo” petrolero?

Detrás de la versión de “desarrollo” de Petroecuador y de Teleamazonas está una concepción basada en prejuicios: los indígenas sin el Estado y sin la “civilización” son subdesarrollados, pobres y salvajes.

La mirada estatal y empresarial a la Amazonía es con ojos de ciudad. Se entiende que hay progreso si es que tenemos carreteras pavimentadas; casas, escuelas y centros de salud de cemento; autos y camionetas para transportarnos; plataformas y petróleo para poner gasolina a estos medios motorizados; ciudades con alcantarillas y agua potable; supermercados con todos los bienes en perchas; tecnología, teléfonos y computadoras para comunicarnos y divertirnos.

¿Hay problemas detrás de esta forma de concebir el “desarrollo”?

Las carreteras han significado colonización, deforestación, obstáculos para los pueblos en aislamiento y para otros seres, y se han constituido en un medio para transportar múltiples productos para traficar (madera, animales, drogas).

La versión típica de la idea de “desarrollo” pertenece a la de una persona que ha adoptado todos los valores del mundo “occidental” (individualismo, competencia, éxito basado en bienestar material, pobreza como falta de dinero), y que supone que todo lo que viene de la ciudad y de la industria es “civilización”, y que los pueblos indígenas, sin el “desarrollo”, son salvajes y pobres. Acá hay una idea que supone superior a lo de la ciudad e inferior a lo del mundo indígena y rural. De ahí, a caer en el racismo y en el desprecio al otro diferente hay un paso, que siempre se lo ha dado. Este es un problema no solo de Petroecuador y Teleamazonas sino de nuestro querido país.

Hay, además, problemas, que son más graves si se piensa con lógica de Amazonía y naturaleza. las carreteras han significado colonización, deforestación, obstáculos para los pueblos en aislamiento y para otros seres, y se han constituido en un medio para transportar múltiples productos para traficar (madera, animales, drogas). Las estructuras de cemento han sido una forma de imposición de una forma de mirar la vivienda y los espacios que no son los de la cultura indígena. Solo basta pensar en la famosa ciudad del milenio que se construyó en el gobierno del señor Correa en la Amazonía (Cuyabeno, 2013), y que está abandonada. Los autos y las camionetas significaron la creación de una necesidad que antes no tenían y un medio más de contaminación. Las plataformas y los pozos petroleros son la principal fuente de contaminación de sus territorios: ríos contaminados y más de 400 mecheros que están 24 horas del día quemando gas.

Detrás de la idea de “desarrollo” hay negocios a favor de quienes construyen y explotan lo que hay que en el territorio indígena, hay procesos sistemáticos de aculturación e imposición de valores sin consulta a los pueblos indígenas, y hay mucha, muchísima contaminación (22 derrames solo en el bloque 43 y en la Amazonía un promedio de 16 derrames mensuales). Incluso contaminar y poner sustancias en el crudo pesadísimo que está saliendo del bloque 43 es una oportunidad para hacer negocio en la selva.


Un tucán, en estado libre, en la amazonía ecuatoriana. Foto: Mongabay

La “civilización”, aún vista desde la perspectiva de la ciudad, está en crisis. El consumo excesivo de productos derivados del petróleo también nos está afectando. Nuestras ciudades tienen ríos llenos de mierda y plástico. Con esos ríos se riegan los productos del campo, a los que se agregan agro tóxicos y todo el plástico que consumimos (botellas, bolsas, prendas de vestir) que hace que los mares están llenos de microplasticos. Las ciudades grandes, como Quito, tienen altos grados de contaminación del aire. Literamente en las ciudades nos estamos envenenando con los vegetales y la carne de vaca, cerdo, gallinas y peces que consumimos.

Nuestras ciudades modernas, y el Ecuador es un gran ejemplo de la vida “civilizada”, son profundamente violentas. La violencia tenemos en todos los espacios y de todas las formas, desde el maltrato infantil, pasando por la mortalidad infantil, hasta los femicidios y los sicariatos.

