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7 de Septiembre del 2015
Historias
Lectura: 17 minutos
7 de Septiembre del 2015
Redacción Plan V
El levantamiento desde la visión policial

Fotos: Ministerio del Interior

El gendarme Paolo Gordillo fue afectado en el rostro a causa de una piedra en Cuenca: la Policía dijo que la protesta dejó agresiones a policías y destrucción de bienes públicos.

 

Ministro, José Serrano, visitó en el hospital de la entidad a varios policías heridos durante marchas del 13 de agosto. A su lado, el comandante general de la Policía.

 

La versión policial de las movilizaciones y del levantamiento indígena muestra una serie de hechos violentos donde los protagonistas fueron las comunidades en paro. La Policía, al igual que los voceros de los manifestantes, solo cuentan los heridos y agredidos de su lado. Según fuentes oficiales, las marchas, plantones y otras acciones se dieron en las 24 provincias del país, desde el 1º de agosto pasado. Hubo más de 370 eventos de este tipo, siendo Quito, Saraguro y Macas los sitios más conflictivos.

Rafael Correa y su gobierno están en plena batalla por el relato de los acontecimientos del levantamiento indígena y las protestas del 13 de agosto en adelante. El gobierno y la Policía buscan posicionar que las movilizaciones fueron violentas y que esa violencia es atribuida en su conjunto a quienes protestaron. En ese plano, el relato gubernamental busca victimizar al Estado y condenar mediáticamente, a través de historias emocionales, que las víctimas solo están del lado de la Policía y no en el de las decenas de heridos graves y leves y detenidos de los movimientos sociales. 

El sábado 5 de septiembre, en el Enlace 440, Correa fue más allá: se confrontó mediante el Twitter con tres medios internacionales, del calibre de The Guardian, The Economist y Le Monde, porque supuestamente "mienten", es decir, dan una versión distinta a la oficial en torno a los hechos del levantamiento y denuncias de violación de derechos humanos durante los operativos policiales. 

Así, la versión oficial muestra una serie de hechos que, sin necesidad de negarlos o minimizarlos, señalan que, efectivamente, hubo actos violentos, como no se había visto en muchos años; sin embargo tampoco se habla desde el oficialismo de que la represión policial y militar superó con creces la actuación en otros paros contra los manifestantes, sobre todo mujeres e indígenas, como lo reportamos en la edición anterior.

Estos son los hechos según el gobierno:

La policía nacional reportó 113 efectivos heridos durante las movilizaciones que arrancaron el 13 de agosto en todo el país. Casi 100 de ellos fueron atendidos por politraumatismos medianos y menores, mientras que seis requirieron intervenciones quirúrgicas debido a las heridas.

Fueron movilizaciones intensas; entre el 10 al 21 de agosto se dieron 373 eventos, como los llama la Policía, en las 24 provincias del país. Los más intensos se dieron en Pichincha y Morona Santiago.  Hubo 160 plantones, 141 cierres de vías y 72 marchas.

Varios de los manifestantes derribaron por la fuerza las vallas colocadas por la Policía Nacional, para impedir su paso. Lanzaron piedras, palos, gas lacrimógeno y bombas molotov contra los gendarmes.

Solo en Quito, el 13 de agosto, debieron movilizarse 12 000 efectivos policiales, según reportes policiales, para resguardar la Plaza Grande y sus alrededores y cerrar los accesos al Centro Histórico. Los policías pertenecían a cinco grupos especiales. El reporte oficial de los hechos señala que "el primer registro de agresiones se dio en las inmediaciones de la Plaza Chica, (en las calles) Guayaquil y Espejo. Varios de los manifestantes derribaron por la fuerza las vallas colocadas por la Policía Nacional, para impedir su paso. Lanzaron piedras, palos, gas lacrimógeno y bombas molotov contra los gendarmes. Poco a poco, los grupos opositores dañaron vallas del Municipio de Quito, para arremeter contra las fuerzas del orden.

