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17 de Septiembre del 2014
Historias
Lectura: 22 minutos
17 de Septiembre del 2014
Redacción Plan V
Correa en el púlpito del pueblo

Fotos: Luis Argüello y Presidencia de la República

Miles de manifestantes de las centrales sindicales marchan por el Centro Histórico de Quito, en una compacta movilización que abarcó 15 cuadras.

 

Son las 18:50 cuando el Presidente toma el micrófono, se para en el centro de la tarima, que es una prolongación del atrio catedralicio, y arremete contra los periodistas, los médicos, los sindicalistas, los dirigentes de los profesores, y, en general, con todos aquellos que militan en la "restauración conservadora", ese tenebroso limbo en donde él ubica a todos a quienes considera a la derecha de su izquierda.

Hugo Chávez tenía su balcón del pueblo. Bueno, era uno de los tantos balcones del Palacio de Miraflores, exactamente uno que quedaba cerca de la calle. Pero el ex presidente venezolano lo convirtió en su principal escenario: el comandante no necesitaba tarima, pues tenía el "balcón del pueblo". Dicen  que Velasco Ibarra, antes que el venezolano, ya reclamó el balcón como elemento natural. 

Rafael Correa no necesita balcón. Montó la tarima en el atrio mismo de la Catedral Metropolitana. Las pantallas gigantes con el marco espiritual  de santos y apóstoles. Las luces ante la torre del templo, que se levanta hacia los cielos rematada por la cruz de Cristo. Los micrófonos a pocos metros de la veleta en forma de gallo que marca la dirección de los vientos. 

El correísmo no tiene balcón, lo que sorprende, porque si algo tiene el Palacio presidencial es una larga terraza, más larga que cualquier tarima campañera de esas que se arman con tubos, luces y tallarines de cables por los suelos.

Pero no importa: tiene un gigantesco púlpito, montado en el seno de la principal iglesia católica, no se sabe si con permiso o no del Arzobispo. 

Durante todo el día, al pie del templo, ha habido música. Cantantes y bailarines convirtieron las piedras coloniales en escenario. El régimen, así se anuncia en las aperturas de los noticieros de los medios estatales al mediodía, ha organizado, en miércoles 17 de septiembre, una gran farra en honor al trabajo. 

El correísmo no tiene balcón, lo que sorprende, porque si algo tiene el Palacio presidencial es una larga terraza, más larga que cualquier tarima campañera de esas que se arman con tubos, luces y tallarines de cables por los suelos.

El gran púlpito correísta en que se ha convertido el atrio de la Catedral Metropolitana de Quito acoge a militantes, exclusivamente, del movimiento PAIS. Han venido de la Costa, de la Sierra y del Oriente. Han traído pancartas con las efigies de sus líderes locales: alcaldes, concejales, dirigentes, cuyos nombres están en letra grande para que conste que ahí estuvieron. 

Frente a la Catedral, en donde un semicírculo de bancas de piedra resguarda varios árboles centenarios, los más entusiastas han puesto carteles indicando que ahí llegaron desde Esmeraldas, Guayas, Manabí y otras provincias costeras. Para colocarlos, se han trepado a los árboles. 

Entre los grupos de manifestantes destacan,  vestidos de azul, algunos del movimiento Avanza, aliado con el Gobierno, y hay banderas de los indígenas de la Fenocin y de militantes del Socialismo. 

En el costado norte de la Plaza Grande, en cambio, hay un nutrido grupo de empleados públicos, del Ministerio de Relaciones Laborales y del Coordinador de la Política, así como de la Asamblea Nacional que, como en una feria, explican qué hacen sus instituciones a los visitantes desde sus carpas. En ese costado también, hay otras carpas con sánduches y vasos con cola para los asistentes. 

En el costado oriental, desde el Palacio Municipal, los policías metropolitanos miran con recelo a los oficialistas: han colocado vallas y tienen pequeños equipos antimotines, por si acaso.

