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2 de Julio del 2015
Historias
Lectura: 30 minutos
2 de Julio del 2015
Redacción Plan V
El 2 de julio: la tarde que no hubo un golpe de Estado

Fotos: Luis Argüello

Un reforzado cerco, entre antimotines, Policía Nacional y mujeres, desalojó a los manifestantes de la oposición que se ubicaron en la Plaza Chica para ir hacia el Palacio de Gobierno. La Policía frenó ese intento.

 

Cientos de trabajadores, opositores al Gobierno arrancaron en la mañana la jornada de movilizaciones con una marcha a la Asamblea Nacional.

 

A pesar de los anuncios del Gobierno sobre una tenebrosa conspiración para asaltar el Palacio de Carondelet el 2 de julio, esto no ocurrió. Alianza PAIS recurrió a sus simpatizantes del interior de la República mientras que los movimientos sociales y la gente de la Shyris convergieron hacia el Centro Histórico. El presidente Rafael Correa volvió a la tarima en tono desafiante. Hubo incidentes entre opositores y policías.

El veterano periodista mexicano Jacobo Zabludovsky, quien murió la mañana del 2 de julio de 2015 en su país, solía decir: "cada quien habla de la feria según cómo le va en ella". La frase calza perfectamente para el balance de la nueva puja entre Gobierno y oposición en las calles del Centro Histórico de Quito, en donde el presidente Rafael Correa convocó a miles de simpatizantes, la mayoría provenientes del interior de la República, a apoyar su proyecto político en la Plaza de la Independencia.

Para Correa, la concentración fue un éxito. Para sus opositores, las movilizaciones que avanzaron desde el Parque de El Arbolito y El Ejido hacia el Palacio Presidencial fueron, también, contundentes.

El plan para el asalto del poder descubierto por la seguridad del Estado incluía la toma de los aeropuertos de Quito y Guayaquil y el cierre de las fronteras en Huaquillas y Rumichaca, así como sitiar a las funciones del Estado para que Andrés Páez comparezca en el Palacio de Gobierno a "resolver" la situación.

Lo que no ocurrió fue el golpe de Estado cuyo guión había leído el ministro del Interior, José Serrano, en una rueda de prensa ocurrida la víspera, en la que denunció a los asambleístas opositores Lourdes Tibán y Andrés Páez y a los coroneles en retiro Mario Pazmiño, ex jefe de Inteligencia militar, y César Carrión, ex director del Hospital de la Policía, como los cerebros grises de un plan siniestro cuyo propósito era asaltar el Palacio de Gobierno con fuerzas de choque armadas con palos, globos de tinta negra y pimienta en polvo para provocar una sinfonía de estornudos entre las monturas y las mascotas policiales.

El plan para el asalto del poder descubierto por la seguridad nacional incluía la toma de los aeropuertos de Quito y Guayaquil y el cierre de las fronteras en Huaquillas y Rumichaca, así como sitiar a las funciones del Estado para que el asambleísta de CREO, Andrés Páez, comparezca en el Palacio de Gobierno a "resolver" la situación. La Operación Valkyria contra Adolfo Hitler era poco menos que un chiste comparado con lo que había descubierto el ministro Serrano.


Fotos: Presidencia de la República


Imágenes de la movilización convocada por el presidente Correa el 2 de julio del 2015. Miles de ciudadanos llegaron desde varias provincias del país para llenar la Plaza Grande de Quito. 
(Fotos: Plan V)

 

Los correístas de provincia llegan en bus 

Aunque nadie tomó en serio el anuncio del Ministro, en especial, entre los sectores de oposición, que lo criticaron hasta la sátira más mordaz, la mañana del 2 de julio empezaron los despliegues de seguridad del Estado por lo que pudiese ocurrir en la tarde.

Desde antes de las 10:00, simpatizantes de Alianza PAIS (AP) de las provincias del Ecuador continental llegaban en buses hacia el sector del Coliseo Rumiñahui y el barrio de El Dorado, en donde dejaban sus transportes para caminar hacia el parque de El Arbolito. Ahí estaba prevista una primera concentración de las juventudes de AP, capitaneadas por la ya no tan juvenil ministra Doris Soliz. Las juventudes verde flex recibieron refrigerios en el parque de El Arbolito -ya no sánduches, sino octavos de pollo, según reportó una periodista en Twitter- y con las energías renovadas, se sumaron a grupos de otros manifestantes que empezaron a avanzar hacia el Centro Histórico.

