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12 de Junio del 2024
Historias
Lectura: 25 minutos
12 de Junio del 2024
Ugo Stornaiolo
Donald Trump: anatomía de una condena
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El expresidente Donald Trump en un tribunal federal de Manhattan, en Nueva York, el miércoles 29 de mayo de 2024. Foto: Jabin Botsford /AP

 

Encarcelar a Trump causaría problemas no sólo porque es candidato a la Casa Blanca (aunque el juez Merchán dice que quiere evitarlo) sino que también es una cuestión práctica: como ex presidente tiene derecho a protección del servicio secreto que debería continuar incluso en prisión.


Fue un día histórico: el mundo nunca había visto a un presidente estadounidense condenado en un juicio penal. No sorprende que sea Donald Trump quien logró el récord, en parte porque el ex -y quizás futuro- mandatario tiene cuatro procesos judiciales sobre su cabeza; y porque nadie como él -entre quienes han ocupado la Casa Blanca- ha mostrado jamás, abiertamente, tanta falta de escrúpulos frente a la ley, hasta el punto de haberla convertido -casi- en parte de su campaña electoral.

Treinta y cuatro veces culpable

Donald Trump fue hallado culpable de 34 cargos relacionados con la falsificación de documentos para ocultar un escándalo sexual que amenazó su elección en 2016. Por primera vez en la historia de EE. UU., un expresidente fue condenado en un juicio penal.

Tras dos días de deliberaciones, el juez Juan Merchán estaba por enviar a los doce jurados a casa cuando le dijeron que tenían el veredicto y sólo necesitaban media hora para completar el papeleo. En la sala del tribunal, Trump se sentó con los ojos cerrados, como lo hizo en gran parte del juicio, esperando. Cuando el portavoz del jurado leyó el veredicto, Trump miró al frente, se sonrojó y sacudió la cabeza, según la retratista de la corte Jane Rosenberg. Y cuando los jurados confirmaron uno por uno que estaban de acuerdo con el veredicto, él los miró fijamente.

El jurado de neoyorquinos decidió por unanimidad que Trump estuvo involucrado en la falsificación de un total de 34 facturas, cheques y asientos contables correspondientes al reembolso de su entonces abogado Michael Cohen quien, en vísperas de las elecciones de 2016, pagó directamente USD 130 000 a la estrella porno Stormy Daniels para silenciarla sobre una relación sexual con el entonces candidato a la Casa Blanca.

¿Cuál será el castigo? ¿y las elecciones?

La noticia de la condena de Donald Trump fue leída con tono severo en CNN por Jake Tapper, quien moderará el primer debate presidencial entre Trump y Biden el 27 de junio. Añadió: “Si se preguntan por las consecuencias políticas de este veredicto, la respuesta corta es: nadie tiene idea. Punto". Sin embargo, en el canal derechista Fox News TV, Jeanine Pirro, presente asiduamente en la sala del tribunal durante el juicio, dijo que nadie más que Trump sería condenado en Nueva York por cargos similares. Tucker Carlson, comentarista expulsado por la propia Fox y ahora retransmitido en su red social sugirió: "si no lo matan primero".

La condena de Trump en el tribunal penal de Nueva York, ciudad que marcó su ascenso, es un hecho histórico: es la primera vez que le sucede a un expresidente de EE. UU. y al candidato a la Casa Blanca de uno de los dos principales partidos del país. La Constitución no prohíbe que una persona condenada -incluso si está presa- se postule para la presidencia.

El expresidente Donald Trump habla antes del inicio de los procedimientos en su juicio en el tribunal penal de Manhattan, el martes 14 de mayo de 2024, en Nueva York. Foto: Cordon Press

¿Qué sucedió?

Este veredicto genera incertidumbre para las elecciones de noviembre. Una encuesta en abril de la Universidad de Quinnipiac decía que el 6% de los votantes de Trump estarían menos dispuestos a votar por él si fuera declarado culpable: un número pequeño, pero que en una elección como esta podría ser significativo.

La audiencia será el 11 de julio. Decidir la sentencia corresponderá al juez Juan Merchán, acusado varias veces por Trump de "corrupto". La pena podría variar desde una multa de USD 5.000 hasta libertad condicional, arresto domiciliario o posiblemente (poco probable) entre 16 meses y cuatro años de prisión. El juez tendrá que tener en cuenta varios aspectos: la edad de Trump (77 años), la falta de antecedentes penales, el hecho de que se trate de un delito no violento le favorece; su desventaja es la violación por parte del acusado de la orden de no agredir a los fiscales, testigos, al juez y a sus familiares en el juicio.