Durante todo el día, los jerarcas del correísmo se han hecho presentes en la Plaza Mayor: Doris Soliz da declaraciones a los medios oficiales deslegitimando la protesta de los opositores. En los cuatro puntos cardinales se ven cordones de hasta tres filas de policías y militares que se aseguran de dejar pasar hacia la Plaza solo a los simpatizantes confirmados del correísmo.

Poco después de las 18:00, un contingente oficialista se abre paso en la esquina de la Iglesia de San Agustín hacia la Plaza Mayor. Un policía les dice, molesto: "encima de que llegan tarde, reclaman". Este grupo, de los últimos en arribar al púlpito del pueblo correísta, llega justo a tiempo: a las 18:20 sale del Palacio de Gobierno el presidente Rafael Correa camino a la tarima en la Catedral. 

El mandatario luce un pañuelo verde flex en el cuello, al igual que los jerarcas de la revolución correísta, entre ellos, el vicepresidente Jorge Glas, el canciller Ricardo Patiño, el ministro de Relaciones Laborales, Carlos Marx Carrasco, el secretario de la Presidencia, Omar Simon, y la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, quien junto con Doris Soliz son las más destacadas del contigente femenino. 

El Presidente hace su entrada al son de la Canción Patria, como es habitual. Echa un primer vistazo a la Plaza y, acaso, le parece que puede todavía albergar más correístas.

El Presidente hace su entrada al son de la Canción Patria, como es habitual. Echa un primer vistazo a la Plaza y, acaso, le parece que puede todavía albergar más correístas. Toma el micrófono y pide a la Fuerza Pública que dejen pasar a sus simpatizantes, pues le parece que muchos se han quedado fuera del cuadrilátero de la Plaza Mayor y lejos del púlpito del pueblo. 

Tiene razón el jefe del Estado y líder supremo de la revolución: se ven muchos claros en la Plaza Grande, ya de suyo poco adecuada para eventos masivos por estar tan generosamente dotada de flores y jardines. La Plaza ajardinada que nos dejó el afrancesado Gabriel García Moreno, sin pensar en la necesidad futura de llenarla con las masas. Hay tanto espacio libre que se puede caminar con gran facilidad por toda la Plaza, por la pequeña explanada frente al Palacio, y darle la vuelta completa al Monumento a los Héroes del Diez de Agosto. Donde más se concentra la gente es, en realidad, frente al atrio de la Catedral, al pie de la tarima. 

Son las 18:50 cuando el Presidente, tras algunas intervenciones previas, toma el micrófono, se para en el centro de la tarima, que es una prolongación del atrio catedralicio, y arremete contra los periodistas, los médicos, los sindicalistas, los dirigentes de los profesores, y, en general, con todos aquellos que militan en la "restauración conservadora", ese tenebroso limbo en donde él ubica a todos a quienes considera a la derecha de su izquierda. Defiende el Presidente sus logros sociales, asegura más y mejores beneficios para los trabajadores, y anticipa que el trabajo de las amas de casa también va a ser reconocido. 

Mientras habla, la gente se empieza a ir de la Plaza. Y eso que no es tan tarde: es poco más de las 19:00 cuando la guardia del Palacio Municipal se siente a salvo y empieza a quitar las vallas que protegen la sede del Cabildo.

Mientras habla, la gente se empieza a ir de la Plaza. Y eso que no es tan tarde: es poco más de las 19:00 cuando la guardia del Palacio Municipal se siente a salvo y empieza a quitar las vallas que protegen la sede del Cabildo. Diez minutos antes de que el Presidente termine su discurso, un ejército de barrenderos municipales irrumpe en la Plaza Mayor de Quito y empieza a barrer el denso basural que han dejado los militantes de PAIS: hay banderas, carteles, restos de comida, afiches, botellas, papeles, y plantas y flores pisadas, en especial, cerca del Palacio y la Catedral. Barren rápido con sus escobas y llenan grandes fundas verdes, para hacerlo, van apartando a los correístas de su camino, como cuando se acaba una fiesta. 

