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4 de Diciembre del 2017
Historias
Lectura: 14 minutos
4 de Diciembre del 2017
Redacción Plan V
Correa: ¿el otoño del patriarca?

Foto: Expreso

En Esmeraldas, Rafael Correa llamó a sus partidarios a hacer campaña por el NO en la consulta popular e insistió en denunciar lo que cree es un "golpe de Estado" de Lenin Moreno. 

 

La visita del ex presidente al Ecuador evidenció que todo el desgaste acumulado por Alianza PAÍS en el ejercicio del poder parece habérsele venido encima de golpe. Mientras sus críticos destacaron su escaso apoyo y la virtual evaporación de su clientela política, el morenismo dio un golpe de mano y obtuvo el control del Consejo Nacional Electoral, lo que le permitió, mediante decreto, convocar a la consulta popular, que estaba empantanada en la Corte Constitucional.

Llegó en la noche, en un jet privado, al aeropuerto de Guayaquil. El retorno al país del ex presidente Rafael Correa, el 24 de noviembre, se produjo a pesar de que en los mentideros de internet se decía, hasta último momento, que no volvería al Ecuador. 

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Pero el retorno de Correa puso en evidencia que buena parte de la clientela política de Alianza PAÍS -que, en opinión de algunos, no hizo sino nutrirse de esos apoyos flotantes tan comunes en nuestra política- parece haberse evaporado luego del 24 de mayo. Mientras políticos como Abdalá y Dalo Bucaram fueron a un forcejeo en el Aeropuerto de Guayaquil, que concluyó con choques con la policía antimotines, Correa salía por otra puerta luego de venir desde Bogotá en un avión rentado. 

Pero el retorno de Correa puso en evidencia que buena parte de la clientela política de Alianza PAÍS -que, en opinión de algunos, no hizo sino nutrirse de esos apoyos flotantes tan comunes en nuestra política- parece haberse evaporado luego del 24 de mayo.

La aeronave, que sirve en una empresa de charters del país vecino, fue objeto del escrutinio de quienes especularon sobre el costo del viaje. Entre USD 30 mil y USD 100 mil se estimó el vuelo del ex presidente, en el jet de una empresa que políticos colombianos y ex guerrilleros usan con frecuencia.

Mientras Correa llegaba a otro hangar, correístas y anticorreístas forcejeaban en la terminal internacional del aeropuerto José Joaquín de Olmedo. Más allá del bochinche ante las cámaras, el arribo de Correa pareció desnudar el esqueleto anémico de Alianza PAÍS, unas estructura política que creció -y ahora al parecer se está extinguiendo- gracias a su control del Estado y sus recursos. 

Aunque algunos periodistas propusieron "no cubrir" las actividades del ex presidente, al final se impuso la objetividad periodística y Correa, antes adversario de los medios de comunicación, no perdió oportunidad de exponerse al "free media" en cuanta entrevista pudo conseguir en medios internacionales, nacionales y locales. 

Así, habló con CNN en Español, con radios como FM Mundo, y con medios del interior del país. En las entrevistas se mantuvo esquivo a responder preguntas incómodas, mientras en esta ocasión el aparato de propaganda del Estado le dió la espalda. En Manabí reclamó públicamente porque el canal Oromar no le dio una hora de entrevista y no aceptó los 14 minutos que el medio otorga. 


Rafael Correa estuvo en la sede de Alianza PAÍS en Guayaquil. Foto: Expreso

Tras su arribo a Guayaquil, protegido por el Servicio de Seguridad Presidencial y la Policía, como había anticipado el ministro del Interior, César Navas, para decepción de los más radicales de ambos bandos, que esperaban que se le quite totalmente la custodia por parte de la fuerza pública, Correa tuvo algunas actividades en la capital del Guayas y en Durán.

Se trasladó a continuación a Cuenca, en donde estuvo en una concentración en la Plaza El Rollo, que, para sus críticos, fue más bien periférica se si compara, al menos, con los mejores tiempos de la conquista del poder por parte del movimiento verde flex. 

