Back to top
14 de Octubre del 2019
Historias
Lectura: 25 minutos
14 de Octubre del 2019
Fermín Vaca Santacruz
Así festejó el David indígena la derrota de Goliat
0

Foto: El Nuevo Diario

Miles de personas se concentraron en El Arbolito para celebrar el fin del conflicto. 

 

Fuegos artificiales, música, tambores y cánticos marcaron la celebración de los manifestantes indígenas en el Ágora de la Casa de la Cultura y en las Universidades católicas en donde se alojaron. Los dirigentes se encontraron frente a frente con el presidente Lenin Moreno y su Gobierno.

Eran poco antes de las 22:00 del 13 de octubre de 2019 y estalló el júbilo. Los indígenas y mestizos que observaban en el Ágora de la Casa de la Cultura la transmisión en vivo de los diálogos con el gobierno de Lenin Moreno saludaron al unísono lo que consideraron una victoria: la derogatoria del decreto ejecutivo 883, que al suprimir los subsidios estatales elevó el precio de los combustibles. 

Con este decreto, el Gobierno dejó sin efecto el aumento del precio de los combustibles. 

La derogatoria se oficializó por medio del decreto 894, suscrito en Guayaquil, la tarde del 14 de octubre, en la Sede Ejecutiva, en donde se dispuso "dejar sin efecto" el decreto que desató los días de ira y caos. El decreto del presidente Moreno estableció que se prepare una nueva disposición presidencial, que permita "una política de subsidios de combustibles, con un enfoque integral, con criterios de racionalización, focalización y sectorización, que precautele que éstos no se destinen al beneficio de personas de mayores recursos económicos, ni a contrabandistas de combustibles". 

La orden presidencial dispuso que los combustibles vuelven a los precios previos al conflicto. "Los precios en las estaciones de servicio se implementarán desde el día martes 15 de octubre de 2019, a las 00H00". El decreto derogó todas las disposiciones de igual o menor jerarquía que se le opongan, lo que abrió la posibilidad de bajar el precio de los pasajes urbanos e interprovinciales. 

Con ese antecedente, la Agencia Nacional de Tránsito, que con dos resoluciones subió los pasajes pasándose por encima de las competencias de los municipios —tal como había sugerido la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri— anunció que las consideraba derogadas en horas de la noche, con lo que también naufragó el aumento de pasajes que impulsó el gobierno. 

Jolgorio en el Ágora

Miles de personas habían visto la señal en vivo por medio de pantallas gigantes en el interior del Ágora, mientras afuera, a la luz de las hogueras encendidas en el marco de las protestas, se esperaba que se lograra el esperado acuerdo. Cuando el diplomático francés Arnaud Peral, delegado de la ONU en Ecuador, anunció que al final había salido humo blanco en la cita, la multitud estalló en aclamaciones. Se había logrado que el gobierno aceptara derogar el decreto presidencial, y, con ello, se daba por finalizada la protesta. Un ambiente de fiesta popular se desató de manera inmediata. En el interior, desde el escenario del Ágora, quienes tenían el micrófono anunciaron la victoria. Afuera, en cambio, los jóvenes que habían enfrentado a la Policía y al Ejército empezaron a gritar: "sí se pudo". 

Cuando el diplomático francés Arnaud Peral anunció que al final había salido humo blanco en la cita, la multitud estalló en aclamaciones. Se había logrado que el Gobierno aceptara derogar el decreto presidencial, y, con ello, se daba por finalizada la protesta.

Los manifestantes, en su mayoría jóvenes indígenas, lucían una curiosa indumentaria. Con cascos de obreros de la construcción algunos protegían sus cabezas, aunque varios de ellos tenían pinturas ceremoniales con tinta negra en los ojos, como el antifaz de un superhéroe. En la mano derecha, los jóvenes indígenas llevaban escudos confeccionados con tabla tríplex, con los que habían hecho frente al bombardeo de gas lacrimógeno y a los toletes de los policías. "Sí se pudo", insistían, mientras se abrazaban entre ellos y daban saltos de júbilo entorno de las hogueras, brincando sobre los escombros, los restos de palos, llantas quemadas y una espesa capa de ceniza que se había depositado sobre las calles y las veredas, como si en el lugar hubiera estallado —literalmente— un volcán. 

En la mano derecha, los jóvenes indígenas llevaban escudos confeccionados con tabla tríplex, con los que habían hecho frente al bombardeo de gas lacrimógeno y a los toletes de los policías.