Encarcelar a Trump causaría problemas no sólo porque es candidato a la Casa Blanca (aunque el juez Merchán dice que quiere evitarlo) sino que también es una cuestión práctica: como ex presidente tiene derecho a protección del servicio secreto que debería continuar incluso en prisión. Los servicios secretos comenzaron a analizar esta eventualidad, para estar preparados, teniendo en cuenta la isla Rikers. Pero sería extremadamente complicado para el sistema penitenciario, además de costoso. Incluso el arresto domiciliario o la libertad condicional implicarían complicaciones (...)

El momento del fiscal Bragg, entre amenazas y girasoles

Alvin Bragg es el primer afroamericano en ser fiscal en Manhattan. "Nuestro trabajo es seguir los hechos y la ley sin temor ni favoritismo, y eso es exactamente lo que hemos hecho aquí", afirmó tras la condena de Donald Trump, subrayando que si bien hay "muchas voces, la única voz que importa es la del jurado". En cuanto al futuro y al castigo que podría imponerse al ex presidente, el fiscal no quiso decir mucho: "dejaré que nuestras palabras en el tribunal hablen por sí solas cuando lleguemos a la cuestión de la sentencia", afirmó, y comentó. "No abordaré escenarios hipotéticos".

Este es también el momento de Alvin Bragg: 50 años, nacido en Harlem, graduado en Harvard. Primer afroamericano en ocupar el cargo de fiscal del distrito de Manhattan. Por meses, Bragg había sido objeto de críticas por parte del magnate republicano, acusándolo de ser un fiscal salido de las filas del Partido Demócrata y de hacer "el trabajo sucio" a nombre de Joe Biden y su "camarilla".

El fiscal de distrito de Manhattan, Alvin Bragg, llega a su oficina el jueves 23 de marzo de 2023 en Nueva York. Mary Altaffer / AP

Los hombres del ex presidente lo retratan como un títere a sueldo de George Soros, un filántropo financiero y super donante de los demócratas. En marzo, cuando Trump fue acusado por la fiscalía de Manhattan, Bragg recibió una carta amenazante que contenía pólvora y una nota que decía: "Alvin, te mataré".

En la abarrotada sala del tribunal de Manhattan hubo una representación de “los girasoles de Van Gogh” en el momento de la sentencia. Todas las miradas puestas en el juez Juan Merchán y los jurados, a quienes Donald miró uno a uno desde el banquillo de los acusados mientras pronunciaban su "sí" a la condena.

El fiscal estaba más apartado y los miembros del personal se sentaron atrás. Desapareció el veterano Joshua Steinglass, fiscal adjunto desde 1998, magistrado que dictó la acusación final. En la sala del tribunal sólo había dos asientos libres o más bien ocupados por alguien que no se reveló: un asiento con un periódico encima, el otro con un cojín con la imagen de la obra “los Girasoles de Van Gogh”.

El zigzagueo del juez Merchán: se aplaza hasta el 11 de julio

En las seis semanas del juicio que concluyó con su condena, el juez Juan Merchán fue acusado reiteradamente por Donald Trump de ser corrupto y odiar al expresidente. Nada nuevo para el promotor inmobiliario llegado a la Casa Blanca que a lo largo de su carrera nunca se ahorró acusaciones e insultos contra quienes se le oponen, incluidos fiscales y jueces de los numerosos procesos civiles y penales en su contra. Merchán es, para él, una auténtica bestia negra.

No sólo es el juez del primer juicio de la historia que termina con la condena penal de un expresidente. Este magistrado nacido en Bogotá (Colombia) en 1962 y que llegó con su familia a Estados Unidos cuando tenía seis años, también presidió el juicio por evasión fiscal y falsificación en los registros contables de la Organización Trump (también terminó con condena). También procesó al director financiero de Trump, Allen Weisselberg, quien confesó una evasión fiscal de USD 1,7 millones y aceptó testificar contra su empresa y salió airoso con una pena de prisión relativamente leve (cinco meses).

