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24 de Octubre del 2023
Historias
Lectura: 12 minutos
24 de Octubre del 2023
Fernando López Romero

Historiador. Investigador social. Profesor principal e investigador de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.

Argentina: entre el mal menor y el mal peor
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Sergio Massa, ministro de Economía y candidato presidencial del partido gobernante, habla afuera de su sede de campaña después de las elecciones generales en Buenos Aires, Argentina. AP.Mario De Fina.

 

Javier Milei, el Joker trumpista argentino, ha sido víctima de su propio éxito. En este momento, como afirma Víctor Hugo Morales, Milei es su principal enemigo. Mimado por los grandes poderes mediáticos de la derecha, ensoberbecido por los resultados obtenidos en las primarias, no ha podido salirse de una campaña ideológica y ha chocado contra la realidad.


Que Sergio Massa, Ministro de Economía y ejecutor de las políticas de ajuste acordadas con el Fondo Monetario Internacional, sea el candidato presidencial del peronismo, parecía un sinsentido y un salto al vacío. Pero lo es mucho más que haya ganado la primera vuelta con una diferencia de seis puntos sobre Javier Milei, y que vaya a disputar la presidencia de la Nación en el balotaje del próximo 19 de noviembre.

Es una paradoja dolorosa también que el otro finalista sea quien promete una política de dolarización, imposible sin una hiperinflación y un ajuste brutal sobre los salarios; quien amenaza, con una motosierra en sus manos, que lo privatizará todo incluyendo educación y salud, y que reducirá al Estado al mínimo. Es un sarcasmo doloroso que la mayoría de sus votantes sean hombres jóvenes, sin trabajo o con trabajos precarios.

Que la izquierda argentina —la única fuerza política que se ha pronunciado contra el ajuste en curso, que ha defendido con vigor los derechos humanos, los derechos laborales y de las mujeres, que  ha apoyado las luchas de los pueblos indígenas contra el extractivismo, que ha denunciado el apoyo al ajuste neoliberal por parte del resto de candidaturas, y ha confrontado  al negacionista climático y al defensor de la dictadura militar Javier Milei— haya obtenido en las presidenciales una votación menor  que la esperada, debe ser explicado en el contexto de una agenda política que se ha corrido hacia la derecha en el escenario electoral argentino, como resultado del desastre del gobierno de Alberto Fernández y de la gran operación política y  mediática de la extrema derecha internacional, y especialmente iberoamericana.

Javier Milei, candidato presidencial de La Libertad Avanza, habla en su sede de campaña después de las elecciones generales en Buenos Aires, Argentina, el domingo 22 de octubre de 2023.  Foto: Natacha Pisarenko. AP

La emergencia política y el crecimiento de la extrema derecha liderada por Milei, ha sido tan fuerte que ha desplazado a Juntos por el Cambio, la alianza de centro derecha dominada por el ex Presidente Mauricio Macri. En pocos meses esto ha cambiado el mapa político argentino.

El Peronismo es un movimiento político que tiene un férreo control sobre importantes sectores sindicales y de movimientos sociales, especialmente en la capital federal y en la Provincia de Buenos Aires. Históricamente han cabido en él, desde corrientes de ultraderecha y filo fascistas hasta corrientes de izquierda.

Ha sido la fuerza política de mayor éxito en la historia de la Argentina, desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. Exitosa para permitir el acceso al poder por parte de sectores civiles y militares que no provenían de la vieja y ultra rancia oligarquía agraria, articulada en la Sociedad Rural asociada al capital extranjero desde la época del Imperio Británico, ni de los partidos políticos tradicionales. El peronismo, en la época de Perón, y luego del estallido de diciembre del 2001, en las presidencias del matrimonio Kichner, ha hecho los cambios necesarios para que al final nada cambie.

Ha sido muy eficaz, como ideología política y en el ejercicio del poder, para contener cualquier desborde revolucionario de los trabajadores argentinos que amenace la estabilidad del sistema. Esto ha sido posible porque ante la mayoría de la población ha encarnado a la nación, y porque ha asumido la representación política popular a través de la combinación de políticas redistributivas y clientelares, y de un discurso nacionalista contra las élites tradicionales.

Los K tuvieron la inteligencia para reforzar al Estado asistencialista, venido a menos durante el Menemismo de los años noventa; colocaron al movimiento piquetero bajo su control clientelar; e hicieron suya la agenda de las organizaciones de Derechos Humanos que luchaban contra las leyes de impunidad dictadas por los gobiernos que les antecedieron.

El peronismo Ha sido muy eficaz, como ideología política y en el ejercicio del poder, para contener cualquier desborde revolucionario de los trabajadores argentinos que amenace la estabilidad del sistema. Esto ha sido posible porque ante la mayoría de la población ha encarnado a la nación.

En los últimos años el peronismo ha enfrentado a sus fantasmas más peligrosos:  la puesta en marcha de poderoso andamiaje, político, empresarial y judicial de corrupción e impunidad, en cuyo centro estuvo el ex presidente Héctor Kirchner, y que han heredado Cristina Fernández y sus hijos; y la inconsistencia de sus políticas demagógicas. No ha impulsado ninguna reforma económica profunda para sacar a la Argentina de la dependencia de sus exportaciones primarias, ha profundizado el modelo extractivista, y en el último tramo se ha colocado bajo la férrea dictadura del FMI.