Como para ser consecuentes con la declaración de apoyo a los trabajadores informales, que acaban de hacer, rotundos, el Presidente y su Ministro de Relaciones Laborales -quien, por cierto, ha dado la primicia de que su Cartera se vuelve a llamar, como siempre, Ministerio de Trabajo-  hay todo tipo de comidas populares en la Plaza: salchipapas en baldes, papas y chifles fritos en fundas, chicles, caramelos, chupetes, y, si se cuenta con algo de suerte, aún se puede alcanzar a la señora que ofrece  mote con fritada. Nada, en todo caso, digno de salvarse de un impuesto a la comida chatarra y sospechoso de causar alto colesterol y diabetes. 

El mandatario gesticula y cuestiona a los sindicalistas que nada dijeron en su momento sobre tercerización laboral, a los maestros cuyo partido destruyó la educación, a los medios de comunicación responsables de casi todas las campañas en contra del pueblo y a favor de la oligarquía.

Correa habla, pero los costeños, con cara de frío, se empiezan a ir. Los indígenas de Imbabura, con cara de cansancio, también. A lo lejos, hacia el sur, en las calles García Moreno y Venezuela se pueden ver no menos de tres cordones de policías con chalecos fosforecentes, impidiendo que los opositores se acerquen a la Plaza Grande. 

A las 19:25, el Presidente ha terminado su intervención. Toma la bandera nacional en las manos y la agita. Las tres pantallas gigantes montadas en la Plaza Grande, dos en la Catedral y la tercera junto al Palacio, muestran solamente el logo de la lista 35.

Correa declara que la suya es la revolución de la alegría y, por ello, procede a cantar y bailar algunos sones tropicales mientras su gente, ahora sí masivamente, siente que, terminado el ritual, se puede ir en paz. 

Mientras tanto, en las calles de Quito…

“El gobierno ha lesionado a tantos sectores de la sociedad ecuatoriana que todos tienen demandas legítimas”

Marcelo Larrea. Pdte. FENAPE

Anita tiene 25 años y marcha sola entre las cerca de 20 000 personas que concentró la manifestación de las centrales sindicales agrupadas en el FUT. Ella lo hace en nombre de su madre, de 72 años, afectada de la rodilla. Camina en contra del gobierno, dice, porque su mamá es una maestra de toda la vida que se siente estafada. Ella se inscribió en una lista hace meses para recibir la liquidación en efectivo.

Cuando le tocó recibir el fruto de décadas de trabajo, las autoridades responsables salieron con el cuento de que ella y sus colegas jubilados iban a recibir el monto de la jubilación en bonos del Estado, pero que solo los podrían cobrar a partir del quinto año. Y que la cesantía a la que tenía derecho se la iban a pagar luego de un año de dejar de trabajar. “¿Cómo es posible esto?, ¿Y qué va a comer mi mamá en ese tiempo? No hay derecho…”, dice, indignada, mientras se suma a la marea de gritos y consignas: “Correa te jodiste, con Quito te metiste”,  “Quito no se ahueva, carajo”.

La marcha sumó el descontento de muchos sectores sociales. Pero sobre todo fue una marcha obrera. Estuvieron estudiantes secundarios y universitarios, delegaciones indígenas, periodistas de la Federación Nacional de Periodistas, trabajadores autónomos agrupados en la Asociación de Pequeños Comerciantes, agrupaciones de anarquistas, artistas y muchos otros espontáneos…

“Para venir a la marcha hemos cumplido con la jornada de labores, no hemos hecho lo que hicieron en otras instituciones, que a pretexto de colaborar con el régimen sacaron los trabajadores a las tres de la tarde, utilizando los recursos públicos”.