La tarde veraniega y soleada de Quito recibió a los provincianos, un tanto molestos por el fuerte sol que les pegaba en los rostros. Sin dificultad, los grupos de militantes del oficialismo alcanzaron la Plaza de la Independencia, en donde se fueron colocando entre las jardineras y las fuentes del parque afrancesado.

El anfitrión en la Plaza Grande capitalina era el cuencano José Serrano, ministro del Interior. El ministro supervisaba todos los detalle de la ocupación de la Plaza y de su seguridad.


Uno de los memes en la página de Facebook Vamos juntos Ecuador de las decenas de comentarios burlescos en las redes sociales sobre la teoría de conspiración del ministro Serrano. 

Serrano, quien había advertido del golpe unas pocas horas antes, basado en informes de los servicios de inteligencia del Estado, entró y salió del Palacio de Gobierno en varias ocasiones. Poco después del mediodía, un grupo de policías metropolitanos notó que se pretendía instalar, sin permisos, una tarima en el costado noroccidental de la Plaza Mayor. Los municipales, armados solamente con toletes, habían tenido ya varios roces con algunos manifestantes, que se quejaron ante los siempre dispuestos y oportunos reporteros de los canales del Gobierno de que les estaban quitando su derecho a expresarse en plena plaza pública.

Pero el choque más severo entre el Gobierno Nacional y el Gobierno Autónomo Descentralizado estaba por venir. Los encargados de montar la tarima empezaron a descargar las piezas del escenario en el suelo, lo que motivó el rechazo de los policías municipales, que les recordaron que el Cabildo no había autorizado ni carpas ni tarimas en ese sitio ni en ninguna otra parte de la Plaza. Verlos en esa pose el ministro, irse sobre los municipales furioso, hacerlos prácticamente huir, todo fue uno. El ministro dispuso que la tarima se monte en dicho sitio y punto.

Verlos en esa pose el ministro, irse sobre los municipales furioso, hacerlos prácticamente huir, todo fue uno. El ministro dispuso que la tarima se monte en dicho sitio y punto.

Y los municipales, ante la arremetida del titular de la Cartera del Interior, optaron por retirarse. El Municipio, a los pocos minutos, emitió un comunicado de protesta por el maltrato del que fueron objetos sus agentes, pero la tarima se quedó en donde la estaban plantando. El Municipio notificó esa misma tarde a AP con el inicio de un proceso administrativo por el mal uso del espacio público. 

Desde ese momento, el Ministro se convirtió en el amo y señor de la Plaza Grande. El Estado ejerciendo su poder en persona. Espantados los municipales por obra y gracia de Serrano, los obreros de la tarima empezaron su tarea de armar el gran rompecabezas de metal, tubos, tablas, luces y cables. Esta vez, el alcalde metropolitano de Quito, Mauricio Rodas, no salió a defender la Plaza, como hizo en una ocasión anterior, cuando desalojó de un sitio ubicado a pocos metros de ahí al concejal de AP Mario Guayasamín. Rodas no estaba en la capital, y seria el propio Gobierno quien anunciaría dónde pasó la tarde.

Se fueron, pues, los municipales. Y el humor del ministro del Interior mejoró al punto de comprar una pequeña marioneta a un artesano, de los muchos informales que vendían cosas en la concentración gobiernista. Era un payaso, le costó diez dólares, lo hizo caminar un poco por la Plaza y, cargándolo, entró de nuevo al Palacio presidencial, con la satisfacción en el rostro de quien ha puesto la casa en orden.

Aunque desde antes del mediodía los correístas ya ocupaban buena parte de la Plaza Grande, la seguridad empezó a desplegarse a eso de las 15:00. No menos de 20 buses llegaron a la calle Benalcázar, justo detrás de la manzana palaciega, y una gran contingente de policías empezó a formar en la Plaza de San Francisco.

Se formaron en un cuadrilátero en la Plaza, para recibir instrucciones. Llevaban chalecos fosforescentes y algún equipo antimotines. Pocos minutos después llegaron soldados de las Fuerzas Especiales del Ejército, ataviados con boinas rojas, mochilas y armas para la guerra. Los paracaidistas cruzaron la Plaza de la Independencia y entraron en fila india en el Palacio de Gobierno, por la puerta norte de las cocheras.

Si el temido golpe de Estado de Andrés Páez, Lourdes Tibán y otros se iba a concretar, tendría que pasar por encima de cordones de policías, de simpatizantes verde flex y de los soldados de élite del Ejército. El golpe anunciado por José Serrano tenía, al parecer, las cosas muy complicadas.