"A la destrucción de las bancas de la plaza le siguió el daño del piso. Los manifestantes levantaron tablas y empedrados, para con esos objetos agredir a los uniformados. Mientras los manifestantes avanzaban, en la Plaza Santo Domingo las piedras y palos fueron los actores principales. La marcha dañó escudos de la Policía Nacional y rodeó a los gendarmes en las calles Guayaquil y Bolívar. Los manifestantes quemaron palos y pancartas al pie del cerco policial.

"A las 19h00, los agresores comenzaron a rodear el casco histórico hasta la plaza San Francisco. Los alrededores y calles del Centro Histórico se pintaron de botellas de vidrio, piedras de una dimensión de 20 a 30 centímetros aproximadamente, tablas y demás objetos. Al cierre de esta edición, cerca de 17 policías quedaron heridos, entre ellos, algunos con fracturas en piernas". Fueron detenidos 20 ciudadanos."

Luego de estas jornadas, los reportes oficiales informaron que las jornadas de manifestaciones de este 13 de agosto habían dejado un saldo de 54 gendarmes heridos en la ciudad de Quito. Nueve de ellos presentan politraumatismos y fracturas expuestas en manos y piernas, por lo que serán intervenidos quirúrgicamente.


Video con el cual la Policía y el gobierno buscan demostrar acciones violentas de los manifestantes.

El Ministerio del  Interior contó la historia del policía Alex Cototoa, quien se hallaba en las calles García Moreno y Bolívar, Centro Histórico de Quito. Era parte del cerco de seguridad en esa intersección. Alex Cotota relata que se encontraba cumpliendo con su labor, cuando sujetos que protestaban, cubiertos con pañuelos en el rostro, comenzaron a agredirlos.

El policía Cotota contó que  los manifestantes "estaban agresivos". Que habían usado fierros para golpearlos en las manos, con el fin de destruir el cerco policial. Algo parecido, dice el reporte oficial, vivió Carlos Bonilla, aspirante a policía. Él se encontraba en el sector del Tejar, cumpliendo con su labor. A Cotota, los manifestantes le fracturaron la mano derecha con un objeto contundente y con fierros. Actualmente está en el Hospital Nº 1 de la Policía, esperando someterse a
una cirugía.

Para Sixto Viñachi, miembro del Grupo de Operaciones Motorizadas (GOM), de Latacunga, la historia fue otra. Él fue operado y se le reconstruyó su rodilla izquierda. Viñachi se encontraba resguardando a los manifestantes en esa ciudad, relata el gendarme, cuando al anochecer un bus lo interceptó, atropelló y arrojó de su motocicleta. Él consideró que su accidente fue intencional. Pues con las luces y el uniforme sí podían verlo.

Marcelo Sáenz, director encargado del Hospital de la Policía, había informado que la noche del 13 de agosto ingresaron 54 gendarmes heridos. Muchos de ellos con golpes y politraumatismos. Luego de una evaluación médica inmediata, recibieron el alta para el  reposo. Sin embargo, nueve de ellos necesitaron cirugías por fracturas.

En Macas: lanzas contra fusiles

En la ciudad sur amazónica de Macas, los hechos también derivaron en violencia. Las comunidades shuar y achuar, con atavíos de guerra y lanzas tomaron la carretera e ingresaron también a la ciudad para tomar los edificios de varias instituciones estatales. 

Los hechos fueron registrados por fuentes policiales de la siguiente forma:

"En horas de la mañana de este 19 de agosto, varios grupos de manifestantes de las nacionalidades shuar y achuar sitiaron los alrededores de varias entidades públicas del cantón Macas, donde protagonizaron actos violentos en contra de miembros de la Policía Nacional, que resguardaban la seguridad de dichas instituciones. Ocho gendarmes resultaron heridos.

Más de 100 shuar y achuar llegaron -según la Policía- armados con lanzas, varillas de acero, cuchillos y armas cortopunzantes, para atacar directamente al cordón policial, provocando heridas y contusiones a los uniformados.

