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13 de Febrero del 2018
Historias
Lectura: 24 minutos
13 de Febrero del 2018
Fernando López Romero

Historiador. Investigador social. Profesor principal e investigador de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.

Lenín Moreno: del Sí al compromiso

Foto: Presidencia de la República

"El Sí que promovimos se transforma ahora en un compromiso"... (Lenin Moreno, en clave triunfadora, el 4 de febrero del 2018).

 

Hasta el 4 de febrero la cancha había estado en el interior de Alianza País, del gobierno y del Estado, y Lenin Moreno ha sido dueño de la pelota. En el futuro inmediato, tendrá que compartir la pelota con la Asamblea Nacional.

Un compromiso de “paz, unidad y empleo”. Este llamado de Lenin Moreno en la tarde del domingo 4 de febrero, luego de conocer los resultados de la Consulta Popular, no es solamente una consigna táctica para capitalizar una victoria en las urnas, de la que no es el único propietario. Es un llamado para el futuro inmediato, que separa campos con el correismo más duro y reafirma el propósito de consolidar la legitimidad para su gobierno, instalado en el declive del ciclo político abierto en el año 2006.

Con el diálogo, la sanción a Glass y la Consulta, Moreno logró articular a un amplio campo de fuerzas, desde la izquierda y los movimientos sociales que fueron perseguidos diez años con entusiasmo y sin desmayo, hasta la derecha política y los empresarios, principales beneficiarios de las políticas económicas y laborales de la “década ganada”. Hará lo que esté en sus manos para mantenerlos de su lado, o por lo menos para que ninguno de estos sectores pase a una oposición abierta. Obligado, porque todavía no ha terminado de desmontar al correísmo dentro de sus propias filas, y debe disputar un espacio electoral en el que, como demuestra la Consulta Popular, Rafael Correa mantiene una fuerza significativa.

La “década ganada”

Bajo el control de Rafael Correa, Alianza País impulsó un proyecto de modernización capitalista fallido, signado por la corrupción, la polarización política y el autoritarismo, inscribiéndose entre los gobiernos del llamado ciclo progresista de América Latina. Utilizó un gasto público nunca visto en la historia del Ecuador para fortalecer al Estado y controlar a la sociedad y, especialmente en los años iniciales, para implantar políticas sociales. Fue un gobierno hiper presidencialista, bonapartista en su relación con las élites empresariales. Controló a las organizaciones sociales y a los gobiernos locales, a través de la obra pública, la cooptación de dirigentes, el clientelismo y la penalización de la lucha social. Creó un omnipresente estado de propaganda; y se montó una estructura criminal para saquear los fondos públicos, cuya cabeza hasta ahora más visible es el ex Vicepresidente Jorge Glass.

El correismo se debilitó por su propio desgaste, agudizado por la pérdida de enormes recursos provenientes del petróleo y de los ingresos fiscales, y por la movilización social, que en el 2013, 2014 y 2015, fluyó en dos vertientes. Por la izquierda, se movilizó el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), al que el correismo creía reducido a una completa marginalidad, plegaron la mayoría de la CONAIE y otros movimientos sociales; y por la derecha la oposición política y las capas medias urbanas urbanas contra la llamada Ley de Plusvalía emitida en el año 2015. Desde signos e intereses distintos estas fuerzas coincidieron en una consigna que fue ganando las calles: “Fuera Correa, fuera”.

El resultado se expresó en diciembre del 2015, cuando en medio de la euforia por la imposición de las reformas constitucionales Rafael Correa anunció también que no se presentaría como candidato presidencial en las siguientes elecciones. Le pasaba la cuenta una década de caudillismo autoritario y ese elevado rechazo hizo inviable su candidatura. Lenin Moreno fue entonces el llamado y ganó las elecciones por una nariz; una victoria en la que fue decisiva la división entre la derecha socialcristiana, del alcalde de Guayaquil Jaime Nebot, y la ultra liberal del banquero Lasso.

