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26 de Septiembre del 2016
Historias
Lectura: 20 minutos
26 de Septiembre del 2016
Redacción Plan V
El laberinto del general Paco Moncayo

Fotos: Luis Argüello

Una foto para el Facebook: Wilma Andrade se toma un selfie con el general (r) Paco Moncayo, instantes después de su proclamación como candidato presidencial. 

 

La Izquierda Democrática (ID) designó el sábado 24 de septiembre de 2016 como su candidato a la presidencia de la República al general (r) Paco Moncayo, ex comandante del Ejército, ex diputado y ex alcalde de Quito. El partido naranja también postuló a Wilma Andrade para encabezar la lista de asambleístas nacionales. La asamblea socialdemócrata estuvo marcada por la nostalgia. Sin embargo, la postulación desató una crisis en el Acuerdo Nacional por el Cambio. Así, el general Moncayo se encuentra en el laberinto de una política de mezquindades de corto plazo, que puede echar abajo todo el esfuerzo de unidad de la tendencia que ha dirigido el propio Moncayo por más de un año.

¡Viva Manabí carajooo! insistían, a gritos, un grupo de simpatizantes del dirigente de la ID en la provincia costeña, Marcelo Farfán, quienes habían llegado a la asamblea nacional de la socialdemocracia para escuchar las postulaciones más importantes para el próximo electoral. 

Tanto insistían en las vivas a Manabí que, desde el otro lado, de la sala, alguien empezó a gritar: "viva Quito" y tras el "viva Quito", la corrección política impuso un "viva el Ecuador". 

Los manabitas habían llegado, junto con delegaciones de las 24 provincias de la República, desde temprano al edificio del Ciespal, ubicado al norte de Quito, en donde tendrían lugar la asamblea en la que la ID anunciaría quiénes encabezarían la lista para asambleístas nacionales y la postulación a la presidencia de la República en los comicios generales de 2017. 


Militantes de la ID estuvieron desde temprano en la entrada del edificio de Ciespal. 


Los simpatizantes llegaron desde las 24 provincias con carteles de apoyo. 


Un grupo de jóvenes con instrumentos musicales estuvo presente en el vestíbulo de acceso. 


La ex secretaria de Inclusión del alcalde Mauricio Rodas, Margarita Carranco, estuvo presente en la reunión. 


Los delegados recibían una acreditación para votar en el evento político de la ID. 


Wilma Andrade llegó acompañada de un grupo de jóvenes simpatizantes. 


Andrade obtuvo la postulación para encabezar la lista de asambleístas nacionales. 


El ex ministro de Gobierno, Andrés Vallejo, llegó junto con la recientemente afiliada María Paula Romo. 


El auditorio de Ciespal estuvo completamente lleno de simpatizantes de la ID. 


Marco Morales, esposo de Wilma Andrade, supervisaba todos los detalles de la concentración política. 

Los militantes naranjas se habían vestido con nostalgia: gorras, camisetas, chompas, abrigos, y corbatas anaranjadas se podían ver en todo el salón, cuyas 300 sillas serían ocupadas por los delegados provinciales con derecho al voto y por invitados especiales.

Los militantes naranjas se habían vestido con nostalgia: gorras, camisetas, chompas, abrigos, y corbatas anaranjadas se podían ver en todo el salón, cuyas 300 sillas serían ocupadas por los delegados provinciales con derecho al voto y por invitados especiales. Había también banderas, botones, y otro material proselista en las mesas de la entrada. Un grupo de jóvenes afroesmeraldeños, puestos unos chalecos reflectivos de color naranja, custodiaban el ingreso al auditorio. 

En el salón de Ciespal, la decoración recordaba las mejores épocas del partido que fundó el ex presidente Rodrigo Borja. Carteles con relojes que indicaban "la hora doce" en alusión al número de la lista socialdemócrata, y pancartas con la imagen del ex presidente Borja, acompañado de Wilma Andrade, la presidenta nacional del partido. 

En la mañana soleada, fueron llegando uno a uno las figuras de la ID. Wilma Andrade lucía un blazer de color naranja sobre su blusa blanca, y entró en dos ocasiones al auditorio del Ciespal. Fue en la segunda ocasión en la obtuvo más ovaciones. Su esposo, Marco Morales, supervisaba todos los detalles del evento y se movía constantemente por el auditorio. 


Los militantes de ID entonaron el Himno Nacional con el puño en alto. 


La Asamblea empezó cerca de las 10:00 del sábado 24 de septiembre. 


Un dirigente juvenil de ID mostró su apoyo a Wilma Andrade. 