También será el turno de Merchán de presidir el juicio a Steve Bannon, ideólogo ultraconservador, activista y gran aliado de Trump, acusado de haber recaudado fondos declarando fines políticos pero, en realidad, siguiendo una trama fraudulenta que incluye lavado de dinero sucio.

Criado en Nueva York, en el barrio obrero de Queens, el menor de seis hermanos, pero el primero de su familia en graduarse (en la Universidad de Hofstra), Merchán es juez del Tribunal Supremo de este Estado desde hace 15 años. Hasta ahora conoció casos de fraude financiero, procesos contra organizaciones criminales y abusos de poder por parte de agentes de policía.

Con Trump se encontró manejando por primera vez casos de gran importancia política. Lo hizo con actitud decidida, resistiéndose a los excesos verbales del líder conservador, dispuesto a contrarrestar las coacciones de sus abogados e incluso a suspender una audiencia ante la actitud irrespetuosa de un testigo de la defensa.

El juez Juan Merchan en su oficina en el Tribunal Penal del Condado de Nueva York el 21 de octubre de 2022. Crédito: Ahmed Gaber / The New York Times / Redux

Pero nunca llevó a las consecuencias extremas las sanciones por los delitos adicionales de desacato al Tribunal que se imputaron a Trump (es decir, falta de respeto al tribunal y violaciones de las prohibiciones de amenazar y difamar a los testigos y miembros del jurado involucrados en el proceso). Merchán simplemente multó a Trump con USD 1.000. También podía haberlo arrestado, especialmente cuando Trump sacó a relucir a la hija del juez, Loren, propietaria de una agencia de marketing digital que también trabajaba para el partido demócrata, calificándola de odiadora suya que intentó influir en su padre.

Los abogados del expresidente también quisieron recusar al juez Merchán por esto y porque el magistrado hizo donaciones al Partido Demócrata y a la campaña de Biden en el pasado. La solicitud también fue rechazada por el importe insignificante de estas donaciones (USD 15 a Biden y USD 20 al Partido Demócrata). También se rechazó una apelación de la diputada republicana Elise Stefanik, que pidió la destitución del juez por conflicto de intereses.

En cualquier caso, Merchán, siempre dispuesto a bloquear los excesos verbales de Trump, aclaró varias veces que no intentaría detener a "un ex presidente que también podría ser el próximo líder de EE.UU.". Por lo tanto, es probable que incluso el 11 de julio, cuando decida el castigo en base a la sentencia pronunciada por el jurado popular, Merchán evite enviar a Donald tras las rejas. También porque su decisión será en vísperas de la convención republicana en Milwaukee que coronará a Trump como su candidato a la Casa Blanca.

“La tormentosa” que desató la tormenta

Stormy Daniels, seudónimo de Stephanie Clifford, se hizo famosa por confesar que tuvo una relación sexual con el hombre que se convertiría en presidente de los Estados Unidos y haber recibido en octubre de 2016 (un mes antes de las elecciones) USD 130 mil de Michael Cohen, el entonces abogado de “The Donald”, para no divulgar la noticia. Pero, ¿cómo Clifford, una aspirante a periodista de Luisiana, se convirtió en Stormy Daniels, la actriz porno que metió a Trump en problemas y envió a prisión a su ex abogado Michael Cohen?

Se sabe que creció con su madre divorciada, con graves problemas económicos: a veces incluso se quedaban sin luz porque no podían pagar las facturas, como cuenta en su biografía Full Disclosure. De niña en el colegio editaba el periódico del instituto, sueño pronto interrumpido. Su debut en el mundo del porno se produjo cuando era menor de edad: a los 17 años, una amiga stripper la convenció para actuar con ella en el escenario de un club de Baton Rouge, Luisiana. Les gustó tanto que la contrataron de inmediato.

La actriz de cine para adultos, Stephanie Clifford, también conocida como Stormy Daniels, llega a los estudios de ABC para aparecer en el programa de entrevistas The View en la ciudad de Nueva York, Nueva York, EE. UU., el 17 de abril de 2018. Foto: Reuters

Desde su aprendizaje en los clubes hasta el cine de luz roja: Stephanie/Stormy fue protagonista de más de 150 películas para adultos. Con dotes empresariales, también fue directora, guionista y productora. De 2003 a 2010 se casó, uno tras otro, con tres compañeros actores. Con el tercero, Brandon Miller, tuvo una hija en 2011. Dos años antes intentó dejar atrás el porno lanzándose a la política: se postuló para el Senado en Luisiana con los republicanos. Al final se retiró...

