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28 de Octubre del 2020
Historias
Lectura: 12 minutos
28 de Octubre del 2020
Redacción Plan V
Los cuatro pasos que el libro "Estallido" propone para continuar la lucha de octubre
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Tres autores de la izquierda analizan los sucesos de octubre de 2019 y proponen una agenda de lucha contra lo que consideran un represión "marcatista".  Foto: Luis Argüello. Archivo PlanV

 

Para los autores del libro, que ha sido reconocido como un manifiesto del llamado "campo popular", hay cuatro tareas pendientes luego de la insurrección de octubre del 2019: la unidad de la izquierda anticapitalista, la ampliación del tejido socio organizativo, enfrentar la contrarrevolución preventiva y la política macartista y enfrentar al poder "realmente existente".


El libro tiene ambición estética. Bien diseñado y diagramado, con papel de texto de alta calidad.


Lo primero que habría que decir del libro Estallido, la rebelión de Octubre en Ecuador es que tiene ambición estética. Bien diseñado y diagramado, con papel de texto de alta calidad, y sus 60 páginas de couché de 120 gramos para fotografías full color, muestran un trabajo cuidadoso de edición. Esta estuvo bajo la responsabilidad central de Ediciones Red Kapari, y la coedición de editoriales de otros cinco países: Chile, Argentina. Uruguay, Colombia y México. El libro escrito por Leonidas Iza, Andrés Tapia y Andrés Madrid recoge las experiencias y reflexiones del paro de octubre del 2019, esos 11 días de los cuales los editores dicen que "trastocaron la historia del Ecuador".

Tratado como una épica de la lucha popular, los autores, en la introducción sostienen que "En Octubre aparecieron nuevas formas de poder popular y se fortalecieron otras existentes. El Estado perdió el control durante once días. Surgió un poder paralelo al de las clases dominantes, posible por la crisis de legitimidad y de hegemonia de la burguesía, a su vez resultado de la ruptura del consentimiento de las mayorías respecto a su proyecto. La crisis de hegemonía decantó en crisis orgánica; empero, no logró constituirse en una situación revolucionaria —en poder dual—, forma más elevada de disputa en términos de V.I. Lenin. Al sentir el peligro del pueblo, las fracciones de la clase dominante se compactaron en un bloque férreo y monolítico". Los autores determinan que el poder "realmente existe y se alineó y cerró filas  de manera incólume en franca oposición al campo popular". El poder, según el texto: el capital bancario, industrial, burocrático y comercial de la Sierra y Costa y una pléyade de partidos electorales —incluso algunos enemistados entre sí—, las Fuerzas Armadas, la función Legislativa, los medios de comunicación "oficiales", la Iglesia católica... 

La obra se organiza en tres partes. La primera se llama Inminencia. Antecedentes, acumulado y rupturas y es un análisis marxista de las crisis "de acumulación de capital en el Ecuador, las cuales han propiciado la precarización de la fuerza de trabajo, el crecimiento de la deuda externa, el intervencionismo estatal desregulador, la profundización de la economía extractivista primario exportadora  y de la condición de dependencia". El capítulo evidencia las razones por las cuales la llamada rebelión de octubre alcanzó "tal cuota de combatibidad". El capítulo revisa las condiciones económicas y estructurales que provocaron la emergencia de octubre o que condujeron a esta. En otro tono, también el libro de María Paula Romo y Amelia Ribadeneira, llamado Octubre, empieza por explicar las razones por las cuales el Gobierno desembocó en el decreto 883, pero solo desde el eje de lo "dañino" del subsidio a los combustibles. El análisis de Iza-Tapia-Madrid es más abarcativo y, si se quiere, pedagógico, con una línea de análisis claramente alineada con el neomarxismo. 

El análisis de Iza-Tapia-Madrid es más abarcativo y, si se quiere, pedagógico, con una línea de análisis claramente alineada con el neomarxismo.

El capítulo dos se titula Estremecimiento, voluntad, dificultad y antagonismo. Y se refiere al estallido popular, el rol protagónico del movimiento indígena, los actores de la insurrección, el papel del Estado, el control del discurso mediático alineado con los empresarios ("el manejo de los discursos oficiales y corporaciones al servicio del poder") y los relatos de los llamados medios alternativos o comunitarios.

El capítulo tres se llama  Influjo. Aprendizajes, disputas y perspectivas. Para los autores hay una diferencia en la "izquierda" que ellos representan y la "izquierda institucional", la que opta por la institucionalidad democrática y que por ahora forma parte del "bloque de poder", pero con un proceso unitario se podría fortalecer y reorientar la "izquierda anticapitalista" mediante la unidad de la lucha y la acción. Este capítulo es una suerte de manual para la lucha social. Sistematiza las formas de lucha y —algo novedoso— analiza lo que los autores llaman "la disputa por la legitimidad y sentido del uso de la fuerza".


La destrucción del edificio de la Contraloría ha sido mencionada, por el Gobierno, como un ejemplo de un supuesto intento de golpe de Estado.

