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5 de Abril del 2021
Historias
Lectura: 16 minutos
5 de Abril del 2021
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Del voto nulo ideológico a los carteles de la droga
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La postura indígena podría favorecer a los carteles de la droga.  Foto: Luis Argüello. PlanV

 

La irresponsabilidad de los líderes indígenas provocará un incremento de la situación de violencia asociada a los carteles de la droga, esto es así por que la delincuencia organizada hace maravillas en sociedades desinstitucionalizadas, en batallas ideológicas internas y con un sistema de justicia y policía manchado por la corrupción.



Según datos de prensa, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y Pachakutik se van por el voto nulo para el balotaje del 11 de abril.

Y eso es lo que exactamente es un voto ideológico: nulo, que no vale nada. Teun van Dijk, señala que la ideología es todo discurso que se ubica los extremos del nosotros contra ellos y, en consecuencia, niega la postura contraria, por eso es tan anti democrático.

Efectivamente el movimiento indígena está ideologizado lo que tiene como consecuencia su incapacidad de lograr una postura democrática, sus afirmaciones la mayoría de las veces se sitúan en los extremos: hay que acabar con el sistema de opresión, con la derecha imperialista, con el FMI, etc.
Pero de alcanzar el poder, tendrán que liderar el desarrollo económico, promover la empresa grande, mediana y pequeña; extender los acuerdos comerciales (el acuerdo comercial con Europa se hizo en el gobierno de Correa a pesar de que afirmaba que hipotecaría al país ) y negociar con el FMI, porque ni Bieloriusa, Corea del norte, Venezuela, Nicaragua o cualquier gobierno autoritario les va a regalar dinero por hacer de tapete de bienvenida a una inversión que no llegará, salvo para sacar más dinero del que invierten.

Lo que sí llegó con la apertura a los países no alineados al imperio fue dinero del narcotráfico, por ejemplo, de los países del Este.

La irresponsabilidad de los líderes indígenas provocará un incremento de la situación de violencia asociada a los carteles de la droga, esto es así por que la delincuencia organizada hace maravillas en sociedades desinstitucionalizadas, en batallas ideológicas internas y con un sistema de justicia y policía manchado por la corrupción.

Sin un acuerdo social entre los opuestos ideológicos que permita llevar adelante el país, en el caos, el único que siempre está organizado es el crimen. El campo no es inmune al tráfico de personas y de substancias en ninguna parte del mundo.

Un sector indígena ideologizado es fácil de dividir, porque de hecho la ideología produce bandos, su fortaleza como movimiento siempre fue que el enemigo estaba fuera del movimiento y eso los unificaba, pero eso terminó cuando el correísmo envenenó a varios de sus líderes.

La ceguera ideológica de los líderes provocará justamente lo contrario de lo que esperan, que grupos económicos y políticos reaccionarios se alíen al poder mientras continúa el deterioro económico que llevará a la producción agrícola al colapso.

Un sector indígena ideologizado es fácil de dividir, porque de hecho la ideología produce bandos, su fortaleza como movimiento siempre fue que el enemigo estaba fuera del movimiento y eso los unificaba, pero eso terminó cuando el correísmo envenenó a varios de sus líderes.

El voto ideológico es fuente de la manipulación social como lo demostraron Hitler y Stalin, se necesita crear un enemigo que culturalmente encaje con el miedo, el resentimiento vengativo y la sensación de fracaso de las emociones sociales para dividir al país al colapso mientras las élites políticas se enriquecen.

Si creen que el campo es una especie de trinchera donde van a “resistir” otra vez, se equivocan, ya dejamos la década del 60, la china comunista tiene un sistema autoritario y una economía capitalista, un gobierno en el extremo ideológico como el de la revolución ciudadana que lidera Arauz invariablemente conducirá a la producción campesina a mayor deterioro.

Pero como, para la ideología “progresista” el enemigo es el sistema y los grupos económicos son sus representantes, es evidente que no tienen ninguna intención de negociación. Esto me recuerda las películas del Oeste, blancos buenos, indios malos. De esta contradicción nacieron clásicos del Western como La diligencia (John Ford, 1939) en la vida real, la “resistencia” terminó en una reservación y en la absorción cultural por estereotipos que el cine ayudó a fomentar.

No ocurrió lo mismo con el cine mexicano; estimulado por la única revolución campesina de la que tengo conocimiento, nació de la lucha contra el intento de reelección de Porfirio Díaz luego de 35 años de gobierno, que terminó en el estado moderno mexicano con la nueva Carta Magna.
El imaginario del Charro inunda el México urbano y rural al extremo de que allá por 1942 se forma un extraño ejército denominado Legión de Guerrilleros Mexicanos creado por un excombatiente de la revolución Antolín Jiménez Gamas, que luchó junto a Francisco Villa, cuya historia se puede ver en el documental “Matria” de Fernando Llanos.

