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11 de Enero del 2015
Historias
Lectura: 13 minutos
11 de Enero del 2015
Redacción Plan V
¿Cómo reaccionó el Ecuador al crimen en Charlie Hebdo?

Charlie Hebdo es una revista satirica parisina , que usa la caricatura como principal vehículo de expresión.

 

Desde la retórica cuasi eclesial del comunicado del Gobierno hasta un apasionado pronunciamiento de caricaturistas y periodistas nacionales, el Ecuador vio con sorpresa y espanto el crimen en el semanario satírico francés. Mientras el secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, en criterio de Roberto Aguilar, no entendió lo que pasaba y el funcionario defendió su derecho a conmoverse, al caricaturista Bonil las omisiones del Gobierno no le sorprenden.

Es una corta fábula del español Tomás de Iriarte. Dos conejos huyen de perros de caza. Pero se detienen en la discusión inoficiosa sobre qué tipo de canes les persiguen:

"Sí", replica el otro ,"por allí los veo, pero no son galgos".

"¿Pues qué son?"

"Podencos."

"¿Qué? ¿podencos dices?Sí, como mi abuelo. Galgos y muy galgos; bien vistos los tengo."

"Son podencos, vaya, que no entiendes de eso."

"Son galgos, te digo."

"Digo que podencos."

En esta disputa llegando los perros,
pillan descuidados a los dos conejos.
Los que por cuestiones de poco momento
dejan lo que importa, llévense este ejemplo.

Descargue el PDF  de la edición especial, el primer número luego del ataque criminal aquí.

La deriva que tomó, en medios políticos y culturales el balance de la tragedia ocurrida en las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo, donde dos atacantes islámicos asesinaron a sangre fría a 12 personas, y los sucesos posteriores, cuando las fuerzas de asalto francesas dieron caza a los terroristas parece enfrascarse en la disputa de los dos conejos sobre galgos o podencos. ¿Fue Charlie Hebdo demasiado lejos? ¿Cuál es la frontera entre libertad de prensa y libertinaje, cuál entre sátira política e injuria y blasfemia? 

En el Ecuador, esta nueva disputa sobre si eran galgos o podencos parece ocultar el tema de fondo: el atentado a la libertad de expresión, a los valores republicanos y al laicismo de la sociedad abierta y secular. 

Las posturas, en el ambiente polarizado de nuestro país, estuvieron bastante claras.

El Gobierno correísta, con su retórica a caballo entre el discurso eclesial, la visión conservadora de la ley y el casi nulo entusiasmo por los valores occidentales, emitió un comunicado por medio de la Cancillería, que es una condena cuasi apostólica a la violencia, pero en la que no se mencionan ni la libertad de expresión como concepto, ni el hecho de que el atentado criminal fue cometido contra periodistas y caricaturistas.

Así, el Gobierno dijo que "el atentar contra la vida de cualquier persona es violatorio de los derechos humanos" y mostró su aspiración de "se identifiquen y capturen a los culpables de tan lamentable hecho para su correspondiente juzgamiento". Así mismo, el comunicado se refirió a "los trabajadores del semanario Charlie Hebdo", sin mencionar su condición de periodistas.

El violento fin de los asesinos, que se negaron a entregarse a la Policía y fiscales de Francia para el "correspondiente juzgamiento" echó al traste con los buenos deseos del Gobierno sobre el debido proceso.

Desde la otra orilla, un grupo de caricaturistas y periodistas, al que se sumaron algunos intelectuales y políticos de oposición, publicó un remitido de prensa, en donde la situación actual de la libertad de expresión en el Ecuador se evidencia en cada línea:

"Se ha pretendido asesinar a la libertad y a la necesidad humana de disentir, al derecho de blasfemar, de criticar los abusos del poder en sus diversas manifestaciones, de reír a costa de la vanidad de los gobernantes, de oponerse al autoritarismo, de rechazar la autocracia; se ha intentado impedir el pensar y el hablar en contra del totalitarismo, aun en sus manifestaciones encubiertas con hueca palabrería populista".

