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30 de Septiembre del 2014
Historias
Lectura: 14 minutos
30 de Septiembre del 2014
Redacción Plan V
30S: un concierto "progresista" en media plaza

Foto: Presidencia de la República

Solo la mitad norte de la Plaza de San Francisco fue habilitada para el público: un escenario gigantesco y carpas con equipos y servicios ocupaban todo el costado sur. 

 

Foto: Presidencia de la República

El presidente Rafael Correa entra a la Plaza por medio del atrio y saluda a los simpatizantes de Alianza PAIS que han llegado del interior del país. 

 

El Presidente llenó media Plaza de San Francisco -la otra mitad fue escenario, tarima y carpas- y recordó, en tono de confidencia, los sucesos del 30S, cuando, aseguró, fue al Regimiento Quito pensando que era un paro y no un motín. El correísmo, acaso, le apuesta a capitanear la "izquierda" en la región ante el debilitamiento del chavismo venezolano.

Anochece en la Plaza de San Francisco, en el Centro Histórico de Quito. Han pasado cuatro años desde aquella mañana de septiembre de 2010, cuando los policías se declararon en plena sublevación y el Presidente, desde una ventana del Regimiento Quito, se abrió la camisa para ponerle -literalmente- el pecho a las balas, mientras su Ministro del Interior parecía querer hacerse invisible en el dintel de la ventana.

La mañana de cuatro años después ha estado muy soleada. Por eso, aunque son poco más de las 17:00, pega todavía el sol en la Plaza de San Francisco. El gran rectángulo trazado en tiempos coloniales, presidido por la mole imponente de la Iglesia franciscana, ha sido dividido, claramente, en dos. De la media plaza hacia el norte se ha dado espacio a los militantes correístas, que, como es habitual en las concentraciones de apoyo al Gobierno, están vestidos de pies a cabeza de verde flex, y llevan camisetas y pañuelos de la lista 35 como en un gran evento de campaña.

Del  centro de la Plaza hacia el sur, en cambio, se ha montado una enorme tarima, que más que tarima, es un escenario en donde se pueden ver los atriles de los músicos que tocarán más tarde. Junto a la tarima, varias carpas albergan, de lo que se puede ver, a personal de un catering que prepara, con guantes, sánduches de varias capas de embutidos y lechuga. Esta vez, los sánduches no son para los militantes de la lista 35, sino para los invitados espaciales que deben llegar al acto de clausura del evento internacional de izquierda que ha convocado el correísmo.

El acceso al atrio, que cuenta la leyenda hizo el indio Cantuña en un pacto con el diablo -del que al final, pudo zafarse- está cerrado en varios puntos por policías, militares y policías metropolitanos. Las fuerzas de orden se encuentran en varios puntos, vigilando a la multitud que se acerca a la centenaria plaza desde las calles del norte.

En la calle Benalcázar y en el costado norte de la Plaza de San Francisco no hubo dónde poner un pie 

Desde la Plaza, mirando hacia el norte, hacia la cuesta que forma la loma de San Juan y  siguiendo el curso de la calle Benalcázar, es posible ver por lo menos tres cuadras de correístas que bajan hacia la Plaza de San Francisco. También vienen siguiendo el curso de la calle García Moreno, pasan ante el Palacio de Gobierno y luego, tras doblar en la esquina de la calle de la Iglesia de la Compañía, desembocan en la Plaza de San Francisco.

Otros simpatizantes han llevado un cartel de macabro mal gusto: los rostros de las figuras de la prensa nacional y los nombres de los principales medios privados aparecían rodeando una calavera. Las sutilezas escolásticas de ciertos abogados que distinguen entre “opinión pública” y “opinión publicada”, entre “golpe duro” y “golpe suave” calando entre la gente común.

En la Plaza Grande también están los simpatizantes del régimen: se han declarado en vigilia para recordar el 30S.

