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3 de Diciembre del 2014
Historias
Lectura: 13 minutos
3 de Diciembre del 2014
Redacción Plan V
Cargamontón a los Yasunidos

Fotos: Cortesía Yasunidos

En varias ocasiones, agentes de tránsito locales del Guayas y policías nacionales interceptaron el bus de los ecologistas y sometieron a requisas a los ocupantes. 

 

Patrullas de la Policía retuvieron el bus cerca de Balzar, en Guayas, alegando irregularidades en la documentación del vehículo mexicano. 

 

El Servicio de Vigilancia Aduanera, con fusiles de asalto, retuvo el vehículo en Guayaquil por no tener la documentación en regla, a pesar de que ingresó desde Colombia por  Rumichaca.

 

Un bus con una veintena de ecologistas extranjeros y algunos ecuatorianos, que había pasado sin problemas por diez países, desde México, fue acosado por agentes de tránsito provinciales, policías nacionales y efectivos aduaneros. Sus ocupantes -jóvenes de 23 años como promedio- fueron requisados, empujados, retenidos sin orden judicial y finalmente abandonados en la vía a Machala. El maltrato a los Yasunidos y sus colegas fue noticia mundial. Ellos quieren llegar a la Cumbre Climática en Lima. ¿El Gobierno de Rafael Correa quiere impedirlo?

La Caravana Climática, a bordo de un bus escolar modificado para funcionar con ecodiésel, había recorrido sin problema diez países de América Latina, desde México, antes de ingresar al Ecuador. En el bus, pintado con dibujos alusivos a la naturaleza, de alegres colores, viajaban desde hace ocho meses, unos seis jóvenes al principio y en el recorrido por el continente han recogido una veintena más, hombres y mujeres con una edad de entre 20 y 25 años.

Pero el bus, una desvencijado Ford de los años 90, con adaptaciones amigables con el ambiente -que además tenía los permisos de circulación en regla, por lo cual pudo cruzar la frontera con Colombia e internarse en el Ecuador sin novedad-  llegó al territorio de la Revolución ciudadana.

El cacharro verde recogió más pasajeros en Quito, y algunos activistas de los Yasunidos fueron invitados a sumarse al periplo hasta Lima, para participar en la Cumbre Alternativa a la Cumbre sobre el Cambio Climático (COP20), que se desarrolla en la capital peruana. Una aventura con conciencia ecológica, donde los delegados de los jóvenes ambientalistas darían su testimonio ante sus pares del mundo. 

Cuando estuvieron en Balzar, Provincia del Guayas, cerca de su primer destino, varios patrulleros de la Policía Nacional obligaron al bus y a sus pasajeros a orillarse. Fueron obligados a seguirlos hasta el cuartel de policía de Balzar, sin explicación alguna, salvo que era un operativo de rutina.

Pero hasta ahora no lo han podido hacer. Con cuatro operativos, igual número de agencias del Estado ecuatoriano se turnaron, desde el lunes al mediodía, para detener el libre tránsito de estos jóvenes: la Policía Nacional, Comisión de Tránsito del Ecuador (la policía provincial de carreteras con jurisdicción en Guayas, Los Ríos y Santa Elena) el Servicio de Vigilancia Aduanera (un cuerpo armado de lucha contra el contrabando) y hasta agentes de Inteligencia del Estado.

En un poco más de 24 horas, agentes de estas entidades, algunos de ellos con fusiles de asalto, se encargaron de retener el colorido vehículo, requisar a los pasajeros, hacer varios controles migratorios a los extranjeros, revisar el estado mecánico del bus, y finalmente retenerlo en los patios de la Aduana del Ecuador en Guayaquil, en donde aún se encuentra. Los pretextos, según relataron los ecologistas,  fueron disímiles. Entre los supuestos argumentos "legales"  esgrimidos por las fuerzas del orden estuvo el bus debía ser retenido e incautado porque era particular y estaba lucrando con su actividad al transportar a los activistas…