Los escudos artesanales los habían hecho también con latas de barriles, adecuados como si fueran un guerrero de la Antigüedad, con latas rectangulares que habían conseguido entre el mobiliario urbano, y hasta con antenas redondas de televisión por cable, que habían obtenido de algún tejado. Los jóvenes parecían, así ataviados, combatientes de tiempos remotos, de aquellas épocas en las que se dependía de la fuerza de los brazos y la velocidad de las piernas.

Otros indígenas, en cambio, lucían los ponchos de color rojo de la Sierra central, los sombreros de color negro, los pantalones de lienzo blanco, mientras que los amazónicos paseaban las largas lanzas de sus ancestros. 

Entre los indígenas que festejaban, empezaron a llegar jóvenes mestizos. Eran en su mayoría estudiantes universitarios, algunos con mandiles blancos, médicos o enfermeros en formación, que saltaban también, abrazados algunos, con el puño en alto, y pedían que se cantara el Himno Nacional. En algunos rincones de la entrada del Ágora y cerca del parque de El Arbolito, varias personas lanzaban cohetes de fiesta andina a los cielos, bengalas que estallaban con estruendo, disipando en el aire chispas de fuego. 

Cuando los jóvenes quiteños empezaron a cantar el Himno Nacional, muchos detuvieron los saltos y se colocaron la mano en el pecho. A todo pulmón, entre la euforia de haber vencido, por primera vez en mucho tiempo, al poder, algunos de ellos repetían emocionados: "Y esa sangre fue germen fecundo/ de otros héroes que, atónito, el mundo/ vio en tu torno a millares surgir".  Las banderas nacionales y de Quito flameaban en varios lugares. Decenas de personas las llevaban en lo alto, blandiendo la bandera tricolor con alegría. A diferencia de otras concentraciones, se usaba poco la huipala, la bandera multicolor andina. El tricolor nacional aparecía omnipresente, agitado por los manifestantes, decorando las camionetas de logística y donaciones, enarbolado en los carros que pasaban y que empezaron a saludar a los manifestantes con toques de pitos. 

A todo pulmón, entre la euforia de haber vencido, por primera vez en mucho tiempo, al poder, algunos de ellos repetían emocionados: "Y esa sangre fue germen fecundo/ de otros héroes que, atónito, el mundo/ vio en tu torno a millares surgir".

Una joven dirigente, desde una tarima, agradecía a las universidades, que los acogieron, a los jóvenes que los apoyaron, a las familias que donaron alimentos, agua, vituallas, ropas, colchones y cobijas. Conforme se extendía la noticia del acuerdo, familias mestizas que viven cerca de la zona de la Casa de la Cultura empezaron a acercarse al festejo, abrazando a los jóvenes indígenas, felicitándoles por su lucha. "Viva el Ecuador", "Viva Quito", "Vivan las nacionalidades indígenas", gritaban a todo pulmón los presentes, mientras en la entrada del Ágora, algunos pequeños indígenas decían: "ganamos, ganamos". 

Un grupo de músicos mestizos, con un saxofón y tambores, también se hizo presente en el sitio, tocando una melodía alegre. El ambiente de fiesta se prolongaba desde la avenida Patria hacia el norte, siguiendo el trazado de la 12 de Octubre, y alcanzaba a las universidades católicas, en donde brigadistas voluntarios, con mandiles, se acercaron a la verja para saludar a los manifestantes. 

Los universitarios, el soporte clave

Karla Arteaga, la líder estudiantil de la Universidad Politécnica Salesiana, se ocupaba de los detalles del gran albergue en que se había transformado ese centro de estudios. La cafetería se había convertido en puesto de salud, el coliseo en un enorme dormitorio, los patios en cocinas y comedores al aire libre. Entre cuatro y cinco mil indígenas se alimentaron y pernoctaron en el campus católico, en donde una estatua de bronce recuerda la figura del cura italiano Don Bosco, santo de la Iglesia, y quien desde Turín creó en el siglo XIX una orden católica que rivaliza con las más antiguas, como los franciscanos, dominicos y jesuitas.

Todo era agitación dentro del Campus El Girón de los salesianos. Las aulas habían sido convertidas en bodegas, los corredores en cocinas, los patios en áreas de camping. La organización estaba a cargo de los jóvenes estudiantes, muchos de ellos involucrados previamente en las obras sociales de la orden, como las misiones que tienen en localidades remotas de Bolívar, en donde los estudiantes van a hacer talleres vacacionales para los niños indígenas.

En la puerta principal del edficio, se recibían donaciones. La guardia privada se aplicaba a fondo para el control de los accesos, mientras que una empresa de limpieza se dedicaba a los baños, los pisos y la recolección de basura.