El pueblo correísta es variopinto: costeños con carteles indicando sus localidades de origen. Indígenas de la Sierra norte y central. Pobladores de la Amazonía,  afroecuatorianos con niños pequeños y representantes de movimientos de choferes y otras fuerzas sociales de la autodenominada “izquierda” correísta. En un rincón de la Plaza, un grupo de funcionarios de la delegación provincial de un Ministerio en Babahoyo han llegado con un cartel que los identifica hasta con el logotipo del Ministerio. Dado que vinieron de tan lejos, es seguro que el 30 de septiembre no fueron a trabajar. 

Otros simpatizantes han llevado un cartel de macabro mal gusto: los rostros de las figuras de la prensa nacional y los nombres de los principales medios privados aparecían rodeando una calavera. Las sutilezas escolásticas de ciertos abogados que distinguen entre “opinión pública” y “opinión publicada”, entre “golpe duro” y “golpe suave” calando entre la gente común. 

Hay cinco pantallas gigantes, todas orientadas hacia el norte, que muestran lo que pasa en el escenario. A diferencia de lo que ocurrió el 17 de septiembre, cuando la Plaza Grande estaba medio vacía, no es exagerado afirmar que no hay donde poner un pie en la media Plaza de San Francisco. Era como esos conciertos en los que ponen el escenario en media plaza de toros y llenan de público solo la otra mitad. 

Esta vez, la escenografía correísta prefirió evitar usar la portada de la Iglesia. Justo al pie del escenario se encuentran sillas para los invitados internacionales, pues se espera mostrar en este evento el respaldo popular del régimen “izquierdista” a los extranjeros. Entre los invitados especiales está el derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya y el ex presidente de Panamá Martín Torrijos.

Soldados del Ejército y miembros de las policías Nacional y Metropolitana custodiaron el orden en el sitio

Están también instaladas las unidades móviles de varios canales de televisión, con sus antenas de microondas apuntando hacia el Pichincha. La mayoría de los canales son estatales o estatizados, pero también hay un par de emisoras privadas. A los simpatizantes se les ha regalado ejemplares del periódico oficial El Ciudadano, que llevan en la mano mientras esperan que empiece el evento.

Bajo una gran carpa, por si llovía,  se ubicaron los militantes que llegaron más temprano. Pero los santos son correístas. 

No solo hay, como de costumbre, militantes correístas puros. Hay también representantes de los aliados y asimilados, como el movimiento de banderas naranja y figuras ecuestres que respalda al prefecto del Guayas, Jimmy Jairala, o los camisas-azules del movimiento Avanza.

Oscurece, y los simpatizantes del correísmo se entretienen observando volar a las palomas, habitantes habituales de la Plaza, que vuelan de los tejados del convento hacia las casas de enfrente. Se posan ahí un rato, y luego, vuelven a volar hacia el tejado de San Francisco.

A las  18:40 llega el presidente Rafael Correa. Hace cuatro años lucía una corbata azul, que se abrió con un solo golpe de mano para ofrecer su vida a los sublevados. Ahora viste sin corbata, solo tiene una camisa blanca y una chaqueta oscura.

En la puerta del lujoso Palacio Gangotena, que alberga un hotel boutique, un guardia y varios agentes de seguridad observan nerviosos a la multitud. En las casas que rodean la Plaza, hay bodegas de dulces, restaurantes populares y cafeterías, en donde se ofrecen humitas, quimbolitos y café. En las cobachas del atrio, en cambio, algunos turistas también toman café, mientras observan llegar a la gente que llena la mitad norte de la Plaza.

Son las 18:30 cuando las luces que iluminan las torres de San Francisco y el Palacio Gangotena se encienden. La calle Benalcázar está repleta de gente, al igual que la parte de la Plaza destinada a los militantes. A las  18:40 llega el presidente Rafael Correa. Hace cuatro años lucía una corbata azul, que se abrió con un solo golpe de mano para ofrecer su vida a los sublevados. Ahora viste sin corbata, solo tiene una camisa blanca y una chaqueta oscura.

Los integrantes de la nomenclatura correísta se dirigen hacia la mesa de honor, ubicada en el centro de la tarima. Están, entre otros, el vicepresidente Jorge Glas, el canciller Ricardo Patiño, la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, la ministra coordinadora  Doris Soliz, el ministro de Defensa, Fernando Cordero, entre otros.

