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1 de Abril del 2016
Historias
Lectura: 15 minutos
1 de Abril del 2016
Fernando López Romero

Historiador. Investigador social. Profesor principal e investigador de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.

Las cuatro opciones de la izquierda para el 2017

Foto: Plan V

La izquierda ha combinado la oposición en la calle con la búsqueda de acuerdos políticos. Su dilema está en cómo salir de la polaridad impuesta por Correa frente al proceso del 2017.

 

La izquierda debe plantear un programa de cambios estructurales, el respeto por la autonomía de la organización social, impulsar procesos de democracia -llamémosle por lo menos radical- una revalorización de la ética y una vocación de poder en todos los niveles. Subordinada al correísmo en cualquiera de sus formas, o en medio de una alianza anti correísta sin fronteras, la izquierda no garantiza nada de lo anterior y perdería cualquier rasgo de identidad política e ideológica.

Dos iniciativas de unidad electoral

A finales de enero la convocatoria de Pachakutic para discutir la alternativa de candidaturas unitarias y un programa de gobierno, resultó un soberbio fracaso, que agudizó contradicciones internas de esa organización política que no han sido resueltas hasta el momento. La diferencia fundamental fue acerca de la unidad con la derecha, rechazada por el Ecuarunari y la CONAIE y el ala izquierda de esa organización política.

El pasado 23 de marzo, el Colectivo Unitario de Organizaciones Sociales, que es la confluencia más alta de las fuerzas sociales que resisten al correísmo, junto con organizaciones de izquierda como Unidad Popular, el Socialismo Revolucionario, Montecristi Vive, el MRT y otras, confluyeron en una reunión con sectores del centro izquierda para avanzar en el desarrollo de una estrategia unitaria electoral en el marco de un programa anticrisis y de gobierno. A diferencia de la reunión de enero, que buscaba una imposible unidad de todos con la derecha, esta reunión de marzo es un pequeño pero significativo paso en una línea de unidad democrática.

Las cuatro opciones de la izquierda

En este  momento, unas plantean su autonomía e independencia del gobierno y de la derecha banquera y socialcristiana, y hay otras que se están subordinando a la derecha  o que podrían subirse al carro  de un supuesto correísmo sin Correa o “populismo moderado”.

Lo primero que hay que consignar, es que una parte de lo que hasta el año 2006 habían sido la izquierda ecuatoriana y la socialdemocracia, ahora está con el correísmo; también, que  muchos izquierdistas que se sumaron desde la primera hora a la Revolución Ciudadana o al “socialismo del siglo XXI”, han ido separándose de ese proyecto.

Pero constituye también un hecho muy importante, que por fuera del correísmo existen organizaciones sociales y populares, y organizaciones políticas de izquierda, y que hayan sido éstas organizaciones las que han sostenido el mayor peso de la resistencia social al régimen. En este  momento, unas plantean su autonomía e independencia del gobierno y de la derecha banquera y socialcristiana, y hay otras que se están subordinando a la derecha  o que podrían subirse al carro  de un supuesto correísmo sin Correa o “populismo moderado”.

Para las izquierdas, la política y la social, las opciones son cuatro:

Opción uno: Unirse todos para derrotar a Correa.

La fallida reunión de enero tuvo sus antecedentes. Desde el año pasado, con el marco de las grandes movilizaciones sociales, ya se planteó por parte de sectores de Pachakutic y de otros la opción de todos contra Correa. La reunión de febrero en Cuenca, convocada por Paúl Carrasco en el marco de su acercamiento con Jaime Nebot y Mauricio Rodas, dio el tono. Luego, en junio, las manifestaciones en la quiteña avenida de los Shirys, frente a la sede de Alianza País, la gran marcha de Nebot en Guayaquil, y las iniciativas de CREO contra las enmiendas durante todo el año 2015, pusieron en la calle el tema de la unidad más amplia, y es por ahí que a la iniciativa de Paúl Carrasco, orientada hacia Nebot, se sumó la de la Coordinación de Pachakutic con el norte hacia CREO.

