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29 de Marzo del 2022
Historias
Lectura: 15 minutos
29 de Marzo del 2022
Fermín Vaca Santacruz
Gabriel Boric se aleja del socialismo del siglo XXI y crea expectativas
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El nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, ordenó el retiro de su país de Prosur, un foro de gobierno de centro derecha.  Foto: EFE

 

El nuevo Gobierno chileno ha despertado expectativas en la opinión pública de la región. El proceso constituyente chileno plantea una nueva Constitución, que reemplace a la redactada durante la dictadura de Pinochet y que incluiría categorías como los derechos de la naturaleza y la plurinacionalidad. Pero al mismo tiempo, la gestión de Boric provoca reservas y rechazo entre quienes temen que se convierta en un gobierno de izquierda al estilo de los regímenes del socialismo del siglo XXI.

El nuevo Gobierno chileno enfrenta varios desafíos. Por ejemplo, la búsqueda de la solución al conflicto con las comunidades indígenas que habitan el sur del país, en donde los mapuches reclaman por una mayor autonomía y respeto a su cultura.

También, la presencia de un crisis migratoria, pues hasta un millón y medio de migrantes, procedentes de Venezuela y Haití, sobre todo, han llegado al país del sur.

La crisis económica afecta a Chile y se evidencia en una desaceleración del crecimiento y en una alta inflación y el aumento del precio del petróleo provocado por la guerra entre Rusia y Ucrania también afectará a un país que no tiene petróleo. Y aunque en algunos países de la región se minimiza el impacto de la pandemia de coronavirus, en Chile se han detectado hasta 18 mil casos diarios en las últimas semanas, lo que afecta de manera significativa al proceso político del nuevo Gobierno. La falta de agua, debida al cambio climático, los monocultivos que provocan desertificación, como el aguacate, y hasta la negociación en bolsa de caudales de agua, son también señalados como algunos problemas actuales en Chile. 

La falta de agua, debida al cambio climático, los monocultivos que provocan desertificación, como el aguacate, y hasta la negociación en bolsa de caudales de agua, son también señalados como algunos problemas actuales en Chile.

Pero además de estos conflictos domésticos, el proceso político chileno llama la atención por dos circunstancias: el proceso de una asamblea constituyente que funciona de manera paralela al Congreso y está redactando una nueva Constitución (y que no tiene todas las potestades que tuvo la de Montecristi), y los anuncios del Gobierno de Boric sobre reformas que promuevan una mayor inclusión social y redistribución de la riqueza, así como la reforma del polémico sistema de seguridad social. La nueva Constitución debería estar lista en julio y se someterá a referendo aprobatorio en dos meses más, que requiere de una aprobación mayor que la mitad más uno. 

Aunque Boric ya hacía política antes del llamado estallido social de 2019, protestas similares a las que ocurrieron en el Ecuador y de las que ciertos sectores hicieron una lectura basada en teorías de conspiración (supuestamente una operación terrorista controlada desde Venezuela y/o Cuba) su participación en el acuerdo político que permitió la convocatoria a la Constituyente es una marca distintiva para la administración de Boric. Al igual que Alberto Fernández en Argentina, contra Boric también se implementó la "campaña del miedo", que advertía, en pocas palabras, sobre cómo Chile se convertiría en Venezuela tan pronto ganase el joven político.

¿Pero cuáles son las similitudes y diferencias entre la propuesta de Boric y los gobiernos de Rafael Correa, Evo Morales o Hugo Chávez? Se lo preguntamos a dos analistas; Alberto Acosta (quien visitó Chile hace pocas semanas) y Gabriel Hidalgo.

¿Pero cuáles son las similitudes y diferencias entre la propuesta de Boric y los gobiernos de Rafael Correa, Evo Morales o Hugo Chávez? Se lo preguntamos a dos analistas; Alberto Acosta (quien visitó Chile hace pocas semanas) y Gabriel Hidalgo.

1.- Boric se mantiene a prudente distancia del socialismo del siglo XXI

En la posesión del joven abogado de 36 años como presidente de Chile, en el Congreso en Valparaíso, se vio un un Boric sin corbata, usando apenas un traje azul, quien llegó acompañado de su novia. A quienes no se vio fue a ninguna de las figuras del "socialismo del siglo XXI", quienes no estuvieron invitados. Ni Rafael Correa ni ninguno de sus funcionarios. Ningún representante de Venezuela ni de Nicaragua, dos países a los que el nuevo Gobierno ha calificado de dictaduras. Asistió el canciller cubano, y se invitó a personajes del Podemos español, como Íñigo Errejón, si bien no asistió. O a los ex presidentes del Brasil Lula Da Silva y Dilma Rousseff. Pero ni hablar de Evo Morales, Nicolás Maduro o Daniel Ortega. 