El evento inicia con el Himno Nacional y con discurso de la ministra Doris Soliz. Al final del discurso, un representante de las juventudes correístas lee un pronunciamiento a favor de la “soberanía y la segunda y definitiva independencia de nuestros pueblos”. El pronunciamiento está firmado por las juventudes de varios movimientos izquierdistas y progresistas de la región, aunque, dado que izquierda y derecha en el correísmo son categorías más manoseadas que el tubo de un trolebús, no se entiende bien dónde está la frontera entre los revolucionarios y los conservadores.

Como además de conmemoración del 30S el evento es la clausura del encuentro de progresistas del que es anfitrión el correísmo, la primera hora de intervenciones es el espacio para la lectura de las conclusiones del evento. El derrocado ex presidente Zelaya lee parte de las conclusiones, en especial, la solemne y habitual condena a la posesión británica de las Malvinas y del bloqueo comercial de las empresas norteamericanas a Cuba. Entre estos tópicos de todo evento de izquierda, apareció la condena contra la Chevron y el apoyo a la campaña “La Mano Sucia”. Zelaya termina su intervención con vivas al Ecuador y a Correa.

Indígenas procedentes de la Sierra central escuchan hablar al Presidente en la Plaza de San Francisco

A las 19:20 le dan la palabra al presidente Rafael Correa. Saluda con corrección política, “a todas y a todos”.  Declara a Alianza PAIS como “parte ya de la historia” y asegura que tiene compañeros tuiteros dispuestos a defenderlo en redes. “Nos quedó pequeña la Plaza”  dice el presidente, y bromea sobre que San Pedro es militante suyo, pues no ha llovido.

Fiel a sus fórmulas propagandísticas, Correa recuerda que se trata del “Día en que triunfó la democracia” y aclara que la concentración no ha costado “un centavo de fondos públicos”, sino que ha sido financiado por Alianza PAIS.

Y, en tono intimista, el presidente Rafael Correa da su versión de qué fue lo que pasó hace cuatro años.  Aclara que, ese día, no sabía que el Regimiento Quito estaba amotinado. Que pensó que solo era un paro, y por ello, fue a aclarar la situación. Y que cuando se quiso ir  porque no le dejaron hablar, se lo impidieron con bombas lacrimógenas  lanzadas al rostro, para tratar de matarlo. Pero sus cuatro o cinco custodios, afirmó, estaban dispuestos a dejarse matar por él.

“Querían entrar a liquidarnos”, relata el Presidente y afirmó que pidió a un asesor que le pegue un tiro si es que entraban los sublevados al cuarto de hospital en donde estaba para matarlo.

“Querían entrar a liquidarnos”, relata el Presidente y afirma que pidió a un asesor que le pegue un tiro si es que entraban los sublevados al cuarto de hospital en donde estaba para matarlo.

“Todavía hay cínicos que preguntan quién ordenó disparar” dice el Presidente, antes de arremeter contra la “prensa mercantilista” para luego aclarar que el estudiante Juan Pablo Bolaños murió antes del rescate, así como todos los muertos fueron del bando de los leales a su régimen.

Correa llama héroes a los heridos sobrevivientes, y recuerda a “tres malquerientes” que los acusaron de  haber cometido un crimen de lesa humanidad en la Fiscalía.

“Otro 30S nunca más compatriotas”, dice Correa, y la multitud en la Plaza lo aplaude. Deja sus recuerdos de hace cuatro años, y felicita a los organizadores del evento de los “progresistas”, al que califica de “éxito impresionante”. “Los importante es la reelección de la revolución”, apostilla el Presidente.

Correa pasa a hablar de la región y la temible "restauración conservadora". Parece que, tras un tiempo prudencial de luto  por Hugo Chávez y ante el colapso económico de Venezuela y el poco carisma de su actual presidente, Correa quisiera liderar a las autodenominadas izquierdas del vecindario.

Por ello, autoubicado en la izquierda, con gesto de severa advertencia, insiste Rafael Correa una vez más: cuidado con la restauración conservadora y termina su intervención levantando triunfalmente las manos de los sonrientes integrantes de su nomenclatura

A juzgar por su bandera, este superhéroe llegó desde el Guayas para participar en el evento

 

 

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