En el coliseo, mientras los padres protestaban en El Arbolito, los niños eran atendidos en una guardería. Se veían pequeños corriendo tras pelotas, o armando rompecabezas, o cantando canciones. El gran anfiteatro se convertía en las noche en un enorme dormitorio, donde hasta dos mil personas se acomodaron. En la cancha las mujeres y los niños. En las gradas, los hombres. No hubo colchón para todos y algunos durmieron de plano en donde pudieron.

El gran anfiteatro se convertía en las noche en un enorme dormitorio, donde hasta dos mil personas se acomodaron. En la cancha las mujeres y los niños. En las gradas, los hombres. No hubo colchón para todos y algunos durmieron de plano en donde pudieron.

En la cafetería, acondicionada como un puesto de salud, los médicos y enfermeros voluntarios atiendieron golpes, irritaciones por el gas lacrimógeno y heridas menores. Una gran cantidad de medicinas habían sido donadas, y podían verse por varios sitios en el puesto médico. 

En los patios, entre tanto, en grandes hornillas se prepararon sopas, arroz, carne y algún guiso. También se sirvió atún, papas, verde y algunos granos donados. Hubo un centro de acopio de ropa, que recogió donaciones de personas que llegaron en carros a entregar lo que podían. Se veía indígenas que guardaron en bolsas las ropas donadas por los quiteños que se habían acercado a apoyarlos. La única preocupación en el albergue en la Salesiana fue el gas, pues se había tornado escaso para cocinar.

En algunas aulas, se veían jóvenes estudiantes durmiendo. Aunque colaboraban por turnos, quienes vivían más lejos no habían podido volver a sus casas y pasaron varias noches ahí, en dormitorios improvisados, esperando que el paro termine. 

En la vecina Universidad Católica, regentada por los jesuitas, los indígenas se despidieron del rector, Fernando Ponce, con un ritual andino. El sacerdote fue invitado a un ritual de purificación en el patio del coliseo, ante una muestra de frutos del campo. "Hemos asistido a los heridos, alimentado a los hambrientos y cobijado a quienes solicitaron refugio", dijo la Universidad en un comunicado. 


Los albergues se instalaron en las universidades de los jesuitas y los salesianos. 

El rector de la católica fue invitado a un ritual de purificación en el patio del coliseo, ante una muestra de frutos del campo. "Hemos asistido a los heridos, alimentado a los hambrientos y cobijado a quienes solicitaron refugio", dijo la Universidad en un comunicado.

La Pontificia Universidad Católica destacó que en puestos médicos en El Arbolito y en su campus trabajaron 110 profesionales y 110 estudiantes de medicina. El grupo estuvo conformado por médicos, enfermeras, sicológos, nutricionistas, y terapistas físicos, entre profesionales y estudiantes. 

La Universidad precisó que sus fisioterapistas atendieron 352 casos de dolores de diversos tipos, mientras que los médicos registraron 1249 atenciones, de las que 841 fueron hombres y 408 mujeres. Por lo menos 40 casos de niños fueron asistidos por pediatras. La mayoría de las consultas fueron por complicaciones por el gas lacrimógeno. Hubo 51 heridos, dos de los cuales lo fueron por perdigones. 

Los estudiantes de la PUCE acudieron masivamente como voluntarios. Por lo menos 739 de ellos, de los que 413 eran mujeres, se anotaron en diversas tareas en el campus. La atención a los manifestantes fue de 168 horas continuas. 


Donaciones, alimentos, frazadas, sirvieron para la resistencia de los indígenas 

El diálogo final

En algún lugar de los valles de Quito, a donde llegaron varios de los asistentes a bordo de helicópteros del Ejército y la Fuerza Aérea, tuvieron lugar los diálogos que, en principio, destrabaron el conflicto que había estallado el 3 de octubre, cuando el Gobierno de Lenin Moreno, al eliminar los subsidios, provocó la subida de los combustibles y, con ellos, de los pasajes, lo que gatilló movilizaciones de transportistas e indígenas contra el Gobierno. 


El presidente Lenin Moreno sostuvo que no tuvo mala intención con su decreto. 

En operativos militares de transporte, a bordo de los helicópteros que volaban en medio de las humaredas del centro de Quito, fueron llegando los invitados a la cita. Con gran retraso se instaló la mesa de diálogo: el presidente Lenin Moreno había vuelto a la capital, luego de instalar su Presidencia en el edificio del gobierno en el norte de Guayaquil, una antigua sede bancaria en donde se mantuvo a la espera de los sucesos en la Sierra la mayor parte de la crisis. Ningún presidente en ejercicio había abandonado el Palacio de Carondelet desde el siglo XIX por lo menos. 