“Atrapar y matar”, la metedura de pata de Giuliani y el legendario reloj Grand Central Station: una investigación que duró 8 años

Como suele ocurrir en estos casos —especialmente en la América "criada" por Bob Woodward y Carl Bernstein— todo empezó con una "pista" y un consejo: corría el rumor de que un abogado estaba comprando el silencio de algunas mujeres que tuvieron aventuras con Donald Trump. Era finales de 2016 y el magnate se postulaba para llegar a la Casa Blanca contra Hillary Clinton.

Uno de los tres periodistas que encendió la primera chispa de la investigación para repasar en el New York Times (como pasó en la génesis del escándalo Watergate) que llevó a la condena del ex presidente y futuro precandidato. En aquel momento, Michael Rothfeld trabajaba para otro periódico, el mucho más conservador Wall Street Journal, y junto con sus colegas Joe Palazzolo y Lukas Alpert “rompieron” la historia que ahora es parte de una Historia con mayúsculas: en resumen, obtuvo la primicia. Ese primer artículo salió cuatro días antes de la elección de Trump.

Estas fueron las etapas: el editorial “atrapa y mata”

Un primer personaje —también protagonista del juicio de las últimas semanas— es David Pecker, ex editor del semanario de derecha National Enquirer y amigo de Donald: fue quien pagó a Karen McDougal, la modelo de Playboy que afirmó haber tenido una larga relación en 2006, de casi un año, con el futuro comandante en jefe.

Rothfeld dice que su colega Palazzolo obtuvo pruebas del asunto de un abogado de Los Ángeles, Keith Davidson, en una carpeta marrón durante una reunión secreta en Nueva York cerca del legendario reloj de Grand Central Station, el punto de encuentro más famoso del mundo. entre miles de personas que, como cada día, se reunían justo debajo, antes o después de un viaje en tren.

A raíz de ese artículo nació la expresión catch and kill, estrategia de algunos medios cercanos al poder que compran los derechos de las noticias candentes con exclusividad y luego las entierran porque no llegan a ningún competidor. Ahí entró “la tormentosa”. La reportera relata cómo la figura de Davidson condujo en un año a la estrella porno Stephanie Clifford, alias Stormy Daniels, que también buscaba "compradores" para su propia "anécdota" trumpiana: una relación sexual de diez años antes, en la misma época que la de McDougal.

El abogado-cajero fue Michael Cohen, quien le pagó a Daniels, informó el Wall Street Journal en ese momento. Pero, entonces, el ex reparador de Donald todavía estaba interesado en encubrir a su jefe, mantenerlo a salvo de la responsabilidad directa y asumir la responsabilidad de haber "liquidado" a la actriz con USD 130.000. El objetivo para los periodistas era, como en Watergate con Nixon, rastrear la cadena de órdenes y demostrar la implicación directa del hombre que en ese momento ya era el más poderoso del país.

En abril de 2018, una serie de búsquedas contra Cohen y Pecker permitieron obtener de sus teléfonos móviles elementos que luego resultarían decisivos. Pero fue un tercer abogado -más famoso por haber sido alcalde de Nueva York y "héroe" del 11 de septiembre-, Rudolph Giuliani, quien metió la pata y reveló en directo por televisión el papel directo de Trump en el asunto: "el dinero lo pagó una oficina jurídica -le dijo a Fox- y Donald luego le reembolsó el dinero." "¿En realidad?" Respondió un asombrado Sean Hannity, presentador y punta de lanza de la televisión más trumpiana de EE.UU.

Una conversación grabada por Cohen con Trump confirmó a los investigadores el papel directo del presidente en la operación y las deudas impagas del ilustre cliente a su ex abogado llevaron al mortal cambio de actitud y posterior colaboración con los magistrados del propio Cohen, que primero fue declarado culpable de evasión fiscal y perjurio, para luego comenzar a acusar al "pez gordo". Hasta el juicio y el veredicto.

Wolff: “Donald utilizará la condena a su favor”

“Es un caso extraordinariamente sólido, espero una condena por todos o al menos por algunos de los cargos”, dijo Michael Wolff, en vísperas del veredicto en el juicio a Donald Trump en Manhattan por los pagos a la estrella porno Stormy Daniels.

