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20 de Julio del 2015
Historias
Lectura: 14 minutos
20 de Julio del 2015
Redacción Plan V
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Fotos: Presidencia de la República

El estilo magistral y tecnocrático del presidente Rafael Correa se combina con el viejo mesianismo de la política ecuatoriana, cuyo exponente más destacado fue José María Velasco Ibarra.

 

Una reciente investigación académica bucea en la historia política reciente en busca de los orígenes del tecnopopulismo correísta. Carlos De la Torre analizó varios procesos políticos, desde el velasquismo hasta el bucaramismo, que han conducido a la actual coyuntura política: un híbrido entre carisma y tecnocracia, entre mesías y profesor.

Carlos De la Torre cuenta que, cuando era pequeño, vio a un ministro de Velasco Ibarra insultar a su padre en televisión. Lo que hoy podría parecer un hecho cotidiano era entonces toda una novedad, pues los televisores eran escasos y en blanco y negro. Del insulto pasaron las turbas velasquistas a los hechos: una de ellas se fue a lanzar piedras a la sede del diario El Tiempo, del que era director el padre del académico de la Universidad Andina. La vieja consigna de la "prensa corrupta" que el correísmo habría de patentar, resulta que es un argumento de vieja data. 

El hecho, dice De la Torre, le llevó a investigar el populismo, un fenómeno que en el Ecuador contemporáneo se ha convertido en una expresión de la política que, aunque ha mutado a lo largo del tiempo, sigue teniendo los mismos elementos escenciales. 

Las reflexiones de Carlos De la Torre se han sintetizado en el libro De Velasco a Correa, Insurrecciones, populismos y elecciones en Ecuador, 1944-2013, recientemente presentado en la Universidad Andina. 

Las reflexiones de Carlos De la Torre sobre el populismo se han sintetizado en el libro De Velasco a Correa, Insurrecciones, populismos y elecciones en Ecuador, 1944-2013, recientemente presentado en la Universidad Andina.

La obra de De la Torre, según precisó el rector de la Universidad Andina y comentarista de la obra, Enrique Ayala, analiza algunos aspectos de interés político, como, por ejemplo, si el populismo es o no una desviación de la democracia. También, si las insurrecciones políticas de los últimos años han tenido un impacto nocivo o han sido una forma de revocatoria del mandato. 

Para Ayala, el libro no es propiamente obra de historia, sino una reflexión desde la sociología y la ciencia política sobre los procesos que se han dado durante los últimos 70 años. Aunque no se trata de una narrativa secuencial de la historia política reciente, esta obra es un estudio puntual de algunos procesos políticos que usaron la retórica populista para llegar al poder y gobernar. 

Aunque la obra recoge algunos trabajos anteriores del autor, estos han sido reelaborados, y el eje fundamental es la presencia del populismo, un estilo político que se mantiene inalterable a pesar del paso del tiempo y las distintas coyunturas que enfrenta. 

Ayala sostiene que el libro establece la gran ambigüedad de los procesos populistas, pues empiezan siendo una alternativa al poder oligárquico que se sostiene con promesas de participación democrática, pero, una vez en el poder, se convierten en regímenes autoritarios y personalistas. 

El rector de la Andina, sin embargo, expresó sus reservas sobre el populismo en cuanto categoría política, pues, en su criterio, el término puede ser o muy limitado o demasiado amplio como para englobar las distintas formas de liderazgo político que ha visto el país en las últimas décadas.

Pero, ¿cuál es la definición del populismo? De la Torre ensaya un concepto, y sostiene que el populismo es "un discurso o estrategia para llegar al poder y gobernar, basada en la lucha moral y maniquea, entre el pueblo y la oligarquía".

De su lado, Ayala afirma que tanto el velasquismo cuanto el correísmo son solo manifestaciones del caudillismo tradicional de la política ecuatoriana desde los inicios de la República, cuya persistencia no se ha podido explicar del todo. 

Para el comentarista, hay importantes aportes en el libro de De la Torre, que estudia siete procesos políticos en orden cronológico. 

