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20 de Noviembre del 2014
Historias
Lectura: 14 minutos
20 de Noviembre del 2014
Redacción Plan V
Cuatro pelagatos versus resto del mundo

Fotos: Luis Argüello

La marcha obrera, estudiantil y gremial convocó no menos de 20 000 personas en Quito,  en una nueva jornada de protesta contra las enmiendas constitucionales.

 

La marcha opositora del 19N convocó a miles de obreros, estudiantes, maestros, gremios, comerciantes. Y a cuatro correístas que desafiaron la gigantezca manifestación blandiendo la fotografía de Rafael Correa con fervor casi religioso.

La marcha obrera y social del 19 de noviembre empezó, en Quito, en el parque El Ejido, por el lado del edificio matriz del IESS, pero esta historia comienza hora y media después en la esquina de San Agustín, en las calles Guayaquil y Chile, a una cuadra de la Plaza Grande.

Cuatro ciudadanos, todos sesentones, se apostaron a las cinco y media de la tarde, en esa esquina, a ver la marcha pasar. Cada uno con una foto de Rafael Correa Delgado. Totalmente convencidos de que estaban retando al diablo empezaron a blandir las fotos en el rostro de los iracundos marchantes. "Cuarenta años más", gritaba uno de ellos, calvo, agitando la foto, para responder al grito de "abajo la reelección indefinida".

Momentos antes de las 16:00 del 19 de noviembre de 2014, la policía municipal de tránsito había cerrado el paso en la Avenida Diez de Agosto, y los participantes en la marcha de los trabajadores se iban aglutinando sobre la calzada.

El inicio de la marcha estaba al pie del edificio Benalcázar Mil. Varios patrulleros y policías con motos se preparaban para abrir paso. Tras ellos, se formaban en bloques los distintos grupos que habían decidido participar.

Desde lejos, se veían grupos con banderas de varios colores. Los más cercanos, que formaban parte de las centrales sindicales de inspiración socialista, llevaban banderas de rojo vivo. También, enarbolaban banderas de color blanco, con las siglas de la Cedocut, la Ceols, el Frente Unitario de los Trabajadores, la Unión General de los Trabajadores...

Un grupo de familiares de estudiantes del Colegio Mejía llevaban la bandera amarillo y azul del Instituto secundario. No más de diez jóvenes lucían el uniforme de parada y otros el de educación física.

Al recorrer de cabo a rabo las al menos diez cuadras de la movilización, iban cambiando los colores de las banderas.

Había unas de color celeste, que identificaban a otros sindicalistas. Estaban las banderas del arcoiris que la Conaie reivindica como símbolo andino.

Estaban también delegados de los sindicatos municipales y del Consejo Provincial del Pichincha. Estudiantes de la Universidad Central y de la Escuela Politécnica se identificaban con carteles.

Había también jóvenes con banderas negras del anarquismo, y un grupo considerable de las organizaciones de profesores y estudiantes del desaparecido Movimiento Popular Democrático, que protestaban por el paso de los dineros del Fondo de Cesantía del Magisterio al BIESS.

Hacia el final de la concentración, en un bloque compacto, se podía ver a estudiantes de medicina de la Universidad Central, con algunos médicos del IESS y dirigentes de la Federación Médica. Ellos llevaban carteles en donde continuaban con su protesta contra el Código de la Salud y el Código Penal.

Y el coro lo acompañó: "gallo hervido traidor, gallo hervido traidor". Julio César Trujillo les dirigió una mirada asesina, pero se contuvo y siguió caminando acompañado de un último grito: "gallo hervido, te van a cortar el cuello".

Aunque, propiamente, quienes cerraban la concentración eran los integrantes de un equipo de aseo de calles, quienes sabiendo que los manifestantes dejarían desperdicios en su ruta, los seguían para barrer y limpiar al mismo tiempo que desfilaban.

Cada grupo, pero en especial los de la izquierda marxista, había preparado grupos de volanteo. Así, quien recorría la concentración terminaba con ambas manos llenas de volantes.