Las decisiones fueron tomadas por unanimidad de los presentes en la sala. 


Wilma Andrade y el dirigente manabita Marcelo Farfán saludan al público. 

En el estrado, decorado con las banderas del Ecuador y de la ID, una gran pantalla mostraba imágenes de jóvenes sonrientes, tomadas en un parque, que acompañaban a Wilma Andrade, primero, y, luego, que se acercaban al general Paco Moncayo quien los acogía con aire paternal. 

Andrade compartía el estrado con Medardo Oleas, quien fue nombrado presidente del Tribunal electoral del partido, y con un delegado del Consejo Nacional Electoral, quien había asistido para oficializar las decisiones tomadas en la asamblea. 

Sobre los escritorios del hemiciclo, se habían colocado adornos de color naranja, y letreros con los nombres de las provincias representadas. Al evento también llegaron figuras conocidas de la ID, como Guillermo Landázuri, Reinaldo Páez, Andrés Vallejo, entre otros. Estaba presente también el consultor y estratega político Luis Verdesoto Custode. 

El gran ausente fue el ex presidente Rodrigo Borja, quien, sin embargo, había mandado un mensaje en vídeo a la reunión partidista. 

El gran ausente fue el ex presidente Rodrigo Borja, quien, sin embargo, había mandado un mensaje en vídeo a la reunión partidista.

El evento empezó con el Himno Nacional del Ecuador, que muchos de los presentes corearon con el puño en alto. Quienes estaban facultados para votar, tenía una cartulina que los acreditaba como electores. Prácticamente no hubo debate de ninguna de las mociones que fueron sucesivamente presentadas, la mayoría de las cuales se referían a asuntos de procedimiento. Hasta que llegó el momento de mocionar quién debía encabezar la lista de asambleístas nacionales.

Marcelo Farfán, el dirigente de los delegados manabitas, avanzó hasta el podio y tras una larga intervención, terminó postulando a Wilma Andrade para la lista nacional de la ID. Su nombre había sido ya mencionado por un delegado del Azuay, pero Farfán se tomó el triple de tiempo para reiterar la postulación. 

Tal como estaba previsto, la moción fue aceptada por unanimidad: Wilma Andrade firmó el acta aceptando la candidatura y, al tomar la palabra, mencionó nuevamente el legado del ex presidente Rodrigo Borja. También, dijo, cuando llegue al Legislativo, iniciaría la fiscalización del Gobierno correísta, e impulsaría reformas legales, entre las que mencionó una a la Ley de Educación Superior y algunas a la Ley de Comunicación, norma que, dio a entender, la parece perfecta para "asegurar el derecho a la réplica". La postulante a la Asamblea no mencionó la posibilidad de derogar ninguna de las leyes del correísmo. 

El clímax político del evento iba en aumento. Tras la postulación de Wilma Andrade, se esperaba el anuncio de la candidatura presidencial del general (r) Paco Moncayo. La designación del general en retiro había sido el fruto de un largo proceso de negociación política, y aunque un encuesta reciente de Market le da el 4% de intención del voto, el ex militar terminó logrando que su postulación cuajara. La víspera, Wilma Andrade había reducido a tres las opciones presidenciales de la ID: el propio Moncayo, la ex simpatizante correísta, recientemente afiliada a la ID, María Paula Romo y ella misma. Al final, los jerarcas de la ID se decidieron por Moncayo. 


Paco Moncayo hizo su ingreso al recinto de Ciespal para aceptar su candidatura presidencial. 

Tras el discurso de Wilma Andrade, se empezó a debatir el nombre de Paco Moncayo, y su candidatura fue aceptada por unanimidad y aclamación. Afuera, el general y su esposa, acompañado de ex militares y personas del entorno de Gustavo Larrea, esperaban para hacer su ingreso al Ciespal. Cada vez que se mencionaba el nombre de Moncayo, la gente se ponía de pie, a la espera del ingreso del ex militar. En dos ocasiones, Medardo Oleas debió aclarar que el general no iba a entrar todavía. La gente se volvía a sentar a la espera del presidenciable. 

María Paula Romo había pedido la palabra para decir que había "toda una campaña para hablar de Moncayo", por lo que precedió a hablar de su participación y la de sus simpatizantes durante varios minutos.

La militancia quería ver al general Moncayo, en medio de una tensión creciente. Pero aún faltaba un discurso más: María Paula Romo había pedido la palabra para decir que había "toda una campaña para hablar de Moncayo", por lo que precedió a hablar de su participación y la de sus simpatizantes en plural, durante varios minutos. A diferencia del resto de militantes de la ID, la ex asambleísta constituyente de Montecristi, quien votó disciplinadamente por la Constitución de Alianza PAÍS, no mencionó al ex presidente Borja ni una sola vez. Romo salió de la asamblea sin ser candidata a nada. Todavía.