  LOS CUATRO PASOS  

1. La unidad de la izquierda capitalista

Aunque dicen que los sucesos de octubre son casi una epopeya, para los autores no fue suficiente: no fue aún una revolución. ¿Qué hace falta para ello? Sobre todo, dicen, superar el espíritu de secta de la izquierda. Ponen de ejemplo cómo sus "enemigos", la clase dominante, dejan de lado sus diferencias, cuando acciones como las de octubre ponen en riesgo el "poder realmente existente": los poderes económico, estatal e ideológico. Estos sectores se unen, dicen los actores, en un solo flanco. Y citan cinco expresiones: el populismo de derecha, el conservadurismo bancario, la tecnocracia socialdemócrata, la burguesía burocrática y el liberalismo modernizante. La unidad del "campo popular", dicen es el elemento desequilibrante, y se hace en dos momentos: unidad en el campo popular (obrero-campesino-indígena-popular; se excluyen la burguesía indígena y los campesinos ricos) y la unidad de las voluntades e identidades que expresan la llamada izquierda anticapitalista. Esta unidad cuestiona el multiculturalismo, por tolerar las diferencias sin reparar en la desigualdad social y económica. Los autores rechazan la idea de que la izquierda pretenda la "ficción" de llegar al poder a través del sistema de partidos. Por ahí no va la cosa: ellos creen necesario superar el sistema electoral que brinda alternancia en el ejercicio de sucesivos gobiernos. Plantean construir plataformas unitarias panamericanas que enfrenten la ofensiva capitalista neoliberal.

2. Ampliación del tejido socio organizativo

Aquí, los autores plantean la tesis de que la política moderna tiene a la sociedad como lugar privilegiado de acción. No es posible actuar políticamente fuera del entramado público. La llamada "rebelión de octubre" mostró, para los autores, la necesidad de la ampliación del tejido social organizado. Esto requiere ampliar las instancias  de representación orgánica del pueblo. Y los actores son: la clase obrera, concentrada de los cinturones industriales urbanos y el "estratégico" proletariado agroindustrial. El porcentaje de sindicalización de estos sectores no alcalza el 4%. Esto es un grave problema para ellos, porque el proyecto de transformación anticapitalista "es una quimera, sin el crecimiento del  porcentaje de la clase obrera organizada, en especial del sindicalismo agroindustrial. También es una quimera sin la organización del proletariado desempleado de las sectores urbano marginales de las ciudades más importantes. Otros sectores son el campesinado no agremiado, la juventud suceptible de involucrarse en procesos organizativos en barrios, colegios y universidades y las mujeres del sector popular". 

LOS AUTORES cuestionan el multiculturalismo, por tolerar las diferencias sin reparar en la desigualdad social y económica. rechazan la idea de que la izquierda pretenda la "ficción" de llegar al poder a través del sistema de partidos.

3. Parar la contrarrevolución preventiva y la política macartista

Para los autores, los socialcristianos son la punta de lanza de la derecha tradicional y el correísmo es la punta de lanza de la derecha progresista. Estos, además del Estado, el gobierno y los medios de comunicación fueron los grandes perdedores de las jornadas de octubre, según los autores. Sin embargo, para Iza-García-Madrid esta fue una derrota parcial y para el Estado "burgués" es apenas "un eslabón más del proyecto de perfeccionamiento de la maquinaria contrarrevolucionaria". Y por ello, a partir de la "derrota" de octubre, las élites impulsaron varias estrategias: la primera, el fortalecimiento orweliano de la estructura de Inteligencia para enfrentar futuras insurrecciones, al posicionar el calificativo o antimarca de considerar a las organizaciones com violentas, con transfondo ideológico de extrema izquierda, que actúan desde la insurgencia, con acciones de sabotaje y terrorismo para atacar la infraestructura del Estado y sus instituciones.

Esta estrategia, que según "Estallido" está encabezada por los ministros de Gobierno, María Paula Romo y de Defensa, Oswaldo Jarrín, busca instaurar otro escenario político cuyo enemigo a derrotar "es el pueblo organizado" y responsabiliza de la inestabilidad actual (en todo el mundo) "al comunismo". A esto ellos denominan macartismo.

La segunda estrategia del Estado a la ofensiva sería elevar legalmente el nivel de violencia permitido para la Policia y las Fuerzas Armadas, acciones que se acompañan con apelaciones a la violencia institucional "para defenderse" y la exacerbación de la jerga militar y la propagandización de las acciones policiales.  La tercer estrategia ha sido "la criminalización de personas bajo la excusa de combatir la impunidad". Y la cuarta, depurar la cúpula militar acusándola de inacción durante octubre, pero también como una advertencia a los futuros mandos de que no se tolerarán tibiezas. Esta estrategia, que según Estallido está encabezada por los ministros de Gobierno y de Defensa, busca instaurar otro escenario político cuyo enemigo a derrotar "es el pueblo organizado" y responsabilizar de la inestabilidad actual (en todo el mundo) "al comunismo". A esto ellos denominan macartismo, que no es sino la acción de inocular odio a todos los que consideran sus adversarios o no comulgan con su cosmovisión: sindicalismo, ecologismo, feminismo de clase, arte contestario, marxismo militante, disidencias sexuales, organizaciones populares autónomas, izquierda revolucionaria... Todo con el afán de satanizar a la izquierda y sus expresiones y al campo popular.

4. Enfrentar el poder realmente existente

Los autores reconocen que "el grueso de la izquierda no afecta el estado de cosas y es inofensiva" y para que esta izquierda y el campo popular sean determinantes para "derrotar al capitalismo" es preciso que "la izquierda, como proyecto, debe ser recreado, pues no existe como instancia de negación del capital, sino como mecanismo de validación de la ilusión democrática". La izquierda, dicen, debe asumir la responsabilidad de llevar los niveles de la critica más allá de la apariencia. Y para ello, la estrategia es concretar una alianza obrero-campesina-indígena-popular, distanciarse "del rosario insitucionalista", romper "la ilusión democrática burguesa", cuestionar la naturaleza del Estado y del poder realmente existente. 

 

GALERÍA
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