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7 de Agosto del 2015
Historias
Lectura: 12 minutos
7 de Agosto del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

El "moderno" modelo autoritario y de democracia sin libertad

Foto: Presidencia de la República

El uso extendido y apabullante de los medios de comunicación al servicio del proyecto político de Alianza PAIS es una forma de autoritarismo mediático.

 

Los regímenes autoritarios contemporáneos están aprendiendo a influir en las mentes de sus ciudadanos con métodos que van más allá de la propaganda, la cual había demostrado ser bastante buena, junto con la represión, para someter a los pueblos en el siglo XX. Entre esos está el modelito autoritario de Rafael Correa.

El presidente Rafael Correa y los hermanos Alvarado ya lo saben, pero el resto de nosotros, pobres mortales, deberíamos leer con atención el artículo de Peter Pomerantsev, periodista de prensa escrita y televisada, especializado en Rusia, que publica el número de agosto de la revista Gestión en su suplemento Foreign Policy.

Pomerantsev dice que los regímenes autoritarios contemporáneos están aprendiendo a influir en las mentes de sus ciudadanos con métodos que van más allá de la propaganda, la cual había demostrado ser bastante buena, junto con la represión, para someter a los pueblos en el siglo XX. Hoy ya no se confía tanto en el monopolio gubernamental de los medios de comunicación mientras que antes, en países como los del comunismo soviético, toda la información se controlaba desde una oficina del gobierno. Y tampoco es posible ahora bloquear a los medios extranjeros. La prensa escrita, la radio y la televisión de antes ni siquiera tenían mayor alcance, salvo las radiodifusoras de onda corta. Bastaba con que en el país no se vendieran radio receptores de onda corta.

Eso, claro, empezó a desmoronarse con el cambio radical que trajeron las nuevas tecnologías de información y comunicación. Estoy siendo un poco pesado con estos términos, que el artículo del anglo-ruso no los emplea, pero no intento ser didáctico sino recordar rápidamente los cambios: antes sellabas las fronteras y con eso la población no podía ver el éxito de un sistema rival; mantenías unos cuantos mitos sobre la justicia social y la superioridad nacional, pintabas a los regímenes rivales y sus métodos (por ejemplo, la democracia o la libertad de prensa) como mentiras redomadas y fracasos completos y, por último, si alguien no estaba de acuerdo, lo aislabas, silenciabas y encarcelabas. Así podías gobernar décadas.

El periodista no puso al Ecuador, y  francamente me encorajina que se sepa tan poco de nuestro propio modelito noeautoritario y de democracia sin libertad.

Pero eso se derrumbó con la televisión por satélite, el Internet, Google, Wikipedia, las computadoras portátiles y los celulares inteligentes. Hoy, según Pomerantsev, “cualquier ciudadano puede ser su propio pequeño centro de medios de comunicación”, y además, “todos los regímenes están al menos experimentando con alguna versión del capitalismo, lo que teóricamente significa que todo el mundo tiene algo más en común con los demás”.

Pero todos sabemos eso. Lo que Pomerantsev enfatiza es que la historia no es tan sencilla, porque “los regímenes neo autoritarios, ‘híbridos’ y de democracia sin libertad como Venezuela, Turquía, China, Siria y Rusia no han renunciado a la propaganda”. El periodista no puso al Ecuador, y francamente me encorajina que se sepa tan poco de nuestro propio modelito noeautoritario y de democracia sin libertad. Hoy, dice el periodista, esos regímenes han encontrado formas completamente nuevas de fomentarla, incluso empleando en muchos de ellos tecnologías inventadas en el mundo democrático.

Por ejemplo, en China, según un estudio de la Universidad de Harvard, la censura a los sitios web es sutil: se tolera la crítica a los políticos y a las decisiones políticas, pero se censura al instante cualquier intento online de organizar protestas colectivas. En el terror a la protesta colectiva, nuestro propio modelito neoautoritario se parece a China.

“El pueblo chino es individualmente libre, pero colectivamente está encadenado”, concluye el estudio de Harvard. “De hecho, Internet ha resultado ser una herramienta de control muy útil: permite que las personas ‘se desahoguen’, y también le da al gobierno un barómetro para medir la opinión pública”, recoge el articulista.

Otra forma de lograr desahogos fue desarrollada hasta su perfección en Venezuela: las elecciones. “Hugo Chávez celebró elecciones tan a menudo que la oposición, que carecía del mismo nivel de financiamiento y acceso a los medios, nunca tuvo la oportunidad de competir”. Cuenta lo que ya sabemos, las 40 horas semanales de cadenas nacionales, incluyendo las sabatinas, perdón el Aló Presidente que era los domingos y constituía “su propio programa de variedades” y que duraba las horas que Chávez quisiera. Nuestro modelito tiene sus parecidos, ¿no?

La otra cosa en que nos parecemos a Venezuela es en la persecución a la prensa independiente. “En lugar de clausurar a los medios críticos, simplemente se aseguran de que quiebren”, afirma el periodista. Nuestro modelito también ha logrado la inviabilidad económica de algunos y, con el bombardeo de multas, lo están logrando con otros.

El gobierno autoritario de Turquía, de Recep Tayeb Erdogan, tiene compradas a las corporaciones que poseen medios de comunicación, permitiéndoles ganar licitaciones en otros campos.