Tras su intervención llegó la hora del general. Moncayo había ingresado ya al edificio del Ciespal, y Wilma Andrade dejó el estrado para invitarlo a ingresar. Se formó una calle de honor en el ingreso, pero eso no evitó los empujones. Moncayo lucía un traje azul, y una corbata y pañuelo de color naranja. Junto a él, caminaba su esposa. Saludando a izquierda y derecha, y escoltado por Andrade y otros dirigentes, el general llegó al estrado. Un grupo de jóvenes con banderas del partido le sirvieron de telón de fondo. 


El general (r) Paco Moncayo saluda a sus simpatizantes desde el estrado. 


Moncayo aceptó su postulación ante un delegado del Consejo Nacional Electoral, quien estuvo ahí para supervisar el acto político.

Moncayo firmó también el documento oficial ante el delegado del CNE y tomó la palabra. Eran casi las 13:00 y la asamblea de la ID había tomado toda la mañana. 

El ex militar empezó destacando su amor al pueblo ecuatoriano, y anticipó una campaña electoral "larga y difícil" pero victoriosa. Contó como, tras retirarse del Ejército, fue invitado a la política por el ex presidente Borja, quien, en su opinión, es un estadista mundialmente reconocido. Reflexionó sobre la importancia de la justicia social, pero defendió la necesidad de conseguirla en libertad. Anunció que habrá fiscalización del Gobierno de Rafael Correa, pero no persecución contra nadie. Y advirtió a sus simpatizantes que no esperen un mesías, un refundador, pues querer refundar el país de Rocafuerte, de García Moreno, de Alfaro, sería una insolencia. 


El general (r) Moncayo habló durante casi una hora ante los militantes de la ID. 

Moncayo advirtió a sus simpatizantes que no esperen un mesías, un refundador, pues querer refundar el país de Rocafuerte, de García Moreno, de Alfaro, sería una insolencia.

Para el general, la crisis económica que deja el Gobierno saliente obligará a imponer la sobriedad en el Estado. Por ello, criticó al presidente Correa, por sus dos aviones, por la seguridad de su familia en Europa a costa del Ecuador, entre otros temas.

Moncayo anticipó que su gestión será tan austera como la del ex presidente uruguayo José Mujica, famoso por rechazar todos los lujos del poder, y por seguir viviendo en una modesta finca en las afueras de Montevideo y no en su palacio presidencial. 

Moncayo cuestiona lo que le parece un concepto inadecuado del correísmo: la "estadolatría" que quiere obligar a los jóvenes a estudiar no lo quieren, sino lo que le conviene al Estado. Anticipa que las obras públicas las hará "adoquín por adoquín" para generar empleo, y no con grandes obras públicas al estilo de Rafael Correa. La separación de poderes, y la fiscalización que la Legislatura debe hacer del Ejecutivo, serán su credo, anticipa el ex militar, anunciando que el Ecuador debe volver al esquema de democracia formal que el correísmo, con su Constitución de Montecristi, desecharon en beneficio de instituciones sin sentido, como el Consejo de Participación que estatiza el derecho de la gente a participar en los asuntos de su país. 


Globos naranja cayeron del techo al concluir el evento partidista de la socialdemocracia. 

Y al igual que Wilma Andrade, el general Moncayo no ofreció, en absoluto, la derogatoria de la Ley de Comunicación ni la supresión de la Supercom, sino solo algunas reformas en las que no ahondó. 

Poco antes de las 14:00, Moncayo anticipa que su campaña no caerá en bajezas de ningún tipo. Cuando concluye su discurso, caen sobre él globos de color naranja. Moncayo se alista para la que, sin duda, será la batalla final de su vida política. 

   Análisis:   

El laberinto del general

Tras bambalinas, queda un vacío. Moncayo había jugado su capital político en un proceso de unidad de la izquierda, en el llamado Acuerdo Nacional por el Cambio. Hasta antes de su postulación, era coordinador de más de 20 partidos, movimientos y organizaciones gremiales y sociales vinculadas  a la izquierda. Los principales, Pachakutik y Unidad Popular, únicos partidos de esa coalición que tenían casillero electoral y que propusieron, respectivamente, las precandidaturas presidenciales de Lourdes Tibán y Lenín Hurtado. También el académico y activista del Socialismo Revolucionario, Enrique Ayala Mora, había sido candidatizado a la Presidencia de la República por un grupo de simpatizantes, pero días antes de la convención de la ID, Ayala Mora declinó irreversiblemente su postulación "en aras de la unidad de la izquierda" y pidió el apoyo para la candidatura de Moncayo. 

