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14 de Enero del 2019
Historias
Lectura: 13 minutos
14 de Enero del 2019
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
El retorno de la Academia Diplomática

Foto: El Universo

La antigua casa del presidente Galo Plaza Lasso, en La Mariscal, está tratando de ser recuperada para sede de la Academia Diplomática. Actualmente es un centro cultural. 

 

En los próximos meses se retomaría la Academia Diplomática, luego de que el presidente Lenin Moreno la reestableció por medio de un decreto ejecutivo. Suprimida en el correato por considerar que era una entidad clasista, que limitaba el acceso al Servicio Exterior, la Academia es calificada como necesaria para la preparación de los diplomáticos.

La Academia Diplomática volverá en los próximos meses a la casa del ex presidente Galo Plaza, ubicada en el centro norte de Quito. La antigua mansión presidencial, actualmente en manos del Estado, albergó la Academia durante varios años, desde su establecimiento en 1987, hasta que el Gobierno de Rafael Correa decidió su supresión en 2011. En el Palacio de Najas, sede de la Cancillería, se recuerda que la decisión fue motivada por las críticas del ex presidente y su canciller, Ricardo Patiño, a los funcionarios de la diplomacia ecuatoriana, a los que calificaba como "momias cocteleras". El correato decidió que los estudios adicionales que deban realizar los diplomáticos ecuatorianos pasen a la Escuela de Ciencias Internacionales José Peralta, adscrita al Instituto de Altos Estudios Nacionales. 

Las primeras reformas correístas

En la antigua la Ley Orgánica del Servicio Exterior (LOSE) se establecía hasta 2007, cuando la norma fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional de la época, que el ingreso a la Academia Diplomática debía ser previo concurso nacional abierto de libre oposición y méritos, conforme al respectivo reglamento. Para ello se debía contar con el título profesional de tercer nivel.

En esa misma época, el Gobierno correísta arremetió contra varias normas de la LOSE que controlaban la cuota política, y obtuvo que el Tribunal Constitucional elimine el requerimiento de que el Presidente reciba el informe favorable de la Junta Consultiva cuando tiene que nombrar el 20% de la cuota política en el servicio exterior. Pero solo en los cargos de jefes de misiones diplomáticas y consulados generales. La reforma dejó las manos libres al ex presidente para designar a la cuota política y sería un anticipo de lo que vendría después. 

En 2007, una  reforma dejó las manos libres al ex presidente Rafael Correa para designar a la cuota política y sería un anticipo de lo que vendría después.

La Academia llevó el nombre del ex canciller Antonio J. Quevedo, embajador del Ecuador en Lima en 1941 durante el Gobierno de Carlos Alberto Arroyo del Río y quien llegó a presidir la Sociedad de Naciones, precursora de las Naciones Unidas. En cambio, la Escuela de la IAEN recuerda al canciller del presidente Eloy Alfaro, y uno de los ministros más destacados del liberalismo. 

La casa del presidente Plaza fue entregada entonces a la Unasur, que funcionó ahí hasta que se construyó su nueva sede en la Mitad del Mundo, hoy prácticamente abandonada ante el fracaso de esa organización supranacional. Luego, la mansión presidencial se convirtió en sede del Fondo de Cultura Económica, una institución cultural mexicana, a la que fue entregada hasta 2024. 

Libre ingreso a la Cancillería

Las decisiones de Correa también incluyeron que las personas que ingresaban por concurso a la Cancillería ya podían ser enviados a misiones, y así se evitó los dos años de capacitación que se realizaban tradicionalmente en la Academia Diplomática. Aunque seguía siendo necesario aprobar cursos en el IAEN, quienes ingresaron a la Cancillería en la época de Correa ya fueron enviados de misión -que típicamente dura cinco años- sin cumplir ese requisito. 


Para algunos diplomáticos, las reformas correístas debilitaron la institucionalidad de la Cancillería. 

Pero con la llegada a la Cancillería de José Valencia, se decidió retomar el centro de estudios, que tiene entre sus atribuciones formar a los diplomáticos ecuatorianos, llenando los vacíos que su formación profesional pueda tener en lo referente a las relaciones internacionales. 

Mediante el decreto ejecutivo  625, del 21 de diciembre de 2018,  el presidente Lenín Moreno dispuso que la Academia vuelva a abrir sus puertas adscrita a la Cancillería.

 

Mediante el decreto ejecutivo  625, del 21 de diciembre de 2018,  el presidente Lenín Moreno dispuso que la Academia vuelva a abrir sus puertas adscrita a la Cancillería.

Para el canciller Valencia, “el restablecimiento de la Academia Diplomática constituye un hito en el impostergable proceso de reinstitucionalización que hemos emprendido en el Ministerio (de Relaciones Exteriores). Al inicio de mi gestión me comprometí a restablecer la Academia en la Cancillería y hoy es el día en que podernos celebrar haber alcanzado juntos ese propósito, con el respaldo del señor presidente Lenín Moreno”. Para el canciller, la tarea de la Academia es “la formación permanente de una Cancillería que queremos que sea profesional y comprometida con la Nación entera, con una diplomacia activa a favor de los intereses del Ecuador”.

Según el decreto, las atribuciones de la Cancillería por medio de la Academia Diplomática se refieren exclusivamente a la formación y capacitación permanente y especializada de los servidores de carrera del Servicio Exterior. Sin embargo, el decreto precisa también que la investigación y producción de conocimiento estratégico, así como la homologación académica, continuarán siendo ejercidas por el IAEN. 