Lenin Moreno había vuelto a la capital, luego de instalar su Presidencia en el edificio del Gobierno en el norte de Guayaquil, en donde se mantuvo a la espera de los sucesos, la mayor parte de la crisis. Ningún presidente en ejercicio había abandonado el Palacio de carondelet desde el siglo XIX por lo menos.

Llegaron varios de sus ministros, como Richard Martínez de Finanzas; Juan Sebastián Roldán, secretario del Presidente; José Agusto, secretario de la Presidencia; Norman Wray, gobernador de Galápagos, entre otros. Quienes no llegaron fueron dos miembros del Gabinete vetados por los indígenas: María Paula Romo, ministra de Gobierno, y Oswaldo Jarrín, ministro de Defensa.

En la mesa del Gobierno estaban también delegados de otras funciones del Estado, en teoría independientes del Ejecutivo, como Christian Cruz, presidente del Consejo de Participación; Pablo Celi contralor del Estado; Diana Salazar fiscal general; Diana Atamaint, presidenta del Consejo Nacional Electoral, Paúl Granda, presidente del IESS; entre otros.

Enfrente se sentaron los dirigentes indígenas, capitaneados por Jaime Vargas, quien lucía un tocado de plumas y pinturas de guerra, y Leonidas Iza, el joven dirigente de Cotopaxi que ha sido uno de los liderazgos más relevantes de la protesta. Entre los indígenas se había sentado también Pablo Dávalos, un economista de izquierdas que sería clave para desmontar las tesis económicas del Gobierno. 

El diálogo, televisado en directo a todo el país, se convirtió en un duelo verbal entre el Gobierno y los indígenas. El presidente Lenin Moreno no perdió oportunidad para reiterar su tesis de una conspiración correísta, mientras que los indígenas habían ido a hablar claro y conciso.

El diálogo, televisado en directo a todo el país, se convirtió en un duelo verbal entre el gobierno y los indígenas. El presidente Lenin Moreno no perdió oportunidad para reiterar su tesis de una conspiración correísta, mientras que los indígenas habían ido a hablar claro y conciso. Así, Jaime Vargas sostuvo: "El buen Gobierno es el que escucha a su pueblo. La derecha le está administrando el país, presidente", y agregó que "ayer nos dijeron que cerrar vías era terrorismo", mientras recordaba las persecuciones del correísmo contra los indígenas. 


Jaime Vargas capitaneó la delegación indígena en el proceso de paz. 

Moreno replicó: su decreto, del que asumió la total responsabilidad, no tenía la intención de perjudicar a los más pobres, sino a los traficantes de combustibles y a los narcotraficantes. "Los ecuatorianos deben ser un solo concepto de justicia, equidad y cumplimiento de la ley", dijo el presidente. Y luego fue mencionando las medidas que destacó "sin sacarles en cara" había tomado a favor de los indígenas, como devolver el edificio de la Conaie o entregar el edificio Unasur como sede para una universidad. El presidente se mostró resuelto: "no dejaré que ese dinero se lo lleven los ricos, los narcotráficantes. Veamos cómo ese dinero va a los más pobres". "Que los recursos vayan en proyectos para el campo. El decreto estaba destinado a mejorar las condiciones del país", explicó. 

El presidente se mostró resuelto: "no dejaré que ese dinero se lo lleven los ricos, los narcotráficantes. Veamos cómo ese dinero va a los más pobres". "Que los recursos vayan en proyectos para el campo. El decreto estaba destinado a mejorar las condiciones del país".

El duelo verbal entre el presidente de la República y el de la Conaie empezó a subir de tono: "se han violado derechos humanos, pedimos una auditoría de los costos de la Ley de Fomento Productivo. La Corte Constitucional debe ejercer control. Se deben transparentar los acuerdos con el FMI", reclamó Jaime Vargas, e insistió en que "sí en verdad queremos paz social pedimos la separación de los ministros de Defensa (Oswaldo Jarrín) y Gobierno (María Paula Romo)" .

Jaime Vargas pasó a la ofensiva: "hay ministros vagos que no tienen voluntad política y no hacen nada por la patria" y remarcó: "Los ministros no contestan los celulares", al tiempo que pedía la salida de María Paula Romo de Gobierno y Oswaldo Jarrín de Defensa. 

Vargas pasó a la ofensiva: "hay ministros vagos que no tienen voluntad política y no hacen nada por la patria", dijo, y para darle fuerza a su afirmación agregó: "en dos años no hemos avanzado ni un milímetro sobre (el edificio) Unasur". "Los ministros no contestan los celulares", sostuvo. "No vinimos a conformar comisiones. El pedido es derogar el decreto 883", afirmó.