Las preocupaciones del exrector de la Universidad Andina no estaban lejos de tener razón. El mandato indígena por la candidatura de Tibán terminó siendo una camisa de fuerza para la asambleísta y líder indígena, quien, apenas Moncayo fue postulado, condicionó la permanencia de PK en el Acuerdo Nacional a que ella sea binomio del general, "por mandato de las bases".  El otro impacto corrió en las filas del Socialismo Revolucionario, que cuestionó desde las cuentas de twitter de sus dirigentes una supuesta prepotencia de la ID por imponer al Acuerdo sus condiciones y candidatos a la Asamblea Nacional. El dirigente socialista y abogado, Víctor Granda, fue claro en decir que "de que nueva política hablan lis dirigentes jóvenes de la ID si quieren imponer, sin buscar acuerdos, sus intereses y sus candidatos??", en su cuenta de Twitter.

La pregunta era válida. En el primer encuentro entre la ID y el Acuerdo Nacional surgió una disputa entre estos "jóvenes" dirigentes del partido naranja, quienes acusaron a los líderes históricos de los partidos y movimientos sociales de "haber fracasado en la política nacional".  Para los dirigentes, las palabras fueron insolentes y prepotentes, sobre todo viniendo de un partido "que guardó un silencio cómplice a todas las trafasías del correísmo". 

Para algunos dirigentes, las palabras de los nuevos cuadros de la ID fueron insolentes y prepotentes, sobre todo viniendo de un partido "que guardó un silencio cómplice a todas las trafasías del correísmo".

El problema fue superado, hasta ahora que con la postulación de Moncayo, y sobre todo la candidatura de Wilma Andrade como primera en la lista de candidatos nacionales a la Asamblea Nacional se reaviva la polémica. Esa decisión dinamita, por lo pronto, cualquier acuerdo respecto a si uno de los dirigentes del Acuerdo Nacional encabeza la lista de asambleístas nacionales en un acuerdo amplio para presentar listas conjuntas. Aunque eso se determinará en la asamblea del Acuerdo este sábado 1 de octubre, sectores vinculados al proceso ven con pesimismo que se pueda llegar a un acuerdo nacional para la asamblea. Aunque en provincias puede ser más fácil, dependiendo si PK y Unidad Popular permanecen en el Acuerdo Nacional.

Eso pone a Paco Moncayo en el laberinto de las disputas internas y el retorno triunfal del sectarismo, característica común de la clase política ecuatoriana. Uno de los más influyentes asesores políticos de la ID, advirtió a este medio que lamentaría, luego de un esforzado proceso por la unidad, que todo el andamiaje se vaya al piso por apetitos grupales y personales, "que dejan de lado, por su propia ceguera, el objetivo estratégico, que es la derrota y salida del correísmo".

Aunque Moncayo tiene, por sí solo, cerca del 12% de intensión del voto, por varias encuestas previas a la asamblea de la ID, el analista cree que la ID sin el Acuerdo es nada y el Acuerdo sin la ID también. Ambos se necesitan, dijo. Solos suman cero, electoralmente. Pero ocurre que lo primero que se ha desatado es una suerte de canibalismo interno, un "comeos los unos a los otros" para imponer la razón del más fuerte. "Es un proceso penoso que luego de un diálogo civilizado de más de un año, ahora se pretenda imponer el estilo de la tradicional maniobra y poner zancadillas entre iguales, entre los mismos opositores, con el afán de ganar espacio a costa de desprestigiar a figuras de la propia tendencia de izquierda y centro izquierda. Es una vuelta al principismo y a la vanidad del interés personal y eso es tanto para la ID como para la izquierda incluida en el Acuerdo Nacional".

La consolidación de un acuerdo de la tendencia, tipo Frente Amplio, del Uruguay, podría ser un factor determinante para potenciar la candidatura de Moncayo y los acuerdos para una agenda legislativa, que permita la fiscalización y el desmantelamiento de leyes correístas, según otro actor político vinculado al Acuerdo Nacional por el Cambio. "Pero para ello se requiere una alta dosis de generosidad, y de no perder la visión a mediano plazo y de modo estratégico. Si la unidad de la tendencia fracasa por mezquindades y falta de renunciamientos, es que no hemos entendido nada. La figura conciliadora de Paco Moncayo debe jugar un papel fundamental para garantizar que eso no pase".

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El laberinto del general Paco Moncayo
 


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