La consulta

En el gobierno, Moreno se encontró con duras realidades. No era posible continuar un proyecto financiado con endeudamiento e impuestos, la mesa no estaba “servida” y gobernar con el aparato del correismo y con una corrupción institucionalizada, le volvería cómplice y cautivo. Decidió entonces “no cuidar a los compañeritos”, es decir no garantizarles la impunidad exigida por Correa, separó de sus funciones a Glass y rompió con el correismo realmente existente, consolidado entre el 2009 y 2018, una vez depurados los elementos de la izquierda ciudadana y social.

Lenin Moreno ha desarrollado dos iniciativas que han modificado el escenario político: el llamado al diálogo con todos los sectores políticos, económicos y sociales, que rompía la estrategia de polarización, control y ejercicio autoritario del poder; y la Consulta Popular para desmontar al correismo eliminando la reelección indefinida y el control sobre el Consejo de Participación Ciudadana, cohesionar a sus fuerzas en Alianza País y para fortalecer su legitimidad.

Desde la izquierda y la derecha se había hablado hace varios años de consultas y de Constituyente. Recordemos la lucha por una consulta popular acerca de la explotación petrolera en el Yasuní, que fue boicoteada por Rafael Correa en los años 2014 y 2015.

Nadie esperaba una ruptura tan rápida de Alianza País. Para Correa, Lenin Moreno es un “traidor” que gobierna con la agenda de la derecha. “Prohibido olvidar” que, en relación a los derechos de organización de los trabajadores, las manifestaciones estudiantiles, indígenas y campesinas, Correa superó de largo el autoritarismo de Febres Cordero, símbolo de la derecha ecuatoriana, y que la deriva hacia las políticas empresariales viene del propio Rafael Correa. Para muchos resulta muy extraño que quienes durante más de diez años estuvieron juntos aparezcan en campos diferentes. Que los que defendieron en la Asamblea la reelección indefinida se alinean ahora en la posición contraria. Lo que antes estaba bien ahora está mal. ¿Es que eran tan diferentes? ¿Es que son tan diferentes? ¿Puro camaleonismo?

Las preguntas

Como en cábala, las preguntas fueron siete. Se incluyó temas como la muerte civil para los corruptos, que concita el apoyo de amplísimos sectores sociales, y sobre el aumento de penas para los delitos sexuales, tomada de la agenda del Partido Socialcristiano. Las preguntas más importantes fueron sobre la reelección indefinida, la dos, y la tres, para cesar al Consejo de Participación Ciudadana. Hubo dos preguntas, sobre minería y el Yasuní, para deslindar terreno con el extractivismo duro de Rafael Correa, y otra sobre la llamada Ley de Plusvalía, un claro guiño hacia los empresarios de la construcción y a la derecha.

Como ocurre en política, lo más importante es lo que no se pregunta. Sostiene Moreno que las preguntas salieron del diálogo nacional, si así fue, son insuficientes para desmontar al populismo correista y no se ha consultado sobre cuestiones fundamentales para democratizar al Ecuador. Están ausentes el tema agrario, la soberanía alimentaria, el agua, la educación superior, la comunicación, la despenalización de la lucha social, los derechos laborales, el comercio exterior, para señalar solo las ausencias más notables.

Los actores y las campañas

La consulta fue una batalla a cuatro manos: el gobierno, Alianza País y las organizaciones sociales que aún controlan; la derecha política y el sector empresarial, en espacios diferenciados pero con los mismos objetivos económicos y políticos; la izquierda no correista y los movimientos sindicales y sociales que han preservado márgenes de autonomía; todos contra el correismo y defendiendo el Sí, pero no revueltos; y, por último, la fracción de AP que lidera Correa.

Al recoger los resultados Lenin Moreno agradece y se hace cargo del Sí, y Rafael Correa se abandera de los resultados obtenidos por el NO proclamándose como la primera fuerza política del país.La polarización política, sello de la década pasada se trasladó ahora al interior de lo que fue la fuerza política hegemónica, y que fue expresada en la participación activa en las últimas semanas de las dos principales figuras, Lenin Moreno y Rafael Correa. La presencia de Correa en la última fase de la campaña fortaleció significativamente a la opción por el NO.