Gabriel Hidalgo es analista político y columnista de PLANV

Para el analista político Gabriel Hidalgo, es evidente que Boric mantiene distancia con el viejo socialismo del siglo XXI de la década pasada. Hidalgo cree que hay una ruptura actualmente en las izquierdas, entre las que son chavistas y las que tienen una inspiración más democrática. "Boric no quiere tener relación con una izquierda que se está debilitando", explica Hidalgo. Esa otra izquierda, progresista, podría incluir a Gustavo Petro en Colombia, Pedro Castillo en Perú o Lula Da Silva en Brasil, y es a esa tendencia más que a la de Correa que podría adherir el nuevo Gobierno de Chile. 

Hidalgo advierte que la trayectoria de Boric es más cercana a la democracia cristiana y a la socialdemocracia, por lo que no está asociado al socialismo. Cree que se parece en algunos aspectos a Correa, como su origen conservador, lo que podría llevarlo a un cierto autoritarismo. 

Hidalgo advierte que la trayectoria de Boric es más cercana a la democracia cristiana y a la socialdemocracia, por lo que no está asociado al socialismo.

De su lado, Alberto Acosta, quien ha seguido de cerca el proceso de la nueva Constitución chilena, destaca también que Boric ha marcado distancia con el socialismo del siglo XXI como Venezuela y Nicaragua, y que la suya es una expresión de una nueva izquierda atada sobre todo a la coyuntura del estallido social chileno. Acosta destaca que los gobiernos de esos países no son de izquierda, sino dictaduras. 

2.- ¿Qué puede aprender Boric de los procesos de la última década en Ecuador, Bolivia y Venezuela?

Aunque hay una distancia evidente con el chavismo y el correísmo, mucha de lo retórica de Boric ha inquietado sobre todo a los sectores más conservadores de su país. ¿Es posible que algunos de los elementos de los procesos en los países de la región tengan influencia sobre lo que ocurre en Chile?

Para Gabriel Hidalgo, es evidente que Bolivia ha tenido un proceso durante la presidencia de Luis Arce podría ser más comparable con la agenda de Boric que lo que hicieron en su momento Correa en Ecuador y Maduro en Venezuela. "Boric ya tomó distancia de las violaciones de derechos humanos en Venezuela y de los socios de Putin en América Latina como el Grupo de Puebla", destaca Hidalgo.

Por su parte, Acosta coincide en que si bien Boric ha tomado distancia de Venezuela, hay elementos que gravitan en el proceso constitucional chileno que son parte de la influencia de procesos como el ecuatoriano. Por ejemplo, la Asamblea discute sobre los derechos de la naturaleza, que constan en la Constitución de Montecristi, o se empieza a discutir la plurinacionalidad desde los pueblos indígenas chilenos, que mantienen un abierto conflicto con el Estado en el sur del país.

En el caso de Bolivia, Hidalgo cree que Evo Morales tuvo la virtud de separar lo político de lo económico, estrategia que ha aplicado el nuevo presidente quien fue ministro de Economía de Morales. De ahí que Boric podría tener un discurso similar, con un manejo político que mantenga sus expectativas pero no altere de manera significativa el funcionamiento de la economía chilena.


Alberto Acosta estuvo en Chile y observó el proceso constitucional

Para Alberto Acosta, Boric cuenta con mucho optimismo, y con expectativas de la población, pero precisa que será un gobierno "de tinte socialdemócrata", a pesar de gestos como no usar corbata, pero que deberán "aterrizar en cosas muy concretas". Pero al llegar al poder, no sería raro que "muchas expectativas queden truncadas" pues no se podrá enfrentar el poder de oligarcas dedicados a la minería o la industria agroexportadora, así como la oposición de algunos medios tradicionales. 

Alberto Acosta cree que no sería raro que "muchas expectativas queden truncadas" pues no se podrá enfrentar el poder de oligarcas dedicados a la minería o la industria agroexportadora, así como la oposición de algunos medios tradicionales.

Acosta sostiene que Boric debería gobernar con la nueva Constitución si es que eso es posible, pero con el marco actual será "muy difícil" para el nuevo presidente cumplir sus ofertas de campaña.Ya ha tenido dificultades para conversar con los indígenas mapuches. 