"Si Charlie Hebdo se publicara en el Ecuador, Alvarado lo empapelaría cada semana con interminables cartas de protesta, Carlos Ochoa le abriría siete nuevos procesos por cada edición y Rafael Correa no se cansaría de romperlo furiosamente ante las cámaras sábado tras sábado". Roberto Aguilar

La cereza en el pastel la puso el secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, quien en su perfil de Twitter, que ha usado en varias ocasiones para descalificar a caricaturistas y periodistas locales, colocó la imagen del Je suis Charlie lo que provocó la crítica del periodista Roberto Aguilar: "El punto es que Alvarado no tiene la menor idea, lo cual no es ninguna novedad. Si Charlie Hebdo se publicara en el Ecuador, él lo empapelaría cada semana con interminables cartas de protesta, Carlos Ochoa le abriría siete nuevos procesos por cada edición y Rafael Correa no se cansaría de romperlo furiosamente ante las cámaras sábado tras sábado".

Agrega Aguilar: "Imaginen una caricatura de tapa, trazada con el más grotesco de los estilos gráficos, en la que aparezca un horripilante Rafael Correa practicando sexo anal con Mónica Hernández mientras el arzobispo Antonio Arregui se masturba y Alexis Mera les lee el catecismo. Eso haría Charlie Hebdo. De ahí para arriba (o para abajo, según se mire). ¿Qué diría Fernando Alvarado? ¿Je suis Charlie?".

Fernando Alvarado replicó, por medio de su blog, en estos términos:

"Por favor, está bien que Bonil y Roque sean caricaturistas, pero el hecho de pedir rectificaciones ante ciertas publicaciones realizadas por ellos -en uso legítimo de facultades, como la réplica mediante una carta, o la Ley de Comunicación-, no tiene nada que ver con mi solidaridad, rechazo e indignación frente a lo sucedido al semanario Charlie Hebdo. ¿A quién se le puede ocurrir que como envié una carta replicando la caricatura de Roque, la semana pasada, entonces estoy de acuerdo con que se asesinen caricaturistas y por lo tanto -mínimo- debo quedarme callado?". 

"¿A quién se le puede ocurrir que como envié una carta replicando la caricatura de Roque, la semana pasada, entonces estoy de acuerdo con que se asesinen caricaturistas y por lo tanto -mínimo- debo quedarme callado?" Fernando Alvarado

El secretario de Comunicación agregó que "con muy mala fe, han mezclado cosas fundamentales, defensa de la vida humana con la casuística doméstica. Los casos de Bonil, Roque, etc., son otra cosa, otro debate. A pesar de su oposición u odio al Gobierno Nacional y a sus miembros, no es posible que mis detractores desvíen el tema y se pongan a revisar u opinar si las caricaturas eran sobre la infidelidad de un presidente o si eran pornográficas. Mantendré mi derecho a expresarme a favor o en contra de lo que crea y sienta, teniendo claro que a algunos no les puede gustar. Finalizo, reiterando mi solidaridad total con las víctimas del atentado y anhelo que este tristísimo acto no se repita nunca, en ninguna latitud, que se castigue a los culpables y que les caiga todo el peso de la Ley".

A contrapelo de las tendencias mundiales y de las declaraciones de los líderes de las principales potencias, el vicepresidente Jorge Glas, en ejercicio del poder mientras el presidente Rafael Correa retornaba al país desde la China en el Falcon presidencial, no mencionó ni una sola palabra del caso en su "Enlace ciudadano" transmitido este sábado 10 de diciembre desde Colta, Chimborazo. 