Si el temido golpe de Estado de Andrés Páez, Lourdes Tibán y otros se iba a concretar, tendría que pasar por encima de cordones de policías, de simpatizantes verde flex y de los soldados de élite del Ejército. El golpe anunciado por José Serrano tenía, al parecer, las cosas muy complicadas.

Para las 16:00, debidamente asegurado el perímetro, y todavía con fuerte sol, hizo su primera aparición en el balcón del Palacio el presidente Rafael Correa. El mandatario lucía chaqueta y camisa azules, y tomó un micrófono inalámbrico conectado a potentes altavoces ubicados en la terraza del Palacio. Su primera intervención fue más bien corta, como para dar la bienvenida y saludar. Fue dosificando el mensaje, porque era evidente que pensaba volver a hablar a la largo de la tarde. Repitió las consignas habituales, sobre que la Revolución correísta se va a defender en paz, pero con firmeza. Y luego, volvió a entrar al Palacio Nacional, ante el aplauso de sus simpatizantes.

No pasó media hora cuando hizo una segunda aparición: esta vez quería denunciar algo que los medios del Gobierno ya habían informado: el alcalde Mauricio Rodas, quien, en su opinión, ha pasado el primer año de su gestión sin hacer nada de provecho, no estaba en Quito, sino en el octavo piso del hotel Oro Verde de Guayaquil en una reunión con Jaime Nebot, Paúl Carrasco, y otros líderes regionales que pretendían organizar una nueva gran marcha en Quito, para desestabilizar al país. El Presidente se lamentó de tener que estar en estas cuestiones políticas cuando, en realidad, preferiría estar en profunda reflexión, casi en éxtasis religioso, ante la inminente visita del Vicario de Cristo a estas tierras equinocciales. Pero no, esta oposición no le dejaba a él y al país dedicarse a cosas tan piadosas.

Vuelve el presidente a entrar al Palacio. Mientras tanto, abajo, en la Plaza Mayor, banderas del socialismo con la característica antorcha roja, alternan con banderas de PAIS, con banderas nacionales y hasta con las de Cuba y Venezuela. La nota folclórica la ponen indígenas con trajes tradicionales, como algunos tsáchilas y amazónicos, y personas que lucen uniformes militares y camisetas negras y se identifican como ex militares de los contingentes indígenas del Ejército en la frontera peruana, los famosos "Arutam", quienes aclaran que no están apoyando sino protestando por sus derechos.  

Se oyen consignas de la vieja izquierda: el pueblo dicen, no se cansa en la lucha. En algunas de las banderas han escrito: "sigue Correa sigue" y, copiándose sin rubor del chavismo venezolano, empiezan los correístas a gritar: "Uh, ah, Correa no se va".

 

"Uh, ah, Correa no se va" no va más...

A la tercera salida del Presidente al balcón desde donde el Barón de Carondelet tomaba el sol por gracia de Su Majestad católica, el entusiasmo en la Plaza se redobla. Correa ya no se queda en el mismo sitio, justo bajo el reloj que marca las horas desde tiempos de García Moreno. No, tomando conciencia de que el balcón es muy grande, de que es una gran terraza en realidad, empieza a recorrerlo de norte a sur y de sur a norte, y se detiene a escuchar lo que gritan sus simpatizantes: "uh, ah, Correa no se va"...

La cara del Presidente muestra esa expresión de suficiencia intelectual que le encanta poner en las sabatinas, y propone en tono de orden: lo que debemos contestar a la oligarquía de luto eterno es: "fuera golpistas fuera". No lo prohíbe, pero da a entender que el "uh, ah.." no va más. Ahora propone-dispone: la consigna es "fuera golpistas fuera", se van olvidando del cántico caribeño aquel.

La cara del Presidente muestra esa expresión de suficiencia intelectual que le encanta poner en las sabatinas, y propone en tono de orden: lo que debemos contestar a la oligarquía de luto eterno es: "fuera golpistas fuera". No lo prohíbe, pero da a entender que el "uh,ah.." no va más. Ahora propone-dispone: la consigna es "fuera golpistas fuera", se van olvidando del cántico caribeño aquel.

Mientras el Presidente pasea de norte a sur y de sur a norte en la gran terraza de su Palacio, la tarima que los "chapitas" municipales objetaron en vano está ya lista para operar.

