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4 de Abril del 2021
Historias
Lectura: 13 minutos
4 de Abril del 2021
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

En las entrañas del populismo anida el totalitarismo
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Fotoilustración: PlanV

 

A mayor polarización, mayor deshumanización y menor capacidad de pensar por nosotros mismos, es un efecto de la psicología social (Zimbardo, El efecto lucifer) que nos apaga moralmente mientras, la democracia se cae bajo nuestros pies.


En 2016, Donald Trump es electo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica por el partido Republicano, para asombro de muchos, particularmente los que creían que había sido simpatizante de los Demócratas (CNN en el 2004).

“Nadie lo veía con posibilidades. Luego empezó a insultar y a insultar y a hacer funcionar su estilo, y la gente quería carne roja, y se adueñó el ala ultraconservadora que se iba ir por el lado de Ted Cruz” (Calderón, Juan Carlos. De cómo los republicanos anti Trump derrotaron a Trump. 11 noviembre 2020).

En 1933, Hitler llegó al poder tras el fracaso del golpe de estado de 1923, conocido como el “Putsch de Múnich”, la experiencia le enseñó que la vía parlamentaria era el camino para llegar al poder.

En 1992, Hugo Chávez protagonizó un golpe de estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Fue encarcelado y luego de salir libre fue electo presidente de Venezuela en 1998.  Su discurso radicalmente antiimperialista conduciría a la denominada Revolución Bolivariana y a una reforma a la constitución. En el 2004 un referéndum le permitió reelegirse como presidente para  el año 2006.

En estos hechos, aparentemente dispersos, existe un factor común: el uso violatorio de la democracia por líderes populistas. La democracia resulta obscena para un populista, pues supone la exposición del poder a la opinión pública.

Para evitar que los medios de comunicación, incluyendo los cibermedios y redes sociales, denuncien que el líder populista no va a efectuar las transformaciones sociales que ofrece, es necesario  el control de la libertad de expresión y los medios que son su soporte, de esta manera se puede construir un discurso verosímil acerca de una nación imaginaria y además que los ciudadanos vivan y actúen con relación a esa visión como si fueran una sola persona. 

No debe sorprender esta afirmación, los ciudadanos alemanes al finalizar la guerra despertaron al horror de los campos de concentración, la realidad se desprendió de la nación imaginaria, construida por la publicidad nazi, empujada por la pestilencia del genocidio.

El proceso de distribución y réplica del discurso totalitario en la sociedad se muestra con la complejidad de un fractal: a partir de elementos discursivos sencillos (categorías binarias) se pueden provocar complejas interaciones en diferentes escalas sociales.

El totalitarismo es un esfuerzo concertado, alrededor, de un líder autoritario, por disminuir la entropía a cero, es decir la tendencia de cualquier sistema al desorden, lo que parece imposible por la diversidad de caracteres y opiniones humanas.

Cuando el mensaje es replicado voluntariamente por todos se puede afirmar que las personas están desindividualizadas,  repetirán el discurso totalitario sin apenas entrar en conflicto consigo mismos.

Lo que impidió la reelección de Trump, entre varios factores, fueron la  tradicional institucionalidad norteamericana y el movimiento de un grupo republicano influyente, The Lincoln Project, que vio cómo el presidente degradaba las tradiciones democráticas norteamericanas, se apropiaba del partido y decidió promover una agresiva campaña por recuperar la democracia.

El totalitarismo es un esfuerzo concertado, alrededor, de un líder autoritario, por disminuir la entropía a cero, es decir la tendencia de cualquier sistema al desorden, lo que parece imposible por la diversidad de caracteres y opiniones humanas. Sin embargo, el  discurso resuelve en parte esta dificultad pues homogeneiza el pensamiento; como esto no es suficiente se acompaña  de la transformación de las instituciones democráticas en cotos de caza a la oposición del gobierno.

El totalitarismo original no apareció una mañana en Alemania. Cualquier sociedad —mucho más una como la nuestra— es frágil frente al discurso populista. El proceso inicia legítimamente a través de la participación del líder en elecciones  y progresivamente va ganando terreno, conforme  polariza a la sociedad, con un discurso que ofrece justicia a los pobres  y castigo a los enemigos de la patria.

En paralelo se  fortalece el grupo de poder y el partido que lo representa, mientras tanto avanza en el control de los sistemas jurídico y legislativo. Los medios de comunicación sufren el descrédito y ataques permanentes, para destruirlos como espacio de generación de opinión pública.

¿Cómo el yo se convierte en el nosotros del gobierno en el discurso?: se debe extraer de  la persona  su humanidad, transformarla en algo diferente y oprobioso para la imaginación,  al mismo tiempo el líder se ubica en la posición de verdadero humano.

Cuando el mensaje es replicado voluntariamente por todos se puede afirmar que la persona está desindividualizada. El discurso populista sabe explotar esta característica humana y crear bandos irreconciliables.

La psicología cognitiva y la psicología social coinciden en afirmar que la necesidad humana de pertenecer a un grupo tiene la ventaja de favorecer la cooperación y la desventaja de considerar a los que no pertenecen al grupo como un potencial enemigo.  (Pinker, La tabla rasa) 

Cuando el mensaje es replicado voluntariamente por todos se puede afirmar que la persona está desindividualizada. El discurso populista sabe explotar esta característica humana y crear bandos irreconciliables. El ataque del ex presidente Rafael Correa a los medios tiene un parecido sorprendente con el de Trump: “prensa corrupta”, enemigos del país que ocultan la verdad. Es con el discurso como el pensamiento de grupo se extiende, en un sistema totalitario,  a  todo un país.