Si a esto le agregamos la evidente desigualdad de nuestras ciudades. Por un lado, una gran mayoría de personas que viven en la marginalidad, sin servicios básicos (agua y alcantarillas), subsisten con menos de tres dólares diarios, no tienen trabajo seguro o están en el desempleo; por otro, un grupo muy pequeño que tienen todos los servicios, autos privados, viven en ciudadelas amuralladas. En nuestras ciudades “civilizadas” tenemos un evidente “fascismo social” y un “apartheid” de facto.
¿Es esto civilización? ¿Este modelo de vida queremos que se reproduzca en los pueblos amazónicos que viven cerca de las instalaciones petroleras?

Cuando uno visita las comunidades que viven cerca de pozos petroleros, incluso en el Yasuní, bloque 16, que se está explotando desde hace aproximadamente 30 años, se encuentra una población que es la típica comunidad pobre de nuestro país: sin alcantarilla, con una educación deficiente y discontinua, sin sistema de recolección de basura, llenas de botellas de plástico, dependientes de la ciudad para satisfacer sus necesidades de alimentación (fideos, arroz, azúcar, aceite, gas, electricidad). 

¿Realmente mejoramos la calidad de vida de las comunidades indígenas con la explotación petrolera?

Los waoranis, antes de la presencia petrolera y civilizadora de occidente, se consideraban hijos del sol y padres del jaguar (Laura Rival, 1996).

¿Qué son ahora los pueblos indígenas que viven cerca de las petroleras?


El impacto de la explotación petrolera en el Tiputini es exponencial. Foto: Operación en el Tiputini

De personas orgullosas por su cultura, por su idioma, por su forma de vida basada en la caza, pesca y recolección, ahora les hemos convertido en choferes, empleados ocasionales en la construcción de infraestructura petrolera, cocineros en los campos petroleros.

Para la mirada petrolera, antes los pueblos indígenas eran pobres porque no tenían dinero. Ahora tienen trabajo. Trabajo marginal pero trabajo al fin. De una vida autónoma la volvimos dependiente de las empresas petroleras y con trabajos marginales.

¿Han viso algún pueblo o persona indígena que tenga la forma de vida de un empresario petrolero?

Otro argumento que me mata, y que tiene una amenaza inaceptable, es que si Petroecuador no explota petróleo, entonces la Amazonía por poco será tierra de nadie y proliferarán los tráficos y se quedan desempleados las personas indígenas.

¿De cuándo a acá Petroecuador es la única y exclusiva entidad estatal en la Amazonía?

Resulta que hemos delegado a las empresas petroleras para que no solo exploten petróleo sino para que reemplacen a los ministerios de educación, salud, inclusión, trabajo. Inaceptable esta reducción, una vez más, de la concepción estatal.

De igual modo, parecería que la fuerza pública solo protege a la Amazonía si es que hay explotación petrolera o minera considerada legal. Otra vez inaceptable. Según la Constitución la policía y las Fuerzas Armadas tienen que brindar seguridad interna y externa sin distinción de la actividad productiva que se realice en su territorio.

Si a esto le agregamos algo que nunca mencionan quienes argumentan en contra de la consulta ambiental, y cuando lo mencionan lo hacen para negar: los pueblos indígenas e aislamiento, Tagaeria y Taromenani y Dugakaeiri. Estos pueblos han sido masacrados al menos en tres ocasiones de las que conocemos. En el año 2003, 2006 y 2013. Sí, masacrados. En el año 2013, que ha sido documentada (Miguel Cabodevilla y Milagros Aguirre, Una tragedia ocultada, 2013), al menos murieron 30 personas de los pueblos no contactados.

Si desarrollo es marginalidad, contaminación, masacres, por favor, sí me opongo a ofrecer a los pueblos indígenas lo peor de nosotros.

¿Hay alternativas al desarrollo?