Hasta ahí han llegado el canciller Ricardo Patiño, con una chompa tricolor de calentador que nada tiene que envidiar a las de Nicolás Maduro, y la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, con un traje verde decorado con los infaltables motivos étnicos. Ambos cantan a todo pulmón parados en la tarima, mientras alguien le ha alcanzado al Presidente, quien sigue en las alturas del campanario palaciego, una bufanda de color café, no se le vaya a resentir la garganta.

Correa ha cantado ya, desde lo alto: "Venceremos, venceremos,/mil cadenas habrá que romper,/venceremos, venceremos,/ la miseria sabremos vencer". La garganta presidencial estaba lista también para clamar, algo desentonadamente, esa otra que dice: "con tu querida presencia, comandante Che Guevara". Y nuevamente, el correísmo católico hasta la médula, no tuvo rubor en cantar las viejas canciones del marxismo ateo, como para dárselas de ecléctico y posmoderno, de revolucionario y popular. 

La cuarta salida del Presidente ya no fue al balcón del Barón de Carondelet, ni al pie del reloj de García Moreno. Político de tarima, al fin, como las cabras que tiran al monte, Rafael Correa optó por caminar hacia la tarima iluminada con tonos azules a donde lo acompañó parte de su Gabinete, con el vicepresidente Jorge Glas, el ministro de Defensa Fernando Cordero, el secretario de Comunicación Fernando Alvarado, la ministra Doris Soliz y otros.

Una vez ahí, el mandatario insistió en sus ejes de toda la tarde: volvió a denunciar la reunión "secreta" de Rodas, Nebot y Carrasco, aunque a esa misma hora ellos daban en Guayaquil una rueda de prensa pública; insistió en que en el país todo el mundo tiene derecho a protestar en el marco de la Constitución y las leyes, sin violencia; y reiteró que los proyectos de las leyes de herencia y plusvalía son solo un pretexto de ciertas élites que quieren sacarlo del poder. Ya lo había anticipado desde el balcón: él no es Bucaram, ni Mahuad, ni Gutiérrez, como dando a entender que no va a ser tan fácil obligarlo a salir del Palacio como ocurrió con los mencionados. 

Terminó de hablar y siguió cantando, a dúo con sus ministros, en especial, con el canciller Patiño, el tenor más entusiasta de la vigilia correísta en la Plaza Grande.

Noche de luna; lluvia de toletazos 


Video de Plan V que muestra las actitudes del ministro José Serrano.

La noche estaba despejada y la luna llena brillaba en lo alto, mientras el presidente Correa cantaba canciones del pentagrama nacional, cómodo en su tarima. Quien no estaba para cantos revolucionarios fue el ministro José Serrano.

El abogado morlaco, muy metido en su papel de jefe supremo de policía y militante de PAIS, se enteró de que en la calle Guayaquil, a apenas una estrecha cuadra del Palacio, se habían generado ya incidentes entre los opositores y la Policía.


En la calle Espejo, un grupo de choque correísta empieza a movilizarse para intentar romper el cerco policial y enfrentarse a los opositores.


Frente al cerco policial, el ministro José Serrano grita contra la movilización de opositores. Lo acompaña Óscar Bonilla, dirigente de Alianza PAIS (de lentes y barba).


Paco Velasco, ex ministro de Cultura en primera línea del grupo de choque de PAIS.

En persona, Serrano compareció a la Plaza Chica, en Espejo y Guayaquil, y no dudó en enfrentarse con los opositores. En ese punto hubo forcejeos y golpes. El abogado y militante de Pachakutik, Milton Castillo, recibió un toletazo, y, al parecer, la Policía  sufrió cuatro heridos. 

En persona, Serrano rodeado de una turba de correístas, compareció a la Plaza Chica, en Espejo y Guayaquil, y no dudó en enfrentarse con los opositores. Testigos afirmaron verlo gritar consignas como "fuera golpistas fuera", "pelucón sucio hijo de Lucio", "baboso hijo de Lasso" entre otras delicadezas y presionar para que la fuerza pública deje pasar a sus militantes. Serrano estaba flanqueado por guardaespaldas y también por Óscar Bonilla Soria, secretario de acción política de AP. También estaba ahí Paco Velasco, exministro de Cultura.

El grupo de choque, encabezado por Serrano, fue empujado por los efectivos de la Policía hacia la Plaza Grande, a pesar de las protestas de los militantes y funcionarios gobiernistas que insistían en que la Policía les dejara pasar a enfrentarse con la marcha opositora. Un manifestante calvo, que estaba al lado del ministro señalaba con la mano a un policía que no les dejó romper el cerco: ¡te voy a cobrar esto, vas a ver hijo de puta, que te hago pagar!