El bus salió de Quito al mediodía del lunes 1 de diciembre, hacia Guayaquil, por la vía Calacalí-Los Bancos que llega a Santo Domingo de los Tsáchilas por el norte de la capital. Cerca de esa misma población tuvieron un desperfecto mecánico que demoró su trajinar. Lograron, sin embargo, internarse en la Costa. Cuando estuvieron en Balzar, Provincia del Guayas, cerca de su primer destino, varios patrulleros de la Policía Nacional obligaron al bus y a sus pasajeros a orillarse. Fueron obligados a seguirlos hasta el cuartel de policía de Balzar, sin explicación alguna, salvo que era un operativo de rutina y previa una minuciosa requisa del bus, las pertenencias de los chicos y chicas, los documentos del vehículo, del chofer, los pasaportes… Como estaba todo en orden, finalmente fueron liberados de su retención y llegaron a Guayaquil a las 05:00 del martes 2 de diciembre.

Los integrantes de la Caravana tenían planeado dar una rueda de prensa al mediodía de ese martes, en la céntrica plaza de San Francisco. Una conferencia de prensa pública y anunciada con antelación. Pero el bus y sus pasajeros fueron retenidos, nuevamente, por patrulleros de la Policía Nacional, a la altura del Malecón. Otra vez la requisa a los cuerpos y a las pertenencias, el control migratorio, etc. Lo cual demoró su arribo a la plaza, para la rueda de prensa, que finalmente se dio sin contratiempos.

Luego de este acto, a las 14:00 de ese martes el bus salió hacia Cuenca, donde se esperaba recoger más personas para luego viajar al Perú. A la salida de Durán, patrullas de la Comisión de Tránsito del Ecuador, que es una policía provincial de carreteras con jurisdicción en la zona, hicieron la tercera retención del bus. Los agentes de tránsito se dedicaron a hacer un nuevo control migratorio, algo que, alegaron los viajeros, no está entre sus atribuciones. Al escuchar el reclamo de los muchachos, dijeron que eran "órdenes superiores". Los agentes tomaron fotos de todos los documentos, del bus, de los pasajeros… Ese mismo día apareció en la cuenta de Twitter del ministro del Interior, José Serrano, la foto de la licencia del conductor del bus, un joven estadounidense.

Según los pasajeros, los agentes de tránsito guayacenses fueron agresivos. Los chicos y chicas resolvieron resistir y no bajarse del bus, cuando los agentes dijeron que lo iban a llevar a los patios de la institución en Guayaquil para una nueva inspección. Como los amenazaron con llevarse el bus con una grúa y sin saber el destino de sus pertenencias, resolvieron cooperar. 

Cuando esperaban volver a ver el Puerto Principal, los pasajeros se dieron cuenta que estaban siendo conducidos a otra parte, porque pasaron por una ruta que nadie conocía, por pueblos que cada vez más rurales. Nadie explicaba nada, y cuando ya era aproximadamente las 19:00 supieron que habían llegado a Naranjal, en el camino a Machala, al sur de Guayaquil, en donde se encuentran las instalaciones de la Comisión, y muy lejos de la ruta a Cuenca que era su próximo destino. Luego fueron retenidos contra su voluntad, sin orden de arresto alguna, en un paraje de la carretera entre Balao y Camilo Ponce Enríquez.

La zona estaba completamente a obscuras, los chicos se dieron cuenta que la luz del sector había sido apagada.  Entonces aparecieron unos cinco o seis agentes del Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA), con uniformes militares, cascos y fusiles de asalto. Entre los jóvenes cundió el temor, pero se tranquilizaron entre ellos. Los agentes armados, especialistas en luchar contra contrabandistas, anunciaron que el bus sería retenido para una inspección aduanera y trasladado a Guayaquil. Como los ocupantes se negaron a bajarse del vehículo fueron desalojados a empujones. No sin antes haber pasado de nuevo por la consabida requisa de papeles, pertenencias, pasaportes…

Siendo de noche, en ese lugar abandonado y prácticamente en un estado de retención ilegal (“secuestrados”, dirían ellos), empezaron a llamar a abogados, familiares y quien pudiera ayudarlos. El bus vacío fue llevado hasta Guayaquil.