De la "Gloriosa" a Bucaram

El primer proceso político que Carlos De la Torre puso bajo la lupa fue la insurrección popular de 1944, cuando el presidente Carlos Alberto Arroyo del Río es derrocado, en una revuelta que fue capitalizada por José María Velasco Ibarra, quien había sido derrotado fraudulentamente en las elecciones de 1940, lo que había motivado su exilio y el inicio del mito del "gran ausente". La revuelta popular permitió el retorno de Velasco, lo que motiva que Carlos De la Torre destaque en su obra la oposición entre Velasco, "el caudillo popular", y Arroyo, "el arrogante liberal oligarca".

En aquella revuelta, el autor destaca la unidad de conservadores, liberales, socialistas y comunistas, que se aliaron para derrocar al desprestigiado presidente, cuyo régimen había sufrido la derrota militar frente al Perú en la Guerra del 41 y la firma del Protocolo de Río de Janeiro de 1942.

Pero tras llegar al poder con esa coalición variopinta, Velasco Ibarra, precisa la obra, empezó a gobernar con los conservadores y la derecha, e inició una represión de los izquierdistas, aun de quienes lo habían apoyado en su momento. Para 1947, Velasco Ibarra fue derrocado por un golpe militar. 

Esta caída no significó el fin de la carrera política de Velasco. Por el contrario, el caudillo volvería al poder en varias ocasiones, y encontraría nuevos contradictores, como el influyente terrateniente serrano Galo Plaza Lasso, hijo del presidente Leonidas Plaza. Para De la Torre, la contraposición entre Velasco y Plaza expresa el enfrentamiento entre el populismo y el liberalismo tradicional. Aunque Plaza llega al poder entre 1948 y 1952, con un proyecto modernizador y de apertura al mundo, es derrotado en 1960 por Velasco Ibarra. 

Velasco se presentó, desde aquel momento, anota Ayala Mora, como "el apostol de los humildes" aunque era apoyado por amplios sectores de la oligarquía. Mientras Plaza representaba la tolerancia política y la apertura económica, el pueblo prefirió al caudillo del velasquismo.

Velasco se presentó, desde aquel momento, anota Ayala Mora, como "el apostol de los humildes" aunque era apoyado por amplios sectores de la oligarquía. Mientras Plaza representaba la tolerancia política y la apertura económica, el pueblo prefirió al caudillo del velasquismo. En aquella ocasión, triunfó el mensaje mesiánico frente a la racionalidad capitalista, dice el comentarista de la obra.

De aquellos sucesos de política pasada, la obra de Carlos de la Torre pasa a hechos más recientes, como el triunfo y caída de Abdalá Bucaram. En el libro, el autor analiza la trayectoria política de Bucaram y los recursos que empleó en la campaña de 1996, entre los que anota las luchas de clase, la burla y el insulto y el uso de las ceremonias religiosas de manera fundamentalista. 

El paso por el poder de Bucaram, con un estilo que convirtió al gobierno en un escenario de farándula, recuerda Ayala Mora, termina con su caída, en donde el autor destaca la acción de las Fuerzas Armadas como árbitros del poder y su incapacidad de hacer alianzas clave. El regreso de Bucaram en 2005 -y nueva huída-, por obra y gracia de la Pichicorte, es también parte del análisis, pues en aquella ocasión el ex presidente volvió a apelar a la lucha de clases y la reivindicación de los pobres.

Lucio Gutiérrez y el advenimiento del correísmo 

El cuarto capítulo de la obra de Carlos De la Torre está dedicado al coronel Lucio Gutiérrez y su paso por el poder. Gutiérrez, que ganó las elecciones en 2002, tras darse a conocer como uno de los líderes del golpe de Estado contra Jamil Mahuad, tuvo durante su campaña una retórica populista típica, y una serie de conflictos en el ejercicio del poder, en especial, con sus aliados de la izquierda. 

La caída de Gutiérrez, como consecuencia de una serie de movilizaciones populares, es también analizada por el autor, quien pone de manifiesto las similitudes y diferencias entre el autodenominado movimiento "forajido" y las protestas contra Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad. Para De la Torre, las formas y métodos de la democracia liberal no han sido respetados ni siquiera por quienes han disertado sobre sus virtudes. 