"Estos hechos se registraron a las afueras de las instalaciones de la Dirección Provincial de Educación, donde un grupo de alrededor de 100 indígenas, liderados por Marlon Vargas, dirigente de Comunicación de la Nacionalidad Achuar del Ecuador, y -según la Policía- algunos encapuchados, llegaron armados con lanzas, varillas de acero, cuchillos y armas cortopunzantes, para atacar directamente al cordón policial, provocando heridas y contusiones a los uniformados.

"Los miembros policiales heridos con lanzas y objetos contundentes son el coronel Marcelo Tobar Montenegro, los cabos de la Policía Geovanny Francisco Vivas Chulca y Álex Javier Angulo Sánchez. Los aspirantes Alex Patricio Calderón Álvarez, Edwin Santiago Madrid Veintimilla, Diego Vinicio Altamirano Ramos, Cristian Danilo Chicaiza Tigasi y Alejandro Fernando Pintado.

"Un grupo de 50 indígenas de ambas nacionalidades se había concentrado en los exteriores del Consejo Provincial, impidiendo el ingreso de los servidores públicos. Otro grupo de alrededor de 60 manifestantes se ubicó en las afueras de la Dirección Provincial del Ministerio de Vivienda, reprimiendo, según la Policía, el ingreso de los funcionarios a realizar sus actividades.

"Durante esa semana, un grupo de 300 shuar y achuar se habían concentrado en los exteriores de la Gobernación de Morona y estaban liderados por Jaime Vargas, presidente del Comité del Paro; Agustín Wachapa, presidente de la Federación interprovincial de Centro Shuar (Fiscsh); Bolívar Wasum, vicepresidente de las Nacionalidades Achuar del Ecuador (NAE); Ijisam Tukupi Narváez, vicepresidente de la Nacionalidad Shuar del Ecuador (Nashe) y Luis Nawech, presidente de la Asociación Shuar de Sevilla Don Bosco.

"Mientras tanto, en el cantón Taisha permanecieron alrededor de 300 indígenas shuar y
achuar, concentrados en el espacio cubierto y luego se tomaron la pista del aeropuerto de Taisha, de manera momentánea".

Sus exigencias, además de la agenda del paro, giraron en torno a la renuncia del Gobernador de la provincia y la culminación de la carretera que llega hasta la población de Taisha y que cruza toda la provincia. 

Según fuentes del sector, fue necesaria la presencia de cuatro ministros de Estado para tratar de dialogar con los pueblos movilizados: Fernando Cordero, de Defensa Nacional; José Serrano, del Interior, Lorena Tapia, ministra de Ambiente y Paola Pabón, de la Secretaria de Gestión Política . Las fuentes, sin embargo, señalaron que los funcionarios nunca dialogaron de modo directo con los pueblos levantados y permanecieron dentro del sistema 911 de la provincia hasta que tomaron el vuelo de retorno a Quito. La versión oficial fue que los ministros de Estados viajaron para dar respaldo a los policías heridos y tratar de generar un diálogo con las comunidades para resolver el problema de la carretera.

Sobre los hechos de Saraguro, la Policía Nacional y el Ministerio del Interior hicieron el siguiente relato:

Golpearon a más no poder su cuerpo, le pusieron agua con ají en los ojos, y hasta quisieron castrarlo. Las acciones lastimaron su parte física más no derrotaron el espíritu y la preparación del policía Jaime Revilla Trelles. El agente fue secuestrado este lunes en la tarde por un grupo de indígenas en Saraguro, provincia de Loja, en medio de las protestas en contra del Gobierno.

Junto a él también fueron retenidos María Fárez, jefa política del cantónSaraguro y Edwin Morocho comisario nacional de policía. Estos últimos fueron liberados la noche del mismo lunes. Revilla, no. El hombre tuvo una historia a parte con sus secuestradores y cuyo desenlace fue digno de un guión heroico, casi trágico. Durante las últimas semanas 114 policías fueron heridos en las protestas, la mayoría con golpes y lesiones en sus extremidades.