Y no solo hablo de prensa escrita, lo que hoy pasa con las radios en el Ecuador es indignante. Fuentes conocedoras comentan que la Secom ejerce presión y atemoriza a las radios mediante tres vías: retiro de publicidad del gobierno, no renovación de la frecuencia y sanciones de diferente nivel. La propia Secom pide vía telefónica enlaces “voluntarios” con las intervenciones del Presidente alrededor del país y ya sabemos de los noticieros gubernamentales semanales gratuitos que tienen que pasar.

Además, los derechos de radio para el Mundial de Fútbol o la Copa América que compraron los Isaías para sus canales y el Gobierno heredó vía incautación de TC y Gama TV solo se les revende a las radios que autoriza la Secom. Y falta el concurso de renovación de frecuencias que organizará la Arcotel, que no es ningún hotel sino la Agencia de Regulación y Control de Telecomunicaciones. Allí, dicen temblorosos los propietarios de radiodifusoras, la Secom tendrá la última palabra. Pero para empezar los concursos para renovación de frecuencias van a esperar el proceso electoral del 2016-17 para ver cómo se porta cada quisque.

El gobierno autoritario de Turquía de Recep Tayeb Erdogan tiene compradas a las corporaciones que poseen medios de comunicación, permitiéndoles ganar licitaciones en otros campos. Corporaciones con medios críticos se arruinan porque no reciben contratos gubernamentales y se convierten en blanco de investigaciones fiscales, cosa que también me suena, me suena…

El artículo que estoy resumiendo dice que hoy el objetivo ya no es el simple adoctrinamiento. Es más bien el amedrentamiento. La población china, según encuestas, no dice necesariamente que su gobierno sea “bueno” pero todos opinan que es “fuerte”. En nuestro modelito también eso se estila, pero la gente ha perdido el miedo, y ama demasiado la libertad como para que se someta cual la de otros países.

Tampoco hemos llegado al punto, como por ejemplo en la Siria de los años 1990, de que la gente repita algunas ideas palpablemente absurdas del régimen. En su estudio clásico, Las ambigüedades de la dominación, Lisa Wedeen concluyó, dice Pomerantsev, que la falsedad era el punto: “el poder del régimen reside en su capacidad de imponer ficciones nacionales y hacer que las personas digan y hagan lo que de otro modo no harían. Esta obediencia hace a las personas cómplices; les enreda en las relaciones de auto-aplicación de la dominación”. También me suena: los 10 de Luluncoto, los del Central Técnico, los del Mejía, la persecución implacable a los del 30-S, la reacción frente a los indígenas en la marcha, al paro nacional: cualquier incumplimiento en la sumisión que pretende Correa se convierte en fuertemente subversivo.

Correa y su equipo jamás podrán imponernos ese modelo de complicidad; esa obligación de los ciudadanos de demostrar falsa lealtad, por absurda que esta sea, como en Siria, donde la televisión oficial continúa mostrando historias increíblemente positivas sobre el progreso del país, aunque todo el mundo sabe acerca de la devastadora guerra civil. Y donde se desmiente los reportes de Al Jazeera sobre protestas contra el régimen, afirmando que Qatar ha construido réplicas de tamaño natural de las principales plazas sirias con el fin de escenificar allí protestas falsas, que presuntamente fueron luego filmadas por directores franceses, estadounidenses e israelíes (!). En pequeño, nuestro modelito neoautoritario inició ese camino, cuando se manipularon las imágenes de mayo y junio para convertir las manifestaciones pacíficas en violentas, pintando ante la ciudadanía una realidad inventada.

El objetivo no es convencer a la gente de que esta extraña historia es verdadera; el objetivo es confundir a la gente, para que sea difícil entender qué es verdadero y qué es falso.

Pero, ¿es que alguien se lo cree? Lean lo que dice un periodista sirio: el objetivo no es convencer a la gente de que esta extraña historia es verdadera; el objetivo es confundir a la gente, para que sea difícil entender qué es verdadero y qué es falso.

Assad no está solo en esto: en nuestro modelito tampoco es que se censure la información todo el tiempo, cosa que de todos modos tampoco podrían hacerlo. Lo que se crea, entre los medios gubernamentales y las cadenas y las sabatinas, es la suficiente desinformación para evitar que la gente comprenda lo que está sucediendo. Dice el artículo que en Turquía, Erdogan ha creado escuadrones de trolls; que los chinos tienen el llamado “Partido de los 50 centavos”, escribanos en línea a los que se les paga 50 centavos por cada comentario que publican a favor del régimen y que el Kremlin utiliza “fábricas de trolls” para enviar mensajes pro-Kremlin y calumniar a los críticos en Rusia y en el extranjero. ¿Y no es que aquí en el Ecuador existe lo mismo? ¿No es que el portal Milhojas, dirigido por Martha Roldós, sacó hasta con fotos la oficina en el norte de Quito desde la cual los trolls gubernamentales envían sus insultos en las redes sociales?

Los autócratas de hoy, los "demócratas iliberales” y sus propagandistas han aprendido a utilizar fenómenos previamente asociados con la democracia ––las elecciones, el Internet, la prensa, el mercado–– para socavar las libertades, dice Pomerantsev. Y yo le cuento que también sucede aquí, en nuestro modelito de autocracia y de democracia sin libertad.

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