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10 de Octubre del 2016
Historias
Lectura: 10 minutos
10 de Octubre del 2016
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Las elecciones bailan al ritmo de los medios y las redes

En el proceso electoral ecuatoriano, el potencial de las redes sociales para orientar a los electores y crear tendencias de votantes no puede ser desestimado. 

 

El uso que se hace de las redes sociales puede determinar el giro vertiginoso de una tendencia o un abrumador acumulado de votos a favor de un candidato. En dos procesos relativamente recientes, aseveraciones de medios de comunicación y encuestadoras se fueron abajo al último momento, gracias al trabajo que los actores políticos hicieron en redes sociales: la campaña de Rajoy, en España y la del NO, en Colombia.

Cuatro meses faltan para las elecciones presidenciales, un solo candidato tiene binomio, pero todos diseñan las estrategias que endosen votos a su favor. Estas van desde cocinar alianzas con otros partidos y líderes locales (en algunos casos ideológicamente disímiles), conseguir la adhesión de diversos colectivos, organizaciones, movimientos sociales… y sutilmente (o no tanto), desplegar la campaña electoral usando el recurso que tienen a mano, sea el poder estatal, el económico o el mediático.

Es precisamente el poder de los medios de comunicación, aquel que incide con fuerza en la opinión pública y su forma de votar. Es el terreno mediático en donde toma fuerza la relación entre el político y el elector. Baudrillard ya se dio cuenta de ello, cuando anotó que el elemento básico de la clase política había dejado de ser la decisión y la acción para hacer que sus intervenciones se ubiquen más en el espacio del performance.

Los medios: efectos especiales y ambiente para la clase política

En el teatro electoral, actores, orquesta y coros los define la clase política, pero el ritmo lo ponen los medios de comunicación, y eso lo saben desde hace mucho los políticos. En estos meses preelectorales, los medios muestran sus simpatías por tal o cual candidato sin empacho: desde el ataque directo a las candidaturas que lo opacan o quitan votos, hasta el  “meter miedo” sobre el candidato rival o sus aliados.

En estos meses preelectorales, los medios muestran sus simpatías por tal o cual candidato sin empacho: desde el ataque directo a las candidaturas que lo opacan o quitan votos, hasta el  “meter miedo” sobre el candidato rival o sus aliados.

Desde un descarado ocultamiento de la verdad, hasta resaltar de manera rimbombante aquellos modestos logros de político cuando estuvo en ejercicio. Sus espacios de entrevista y opinión cuentan con largos minutos sin interrupción a la voz que quieren favorecer y por el contrario se transforman en inquisitivas réplica y contraréplica con el entrevistado que no es de su agrado; si es que no le cierran las puertas.

Lugar especial merecen en los medios las encuestas y sondeos de opinión. Donde los medios hacen eco del ejercicio estadístico que da altas cifras a su favorito, y pingües números al que le hace sombra.  Las encuestas políticas y balotajes ocupan un lugar preponderante en los medios, a pesar de que “ninguna credibilidad estadística une la opinión de la gente con su aparición en los sondeos” (Baudrillard dixit), tal como varios procesos recientes (entre ellos las estadísticas que hacían ganar al SI en Colombia) lo corroboran.

En nuestra realidad, esta dinámica de los medios de comunicación y su influencia sobre los electores está probada. En 1984, el debate televisado entre Borja y Febres Cordero para la segunda vuelta fue decisivo en la derrota del primero. El moderador del debate, Patricio Quevedo, poco tiempo después fue secretario de Información y Administración Pública de León Febres Cordero, el flamante presidente social cristiano. 

Elecciones al ritmo de red social

Sin embargo, los medios de comunicación concebidos en su sentido más clásico han perdido influencia en ciertos segmentos poblacionales, donde las redes sociales tomaron su lugar. La clase política lo sabe y entra con fuerza en ellas porque subraya su carácter interactivo, ya que como  acota Baudrillard, para la clase política ya no es importante ser representativa “sino estar conectada”.