Así fueron desfilando miles y miles de obreros, estudiantes, activistas sociales. Entonces apareció la primera víctima de la mofa de los cuatro correístas apostados en la estratégica esquina de San Agustín. Pasó el abogado y activista social Julio César Trujillo, ya anciano; se apoyaba en un bastón para sortear la cuesta de la Guayaquil. "Ahí está el gallo hervido", gritó uno de los contreras. Y el coro lo acompañó: "gallo hervido traidor, gallo hervido traidor". Trujillo les dirigió una mirada asesina, pero se contuvo y siguió caminando acompañado de un último grito: "gallo hervido, te van a cortar el cuello".

Risas generales de los "curiosos y elevados que también son explotados". Así fueron pasando por la andanada de gritos de los cuatro viejos correístas: los dirigentes del FUT, la dirigencia de la Conaie, un grupo de solidaridad con Javier Ramírez, dirigente de la zona de Intag; los madres, padres y alumnos del Mejía y con letreros duros como "Gobierno torturador de niños", y bajo el grito de "no son delincuentes, son estudiantes". Los contreras respondían: "tira piedras es lo que son", y otro soltó de nuevo la amenaza atrincherado tras la foto de Correa: "veinte años más de presidente, ja ja".

Luego pasaron las abigarradas y compactas delegaciones de los sindicados de la fábrica Botar y de los judiciales; los estudiantes de la Politécnica Nacional, los sindicatos de las farmaceúticas, los obreros despedidos de Fabrec, la fábrica de la Policía Nacional; el sindicato de Pintex.

Entonces asomaron los delegados del Colegio de Abogados, la mayoría de chaqueta, sin corbata, una delegación numerosa. Y junto a ellos, un personaje que alteró al rutina provocadora de la contramarcha de la tercera edad: César Rodríguez, el exasambleísta de Alianza País, que llevaba una gigante bandera del Ecuador, extraña entre tantas banderas rojas. "Ahí está el Rodrígueeeez", casi que aulló el calvo. Y todos lo acompañaron con sus fotografías-amuleto desafiantes: "Rodríguez traidor, Rodriguez traidor". No los escuchaba por supuesto, en medio de la vocinglería, hasta que un inusual momento de silencio hizo retumbar en los oídosde los presentes: "traficante de tierraaaas".


En esta foto de René Pacheco, un grupo de jóvenes anarquistas coloca letreros irónicos en los escudos policiales, en la esquina de San Agustín, en la Chile y Guayaquil, en medio de la marcha.


Pasaron los sindicalistas de La Internacional, del Distrito Metropolitano de Quito, las banderas multicolores de Pachakutik, los letreros que pedían la revocatoria del mandato a los asambleístas "borregos" de Alianza País, todos al grito de  "fuera Correa, fuera", "Correa te jodiste, con Quito te metiste".

De pronto, coronando la cuesta apareció Alberto Acosta, y el pequeño grupo de francotiradores correístas se alborotó ante esa presa mayor.

El ex ministro y ex presidente de la Constituyente no recibió esta vez el calificativo de traidor; solo un largo grito del calvo: "Acosta, sigue nomás marchando que ni el perro vota por vos". Y Acosta, que no lo escuchó o se hizo el que no, siguió acompañando la marcha. Risas triunfales en la esquina de la contra marcha y entre casi todos los mirones de ese lado. Los viejos audaces empezaron a ganarse las miradas de odio de la vereda de al frente. Desde ese lado llegó un intento de insulto: "cállate viejo".

Tras Acosta aparecieron las delegaciones de los comerciantes minoristas, de la Fetralpi, los anarquistas con sus vestimentas negras y sus botas pantaneras, el Fondo de Cesantía del Magisterio con letreros que llevaban, curiosamente, una consigna capitalista: "Es mi plata";  los grupos feministas, la Universidad Central del Ecuador y sus estudiantes y profesores, los maestros de la Universidad Católica encabezados por Nelson Reascos y Natalia Sierra, los disciplinados miembros del sindicato del Consejo Provincial de Pichincha. A todos ellos, los viejos correístas mostraban la foto, bajo la salmodia de "veinte años más, veinte años más", pero muy pocos o casi nadie les tomaba en cuenta: demasiado viejos o demasiado pocos, pero ahí estaban.