Jorge Guamán. Pdte. Sindicato Min. de Finanzas 

Los miles de manifestantes eran además aplaudidos por centenares de personas que se apostaron en las veredas, balcones y ventanas del Centro Histórico. En medio de la compacta movilización se cantaron consignas y se gritaron frases en contra de la pretendida reelección indefinida planteada por el presidente Correa.El número  de manifestantes puede ser discutido, pero para otros cálculos  se puede decir que cuando la cabeza de la marcha estaba a la altura del Banco Central, la cola estaba en el edificio del IESS.  O que la marcha duró dos horas y media entre el IESS y la plaza de San Francisco.

Los dirigentes del FUT y la Conaie encabezaron, con los brazos entrelazados, la movilización.  Los miles de protestantes pasaron lentamente por las estrechas calles del centro mientras decenas de piquetes policiales se apostaron en las bocacalles para evitar la posibilidad de un encontronazo con los simpatizantes del correísmo que estaban en la Plaza Grande.

“Los trabajadores son nuestros compañeros, porque nosotros somos hijos de obreros”

Mauricio Chiluiza. Pdte. FESE

El  encontronazo fue más tarde, entrada la noche, en la esquina nororiental de la plaza San Francisco. Tras la marcha pacífica, la gente llegaba a la plaza y de inmediato se dispersaba. Ante la ausencia de una tarima, el pésimo sonido y la tradicional desorganización, muy pocos escuchaban el discurso de los dirigentes.

La caballería entra a la batalla

Cuando el crepúsculo empezó a pintar el cielo de Quito a las 6H00, la protesta continuaba encendida. Los helicópteros sobrevolaban vigilantes la plaza, mientras los dirigentes sindicales pronunciaban sus discursos. Cuando los marchantes gritaban las consignas obreras, el brillo de los cascos de la policía distrajo la jornada. En el lado noreste de la plaza de San Francisco ya se empezaba a formar el fuerte cordón policial. Con los brazos entrelazados, los agentes del orden simularon una cadena para evitar el paso de los manifestantes a la Plaza Grande, en donde los simpatizantes del régimen se regocijaban al son revolucionario de las orquestas musicales. Por San Francisco el panorama era distinto; la represión era inminente.

Policías golpean a un estudiante durante los incidentes registrados en la noche del 17 de septiembre en la Plaza San Francisco.

“El Ministro (Educación) ha hablado de sancionar a los estudiantes y a los maestros que salgan a protestar te. Lo que no sabe el Ministro es que aquí existe una Constitución y tenemos derecho a reclamar por nuestras conquistas”

Jorge Piedra. Aso. profesores y empleados CNM

A la fila del cordón policial seguía una decena de efectivos armados con canes que ladraban desesperados en su intento por zafarse de las cadenas. La sola presencia de la policía empezó a generar temor y algunos de los participantes de la marcha del 17S empezaron a replegarse al otro extremo  de la plaza. Pero los jóvenes querían resistir; unos veinte de ellos permanecieron firmes frente al contingente policial y gritaban a sus compañeros que no retrocedan. Varios simulaban alistarse para el “combate”; con fierros o con las manos desprendían los adoquines de piedra de las calles para desmigajarlos en pequeñas rocas al romperlos cuando los chocaban contra el piso.

Pero no bastó la valentía. Los efectivos empezaron a marchar, como que su caminata fuera heredada de las guerras épicas; golpeaban los toletes contra los escudos que los resguardaban, para que su ruido acompase el ruido de sus botas. La policía avanzaba a un solo compás. Fue una “música ensordecedora” que generó pánico. Los efectivos de negro presionaban a los manifestantes para que retrocedan y hacer que desalojen. Los adoquines lanzados que golpeaban los escudos los enfureció y de repente llegaron los caballos para completar el escuadrón.