El uso que se hace de las redes sociales puede determinar el giro vertiginoso de una tendencia o un abrumador acumulado de votos a favor de un candidato. En dos procesos relativamente recientes, aseveraciones de medios de comunicación y encuestadoras se fueron abajo al último momento, gracias al trabajo que los actores políticos hicieron en redes sociales. La cantada derrota de Rajoy en la España del 2015, dejó de serlo desde que se cristalizó el trabajo de una joven experta en el manejo de mensajes de Facebook, la últimas semana antes de la votación. La otra, más reciente, es la victoria del NO en el plebiscito colombiano, que se debe en parte, a la inclusión de mentiras incontrolables que se volvieron “virales” colocadas en redes por los partidarios del NO.

La cantada derrota de Rajoy en la España del 2015, dejó de serlo desde que se cristalizó el trabajo de una joven experta en el manejo de mensajes de Facebook, la últimas semana antes de la votación.

Según analistas de ese país, ese triunfo se debió también a errores cometidos por los impulsores del SÍ al hablar en las redes “como si se tratará de radio o de televisión”, confrontar en dichos espacios de manera agresiva y estigmatizar a los partidarios opositores.

Abundan los ejemplos de cómo las redes sociales ayudaron a ganar procesos electorales. En la campaña de Correa, en el 2006, sus videos colgados en youtube atrajeron votos principalmente jóvenes, cuando no se soñaba aún con Facebook o Twitter. Estas dos últimas redes, asimismo, fueron decisivas en la reelección de Obama en el 2012.

Sin embargo, los presidenciables y sus equipos deben tener presente que abundantes “likes/me gusta” a sus propuestas en Facebook, no significa que tendrán el mismo número de votos, así como tampoco confiar en que cada uno de los millares de retuits de su mensaje se plasmará en la papeleta electoral. Un activista de redes no es necesariamente un organizador que se pondrá automáticamente la camiseta del candidato, ni garantizará votos contantes y sonantes.

Aquellos que desean usar las redes como herramienta política (y los que votan influenciados por ellas) deben tener en cuenta el peso de las tendencias mentirosas, que ayudadas por otros factores, a veces pueden ser efectivas, pero que la mayoría de veces pueden volverse como un boumerang en su contra. No olvidar tampoco, que las redes sociales pueden ser armas de doble filo…, por ello, saber cuándo callarse en las redes es también beneficioso.

Elecciones ecuatoriales: redes… ¡y jóvenes!

En el proceso electoral ecuatoriano que culmina en el 2017, el mensaje comunicado en redes sociales, la forma cómo se lo comunique y cuándo se lo lance será determinante para endosar votos a los candidatos que trabajen con ellas (¡todos!).

En el proceso electoral ecuatoriano que culmina en el 2017, el mensaje comunicado en redes sociales, la forma cómo se lo comunique y cuándo se lo lance será determinante para endosar votos a los candidatos que trabajen con ellas (¡todos!).  Esto se debe a varios factores: el primero es el alto número de usuarios de redes en el país. A finales del 2015, una encuesta realizada por el INEC a casi 5 000 000 de ecuatorianos, develó que el 41.4 % de ellos  tenía una cuenta en una red social y que cerca del 98% de los ecuatorianos que están sobre los 12 años de edad tenían una cuenta de Facebook.

Para el 2017, los jóvenes entre 18 a 26 años serán aproximadamente 2'700.000, todos con obligación de votar y en su mayoría usuarios de redes; por lo que el mensaje de los candidatos tiene que considerar ir  hacia ellos a través de estos canales. Esta tarea no es fácil, ya que no solo basta ubicar el mensaje para jóvenes, sino “hablarles  en el lenguaje y el tono de ellos”, para no cometer el error que hicieron los propulsores del SÍ colombiano, al descuidar este detalle.

Los aspirantes a Carondelet con más opciones, Lasso, Moreno y Paco Moncayo no son jóvenes (tienen 60, 63 y 75 respectivamente),  pero tienen que sintonizar con las demandas juveniles y saberlas comunicar para ganar sus votos. No necesariamente la edad del candidato garantiza la distancia o no con este segmento de ecuatorianos; el candidato más joven, Dalo Bucaram, no es favorito. Es más bien el discurso y la capacidad que los equipos de campaña, en especial el de comunicación política, tengan en el diseño y posicionamiento discursivo (de manera particular en redes sociales), los que pueden marcar la diferencia. No es una tarea imposible, como lo mencionaba un analista: Mitterrand, a sus 65 años logró ganar la presidencia de Francia en 1984, porque logró que los jóvenes de su tiempo se identifiquen con él y con su mensaje.

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