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A su llegada a la capital, también entre grupos reducidos de personas, el ex presidente se reunió en la sede de PAÍS en la avenida de Los Shyris con sus seguidores más fieles: Ricardo Patiño, Gabriela Rivadeneira, Virgilio Hernández, entre otros. Correa se trasladó luego a una concentración en el sur de Quito. También estuvo en Ibarra y Portoviejo, en donde enfrentó nuevos actos de repudio. Se lo vio acompañado de guardaespaldas privados, que se mantenían cerca de él en todo momento. Versiones sin confirmar de redes sociales denunciaban que se trataba de extranjeros. 

Pero el evento cumbre de su visita fue la convención que la facción de Alianza PAÍS que lo apoya había convocado en Esmeraldas. En una hostería en las afueras de la ciudad, los militantes de Rafael Correa se reunieron para expulsar del movimiento al presidente Lenin Moreno. Según se conoció, hubo poco más de 1400 delegados en el evento.  Correa, en esta ocasión, denunció que se pretendía quitarle el control de su movimiento, por lo que no descartaba la posibilidad de crear uno nuevo. Y anunció hasta el nombre: Movimiento Revolución Ciudadana. 

Moreno adelanta la consulta y asegura al CNE 

Mientras el ex presidente estaba en el país, el Gobierno de Lenin Moreno movió sus fichas. Y ante la demora de la Corte Constitucional en el plazo de 20 días que tendría para analizar la constitucionalidad de las preguntas de la consulta popular, procedió a convocarla mediante decreto ejecutivo. La receta la tomó de una consulta sobre la situación del cantón de La Concordia, que el propio Correa convocó por decreto utilizando la misma base legal. 

Al mismo tiempo, otro hombre clave en el control político del Estado correísta, el ex presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, renunció a su cargo, que fue ocupado por Nubia Villacís. Aunque el resto de vocales del CNE se quedan, pero en funciones prorrogadas, Villacís, sin demora, convocó a la consulta para el 4 de febrero de 2018. De esta forma, el país entró en un proceso electoral, y, como ya ocurrió en 2007, cuando el Tribunal Supremo Electoral destituyó a 57 diputados, Villacís ha recordado que "nada ni nadie" puede intervenir con la realización de la consulta. 

La jugada del ajedrez político de las últimas horas del día martes 28 de noviembre desató el nudo que se había formado en la Corte Constitucional sobre la aprobación o no de cada una de las siete preguntas de la consulta popular y referendum planteado por el presidente Lenín Moreno.

En una jugada de último minuto, el Gobierno cambió el timón del barco, cuya proa estaba en la Corte, y lo pasó al Consejo Nacional Electoral, (CNE). El hecho es que el Gobierno y sus operadores políticos detectaron que algunos de los nueve jueces del alto organismo estaban "dudando" de aprobar sobre todo las preguntas dos y tres, las cuales consultan sobre el fin de la reelección indefinida y la reestructuración provisional del Consejo de Participación Ciudadana.

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Estas dos preguntas son las claves, según los observadores políticos, para desmontar el modelo autoritario correísta y han sido las mas atacadas por los actores políticos que permanecen fieles a Rafael Correa.

Mientras el expresidente visitaba a sus seguidores en Quito, para una agenda de reuniones políticas, Juan Pablo Pozo, alistaba sus maletas para abandonar su polémica presidencia al frente del alto organismo electoral. Pozo, de acuerdo a la Constitución, es presidente de una de las cinco funciones del Estado, la electoral.

La salida de Pozo de la Presidencia no fue fácil. Junto a dos de sus colegas consejeros, Nubia Villacías  y Paúl Salazar —personajes vinculados al dirigente de PAIS y ex hombre fuerte del gobierno pasado, Ricardo Patiño— debía terminar su mandato este 29 de noviembre, pues se cumplían seis años en funciones y, de acuerdo al mandato constitucional, debían dejar el cargo y ser reemplazados por otros tres consejeros nombrados por el Consejo de Participación Ciudadana. Pero el cuestionado organismo no hizo los deberes.

Sus directivos admitieron su demora en el nombramiento, lo cual dio pie a que el secretario de la Presidencia, el nicaragüense Eduardo Mangas, hiciera una consulta al procurador del Estado, Diego García Carrión, sobre si un decreto del presidente Moreno —que disponía que los funcionarios no podían abandonar los cargos sin ser debidamente reemplazados— se aplicaba a los tres consejeros salientes. En su comunicado, Mangas afirmaba que hacía esa consulta en vista de que estos no tenían suplentes. El procurador García dio luz verde a esa prórroga ...y ardió Troya.