El punto es que la resistencia indígena me recuerda más la historia de las reservas indias norteamericanas, que la revolución campesina mexicana: se contabilizan según la Oficina de Asuntos Indios, 310 reservas y 562 naciones en los Estados Unidos. Un artículo escrito por Ray Harvey en el portal Mises Wire,  señala que el estado invierte  “3.000 millones de dólares anuales. Esto va a carreteras, educación, agricultura, tribunales tribales, servicios sociales y desarrollo económico general” y sin embargo, la “renta familiar está un 70% debajo de la media nacional”.

La explicación tiene que ver con la historia norteamericana, el Departamento del interior, regula todo el uso de la tierra, incluyendo el arrendamiento, en estas condiciones:  “Las reservas de los nativos americanos sufren esa lúgubre pobreza debido a su falta de derechos de propiedad y el indispensable estado de derecho para la inversión de capital: los activos bajo control perpetuo no pueden usarse como aval”.

Evidentemente la realidad norteamericana  es muy diferente a la situación ecuatoriana, aunque quizá podamos encontrar ciertas analogías, como que el aislamiento ideológico produce pobreza.

En un folleto de la Conferencia Plurinacional e Intercultural de Soberanía Alimentaria (COPISA) se describe que “las unidades de producción agropecuaria (UPAS) menores de una Ha, representan el 29,47% del número de predios, pero ocupan apenas el 0,78% de la superficie total nacional, mientras en el otro extremo, las UPAS mayores de 200 Ha. representan el 0.79 del número de predios pero ocupan el 29,08% de la superficie total nacional”. 

Esta inequidad en la distribución es una parte del problema, aún con una redistribución de la riqueza más justa no se puede asegurar el desarrollo agrícola si no existen las condiciones para la gestión tecnológica y empresarial del agro. Escribo, a propósito, empresarial pues parto del supuesto de que tener la propiedad comunitaria de la tierra no se opone a la optimización de la producción, incluso si se hace con el criterio de fortalecer modelos alternativos ligados a los saberes ancestrales, que dicho sea de paso, pueden ser muy rentables en el mercado internacional.

Lo anterior supone una visión diferente de la historia, en el presente, la resistencia indígena preservó su identidad y fue indispensable para la cohesión ideológica y la organización social, pero en los tiempos actuales, además de preservar la identidad conviene vigorizarla. El confinamiento del pensamiento a una postura ideológica, tiene el costo de mantener la perspectiva de futuro de la situación  indígena en una “reserva”.

La ventaja del movimiento indígena es su poderosa organización, una postura anti sistema puede ser su debilidad, idea contradictoria con su intención de ganar las elecciones presidenciales.

Según la COPISA “En Ecuador, casi las tres cuartas partes (74%) de las personas productoras y dueñas de las unidades de producción son hombres (III Censo Agropecuario Nacional, 2000. INEC) aunque las mujeres constituyen el 42 % de la población activa agrícola. Las mujeres son responsables del cultivo de gran parte de los alimentos, aun sin tener un acceso real a los recursos productivos, ni participación en las decisiones que afectan sus vidas y las de sus familias”, para que esta situación cambie además de una adecuada Ley de tierras para el desarrollo rural, se necesita la organización en función de la productividad, la incorporación tecnológica, la formación académica y técnica de la mujeres, escuelas comunitarias (que el anterior gobierno las destruyó) y sobre todo capacidad de negociación política.

La ventaja del movimiento indígena es su poderosa organización, una postura anti sistema puede ser su debilidad, idea contradictoria con su intención de ganar las elecciones presidenciales: 
“Octubre confirma las lecciones extraídas durante otras luchas: es imposible vencer al capitalismo sin concretar una necesaria alianza obrero-campesina-indígena-popular, sin distanciarse del rosario institucionalista, sin la autodeterminación de los pueblos, sin romper la ilusión democrática burguesa, sin cuestionar la naturaleza del Estado y del poder-realmente-existente, sin pensar la Vida como relacionalidad entre las diferentes formas de existencia más allá de la especie humana” (Citado por Martín Pallares / 4pelagatos).

¿Para qué pelear por la legitimidad de las elecciones si la democracia burguesa cuestiona la relacionalidad de las formas de existencia? Me gustaría saber si existe alguna democracia no-burguesa en la que la autodeterminación de los pueblos no sea una ilusión y que venció al capitalismo. 
Aunque existiera esta democracia utópica, el problema es que en la vida real la ilusión democrática burguesa fue sustituida por la realidad autoritaria empresarial China. Bolivia es un buen ejemplo de cómo la falta de una visión democrática fragmenta al país y con ello la economía y la racionalidad misma. 