Debe destacarse que sectores muy importantes, en el un lado y en el otro, habían tomado su decisión hace un rato largo. La propaganda del SI, planteada alrededor del respaldo a Lenin Moreno fue ambigua y anodina, marcando como tema central acabar con el correismo. La campaña del NO, centrada en el rechazo a la traición de Moreno (“No jodas, Judas”, “Consulta mañosa”), en la defensa de la “década ganada” y presentada como “la tercera vuelta” de las elecciones presidenciales del 2018, sin dejar también de ser pobre en contenidos fue mucho más cínica, agresiva, coherente e ideológica. Batalla desarrollada principalmente dentro de la corriente identificada con la Revolución Ciudadana, los dos sectores se disputaron la misma base electoral, social y regionalmente, localizada en las clases medias bajas y sectores populares de la Costa, sobre todo de Guayas, Manabí y Los Ríos, del Austro, de la Sierra central y del Quito popular y periférico.

Fue Lenin Moreno, el mismo del diálogo y la apertura, quién dio los tonos más fuertes de la campaña (“comportamiento de matones”, “no se le puede robar a la patria”). La campaña del correismo ha sido mucho más dura en sus ataques contra Moreno y Alianza País. No es solo un detalle el cúmulo de enfrentamientos o de conatos de los mismos, cargados de resentimiento y encono, de patriarcalismo y homofobia, registrados entre los partidarios del NO y los del SI, que fueron creciendo hasta los sucesos de Quinindé, casi al cierre de la campaña. Moreno y Correa, las figuras políticas principales de la Revolución Ciudadana, fueron las estrellas de la campaña. Jairala, Larrea y Espinel, hicieron grandes esfuerzos para colarse por la tranquera del oficialismo, con el un ojo en la Consulta y el otro en las elecciones seccionales del 2019.

Los ganadores y los perdedores

Vistos solo numéricamente, los resultados dicen que el Sí obtuvo la victoria en todas las preguntas por un margen muy amplio. Pero si se considera que el correismo fue la única fuerza política que hizo campaña por el NO, enfrentado a todas las demás fuerzas políticas y a casi todas las fuerzas sociales, la victoria del SI es por lo menos agridulce y plantea interrogantes que deben ser considerados de manera obligatoria. En los resultados del NO hay que considerar la presencia de Correa en el último tramo de la campaña. Influyó en el SI el ingreso de Moreno en la campaña en las últimas semanas, sus acercamientos con los empresarios y con los economistas de la banca y del gran capital, y el relativo desgaste provocado por fisuras internas en Alianza País y en el gobierno, y por episodios como el protagonizado por Eduardo Mangas y el caso de Julián Assange. Hacia el final el tiempo comenzó a correr en favor de la oposición.

Es evidente que en la cultura electoral ecuatoriana pesa mucho el voto en plancha que expresa la adhesión a los caudillos y del que sacan provecho las fuerzas mejor organizadas. No de otra manera se explica que en provincias como Manabí el 42,7% de los votos válidos se haya inclinado por el NO en una pregunta tan sensible como la no prescripción de los delitos sexuales y que el 44% hayan votado NO en la muerte civil por delitos de corrupción. Pesó otra vez, y bastante, el pragmatismo más que aspectos ideológicos, es así como el voto por el Sí fue un voto en favor de conservar los empleos en el sector público y en el privado.

67,65%

fue el porcentaje del Sí en las siete preguntas de la consulta popular planteada por Lenín Moreno.

Finalizado el escrutinio, el SI ganó en todas las preguntas con un promedio del 67,65%, bastante más amplio que el 52% obtenido por Rafael Correa en la consulta del 2011 para meterle la mano a la justicia. El promedio nacional del NO alcanzó el 32,34%. La victoria fue más amplia en la Sierra, Galápagos y la Amazonia que en la Costa. Con la votación de tres de las cuatro circunscripciones más importantes, Guayas, Pichincha y Azuay, el Sí definió su victoria. En Manabí, el bastión político de Rafael Correa, los resultados fueron más estrechos y el NO ganó en las preguntas dos, tres y seis, referidas a los temas políticos más importantes: la eliminación de la reelección indefinida, el cese del Consejo de Participación Ciudadana y la Ley de Plusvalía.