TESTIMONIO

Xavier "Bonil" Bonilla:
"Es inadmisible no mencionar que
eran periodistas y librepensadores"

Me impactó mucho lo que ocurrió en París. Conozco esa revista y algunos de sus dibujantes. Mi primera reacción fue saber si habían fallecido algunos de los caricaturistas a quienes pude conocer personalmente hace cuatro años en un evento en Bogotá. El hecho en sí mismo me conmovió e indigna, al saber que se trataba de colegas con quienes había tenido cercanía. Tengo una gran indignación por lo ocurrido, por este atentado contra periodistas y caricaturistas.

Yo pude conocer aquí en Ecuador a Wollinski en 1993, en el marco de un concurso de caricatura, y lo entrevisté. Tenía una gran fascinación por su trabajo, que pude ver en varias publicaciones mientras crecía. En Bogotá conocí a Tignous, un hombre que hablaba sin tapujos. Pienso que los caricaturistas son gente buena, que no quiere hacer daño, esta gente solo quería ejercer su derecho a expresarse sin correr peligro.

La revista siempre fue de un humor irreverente, por confesión propia, ellos se proponían desacralizar y "ofender", como una manera de sacudir conciencias o de patear tabúes. Por ello recurrían a la temática sexual que es un tabú muy fuerte al igual que la religión.

La revista siempre fue de un humor irreverente, por confesión propia, ellos se proponían desacralizar y "ofender", como una manera de sacudir conciencias o de patear tabúes. Por ello recurrían a la temática sexual que es un tabú muy fuerte al igual que la religión.

Pero no era solo atraer escándalo, sino que creían que había mucha hipocresía, y la presencia de fundamentalismos religiosos no solo islámicos, sino también católicos. Era un estilo de gran desparpajo e irreverencia, pero eso no justifica el asesinato a estos dibujantes.

Se entiende en un país como Francia, con una gran tradición cultural, en donde nació la caricatura con el fin de criticar y burlarse de los reyes y emperadores. Esa caricatura proviene de esa tradición de una cierta virulencia. Francia es un país con un nivel cultural más desarrollado, la gente consume más cultura, hay un público importante. Es posible que muchos franceses no hayan leído Charlie Hebdo, pero cierran filas en torno al derecho a la vida y la libertad de expresión.

Ese estilo tan crudo en Ecuador sería imposible, pero debemos reclamar el derecho a la libertad de expresar, a cuestionar a la Iglesia en un Estado laico. Charlie Hebdo decía que estaba dispuesto a defenderse en los tribunales, porque Francia sí es un Estado laico sin influencias religiosas. Acá eso sería impensable, ciertos temas no pueden ser tratados, pero debemos defender el derecho a la burla. En nuestro medio el oficialismo se ha encargado de posicionar una guerra semántica, ahora resulta que una caricatura es una mentira, cosa que repiten a coro los adláteres del Gobierno. El humor es una ficción, una creación de algo que no ha sucedido. El periodismo debe ser veraz, pero el arte y el humor debe tener verosimilitud. En esta guerra semántica resulta que han convertido toda crítica en una injuria. Pienso que el límite está en no acusar falsamente de un delito, en no matar. Pero hasta ahora, ninguna caricatura ha matado a nadie.

¿Quién determina qué es libertinaje? Quienes les acusaban de pasarse de la raya dan a entender que se merecían lo que les ocurrió. Pero pregunto ¿a quién se le va la mano, a los caricaturistas irreverentes o a aquellos que han apretado el gatillo para matar? El debate está cargado de subjetividades, nos podemos pasar discutiendo años, pero creo que no habrá discusión en el respeto a la vida. Sobre el comunicado de la Cancillería, no me extraña que hayan esas omisiones.

Aquí lo que hubo es el asesinato a los caricaturistas a los que se les eliminó su derecho a expresarse, que fueron asesinados por expresarse libremente, si esto no está mencionado en un comunicado se está omitiendo algo sustancial. Pero no me extrañar esas omisiones del Gobierno, es una costumbre ocultar aspectos de la realidad: aquí lo que pasó es que se mató a periodistas y liberpensadores, no mencionar eso es inadmisible. 

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