Y otra vez, en el horizonte de esos cazadores de personajes de la oposición aparecieron otras dos grandes presas para su diatriba: Gustavo Larrea y Diego Borja. Volvió el alboroto, las fotos de Correa se alzaron más alto al grito de "ahí están, esos son los que jodieron la nación", risas y gritos de "traidores", acompañaron a los dirigentes de la flamante Democracia Sí. Los cuatro correístas no cabían de gozo, en esa particular pelea frente al resto del mundo.

Pasaron centenares de médicos y estudiantes de medicina, con sus mandiles y cierta solemnidad, que era rota solo por el grito de "Viagra, viagra para el pueblo, para que se pare frente a este gobierno". Más gritos de los cuatro vengadores correistas: "mataenfeeeermos, mataenfeeeermos, mataenfeeeermos", con la foto de Correa como un ícono religioso. 

Mientras estos veteranos gastaban la garganta, en la marcha se repartían volantes, que ellos no recibían, concentrados en su pugilato verbal. Esto es lo que no les dio la gana de leer:

Una de la FUOS, una filial de la UGTE, informaba que: "Los trabajadores y el pueblo somos conscientes, responsables, independientes de la burguesía, independientes de este gobierno burgués y de la patronal. Los trabajadores tenemos nuestro propio camino, el de la unidad, de la lucha y la acción."

Otra hoja volante, esta vez de Ecuador Decide, revelaba: "Todos y todas le decimos no al TLC con la Unión Europea, porque las enmiendas constitucionales, la reelección indefinida, la ley de aguas, ley de tierras, reformas laborales, son una demanda de la UE para la aplicación del TLC".

De su lado, el Polo Democrático, en su volante, convocaba: "Se requiere reconstituir un espacio amplio de unidad desde abajo, con líderes probados en la lucha y un programa de cambios democráticos y revolucionarios".

En dos hojas, alguna fracción del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) publicaba su "órgano oficial" en donde aparecía el mismo Carlos Marx -el filósofo alemán del siglo XIX, no el ministro de Correa- en la portada, que decía: "Es necesario recordarles que el MIR jamás ha existido como partido electoral ni necesita para existir y trabajar en el desarrollo de las organizaciones y conciencia revolucionaria de las masas de la inscripción en el Consejo Electoral".

Otra volante, sin firma, mostraba las consignas de la marcha: "no reelección indefinida, no alza del gas, respeto a los derechos laborales, no TLC, no alza de pasajes, no represión de estudiantes, marcha victoriosa del pueblo".

Una hoja a colores, y en mejor papel que la del MIR, llevaba la firma de Geovanni Atarihuana, Mery Zamora y Sebastián Cevallos, ex emepedistas que se presentaban ahora como líderes de Unidad Popular, y anunciaba las mismas consignas del MPD, pero con otro nombre. Lo mismo constaba en la hoja de la FESE, cuya consigna era: "no al alza del pasajes y libre acceso a las universidades".

Una joven, ágilmente, entregaba otra volante, que contenía las consignas para gritar en la marcha: "No somos cuatro, no somos diez, Correa economista, aprende a contar bien."; "verde, verde verde es la bandera que oprime y mata a la clase obrera".

Las palabras y las consignas apenas se habían renovado. Y al escuchar gritar "hasta la victoria siempre" hasta se podían confundir los papeles.

Por la esquina de la Guayaquil y Chile, de la cual tomaron posesión los viejos francotiradores correístas, pasaron miles de personas. Una hora completa de manifestantes circuló de forma ininterrumpida por ese punto, que había sido tomado como atalaya por el piquete de correístas. Viéndoles ahí, actuando de esa manera, con ese aspecto, uno recordaba a los ancianitos criticones en el palco del teatro de Los Muppets.

Al final, antes de las motos policiales y del servicio de limpieza del Municipio "barrieran" las calles, pasaron gritando personas de las empresas privadas, defendiendo sus utilidades bajo amenaza, llevando en las manos globos de color negro, y se fue replegando la gente de la esquina de San Agustín. Los correístas se miraron entre ellos con una amplia sonrisa de satisfacción: habían salido ilesos de su batalla de gritos provocadores.

Y antes de que el audaz grupito se esfumara entre la multitud, el calvo echó su último grito dirigido a los ahora invisibles miles de opositores: "chiiii, tanta alharaca que hicieron para no más de cuatro pelagatos".


19N Marcha por la dignidad y los derechos de los trabajadores.
Cortesía de Santiago Pabón Bucheli

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