Tres capítulos de Rafael Correa

De los siete apartados de la obra, los últimos tres están dedicados al advenimiento del poder correísta, desde sus primeras campañas hasta la actualidad. Aunque no se trata, en rigor, de una obra sobre el régimen de Rafael Correa, no se puede evitar pensar que las primeras partes son más bien un recurso de enfoque previo a la actual coyuntura que vive el país. 

Al referirse a esta parte del libro, Ayala Mora precisa que De la Torre analiza, en primer lugar, los medios y estrategias de la "campaña híbrida" que llevó a la presidencia a Correa por primera vez. En 2006, se combinaron grandes movilizaciones de masas con nuevos medios de hacer política, una experiencia que, en criterio de Ayala, habría de marcar el modo de gobierno del correísmo en los siguientes años. 

Tras esta búsqueda de antecedentes remotos y cercanos, ¿cómo caracteriza De la Torre al actual régimen? Ayala apunta que se trataría de un "tecnopopulismo", pues mezcla elementos tanto del carisma tradicional de sus antecesores con la tecnocracia, que no son, en sí mismos, sistemas de dominación opuestos.

El autor trata de explicar el fracaso del clientelismo del Prian de Álvaro Noboa, pues el partido del magnate fue derrotado de manera repetida por Correa. "Las tensiones entre el proyecto populista y las visiones de la sociedad civil se manifestaron en Montecristi", sostiene el autor, al afirmar que los afanes participativos del presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, fueron finalmente sustituidos por las decisiones del caudillo,  mientras que Ayala Mora cree que en esa constituyente hubo "un fuerte boicot y censura contra opiniones discordantes de la izquierda".

Pero, tras esta búsqueda de antecedentes remotos y cercanos, ¿cómo caracteriza De la Torre al actual régimen? Ayala apunta que se trataría de un "tecnopopulismo", pues mezcla elementos tanto del carisma tradicional de sus antecesores con la tecnocracia, que no son, en sí mismos, sistemas de dominación opuestos. En el discurso de Correa confluyen los dos elementos, y el mandatario se constituye en "profesor y redentor de la nación", lo que diferencia este tipo de populismo de los analizados en la primera parte del libro.

Pero esta curiosa síntesis no se realiza sin conflictos: en especial entre los tecnócratas y los movimientos sociales. De la Torre concluye que el populismo no tiene los mismos efectos en los sistemas políticos institucionalizados, que en aquellas en que las instituciones políticas son más frágiles. 

El 30S es también analizado, con las actitudes presidenciales de un Correa que se mira a sí mismo como un "prócer de la segunda independencia" y el eje de un enfrentamiento entre "buenos y malos". Es por eso que, luego de derrotar a la partidocracia, Correa arremeta contra la prensa y lo que llama "izquierdismo infantil".

La campaña de 2013

La última parte del libro de Carlos De la Torre se refiere a la campaña electoral de 2013. La tesis fundamental es que el correísmo que se presentó como un proyecto democratizador, ha devenido simplemente en otro autoritarismo. 

El poder se ha concentrado, anota el autor, en un movimiento personalista, dominado por un líder carismático. Para explicar el carisma correísta, recurre a la tradicional tesis de Max Weber, pero asegura que esto puede cambiar si las condiciones económicas con adversas.

El poder se ha concentrado, anota el autor, en un movimiento personalista, dominado por un líder carismático. Para explicar el carisma correísta, recurre a la tradicional tesis de Max Weber, pero asegura que esto puede cambiar si las condiciones económicas con adversas. 

¿Ha llegado el país a ello? Ayala piensa que el libro no es una reflexión sobre el presente, sino sobre los hechos pasados, pero en las reflexiones finales se discuten conceptos, como el que anota que el populismo enfrenta al pueblo con una oligarquía maligna y corrupta.

Los líderes populistas, típicamente, actúan como intérpretes del pueblo, definido como una entidad que se identifica con sus redentor por fuera de las reglas de la institucionalidad. 

Finalmente, Ayala aseguró que el libro debió enfatizar en la corrupción, un rasgo, que sin duda, ha marcado todos los gobiernos que se han consolidado con el modelo del autoritarismo populista. 

 

 

 

 

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