La mayor fuerza del No está en la Costa. En Guayas, las preguntas 2 y 3 obtuvieron el 41% y el 42% de apoyo, respectivamente. En la provincia de Los Ríos el 42,5% y el 42,8%. El No ha logrado entonces expresar el peso de los caudillos locales y las posiciones políticas más autoritarias y conservadoras. Ganó donde el populismo y los caciques han ganado siempre. El voto más duro del correismo es el sedimento de doscientos años de caudillismo, de toda una historia de clientela. Atractivo por estar signado como buen populismo por la idea de equidad y de justicia social, por un arraigado rechazo de las élites; el populismo se presenta como su realizador, no solo como su camino. El poder vertical del caudillo subido en la camioneta, uncido de la sabiduría infalible de las sabatinas, que pontifica y conduce a sus partidarios, que señala con el dedo, que fustiga.

Es innegable que Rafael Correa ha recibido un golpe duro al eliminarse la reelección indefinida, y con el cese del Consejo de Participación Ciudadana y de Control Social, porque esto, al abrir paso a la reestructuración de los organismos de Control como son la justicia (jueces y fiscalía), la Procuraduría General del Estado, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría, el Consejo Nacional Electoral, y la Corte Constitucional, le despoja de los espacios más importantes del poder todavía en sus manos.

El voto por el SÍ, expresa el deseo de voltear la página del correismo y de escribir, desde distintos intereses, una página nueva.

Las reacciones

Desde la misma noche del 4 de febrero, la derecha mediática comenzó a exigirle a Lenin Moreno eliminar los rezagos de correismo dentro de su gobierno y asumir el plan económico neoliberal de los empresarios y de su tropa de economistas. Destaca la precariedad del análisis de los resultados y de las perspectivas por parte de los medios audiovisuales donde sus figuras más señeras perdieron los papeles regocijándose por los resultados, anunciando el fin del correismo y exigiendo el inicio de un nuevo gobierno de Moreno, con otros ministros y otros funcionarios, exigiendo del Presidente, el principal ganador de la batalla, un suicidio político.

“Ha triunfado la democracia de manera contundente”, hay que “profundizar el diálogo nacional”, dijo Lenin Moreno. En la otra vereda, Rafael Correa señaló: “¡Felicitaciones a todos nuestros militantes! NINGUN movimiento por sí solo puede lograr el 36% alcanzado, peor en tan poco tiempo y lucha tan desigual. La lucha continúa”. De un lado se llama a continuar con el diálogo y del otro a continuar la lucha. En la práctica el diálogo y la negociación son las armas que utilizará Moreno para materializar los propios resultados de la Consulta en la Asamblea Nacional.

Jaime Nebot, la figura más influyente de la derecha, en declaraciones a la prensa pidió la implementación rápida del mandato popular, especialmente la derogatoria de la Ley de Plusvalía, la convocatoria a una elección especial lo antes posible para reconformar al Consejo de Participación Ciudadana, que deberá comenzar por las ternas que envíe el Presidente, su selección por parte de la Asamblea nacional y luego la elección por voto universal.

La mayor fuerza del No está en la Costa. En Guayas, las preguntas 2 y 3 obtuvieron el 41% y el 42% de apoyo. En Los Ríos el 42,5% y el 42,8%. El No ha logrado expresar el peso de los caudillos locales y las posiciones políticas más autoritarias y conservadoras.

Guillermo Lasso, quien se atribuye la paternidad sobre la Consulta señaló : “Cuidado, Presidente Moreno, con leer equivocadamente el mensaje de los ciudadanos en las urnas; cuidado descubrimos que la consulta no es más que una cortina de humo para esconder la continuidad del mismo manejo económico equivocado (…) terminar con el correismo, terminar con sus leyes que asfixian las libertades, como la libertad de expresión y su política económica que mantiene a seis de cada diez ecuatorianos en el subempleo y desempleo”.