El lunes 17 de agosto es una fecha que quedó marcada en la vida del policía Revilla. Su estado psicológico es una mezcla de tristeza, nerviosismo y preocupación. A momentos quiere llorar, a veces se tranquiliza, pero siempre mira a sus costados. A pesar de sus notorios golpes en su frente y brazos, su voz es serena y con elocuencia cuenta su vivencia.

Mientras recorría la zona de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) El Tablón, en su motocicleta, la radiopatrulla le ordenó que se dirija hacia el Parque de La Cultura entre las avenidas Eloy Alfaro y Calasanz para detener a cerca de 50 personas que intentaba agredir a la Jefa Política y al Comisario. Cuando llegó al sitio los manifestantes le rodearon y no dejaron que siga en su motocicleta. El hombre se bajó de la misma y les dijo que se tranquilicen, pero la respuesta fue insultos y golpes. Los marchantes lo llevaron hacia la casa de la Federación Interprovincial de Indígenas de Saraguro (FIIS). Allí lo arrodillaron y le arrojaron agua con ají en los ojos para luego taparle el rostro y amarrarle un trapo en la boca. 

“Me ardían los ojos y no podía ver, pero escuché que me iban a quemar y que iban a tomar venganza porque supuestamente los policías habían golpeado y arrojado gas a los protestantes”. Luego, lo ingresaron a una habitación y le vistieron de mujer, con anacos y demás vestimenta indígena femenina. Esto según los secuestradores para poder movilizarlo y llevarlo hacia la comunidad de Cañicapac. “Me sacaron en un vehículo y me llevaron a ese sitio, fueron las horas más largas de mi vida, siempre me golpeaban y me lanzaban agua con ají”. Ya en la comunidad, un hombre se aceró a Revilla y le dijo que le iba a castrar porque a su padre le hicieron lo mismo. Otro se le acercó y trató de ahorcarlo con un trapo. “Ellos me decían que desde la época de Atahualpa fueron asesinados y que siempre los hicieron de menos”. En eso, pasó una mujer y dijo que debían esperar a que lleguen otros dirigentes para organizar el castigo que tendría.

Revilla se acordaba de su hijo de su esposa y de su familia. Por su mente solo pasaban ideas de fuga y los deseos regresar junto a sus seres queridos. Era el momento de planificar su escape. A modo de película Revilla contó que un hombre lo sacudió tan fuerte, que golpeó su cabeza contra el piso.

Con esa acción se hizo el dormido y sus captores pensaron que quedó inconsciente. Le dieron agua con ají y al no obtener respuesta del policía lo esposaron y los dejaron en una habitación. El policía no sabía dónde se hallaba, pero no había otro camino que escapar. Con las técnicas enseñadas en la Policía y con un poco de creatividad se quitó una las esposas y todas los trapos que le impedían ver y hablar. Una ventana de 50 por 50 centímetros fue su ruta de escape. Se dirigió hasta una montaña y se escondió en unos matorrales hasta que llegara la noche.

Cuando sus captores se dieron cuenta que había escapado empezó una búsqueda con machetes, perros y armas por toda la zona. La oscuridad fue su aliada, el policía Revilla caminó por cerca de cinco horas sin un destino fijo. Estaba rodeado por los grupos indígenas.

Su determinación fue más grande que el cansancio y llegó hasta el hospital de Saraguro, en donde suplicó al guardia de seguridad que lo ayudara y que llamara a sus compañeros. Eran las 01h00 del martes 18 de agosto. El guardia le dijo que él lo había visto cuando lo llevaban detenido. Desde un UPC ubicado en la provincia y rodeados de decenas de policías, Revilla confiesa que aun así no se siente seguro. Espera estar pronto con su familia a quien extraña. Vestido con el calentador de la Policía, el gendarme se pierde entre los agentes, no sin antes decir que ahora es un experto en jugar a las escondidas.

 

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