Estaba en fila, de madrugada, para entrar al tribunal y concurrir al juicio, donde también asistió a los alegatos finales. Wolff es el autor del best seller de 2018 “Fuego y Furia”, el libro más explosivo sobre la presidencia de Trump, cuya publicación el propio expresidente quiso impedir, creado por el periodista estadounidense instalándose primero en la campaña electoral de 2016 y luego en los sofás de la Casa Blanca, observando todo "como una mosca en la pared".

Las copias del libro Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump, del autor Michael Wolff, se ven en la librería Book Culture en Nueva York, EE.UU., el 5 de enero de 2018. Reuters

¿Por qué la defensa no logró socavar la credibilidad del testigo clave, el ex abogado y cómplice de Trump, Michael Cohen, quien en el pasado mintió ante el tribunal y al IRS?, le preguntaron los periodistas a Wolff. “La defensa de Trump fue la defensa tradicional de Trump: negar, negar, negar. Negar incluso lo innegable. El caso del fiscal fue claro, explicado detalladamente. No hay duda de que falsificaron documentos de la empresa: sería engañoso decir lo contrario. Y lo hicieron para influir en las elecciones. Eso es todo".

Sobre cómo utilizará Trump la frase, Wolff responde: “en cualquier caso, culpable o no culpable, estaba claro que este veredicto se convertiría en un tema de la campaña electoral, casi en el tema principal de la campaña electoral. Entonces, en cierto modo, juega a su favor".

Presidentes y sus problemas con la ley: Grant y las carreras de caballos...

Donald Trump es el primer expresidente de EE.UU. juzgado y condenado en un proceso penal, pero varios predecesores tuvieron problemas con la ley. El caso más famoso es Watergate, escándalo que llevó a Richard Nixon a dimitir en 1974. El entonces presidente republicano encubrió primero el allanamiento de sus hombres en la sede del Partido Demócrata. Luego, cuando las investigaciones comenzaron a agobiar a sus colaboradores, quienes poco a poco dimitieron, quiso entorpecer las investigaciones y tapar las filtraciones de las que salían noticias con los llamados "fontaneros". Nixon finalmente dimitió.

Otro caso famoso es el impeachment (proceso de destitución) de Bill Clinton en 1998. La investigación comenzó con dos escándalos (Whitewater, sobre los negocios inmobiliarios del entonces presidente y las denuncias de acoso presentadas por una mujer, Paula Jones) y terminó con el impeachment de Clinton por mentir bajo juramento y obstrucción de la investigación sobre su romance con Mónica Lewinsky: el Senado lo absolvió de ambos cargos.

El otro presidente, antes de Trump, en ser acusado fue Andrew Johnson en 1868, en un país aún dividido tras el final de la Guerra Civil: fue acusado de haber destituido al secretario de Guerra, Edwin Stanton, sin el voto del Congreso, reemplazándolo por el general Lawrence Thomas.

El caso más curioso es el del presidente Ulysses Grant, sucesor de Johnson, pero sobre todo el general que llevó al ejército de la Unión del Norte a la victoria en la Guerra Civil y un apasionado de los caballos. Sin embargo, Grant es también el único presidente, antes de Trump, que ha sido arrestado.

En 1872 fue detenido dos veces en dos días por exceso de velocidad mientras circulaba a bordo de un carruaje tirado por dos caballos por las calles de Washington: la primera vez recibió una advertencia, la segunda lo llevaron a la comisaría junto con amigos -muchos eran altos funcionarios del gobierno, con quienes estaba compitiendo- y salieron con una fianza de 20 dólares, equivalente a USD 500 de ahora.

Al final todos fueron condenados a pagar una multa. Sin embargo, a diferencia de los otros casos, los periódicos de la época no publicaron una sola línea sobre esa detención, como reveló en 1908 el agente que lo arrestó, William West.

En una entrevista con el Sunday Star de Washington, West afirmó -y los hechos fueron confirmados por el departamento de policía de la capital un siglo después- que el presidente parecía "un estudiante sorprendido por el profesor con las manos en la masa", pero que era absolutamente educado y él acompañó al presidente a bordo de su carruaje a la comisaría. Durante el juicio, los amigos de Grant intentaron que despidieran a West, pero el presidente envió una carta al jefe de policía elogiando el coraje del agente West.

(*) Con información traducida del Corriere della Sera de Italia

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