En el mundo contemporáneo, y debido a la crisis ambiental y climática, se está debatiendo esa forma tradicional de entender el desarrollo como bienestar material y consumo ilimitado. Existen muchas alternativas. Entre ellas, la mirada está precisamente en quienes tienen valores diferentes a la “civilización” del “desarrollo y progreso”.

En el mundo contemporáneo, y debido a la crisis ambiental y climática, se está debatiendo esa forma tradicional de entender el desarrollo como bienestar material y consumo ilimitado. Existen muchas alternativas. Entre ellas, la mirada está precisamente en quienes tienen valores diferentes a la “civilización” del “desarrollo y progreso”.

En muchas comunidades indígenas y de personas con conciencia social y ambiental se promueven y practican otros valores. Valores como consumir lo necesario para sobrevivir sin acumular; entender la pobreza como la carencia de vínculos comunitarios y no como la falta de dinero; considerar la calidad de vida como la capacidad de ser autónomos y tener soberanía alimentaria; respetar la naturaleza y valorar el agua y el aire limpio; comer alimentos que son producidos de forma ecológico, que no tienen origen en la violencia animal ni en cultivos agrotóxicos; fomentar el intercambio justo de productos entre comunidades y no la distribución oligopólica y el comercio injusto. 

El ejemplo más extremo, desde los pueblos indígenas lo encontramos precisamente en el Yasuní. Los pueblos Tagaeri, Taromenani y Dugakaire viven en la Amazonía sin carreteras, autos, celulares, centros de salud, cuentas bancarias, tarjetas de crédito, sin ropa… Para quienes se creen superiores y civilizados esto es una barbarie. Para los pueblos en aislamiento, que defienden con todo lo que pueden su forma de vida y su territorio, en cambio, es la alternativa a lo que les ofrecemos.

También en la Amazonía, encontramos la experiencia de resistencia a la explotación petrolera, por más de 20 años, y la creación de una alternativa que el pueblo Kichwa de Sarayaku ha denominado “Selva viva” (https://kawsaksacha.org/es/). En esta comunidad se practica lo que se podría considerar la soberanía alimentaria y el ejercicio al derecho a la autodeterminación del pueblo. La naturaleza se la cuida porque es un ser vivo y toda la cultura gira alrededor de su respeto.

Alberto Acosta en un libro publicado en el año 2013 (El Buen Vivir-Sumak kawsay. Una oportunidad para imaginar otro mundo) ha recogido varias manifestaciones culturales de nuestros pueblos indígenas en las que se pueden encontrar alternativas al tradicional “desarrollo y progreso”, basado en prácticas ancestrales.

Para no irnos muy lejos, también se pueden encontrar alternativas en las formas de vida de muchas personas que aprenden de la naturaleza y del saber ancestral, en el movimiento conocido como Red de guardianes de las semillas (https://redsemillas.org/), que incentivan, en lo cotidiano, prácticas de regeneración social y ambiental. Personas permaculturas las encontramos en todo el Ecuador.

Este 20 de agosto de 2023, tanto en la consulta ambiental sobre la explotación petrolera en el Yasuní y minera en el Chocó Andino está en juego una concepción de desarrollo que ya conocemos o en abrir la puerta a alternativas al desarrollo petrolero y minero.

Explotar petróleo y minerales, en suma, ha significado división comunitaria, devastación ambiental, corrupción estatal,  y aumento de las inequidades en el país.

Decir SÍ en las consultas es una apuesta por la conservación, la protección de la naturaleza, respeto a las formas de vida autónoma y soberana, búsqueda de otras formas de comprensión de lo que es valioso (el agua, el aire, la vida, la tierra, la biodiversidad es incuantificable).

“No” es más de lo mismo.

“Sí” es esperanza, vida, transformación.

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Pueblos indígenas amazónicos, el “desarrollo” y las consultas ambientales en el Yasuní y el Chocó Andino
 


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