A cargo del proceso está un diplomático de carrera, ex embajador del Ecuador en algunos países, como Colombia, Alejandro Suárez. Según el diplomático, la Academia podría volver a funcionar en el primer semestre de este año, pero espera que hasta el 21 de enero ya opere la coordinación inicial con diez o doce personas. Se piensa retomar, asegura, la forma de trabajar que tenía la Academia antes de su supresión, invitando a docentes de universidades del país, diplomáticos y personalidades especializadas en diferentes áreas. El curso en la Academia Diplomática deberá durar dos años: uno presencial y académico, y otro año práctico, en las distintas dependencias de la Cancillería. Sobre el presupuesto, y dada la situación fiscal, el diplomático comentó que se prepara un plan operativo, optimizando recursos de la propia Cancillería, pues no se puede aumentar el presupuesto de Relaciones Exteriores. 

“Lamentablemente en el gobierno anterior hubo una conmoción institucional, no solamente en la Cancillería, en la que se dio un  debilitamiento”, dijo el embajador.  Suárez cree también que al pasar las atribuciones al IAEN "se distorsionó lo que tradicionalmente había sido la tarea de una academia”. El objetivo de esa "distorsión" según Suárez, fue un direccionamiento ideológico del correato hacia los funcionarios del Servicio Exterior.  En el IAEN se graduó hasta tres promociones en los años del correato. 

Una de las disposiciones del canciller Valencia sería el retorno de hasta 70 personas de misiones en el exterior, pues no han terminado la maestría en el IAEN y, a pesar de ello, fueron enviados en misión por el ex canciller Ricardo Patiño. 


El canciller José Valencia ha anunciado que el Ministerio recuperará sus tareas de capacitación para el servicio exterior. 

Un selección "sesgada"

Para el analista en temas internacionales Luis Córdova Alarcón, la nueva Academia Diplomática debe tomar en cuenta que "los tiempos actuales requieren de tres elementos: primero, una  política exterior gran estrategia de desarrollo nacional con aspectos como comercio exterior, pesca, agricultura. Segundo: nuevas tecnologías, aplicaciones inteligentes, manejo de bases de datos, programas de análisis de big data. Tercero: redimensionar la función de los diplomáticos, no solo negociación, pues ha habido cambios en la diplomacia. En la negociación actual hay que tomar en cuenta aspectos como que hay manipulación de la información, ya no negociaciones abiertas como en el pasado", destaca.

Sin embargo, Córdova cree que hubo vicios en la diplomacia ecuatoriana en la época previa al correato: "el Cuerpo diplomático era aristocrático, la selección era sesgada, había segración para participar en el Servicio Exterior. Había una segregación informal dentro de la Cancillería, por eso el Cuerpo Diplomático era blanqueado, inclusive con biotipos físicos. Mucha gente quedó al margen porque había que pertenecer a ciertas clases sociales".

 

"Había una segregación informal dentro de la Cancillería, por eso el Cuerpo Diplomático era blanqueado, inclusive con biotipos físicos", estima el analista Luis Córdova Alarcón. 

El remedio que el correato le quiso dar a esta situación, para el analista, no fue el mejor: "en el correato los concursos fueron manipulados y trucados. Por ello, la política de admisión al Servicio Exterior es un aspecto crítico".

Pero Córdova cree que lo más importante en las clases de la Academia son los contenidos: "se debe analizar el tema de la frontera marítima, por el narcotráfico y los recursos naturales más importantes". Cree que en el mundo de hoy, la diplomacia debe mirar hacia las Islas Galápagos y los recursos marítimos del Ecuador. 

"Todo país debe tener una Academia Diplomática propia, es necesario reabrir la Academia", destaca, pero precisa que una de sus funciones debe ser que todos los diplomáticos tengan un "lenguaje político común", pero de acuerdo con los intereses del Estado.

"La Cancillería  en tiempos de Correa se subordinó a interes de Gobierno y no de Estado" lo cual no significa que no deba haber, una "politización en términos de defensa de los objetivos definidos en la política exterior del país". La carga ideológica de la diplomacia correísta, como por ejemplo su antiamericanismo, fue evidente durante los años de la autoproclamada Revolución ciudadana, destaca Córdova. 

Para Córdova, sí se logró que entren personas de otras clases sociales que antes no estaban en la Cancillería, como indígenas y afroecuatorianos, pero eso no necesariamente significó una mejora de la calidad de la representación diplomática. "También hubo segración contra las mujeres, en especial, entre los funcionarios de carrera mas que en la cuota política", precisa Córdova.

El panorama de los diplomáticos

Actualmente, según información cortada al mes de noviembre de 2018, trabajan en el Servicio Exterior de la República 711 personas en las misiones del Ecuador en el exterior. Entre tanto, en la Cancillería en Quito y las oficinas en provincias que tiene el Ministerio atienden por lo menos 952 personas, es decir, 1663 personas. 

En el exterior, sigue habiendo embajadas ecuatorianas ocupadas por personas de la cuota política. Así, en Cuba, es embajadora la ex legisladora correísta María Augusta Calle, mientras en España lo es el empresario Cristóbal Roldán. En Chile, es embajador el ex ministro de Correa Homero Arellano. En Bolivia, es embajador Franklin Columba. En Qatar, representa al país Ivonne Juez de Baki. En la representación ante la UNESCO en París se encuentra el ex ministro de Defensa, Patricio Zambrano. 

Otras embajadas están ocupadas por diplómaticos de carrera, como Francisco Carrión, quien representa al Ecuador en Estados Unidos, y Luis Gallegos representa al país en la ONU en Ginebra. En la OEA, en Washington, es embajador el diplomático Carlos Játiva, mientras Rafael Paredes es embajador del Ecuador en Colombia. En Suecia, representa al país Lautaro Pozo, también diplomático de carrera. En Rusia, se encuentra al frente de la misión Julio Prado. En Brasil, entre tanto, se encuentra como embajador Diego Rivadeneira. 

 

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