Con la sonrisa más amplia que se le haya visto y sentado en la misma mesa que Lenin Moreno, José Serrano, una de las figuras más duras, cuestionadas y odiosas del gobierno de Rafael Correa, que como Presidente de una Asamblea Nacional muy fraccionada tendrá en sus manos un papel significativo en la implementación legal de los resultados de la Consulta, declaraba entre tanto: “Un triunfo de la democracia participativa y de todos los ecuatorianos (…) fortalecemos la institucionalidad del país”.

En el Centro Izquierda, su líder más importante, el General Paco Moncayo, puso énfasis en la constitución de las ternas para el Consejo de Participación Ciudadana señalando que Moreno “tiene que acudir a varias fuentes (…) se debe trabajar en la reconciliación nacional, para trazar un camino en el que podamos marchar juntos, recuperar el país, sus instituciones y nuestros derechos “.Las voces de los voceros del centro y de la izquierda coinciden en que los resultados son un mensaje claro sobre la corrupción, que marcan un antes y un después, en la necesidad de realizar los cambios. La Unidad Popular se ha apresurado al considerar a Rafael Correa como un cadáver político. En todo caso, se trata de un muerto que goza todavía de buena salud.

Entre los resultados y las perspectivas

Los resultados no cierran completamente un ciclo y abren otro, como exigen los voceros de la derecha y varios movimientos cobijados bajo el ala del gobierno. La situación y las perspectivas son mucho más complejas. Hay varias cuestiones que se derivan del 4 de febrero. El primero es que Lenin Moreno todavía no ha resuelto en su favor la disputa política con Rafael Correa, y que tampoco tiene consolidada su propia fuerza, y que como se ha visto, no cederá espacios de gobierno que considere sustanciales, preservando especialmente su propio campo, de aliados inciertos y hasta de posibles competidores.

Está muy claro también que continuará su bonapartismo, rasgo en el que hay continuidad con el gobierno anterior, esto le obligará a seguir repartiendo las cartas para obtener las alianzas que le resultan indispensables.

Lenin Moreno debe revestir a su gobierno de una más amplia legitimidad y presentarlo como la continuidad en positivo de la Revolución Ciudadana; una especie de justicia social sin autoritarismo y corrupción.

Hasta el 4 de febrero la cancha había estado en el interior de Alianza País, del gobierno y del Estado, y Lenin Moreno ha sido dueño de la pelota. En el futuro inmediato, tendrá que compartir la pelota con la asamblea Nacional. La izquierda política y los movimientos sociales tienen una pequeña presencia en la Asamblea y tendrán que acudir a la negociación y la movilización. El reto es consolidar una base política y social, que no se halla solamente por los pagos de lo que ahora es Alianza país.

En la Asamblea Nacional el oficialismo y la oposición suman 108 de los 137 votos mientras que Revolución Ciudadana se ha quedado con 29. Los votos del SI se descomponen en 45 de Alianza País, 24 de Creando Oportunidades (CREO), 16 del PSC, 14 del Bloque de Integración Nacional BIN, que incluye a Pachakutic, y 9 votos de SUMA. Ningún sector puede, por sí solo, constituirse en mayoría, lo que obligará a construirlas a través de la negociación; ese es el diálogo del que sigue hablando Lenin Moreno, obligado a concesión tras concesión. En época de vacas flacas, deberá recurrir a las alianzas políticas y reclutar su propia clientela.

Lenin Moreno debe revestir a su gobierno de una más amplia legitimidad y presentarlo como la continuidad en positivo de la Revolución Ciudadana; una especie de justicia social sin autoritarismo y corrupción. Para ganar la disputa con Correa, deberá reducirle a la defensiva y cerrarle el camino al nuevo partido.

El SI ganó, pero también ganó el NO. La Consulta cierra el período de reyertas abierto desde la asunción de Moreno, pero abre un nuevo espacio de disputas, previo a las dos grandes batallas políticas que son las elecciones seccionales del 2019 y las presidenciales y legislativas del 2021. El tiempo político está definido. Y el tiempo es veloz…

Viernes 9 de febrero del 2018.

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