Explica en buena medida la existencia de esta opción que las decisiones políticas de muchas personas, que no identifican con claridad los intereses en disputa y los juegos de poder, están impregnadas de lo se conoce como  ese “sentido común” de hacer lo que la mayoría considera más adecuado para determinada circunstancia. Parecería entonces, de acuerdo con este sentido común, que todos los adversarios del correísmo y de la continuidad de su proyecto deberían unirse para derrotarlo. Este ejercicio de “sentido común” que han adoptado al sumarse a CREO algunos activistas identificados con la izquierda y varias organizaciones sociales, y que está presente en el interior de Pachakutic, está impregnado de intereses, de ofertas y de ambiciones personales, tanto como de ceguera y desesperación. Para gente que venga de la izquierda irse con Lasso o con los socialcristianos, es un camino sin retorno, resultado también de cuánto ha significado el populismo correísta para desorientar, dividir y confundir.

La derecha no se ha definido en oposición al extractivismo, no dice nada de la tierra, del agua ni de la soberanía alimentaria.

La derecha tiene sus espacios y sus opciones. Los voceros y operadores políticos, que increpan de sectarismo y ceguera a la izquierda que mantiene su independencia y autonomía y se resiste a integrarse en un frente con la derecha, solo están olvidando que la misma derecha está desunida, que sus líderes y estructuras políticas más importantes están disputándose la dirección política de ese sector, y están viendo la campaña como la oportunidad para constituir sus redes de intermediarios del voto y de operadores políticos con el propósito de tejer y fortalecer sus intereses de representación política y de recuperar el control completo del gobierno y del Estado, sin intermediaciones y más aún sin tener que soportar el bonapartismo de Rafael Correa.

La derecha tiene su programa. Su propuesta económica se ha centrado en aumentar las exportaciones, disminuir los impuestos y los controles estatales, reducir el gasto y el tamaño del Estado, la apertura al capital extranjero como fuente de empleo, la flexibilización laboral, ambiental y del capital financiero y subordinarse a la programación de los organismos multilaterales. Nada nuevo y más de lo peor. La derecha no se ha definido en oposición al extractivismo, no dice nada de la tierra, del agua ni de la soberanía alimentaria. En lo político, Nebot defiende con fuerza la bandera de la descentralización y de los gobiernos autónomos, y Lasso ha prometido convocar a una consulta popular para eliminar las enmiendas constitucionales del pasado diciembre y señala también que pondría freno al presidencialismo. Hasta allí sus pronunciamientos.

Si en el caso de una victoria de la derecha la ruta pos correísta sigue el modelo de Macri, de gobernar con el estado mayor del empresariado en asocio subordinado al capital transnacional, y desatar un carnaval de privatizaciones y un infierno de ajustes, habría que ver si la derecha estaría dispuesta a renunciar a las facultades extraordinarias que le otorgan al Presidente de la República la Constitución del 2008 y sus reformas.

Opción dos: retomar el proyecto original de la revolución ciudadana liberado del “autoritarismo de Correa”

El correísmo, es decir el proyecto de modernización caudillista y autoritario dirigido por Rafael Correa, ha planteado tres opciones para intentar continuar en el gobierno. La primera fue la candidatura del propio Rafael Correa, retirada al momento del escenario; la segunda, la de un delfín comprometido con el sector costeño del correísmo y de suma confianza de Correa y sus aliados empresariales, opción encarnada por ahora en Jorge Glass Espinel; y una tercera posibilidad, anunciada por el propio Correa y vista con simpatía dentro y fuera del correísmo, es la de Lenin Moreno, con mayores perspectivas de triunfo que la de Glass y del propio Correa.

Lenin Moreno expresaría la continuidad de lo bueno y lo positivo del “proyecto”, bajo una conducción democrática. La alternativa  Moreno, “el correísta bueno, el caballero, el magnánimo y tolerante”, atrae también a quienes han sucumbido a un nefasto sentido común de izquierda muy sensible a los gestos antimperialistas, devoto del cemento, las carreteras, las hidroeléctricas, de los aeropuertos que no se utilizan y de las escuelas del milenio, como expresiones de la  teología del progreso que practica el populismo de izquierda; estos izquierdistas han sido incapaces de preguntarse con algo de seriedad por qué, en casi una década, no se ha hecho una sola reforma de carácter estructural. Por supuesto que entre ellos hay muchos que no quieren perder sus empleos.

Hay que preguntarse: ¿es posible un correísmo sin Correa? Nunca hubo un velasquismo sin Velasco. Candidato o no candidato, Presidente o no, Rafael Correa se proyectará como sombra sobre esa tendencia política.