Simultáneamente el gobierno gestiona para que el discurso se materialice: las instituciones se encargan de castigar a los que no están a favor. Todo el sistema político, jurídico hasta cultural excluye, reprime, mata o premia. Hannah Arendt  describió el totalitarismo como esa tendencia humana a imponer nuestros criterios a otros, con los medios que sean. 

El proceso de réplica del discurso de Correa en el sistema social, que se efectúa a través de los medios de comunicación, se incrementa conforme la dinámica de confrontación social reproduce el discurso en cada escala social sin perder su forma fractal.

El fractal es un objeto geométrico irregular, en el que una parte de la figura es similar al resto. Esto quiere decir que no importa el nivel de observación, siempre conserva la misma configuración, es como un árbol que lleva toda la información del bosque.

Los discursos de Correa asemejan un bosque, cada árbol tiene dos ramas que son el nosotros y ellos y, de allí se desprenden infinidad de combinaciones con categorías que se repiten y subcategorías que se asocian a ellas alrededor de las mismas ideas o, sería mejor decir, de los mismos enemigos: la banca, la prensa corrupta, los partidos políticos y sus líderes contra la patria “Altiva y soberana”. Los árboles pueden tener diferentes formas —de árbol— con más o menos ramas y hojas, pero en el conjunto sigue pareciendo el mismo bosque, al igual que el discurso de Correa es siempre el mismo a pesar de sus variantes internas.

La vecina, el señor que atiende en un almacén, el académico y, por supuesto, el asambleísta, el ministro y la secretaria replican el mismo discurso, a veces con las mismas frases del líder.  A cualquier escala social, el bosque es similar al árbol.

Matemáticas para analizar el discurso

Portada de la investigación realizada por Saudia Levoyer y Gonzalo Ordóñez, de la Universidad Andina Simón Bolívar y Editorial El Conejo.

Para demostrar la autosimilitud del discurso, es decir, de cómo los grupos sociales replican el discurso del líder,  se efectuó una investigación que comenzó con una minería de opiniones de las categorías y subcategorías, con mayor frecuencia de repetición, en cuatro discursos a la nación de Correa,  a partir de los cuáles se probaron diferentes combinaciones.

El resultado fue sorprendente: la estructura del discurso es la misma, no importa de qué manera se combinen las categorías y subcategorías, invariablemente reproducen las ideas fundamentales de Correa.  Luego  se midió cómo se replicaban en medios de comunicación y en Twitter.

Las consecuencias del análisis fractal a nivel social son escalofriantes: el individuo resulta irrelevante, esto quiere decir que el recorrido del discurso se despliega en cascada del líder, a los medios, a los grupos  y finalmente a los individuos. Mientras más ataca el líder populista a la oposición más fuerza adquiere la polarización de los grupos sociales y mejor se reproduce el discurso.

A mayor enfrentamiento más convicción en el discurso y menor la capacidad de pensar por sí mismos de los grupos sociales que se ven obligados a defender al líder y atacar al bando contrario. A nivel matemático esto significa, que el individuo vale cero.

Cuando el populismo deviene en totalitarismo la nación entera se divide en dos grupos: las familias, los amigos, los colectivos se enfrentan dependiendo del bando en que se ubiquen. Los medios de comunicación son controlados por el gobierno, la burocracia se expande limitando el acceso a las instituciones democráticas, la justicia se parcializa y la asamblea legitima el proceso.

Al inicio el proceso es imperceptible, sin embargo el discurso populista siempre muestra la posibilidad de transformarse.

Entre el populismo y el totalitarismo existen variantes, de izquierda o derecha que han sido clasificados como  autoritarismos competitivos, dictaduras, totalitarismo democrático, etc., todas  definiciones de procesos que pueden terminar con las democracias.

A propósito de Arauz, el candidato por el Correísmo, en el debate presidencial se evidenció la necesidad de convertir a Lasso en “el banquero” un reconocido enemigo del discurso de Correa; también utilizó  palabras como “sin sumisión” y otras que hacían  referencia a la protección de la nación y es que sin un enemigo el populismo fracasa.

Arauz no logró posicionar su discurso anti banca, se explica desde la teoría aquí reseñada, por la actitud de  Lasso de evadir la confrontación y adoptar un estilo conversatorio. Sin venganza y castigo a los culpables de la crisis, las ofertas populistas no alcanzan para el populismo, la ideología necesita un enemigo.  

Entre el populismo y el totalitarismo existen variantes, de izquierda o derecha que han sido clasificados como  autoritarismos competitivos, dictaduras, totalitarismo democrático, etc., todas  definiciones de procesos que pueden terminar con las democracias.

Comprender la estructura del discurso y su forma de replicarse permite generar alertas para cuando los discursos populistas muestran evidencias de deshumanización expresadas en los insultos y etiquetas que justifican cualquier agresión, pues lo que no es humano puede aplastarse sin efecto en la conciencia.

A mayor polarización, mayor deshumanización y menor capacidad de pensar por nosotros mismos, es un efecto de la psicología social (Zimbardo, El efecto lucifer) que nos apaga moralmente mientras, la democracia se cae bajo nuestros pies.

El retorno a la democracia es sinuoso y triste, pues muchas personas tardan en despertar del sueño totalitario y algunas no lo hacen jamás, perdidos en el discurso totalitario que se incorporó en su estructura mental como si fuera propia.

*Esta reflexión  se elaboró a partir del libro “Geometría fractal del discurso populista: el socialismo del siglo XXI en latinoamérica” cuya autoría pertenece a Saudia Levoyer y Gonzalo Ordóñez, docentes de la Universidad Andina Simón Bolívar.

**Hago la invitación oficial al lanzamiento del libro que será presentado por Roberto Izurieta, de la Universidad George Washington, consultor político y analista de CNN.

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En las entrañas del populismo anida el totalitarismo
 


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