La mesa de diálogo se instaló en un sitio secreto por temor a movilizaciones. 

Luego llegó el turno de Leonidas Iza, el dirigente "revelación" de las protestas. Él, hijo de otro dirigente del mismo nombre que fue dirigente de la Conaie en ellevantamiento contra Mahuad, fue uno de los más duros sostenes de la manifestación. "Bajar la violencia es responsabilidad del presidente. No creo que Correa pueda mover tanta gente. Es irresponsable tapar la realidad", dijo, al minimizar la tesis oficial de que la conspiración correísta era responsable de lo ocurrido. Iza agregó que subir el combustible ha sido "un acto violento" y que se miente al decir que está en peligro la dolarización. Destaca que hay 54 mil millones de dólares en la economía y que en lo de los subsidios están en juego solo 1400. 

Leonidas Iza: "Bajar la violencia es responsabilidad del presidente. No creo que Correa pueda mover tanta gente. Es irresponsable tapar la realidad", dijo, al minimizar la tesis oficial de que la conspiración correísta era responsable de lo ocurrido.

La pelota estaba en la cancha del ministro de Finanzas, Richard Martínez. Antiguo dirigente del empresariado, Martínez tomó el micrófono para explicar, en los términos más sencillos posibles, las motivaciones macroeconómicas de las medidas. "Si el decreto se deroga se beneficia a los contrabandistas. Buscamos un punto de encuentro. No puedo aceptar un subsidio de la gasolina extra para quienes conducen en la ciudad", explicó, y agregó que "los contrabandistas se están llevando el dinero de los ecuatorianos. Se sacrifican dólares que desangran a nuestra economía".

Con un ejemplo de economía doméstica, Martínez dijo en pocas palabras que el país no podía seguir viviendo como una persona que fía en la tienda por costumbre. "El Ecuador ha entrado a una zona de insostenibilidad fiscal. Tenemos un déficit fiscal crónico. En 2017 fueron 6500 millones de dólares. Buscamos que el país se endeude menos".
Jaime Vargas pidió la renuncia de la ministra María Paula Romo y del ministro Oswaldo Jarrín. 

"El Ecuador ha entrado a una zona de insostenibilidad fiscal. Tenemos un déficit fiscal crónico. En 2017 fueron 6500 millones de dólares. Buscamos que el país se endeude menos", defendió la medida el ministro de Finanzas, Richard Martínez. 

Y luego vino el receso. Se esperaba que fueran 15 minutos, pero se prolongó por horas. Mientras tanto, este portal consultó a sus seguidores sobre la mejor intervención del debate. En un total de 5121 votos ganó, con un 47% Leonidas Iza, seguido con un 36% por el ministro Richard Martínez. En los últimos lugares quedaron Jaime Vargas con el 10% y el presidente Lenin Moreno con el 7%. 

Los manifestantes indígenas abandonaron la ciudad desde la madrugada del 14 de octubre, cuando con el lanzamiento de varios cohetes en la Universidad Salesiana se dio inicio al retorno a los páramos y las selvas. Los indígenas se embarcaron en buses y taxis quiteños, que los llevaron hacia las salidas de la ciudad y también se subieron en sus camiones y camionetas. Muchos llevaban grandes bolsas con las donaciones de ropa y otros objetos que habían recibido.

Acomodados en un taxi, varios amazónicos sacaban las lanzas por las ventanas para poder viajar. Como David con su honda, habían vencido a Goliat.

 

[RELA CIONA DAS]

Un debate simbólico cargado de prejuicios
Juan Cuvi
El ventrilocuismo ideológico
Patricio Moncayo
¿Olvidarnos del levantamiento?
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Respaldar a los indígenas, en broma: réplica al artículo de Andrés Ortiz
Alexis Oviedo
Octubre: entre la ciudad asaltada, la ciudad patrimonio y la ciudad festiva
Gabriela Eljuri Jaramillo
GALERÍA
Así festejó el David indígena la derrota de Goliat
 

[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

El polémico sermón del padre rector de la PUCE
Las propuestas económicas del Gobierno, a fojas cero
Redacción Plan V
La noche en que la fiscal general no pudo dormir
Diego Vallejo hace una nueva denuncia contra José Serrano

[MÁS LEÍ DAS]

Militares envían una carta a Lenín Moreno
Éxtasis y agonía del ciclo político: Bolivia y las democracias en América Latina
Adrian Bonilla
El Ecuador minero y su deuda con la transparencia
Redacción Plan V
Anticorrupción: EE.UU. hace lo que Ecuador no quiso hacer