Fue la presencia de un alto oficial del Ejército, con boina roja y radio en la mano, de apellido Castro, la que permitió la reorganización de las fuerzas policiales. El militar prácticamente ordenó el retiro del ministro y sus huestes y organizó su protección, con exclamaciones de "vamos ministro vamos, tranquilo, usted tiene la razón, vamos ministro (...), seamos inteligentes". Mientras Serrano era llevado fuera del tumulto se escuchaba otra voz dirigiéndose al ministro Serrano: "venga, venga, ayude a los compañeros policías, respeto a los policías", mientras los manifestantes gritaban la consigna que se les había indicado desde el balcón de Palacio: ¡fuera golpistas, fuera!

Del otro lado del cordón, la Policía debió aplicarse a fondo para evitar que el ministro quede rodeado por los manifestantes opositores, que buscaban romper el blindaje humano de la Policía y que respondieron con palos y botellas, pero rápidamente llegaron refuerzos para conformar un nuevo cordón y policías a caballo, igual que en la calle Bolívar. 

En ese punto hubo forcejeos, insultos y golpes. Varios periodistas fueron maltratados en medio del tumulto; una reportera alcanzó a darle una bofetada a una mujer policía que la empujaba.

El abogado y militante de Pachakutik, Milton Castillo, recibió un toletazo, que le lastimó la cabeza y la Policía detuvo a un opositor, al cual se llevaron, literalmente, cargándolo en peso. El detenido recibió 30 días de prisión preventiva mientras se lo investiga por el presunto delito de ataque y resistencia, pues la Fiscalía sostiene que golpeó a un policía y se robó un tolete, bien de la Nación. 

El Gobierno, cerca de las 23:00, informó de cuatro policías heridos con golpes en las piernas, que habían recibido con tubos de los que se proveyeron los manifestantes. Los policías eran atendidos en el Hospital de la institución. 


Un grueso cerco policial se emplea a fondo para impedir que grupos de choque opositores se enfrenten con el grupo correísta que estaba del otro lado.


Un manifestante opositor es detenido por la Policía. "No le pegarán frente a las cámaras" recomendaban algunos gendarmes.

También hubo roces en las calles Guayaquil y Bolívar, en donde manifestantes encapuchados se dieron de palazos con la Policía y trataron de mover las vallas que impedían el paso hacia la Plaza Grande. No hubo gas lacrimógeno a gran escala, pero sí sprays de gas pimienta y golpes de los uniformados, así como presencia de perros y caballos.

Lo mismo ocurrió en la intersección de  Guayaquil y Chile, frente a la Iglesia de San Agustín, en donde hubo enfrentamientos verbales. Los medios del Gobierno se solazaron mostrando vídeos de los manifestantes arremetiendo a palazos contra los escudos policiales. Lo curioso es que eran tomados desde el lado de los opositores, no del de los policías.


Los policías se sostienen unos a otros con sus manos para hacer más compacto el grupo en medio de los incidentes.


Los opositores movilizados en la calle Guayaquil se enfrentan con el bloqueo policial. Luego ocurrirían los episodios de violencia. 


Milton Castillo, activista político y abogado, fue golpeado por la Policía Nacional la noche del 2 de julio.

El canal Ecuavisa transmitió en la noche tomas de los choques en donde se aprecian fuertes golpes entre ambos bandos. Hubo también actitudes agresivas hacia equipos de prensa. Hacia la medianoche, manifestantes y opositores se fueron yendo discretamente. 

Pero el esperado asalto al Palacio de Gobierno no se produjo, así como tampoco las otras acciones de la Operación Valkyria criolla, denunciada por el ministro Serrano la víspera. 

Una larga marcha de mandiles

Los dirigentes del Frente Unitario de los Trabajadores, del Frente Popular, de la Conaie y otros frentes esperaban a las 16:00  que el tradicional punto de encuentro de los movimientos sociales, la matriz del IESS, se empezara a poblar. Poca gente al principio, como siempre, pero luego la avenida 10 de Agosto empezó a ser ocupada por banderas, sonidos de bombos y esas cornetas ruidosas, parecidas a pequeñas vuvuzelas, que convierten la movilización en una tribuna de estadio. 