Siendo de noche, en ese lugar abandonado y prácticamente en un estado de retención ilegal (“secuestrados”, dirían ellos), empezaron a llamar a abogados, familiares y quien pudiera ayudarlos. El bus vacío fue llevado hasta Guayaquil, según se les dijo, aunque algunos viajeros se subieron en el vehículo para intentar evitar que alguien se le ocurra "colocar alguna sustancia para incriminarlos". Los propios agentes se ofrecieron a llevarlos hasta Naranjal o Guayaquil, pero la mayoría se negó, por temor a lo que consideraban podía ser un nuevo engaño y sin garantía alguna para su seguridad personal.

Sus peores temores empezaron a aparecer en esa oscuridad, a la espera de una buseta que lograron contactar para que el grupo que quedó abandonado, a las 02:00 del miércoles 3 de diciembre, en mitad de la autopista a Machala, pudiera retomar su camino hasta Cuenca. No había señal telefónica, no tenían ni comida ni agua. 

Finalmente llegó la buseta y se embarcaron hacia Cuenca. Pero a la altura de El Cajas, en el límite entre las provincias de Guayas y Azuay, en un nuevo control de la Comisión de Tránsito de la provincia del Guayas fueron otra retenidos. Los agentes volvieron a requerirles cédulas de identidad a los ecuatorianos y pasaportesa los extranjeros. Tras hacer más llamadas, lograron sortear el páramo y llegar a Cuenca a las 05:00. En medio del frío de la ciudad andina, buscaron dónde hospedarse para tratar de dormir un poco, hasta la hora del almuerzo, cuando Mateo Martínez, el cronista de la delegación, un estudiante ecuatoriano de doctorado en la Universidad Autónoma de México (UNAM), contestó la llamada de Plan V.

"Estamos almorzando", dijo, mientras al fondo se escuchaban las risas y gritos de los chicos y chicas. Él pasa por ser uno de los mayores de la delegación y sus tareas también incluyen, además de las generales de logística, cuidar de la integridad y seguridad de los jóvenes. Él cuenta que además de las retenciones “ilegales”, se dieron cuenta que un buen tramo de la carretera los había seguido un Hyundai blanco cuatro por cuatro, sin placas, que se colocaba detrás del bus en la carretera y a veces adelante. Cuando en un momento uno de los muchachos se bajó para hacerles fotos con su celular, los ocupantes del vehículo que los seguía pusieron reversa y a toda velocidad huyeron. Los activistas creen que los ocupantes del misterioso Hyundai podrían ser agentes de Inteligencia del Estado. 

Martínez tiene una hipótesis sobre lo que él llama "acoso policial": el miedo. Miedo del Gobierno a que los Yasunidos y los otros miembros de la Caravana Climática puedan contradecir la versión oficial del Gobierno ecuatoriano y dar su versión en un foro internacional sobre lo que está pasando en el Yasuní, en las concesiones mineras y en las fuentes de agua. Ellos tienen indicios de que el presidente Correa tendría previsto asistir a la Cumbre Alternativa, que se da de forma paralela a la Cumbre oficial, donde se juntan miles de activistas para denunciar a los propios gobiernos.

El trato de los agentes del Gobierno ecuatoriano a los pasajeros de la Caravana Climática ya es noticia, y escándalo, mundial, según los activistas. Además de las notas en las agencias internacionales, los hechos fueron denunciados por la poderosa cadena mediática de la izquierda estadounidense Democracy Now.

"Nunca había visto algo así”, dice Martínez: “estas retenciones, maltrato, abusos de autoridad, bajo cualquier cínico pretexto de las autoridades que hablan de proteger la seguridad de la caravana”. Él cree que el objetivo del Gobierno ecuatoriano es que los casi 20 chicos y chicas, que se han convertido en una “amenaza” para la seguridad del Gobierno de Rafael Correa, no lleguen a Lima. Pero en su reunión en Cuenca, luego de estas peripecias, aún con los abogados peleando contra la retención del bus de la Caravana Climática, que “insisto, ha pasado por todos los países sin problema alguno”, dijo Martínez, tomaron la decisión de llegar a Lima, sea como sea.

El bus se quedó en Guayaquil como trofeo del Gobierno, pero ellos y sus conciencias siguieron su viaje por tierra hacia el Perú. 

 

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