Una revolución es, por concepto, autoritaria (Norberto Bobbio) pues supone imponer a una parte de la sociedad su visión a través del control del estado, para que le diga a los ciudadanos cómo deben vivir.
La democracia beneficia al movimiento indígena porque promueve el desarrollo tecnológico, en el contexto de las verdaderas revoluciones de la infotecnología, la infobiología, los algoritmos y el Big Data. Penosamente el estado no puede conducirnos por el rumbo del desarrollo sin competencia (de nuevo el éxito de China y el fracaso de Cuba) y participación en el mercado.

Es imprescindible la democratización del campo, para que los jóvenes indígenas que viven la diversidad del mundo, con habilidad para los idiomas, incluyendo el Quichua, entren masivamente a las universidades.

Así que si gana en las próximas elecciones Yaku Pérez suponiendo que todavía exista el país,  más allá del fraude electoral está la necesidad de salir de la “reserva” mental e ideológica y pensar en el futuro del propio movimiento que ahora se ve como otra versión del extremismo ideológico que nos trajo a la miseria económica y humana en que vivimos. 

La estrategia económica de empleo para mujeres y jóvenes que propone Yaku Pérez como solución para el desempleo,  “sería crear unidades productivas comunitarias, con un alto énfasis en el empleo de mujeres y jóvenes” (El Universo / 8 de febrero 2021) de hecho exige abrirse hacia mercados internacionales para expandir la demanda y generar mayor crecimiento de estas unidades productivas.

También es imprescindible la democratización del campo, para que los jóvenes indígenas que viven la diversidad del mundo, con habilidad para los idiomas, incluyendo el Quichua, entren masivamente a las universidades, de tal manera que sea una presión imparable que dinamice el campo, la economía y la seguridad alimentaria, para estas generaciones el mundo urbano y la globalización coexiste con la tradición y los ancestros.

Las economías nacionalistas, antiimperialistas y progresistas son frágiles hacia fuera y violentas hacia dentro, se sostienen como Venezuela o Nicaragua con sistemas políticos totalitarios.
En  las democracias no institucionales como México sucede a la inversa, el narcotráfico es el que sostiene al gobierno, un ejemplo ocurrió el año anterior cuando una patrulla de más de 30 miembros del ejército dejó libre al hijo del Chapo, Ovidio Guzmán López, luego de capturarlo, por una intervención ferozmente armada de elementos del cartel que lograron evitar su extradición a los Estados Unidos.

El desconocimiento del próximo gobierno, es una estrategia que parece del  Estado Islámico: que se acaben entre ellos, que los infieles se destrocen a dentelladas, 500 años estuvimos y seguiremos aquí, aunque lo que subiste a la masacre quede en manos del narcotráfico y la corrupción.

La estrategia por el voto nulo y el desconocimiento al próximo gobierno tiene fuerza ideológica, sin duda, parece un símbolo de la ética indígena, pero solo parece, en realidad es fruto de la ceguera ideológica que conduce a una irracionalidad estratégica. Denunciar el fraude, presionar por una investigación independiente sin Atamaint, incluso exigir la renuncia de Atamaint - cuya gestión oscila entre la torpeza administrativa, la corrupción (Pablo Piedra / Plan V) y el descarado descuido del sistema informático electoral-, es más productivo y táctico que, en forma patética, colaborar activamente en la destrucción del país.

Movilizar la votación en contra de Arauz, condicionar el apoyo para generar las condiciones para que exista crecimiento en el agro y el desarrollo social, por el contrario, es un camino posible para que, si Yaku Perez gana las próximas elecciones, con una visión democrático que nos una, haga posible la lucha contra los carteles de la droga y las mafias de la corrupción.

Necesitamos  recuperar el sentimiento colectivo de que todos somos personas, unas mejores que otras, que practicamos una vida entre la libertad y la disciplina; porque no tomar lo mejor de Cuba, China, Estados Unidos, Holanda,  Suiza, Chile o cualquier sistema social, para hacer una democracia en la que cada uno sea lo que le de la gana pero con responsabilidad social, con  una ciudadanía digital y un sistema de salud y educación sólidos.

Por el momento el sendero que sigue el Ecuador es similar al tomado por México, las mafias continúan con la industrialización de la corrupción y el ejército está entretenido en tratar de controlar los territorios del país en manos de los carteles. Venezuela es siempre una posibilidad pero tendrían que convencer a la mayoría del país de dejar la dolarización. En los dos casos, esta vez los cómplices declarados de este apocalípsis sin retorno tienen nombres: CONAIE y PACHAKUTIK.

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