Minutos antes, una discusión colectiva se daba en las afueras del Hospital Carlos Andrade Marín. Cientos de médicos y estudiantes de medicina, con sus mandiles de nombres bordados en el bolsillo izquierda, se daban cita para salir a marchar en rechazo gremial al Decreto 703, emitido días antes por el Ejecutivo al calor de las marchas, y que, para la clase médica, generaba un indeseable control estatal -otro más- a su actividad privada. 

Entre los dirigentes del gremio se daba un debate: con quién marchar, si con la marcha convocada por Andrés Páez y los colectivos de Los Shyris o con los trabajadores concentrados en el Seguro. Pesó el espíritu sindicalista de los dirigentes y decidieron acompañar la marcha obrera. Así que mientras el ministro Serrano en la Plaza Grande inspeccionaba que no hubiera rastros de pimienta golpista, unos dos mil médicos y estudiantes se pusieron a la cola de la marcha del FUT y otras organizaciones, lo cual amplió significativamente la movilización a unas 15 cuadras de gente.


Manifestantes obreros en la marcha del FUT llevan una escoba "para barrer la corrupción".


Recuerdos de la marcha: una servidora de la salud aprovecha para que otro médico le haga una foto durante la movilización.


El gremio de médicos salieron organizadamente a protestar. La mayoría lucía sus mandiles de trabajo.


Una toma en la Plaza del Teatro de la parte central de la marcha del FUT.


Miles de médicos exigieron que el presidente Correa cumpla con los acuerdos pactados.

En El Arbolito, los manifestantes de luto, que habían cambiado Los Shyris por el Centro Histórico empezaban recién a concentrarse cuando la cola de la marcha obrera y gremial empezaba la cuesta del Consejo Provincial de Pichincha, mientras que la cabeza llegaba a la Plaza del Teatro.

Un dron -no estatal- sobrevolaba a baja altura a la concentración, la cual es la preferida de los vendedores ambulantes, repletos de banderas negras, cintillos para la frente con la frase #fueracorreafuera y vuvuzelas. Otros, manifestantes estos, repartían calcomanías para el carro con frases como #bastaya y la bandera tricolor. Hasta las cinco y media de la tarde no había llegado el asambleísta Andrés Páez, y había unas 600 personas concentradas. Tal vez por la desubicación geográfica, el plantón lucía apagado en primera instancia, pero se animó con la llegada de varios cientos de personas más a la par que la tarde caía y los planetas Venus y Júpiter se perfilaban esplendorosos sobre parte occidental del horizonte. Una luna gigante -la más grande del año- apareció en el oriente para deslumbrar a los presentes. Así, la marcha de las banderas negras y tricolores avanzó hacia el Centro Histórico, mientras la marcha obrera y gremial llegaba a Santo Domingo, impedida por el nutrido cerco policial de acercarse a San Francisco.


Policías escoltan a militantes de Alianza PAIS que intentaron provocar incidentes en las afueras de la Asamblea Nacional.


Este militante de PAIS agredió a una reportera de Plan V y  le tomó fotos en actitud amenazante.


Grupos de opositores acudieron a la Asamblea Nacional e intentaron dejar un documento a los asambleístas. Aprovecharon para "barrer la corrupción".

Esta primera semana de julio se cumplía un mes de movilizaciones en Quito, desde cuando un grupo de quiteños de clase media, convocados por un video del asambleísta Andrés Páez, había decidido hacer un plantón en Los Shyris. Desde entonces, los trabajadores vieron caer su protagonismo en las calles. Esta era la tercera movilización sindical en este mes de marchas, y a diferencia de la apatía y poco número de las dos anteriores, hubo mayor algarabía, festividad y gritos de protesta.

Como en el Primero de Mayo, llegaron maestros universitarios, estudiantes, gremios, comerciantes y jubilados, y al igual que en la marcha de la semana anterior, aparecieron activistas políticos de Opción Socialista y dirigentes universitarios empuñando escobas para "barrer la corrupción". Y al final, la alargada columna de los médicos, con sus gritos como "medicina ecuatoriana, mejor que la cubana" y frases alusivas al "oficio" como "Correa, Correa, te estás yendo en diarrea".

Los trabajadores y gremios avanzaron pacíficamente y en formación compacta por las calles del Centro Histórico. Los dirigentes de los movimientos populares y profesionales gritaron anuncios del paro nacional, pues sus jornadas de movilización significan, oficialmente, una forma de preparación de una huelga en pro de su amplia plataforma de lucha, en contra de la corrupción y de las enmiendas constituciones como la de la reelección indefinida. 

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El 2 de julio: la tarde que no hubo un golpe de Estado
 


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