3.- Un gobierno marcado por las protestas del "estallido social"

A diferencia de los relatos que en el Ecuador hay sobre las protestas de octubre de 2019 (desde una supuesta conspiración para derrocar un gobierno "indispensable" como el de Lenin Moreno, hasta el inicio de un proceso político que podría conducir a un nuevo modelo propuesto por el movimiento indígena) en Chile se habla de un "estallido social" cuyas agendas el nuevo presidente ofreció atender durante su discurso de posesión en el Palacio de La Moneda. 

Para Gabriel Hidalgo, durante 2019 la coyuntura regional mostraba manifestaciones en toda la región, pero hubo más violencia en ciudades como Quito y Santiago. Las protestas de 2019 evidenciaron en varios países que las instituciones  están desactualizadas, y que la capacidad de respuesta de los estados está siendo superada por las dinámicas de las redes sociales y la internet. Pero tanto en Santiago cuanto en Quito hubo protestas que fueron infiltradas por personas con "capacidad terrorista" lo que se evidenció en la quema de edificios. 

Las protestas de 2019 evidenciaron en varios países que las instituciones  están desactualizadas, y que la capacidad de respuesta de los estados está siendo superada por las dinámicas de las redes sociales y la internet.

De su lado, Alberto Acosta, quien estuvo en Santiago hace pocas semanas siguiendo cerca el proceso, destaca que el estallido social de 2019 puso en evidencia que el relato de un país que tenía sus problemas económicos solucionados no tenía asidero en la realidad. Acosta destaca que las protestas no ocurrieron de la noche a la mañana por simple subida del pasaje del metro, sino por varios hechos acumulados durante los últimos 30 años. Sostiene que los gobiernos de la Concertación de centro derecha han sido simplemente una continuación de la dictadura de Augusto Pinochet, pues lo que estima que es una "dictadura neoliberal" se ha mantenido a pesar de haberse acabado el régimen pinochetista. El estallido aglutinó los reclamos del feminismo, de las minorías sexuales, de los jubilados, y eso motivó la necesidad de salir de la Constitución impuesta por Pinochet en 1980.

El ex presidente de la Constituyente ecuatoriana sostiene que las protestas en Chile no tuvieron liderazgos caudillistas, y el intento de Piñera de declarar una "guerra" fue desmentido por el Ejército, lo que les obligó a abrir la puerta de un proceso de transición, en el marco del pacto de nueva Constitución que suscribió también Boric. 

4.- El proceso constitucional abrirá el camino de nuevos derechos

Aunque la Constituyente chilena tiene menos atribuciones que la de Montecristi, la discusión de las reformas apunta hacia nuevos derechos pero no parece enfocarse en la reforma económica. Gabriel Hidalgo señala que mientras el Congreso de Chile busca viabilizar el retiro anticipado de los fondos de las administradoras de pensiones, es una medida que no cuenta con el apoyo del Gobierno de Boric. El nuevo Gobierno ha mantenido reuniones con los bloques legislativos en el Congreso y el Senado y sus primeras reformas serán las tributarias.

Gabriel Hidalgo descarta la posibilidad de cambios arbitrarios como los ocurridos en Venezuela o Ecuador. "Boric no es un nuevo Allende y no va a nacionalizar nada", explica Hidalgo, quien cree que las políticas de redistribución de Boric no llegarán a medidas como la nacionalización de las administradoras de pensiones que en Chile administran los aportes para lo jubilados. "La desigualdad no se soluciona con decretos".

Hidalgo descarta la posibilidad de cambios arbitrarios como los ocurridos en Venezuela o Ecuador. "Boric no es un nuevo Allende y no va a nacionalizar nada", explica Hidalgo, quien cree que las políticas de redistribución de Boric no llegarán a medidas como la nacionalización de las administradoras de pensiones.

Alberto Acosta destaca diferencias del proceso de Chile con Montecristi, como que el Ejecutivo y el Legislativo siguen funcionando. Pero también menciona la plena paridad de género y las curules reservadas para los indígenas, aunque para aprobar las normas deben tener los dos tercios de los votos, así como la misma mayoría en el referendum. Señala también la división entre los indígenas, y los movimientos de izquierda y los ecologistas. Acosta sostiene que los derechos de la naturaleza, la plurinacionalidad y la descentralización de Chile son algunos de los elementos más importantes. Además, hubo un proceso electoral que permitió que los grupos de independientes desplazaran a los políticos tradicionales lo que le ha dado una conformación distinta a la del actual poder legislativo. 

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