El fantasma del retorno de la derecha, hace parte de ese sentido común, ahora aderezado con la idea de la Revolución Ciudadana como mal menor frente al retorno de la derecha. Ante esto hay que preguntarse: ¿es posible un correísmo sin Correa? Nunca hubo un velasquismo sin Velasco. Candidato o no candidato, Presidente o no, Rafael Correa se proyectará como sombra sobre esa tendencia política constituida en esos años donde se han juntado restos del estalinismo con el nacionalismo con la vieja partidocracia, nuevos sectores empresariales, nuevos ricos o personas que se mueren de ganas de serlo, todos devotos del orden y de la religión del progreso. Vale preguntarse también acerca de la posibilidad de que existan populismos de izquierda sin dinero.

La potencial candidatura de Lenin Moreno es una seria amenaza para la autonomía política y organizativa de importantes sectores sociales.

Opción tres: Una candidatura testimonial de la izquierda.

Para expresar fundamentalmente las propuestas de la izquierda política precautelándola de cualquier forma de contaminación. Junto con el riesgo del aislamiento y la erosión de las bases sociales organizadas hacia otras alternativas políticas, esta opción corre otro riesgo, también significativo: el de no reunir el porcentaje que el sistema electoral ecuatoriano exige para la supervivencia de las organizaciones políticas. La experiencia de la Izquierda Plurinacional en las elecciones del 2013 no quiere ser repetida.

Opción cuatro: Un frente democrático construido desde la izquierda y las organizaciones sociales.

Sostenido en un programa anticrisis y un programa de gobierno, que permita enfrentar al correísmo y a la derecha como opciones pos neoliberales.

¿Por qué este frente? El neoliberalismo original, y los pos neoliberalismos, de los cuales los populismos de izquierda o “gobiernos progresistas” son una expresión, han tenido efectos arrasadores sobre las organizaciones sociales y sobre la izquierda. Para la izquierda no populista, una tarea fundamental es rescatar su propia identidad, tornada para muchos sectores como otra una expresión del puro y duro clientelismo, o debido a la creciente corrupción de los izquierdistas en el gobierno como un trapo sucio más. Hace décadas se revelaban los lujos de Fidel Velásquez, símbolo del sindicalismo charro mexicano, ahora se trata del líder y fundador del PT y de sus antojos de buen burgués en la tercera edad.

La izquierda debe plantear un programa anti capitalista de cambios estructurales, el respeto por la autonomía de la organización social, impulsar procesos de democracia, llamémosle por lo menos radical, una revalorización de la ética y una vocación de poder en todos los niveles. Subordinada al correísmo en cualquiera de sus formas, o en medio de una alianza anti correísta sin fronteras, la izquierda no garantiza nada de lo anterior y perdería cualquier rasgo de identidad política e ideológica.

Es necesario entender que existe un correísmo y sus alrededores que tienen su cuota de responsabilidad en la situación que vivimos, y que se han beneficiado de compartir, aunque sea migajas del botín del poder.

Este frente democrático debe incluir a la izquierda y a los sectores políticos no correístas que quieran sumarse. Porque es necesario entender que existe un correísmo y sus alrededores que tienen su cuota de responsabilidad en la situación que vivimos, y que se han beneficiado de compartir, aunque sea migajas del botín del poder. Como también existe una derecha y sus alrededores.

La definición del programa es un elemento clave. Ese programa debe contener una propuesta frente a la crisis económica para que ella no recaiga sobre los sectores populares; debe incluir también una propuesta de gobierno que contenga medidas económicas, políticas y constitucionales, no solo para desmontar todo el andamiaje del autoritarismo populista sino para profundizar y garantizar el ejercicio de los derechos democráticos. Un programa de estas características permitiría vincular la lucha social y la lucha electoral. En suma: decir con claridad qué propuesta de país presentan las izquierdas. Plantearse como prioridad las candidaturas para constituir la unidad sería colocar otra vez la carreta delante de los caballos.

El correísmo no es invencible, así lo demostraron las elecciones seccionales del 2014, pero eso no significa de ninguna manera que esté cantada una salida del actual régimen político hacia la izquierda. La victoria de una alternativa correísta o de una alternativa de derecha, expresarán la continuidad de un proyecto populista autoritario cada vez más derechizado, o el retorno de la derecha banquera o socialcristiana.

A un año de la primera vuelta de las presidenciales, las posibilidades electorales para una candidatura de los movimientos sociales y la izquierda y la centroizquierda, está intacta; su despegue y su vuelo dependerá de cuanto esté en capacidad de unir la lucha social con la movilización electoral, y de cómo su programa encarne demandas amplias, profundas y transversales de los sectores mayoritarios de la sociedad ecuatoriana.
 

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