El Gobierno consultó al procurador del Estado, Diego García, sobre si se podía prorrogar a los vocales del CNE, y este lo aprobó. 

El Observatorio Ciudadano Electoral es un organismo de hecho de la sociedad civil, conformado por expertos y activistas sociales y políticos. Lo conforman, entre otros, Fausto Camacho (ex vocal del TSE por el MPD), Medardo Oleas (ex presidente del TSE), Andrés León (ex vocal del TSE por la DP), Germán Rodas, Mónica Cevallos, Paquita Morejón, José María Cabascango, Zobeida Gudiño... entre otros.

Esta agrupación reaccionó de inmediato a la maniobra de la prórroga de los consejeros salientes, la denunció y desmintió públicamente la afirmación de que no había suplentes. Según ellos había por lo menos una: Solanda Goyes, una activista por los derechos de las mujeres y también experta en temas electorales. Ella había quedado como una de las dos suplentes durante el proceso de elección de dos consejeros, que debían renovarse en el 2014. De este proceso quedaron los consejeros Mauricio Tayupanta y Ana Marcela Paredes. Ellos viene actuando desde enero del 2015. Como suplentes de este proceso reciente quedaron Solanda Goyes y Mónica Rodríguez, quien renunció a su condición para asumir como jueza del Tribunal Contencioso Electoral. Quedaba una suplente más: Luz Haro, quien actuaba como suplente de los consejeros salientes. Haro es una dirigente de las mujeres rurales y activista social durante 30 años en Pastaza, en la Amazonia ecuatoriana. 


Plantón frente al CNE el 30 de noviembre, llamando a una "liberación" del organismo. 

Sin embargo, Goyes no logró su objetivo de ocupar una vocalía en el CNE, pero el Gobierno se aseguró el inicio del proceso electoral que es uno de sus principales objetivos políticos. 

La denuncia del ex mandatario provocó el rechazo de sus críticos, que no perdieron la oportunidad de recordarle que él mismo había esgrimido la teoría de que la jefatura del Estado que ostenta el presidente de la República implica también la jefatura de todos los poderes públicos.

Mientras la consulta tuvo luz verde, el ex presidente Correa denunció la intención de dar "un golpe de Estado" por parte de Lenin Moreno, al tiempo que aseguró que desde Carondelet se busca el control total de las funciones del Estado. “Se van a apoderar de la Judicatura, de la Función Judicial, de la Función Electoral, del Consejo de Participación Ciudadana. También se van a apoderar de la Fiscalía, del Defensor del Pueblo, de la Contraloría. Tendrían el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial… ¡se acabó el Estado de Derecho! ¡Se acabó la división de funciones! ¡Tendremos un absolutismo!", dijo. 

La denuncia del ex mandatario provocó el rechazo de sus críticos, que no perdieron la oportunidad de recordarle que él mismo había esgrimido la teoría de que la jefatura del Estado que ostenta el presidente de la República implica también la jefatura de todos los poderes públicos y de cómo el correísmo controló de manera implacable todas las funciones del Estado durante una década.

En la reunión, a la que el CNE no mandó un delegado como manda la ley, lo que fue interpretado como un desconocimiento de la autoridad electoral al evento, Correa hizo un llamado a que sus partidarios hagan campaña por el NO en la consulta popular. 

El 4 de diciembre se confirmó la partida de Correa con rumbo a Europa. El ex presidente, en todo caso, ha dejado abierta la puerta para un eventual retorno para continuar animando su movimiento, pero fuerzas políticas emergentes como la Democracia Sí  han hecho presencia en la mayoría de las ciudades del país que visitó Correa.

En su partida, desde una terminal aérea privada en el aeropuerto de Guayaquil, hubo mucho menos gente que la esperada cuando se convocó por redes a "despedir al compañero Rafael". Un pequeño grupo de personas dijo adiós a Correa en la puerta de la terminal gritando consignas como "siempre contigo Rafael" y "alerta que camina". 

En una carta a José Serrano, presidente de la Asamblea Nacional y ex ministro del Interior, anunció que estará al menos un año fuera del país. Pero antes había dicho a una radio que los compromisos familiares le obligan a permanecer en Bélgica al menos tres años. Fabricio Correa dijo en  Radio Sucesos que su hermano se va "resignado".

 

 

 

 

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