“La política de flexibilización laboral y los planteamientos de un código regresivo, demuestran que es un gobierno antiobrero, que garantiza la acumulación de la riqueza de los empresarios”

Nelson Erazo. Pdte. Frente Popular

Mientras la policía se enfrentaba con los estudiantes, el humo de las bombas lacrimógenas nublaba la plaza. La policía no retrocedería y presionó con más fuerza a los asistentes; cada paso que daban generaba la huida exasperada de los marchantes. Ellos intentaban abrirse paso entre las calles del centro que figuran callejones, como las reses que aspiran ser libres mientras  pasan el umbral de los establos. El desalojo de la plaza que arrancó a las 6h45, duró un poco más de 30 minutos, pero los jóvenes insistían en quedarse; los otros prefirieron desplazarse por las calles aledañas en busca de refugio, porque el pánico se generalizó. Cuando la policía arribó a la calle Guayaquil la marcha fue disuelta.

 La policía reportó varios heridos, algunos con rotura en la nariz. Los estudiantes también fueron agredidos, recibieron golpes y maltrato y fueron internados en emergencias del Hospital Eugenio Espejo.  La Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, Cedhu, reportó la detención de 74 personas, entre ellos 40 menores de edad en todo el día de movilizaciones.

Carlos Michelena y Jaime “el chamo” Guevara estuvieron en la marcha. El primero con una máscara del expresidente Gustavo Noboa, y el segundo acompañando al movilización con su tambor y su tradicional boina.

“La restauración conservadora está en el gobierno, que no entrega los recursos para la educación”

Juan Cervantes. Pte. UNE

¿Quiénes cerraban la marcha? Los trabajadores  de las telefónicas, afectados por el anuncio de la reducción de sus utilidades de ley. Todos con camisetas negras, con consignas como NO a la reelección, con gritos como: Correa, Correa, los derechos se respetan, y resguardados tras una gigantografía con los colores patrios y la etiqueta de Twitter: #YSiTePasaATi. Hubo versiones de que los trabajadores de este sector no había participado en la marcha tras una reunión, en la mañana, con el nuevo ministro de Telecomunicaciones, quien había ofrecido mediar para solucionar este problema. Pero no, ellos y ellas estuvieron en la marcha de las centrales sindicales.

“Las contra marchas es una práctica que viene desde el gobierno de Mahuad, continúa con Noboa y Lucio Gutiérrez. Esta fue una estrategia pensada desde el Banco Mundial, que ideó estrategias de control y disciplina social. Correa lo que hace es amplificar esos mecanismos y hace contramarchas para tratar de restar legitimidad a las opositores y limitarlos a lo cuantitativo”.

Pablo Dávalos. Economista


 

 

Las movilizaciones en contra del gobierno también se dieron en otras ciudades del país. Particularmente fuertes estuvieron en Cuenca, Loja y Latacunga. 

Al día siguiente,  miércoles 18, empezaron las evaluaciones. Para el Presidente, la relación fue 3 a 1 a su favor. Plan V pudo constatar que no fue así. Que fue al contrario. Pero más allá de las cifras, la movilización obrera y de movimientos sociales mostró la disposición de salir a las calles y conformar un frente común hacia lo que los dirigentes han llamado la resistencia y una plataforma de defensa efectiva de los derechos contemplados en la Constitución.

En un escenario donde el Presidente busca el consenso político para vender al exterior la imgen de control social y financiar un gasto social que a la luz de expertos económicos resulta insostenible para las condiciones económicas del país. Eso traerá conflictos. Por ejemplo, el solo anuncio del fin de los subsidios al transporte urbano de personas y al gas de uso doméstico logró que centenares de estudiantes de los colegios Mejía y Montúfar causaran incidentes callejeros, que no ocurrían desde hace varios años. 

Como decía un dirigente obrero luego de la marcha: las cartas está echadas, y todos sabemos que cual lado de la historia tenemos que estar.

La policía llegó con toletes, perros, caballos y bombas lacrimógenas para dispersar a los manifestantes; los efectivos procuraron alejarlos de la Plaza Grande. El video muestra la represión que ejerció la policía  para disolver la marcha de los trabajadores.

 

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