Ese desgaste y esa incapacidad programática llevaron a que el año 2015 la derecha, representante de la gran burguesía agraria y del gran capital financiero y mediático, ganara las elecciones e hiciera Presidente a Mauricio Macri. Durante ese gobierno, y luego en el suyo de Alberto Fernández, el peronismo ha sido cómplice de la política de sobre endeudamiento y de las medidas de ajuste. La pandemia y la Guerra de Ucrania solo han acelerado su profunda crisis.

La victoria de Massa es el resultado de un conjunto de factores. En primer lugar, explotó el miedo que ha generado el discurso ultraderechista de Javier Milei; utilizó el enorme aparato político partidario del Peronismo, y  los recursos estatales bajo su control; puso a trabajar a los gobernadores de las provincias, verdaderos barones del clientelismo y de la corrupción;  jugó en su favor la división entre la derecha macrista y la ultraderecha;  se benefició del predominio de una agenda de la derecha para combinar, con habilidad y cinismo, su condición de candidato que enfrenta a la derecha y al mismo tiempo y pidiendo disculpas  llevar adelante el ajuste fondomonetarista. Sergio Massa expresó, con total claridad, que era el mal menor frente a Milei y Bullrich, que su programa de ajustes era menos peor que la incertidumbre que significa Javier Milei.

La candidata presidencial de Juntos por el Cambio (JxC), Patricia Bullrich reconoció la derrota en el búnker del partido, y días después pidió el voto para Milei. Foto: Diario 0221

Según Juan Grabois, la figura más importante del ala izquierda del peronismo, el movimiento atraviesa por una profunda desorientación programática; que lo que hoy existe es un “peronismo líquido”, en el sentido que propone Baumman. Que para tener futuro deben primero ganar las elecciones y luego resolver esta situación, lo que augura una futura confrontación entre la derecha y la izquierda peronista, un fenómeno que no es nuevo, y que en los años setenta se expresó a sangre y fuego.

Javier Milei, el Joker trumpista argentino, ha sido víctima de su propio éxito. En este momento, como afirma Víctor Hugo Morales, Javier Milei es el principal enemigo de Javier Milei. Mimado por los grandes poderes mediáticos de la derecha, ensoberbecido por los resultados obtenidos en las primarias, no ha podido salirse de una campaña ideológica y ha chocado contra la realidad. Carente de aparato político propio, este detractor de la “casta política” ha tenido que recurrir a ella para inscribir candidaturas y montar su campaña; fuera de los sets de los medios audiovisuales y de las salas de redacción que han estado a su servicio no tuvo un buen desempeño en los debates presidenciales, que esta vez concitaron la atención de la mayoría de votantes.  Allí, en cuestiones clave fue confrontado con firmeza por Miriam Bregman, candidata del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, quien develó su negacionismo climático y de los crímenes de la dictadura militar, su política contra los derechos de las mujeres y de la población trabajadora, y que no es un León anti casta sino el “gatito mimoso al servicio del poder económico”. Buena parte de argentinos y argentinas pudieron por primera vez mirar a Milei más allá del montaje mediático. 

Sergio Massa llegará con seis puntos de ventaja sobre Milei, 36 a 30, a una segunda vuelta electoral en la que, como ocurre con frecuencia quienes decidirán el resultado final serán los que no votaron por ellos, o no acudieron a votar. La mayor parte de los votos de Bullrich y de Schiaretti se alinearán con Milei, y al peronismo se volcarán los votantes del centro y de la izquierda. Eso plantea un escenario en el que nada está dicho.

Cualquier candidato que gane seguirá con el ajuste. En el peronismo, eso llevará a una inevitable confrontación interna, cuyo resultado para el kichnerismo y el ala izquierda será de vida o de muerte como proyecto político.

Para ganar, Milei deberá correrse hacia el centro y asegurarse los votos de Juntos por el Cambio. Para ello deberá moderar su discurso ultra neoliberal y presentar propuestas concretas y realizables. Sin el apoyo de la casta política, su candidatura puede ser derrotada.

Sergio Massa, corrido cada vez más hacia el centro, enarbola una propuesta de un Gobierno de Unidad Nacional y ha ocultado a los Kirchner debajo de la alfombra.

Cualquier candidato que gane seguirá con el ajuste. En el peronismo, eso llevará a una inevitable confrontación interna, cuyo resultado para el kichnerismo y el ala izquierda será de vida o de muerte como proyecto político.

En caso de que la victoria sea de la ultraderecha, ésta no podrá aplicar inmediatamente el corazón de su programa: la dolarización, y la liquidación del Estado y de los derechos sociales fundamentales. Deberá enfrentarse a una inmensa resistencia social, lo que le hará mucho más dependiente de las fuerzas represivas y del aparato judicial. No podrá gobernar sin la casta política, pues carece de fuerza orgánica militante y de la experiencia indispensable para operar al Estado, para controlar al parlamento y para negociar con los gobernadores de las provincias y la burocracia sindical.

Pero en la historia no existen situaciones sin salida. La crisis argentina solo puede tener una deriva hacia un régimen de derecha, o hacia un cambio democrático y social a profundidad.

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