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1 de Marzo del 2015
Historias
Lectura: 18 minutos
1 de Marzo del 2015
Redacción Plan V
Gene Sharp: ¿el ingrediente secreto de la fanesca política ecuatoriana?

Este cientista político de 87 años reivindica su aporte intelectual en revoluciones en varios países del mundo, pero no menciona entre ellos al Ecuador, a pesar de su influencia en la clase política local.

 

La reunión de tres autoridades seccionales en Cuenca en el aniversario del 23F parece destapar la paranoia conspirativa en el correísmo. Pero, ¿sigue cierta oposición un guión sugerido para combatir dictaduras publicado hace décadas en los Estados Unidos? ¿Es el temor ante esa receta lo que alimenta las teorías de conspiración que denuncia el correísmo? ¿Por qué en ninguno de los dos bandos se menciona al archiconocido autor de esas tesis?

Esta obra de Sharp sintetiza las 198 tesis del acádemico para un cambio político. 

Muy metido en su papel de jefe de un Estado laico, el presidente Rafael Correa volvió a echar mano, la semana pasada, de una metáfora religiosa.

Esta vez, tras recordar a los fieles católicos que están en temporada de cuaresma, aprovechó para tachar de "fanesca" a la reunión de Mauricio Rodas, alcalde de Quito; Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil y Paúl Carrasco, prefecto del Azuay, en Cuenca.

Esta vez, la cita de quienes se cuidan de autodenominarse opositores -prefieren el término "no alineados"- fue con ocasión de la rendición de cuentas del prefecto azuayo. Paúl Carrasco, otro ex correísta desencantado de las posturas del Gobierno, en particular, de la consulta popular del 2011, que motivó su ruptura, había anunciado la presencia de los alcaldes de las dos principales ciudades del país en un acto de rendición de cuentas el pasado lunes 23 de febrero de 2015, aniversario de la victoria electoral de los "no alineados" frente a los candidatos oficialistas. 

La cita tuvo lugar en un centro de convenciones de Cuenca y a ella no fueron invitadas las autoridades seccionales del oficialismo. En la mesa directiva, sendas sillas para los tres políticos. Los tres discursos coincidieron en el mismo lenguaje: unidad, respeto a la diversidad, democracia, ciudadanía, relativización absoluta de posturas ideológicas. La cita se cerró con un documento en donde se sintetizó la propuesta de los "no alineados".

Entre los párrafos de más interés político del llamado "Manifiesto de Cuenca" destacan algunos como estos:

"Expresamos nuestra voluntad de trabajar en conjunto para impulsar y defender irrestrictamente la democracia, las libertades, los derechos ciudadanos, el pluralismo y el respeto a todas las personas independientemente de su línea de pensamiento, que son los principios y valores del 23 de febrero.

De igual manera, nos comprometemos a continuar y perfeccionar el modelo de eficiencia administrativa que, respetando las diversidades locales, desarrollamos en nuestras ciudades y provincias, a fin de cuidar el bolsillo de todos los ecuatorianos, derrotar a la pobreza y generar bienestar y empleo para nuestros pueblos.

Acordamos emprender un trabajo conjunto en el marco de la diversidad ideológica, territorial y cultural que consolide un espacio democrático y de unidad. Por eso, invitamos de forma abierta y pluralista a todos los ecuatorianos y ecuatorianas a unirse a esta iniciativa para alcanzar un Ecuador de bienestar, progreso y libertad"

¿De dónde vienen estas ideas, que en el país, Gobierno y oposición hacen pasar como frutos de su trabajosa -y originalísima- lectura de los sucesos políticos? En un modesto apartamento del centro de Boston, en Estados Unidos, parece estar la respuesta.

Los alcances de lo que bien podría llamarse "Movimiento 23 de Febrero" los había definido Carrasco en una entrevista con El Comercio, en la que el funcionario, quien en su momento se preciaba de haber coincidido ideológicamente con Correa y Alianza PAIS -por lo menos hasta el 2011- aseguraba, sin citar su fuente, que el desgaste político del Gobierno se evidenciaba en que el presidente Rafael Correa ya solo tendría el 38% de aprobación en ciertas encuestas. Por ahí, dejó entrever Carrasco en la entrevista, estaría el talón de Aquiles del correísmo: la crisis económica producto de la baja del precio del petróleo, por un lado, y el desgaste político por otro lado. En eso, Carrasco no parece abonar nada nuevo a las lecturas que ya se hacen desde sectores cercanos a los alcaldes de Quito y Guayaquil. 

Al mismo tiempo, Carrasco dice: "Cualquiera puede ser opositor, pero el problema es qué sectores tienen la capacidad de tener una posición diferente al Gobierno porque tienen respaldo popular. Eso es lo que hay que definir y sobre eso construir movilización para que la población se manifieste. Y ojo que no hablo de desestabilizar, sino ganar al Gobierno en elecciones. Entre todos los que tienen estructura y capacidad de movilización social deberíamos crear un gran espacio democrático, que no defina candidatos pero que apunte a la opción de construir un proceso de recuperación y fortalecimiento de los derechos, las libertades y la democracia". 

El prefecto azuayo menciona, como un dudoso ejemplo de unidad y acuerdos mínimos, a la "Gloriosa" revolución de 1944, cuando las fuerzas políticas de la época -desde los socialistas hasta los conservadores- se unieron para derrocar al presidente Carlos Arroyo del Río. Un proceso que, sin embargo, abrió la puerta al caudillismo de José María Velasco Ibarra, vigente durante las décadas siguientes. 

Carrasco le hizo también un guiño de ojo a la izquierda, en especial de Pachakutik y el ex MPD al señalar que "hay que definir dos tipos de actores: los que tiene posibilidad de movilización y participación, como los trabajadores e indígenas. Los otros son los actores políticos con capacidad frente a la población, y no con una posición minoritaria y la voluntad de convertirse en opción frente al Gobierno". Entre los que, en su criterio, sí pueden movilizar a la gente, estaría el "movimiento de mujeres" y los ecologistas de Yasunidos, mientras parece lanzar un puyazo a la derecha de Guillermo Lasso con aquello de "una posición minoritaria".

El puyazo, en efecto, lo sintió César Montúfar, de la Concertación, aliado de Lasso, quien fue crítico en otra entrevista al manifiesto de los del 23F: "si se habla de unidad, el primer paso es precisar para qué esa unidad. Y esta tiene que darse sobre un acuerdo de avanzar en un proyecto político de la oposición que vaya más allá de pretender un correísmo sin Correa. No es solamente reemplazar un personaje a través de la vía electoral, sino pensar en un modelo de régimen político y de sociedad que tiene que venir después del correísmo".

Para Montúfar, la principal preocupación de las tres autoridades seccionales pareció ser más bien "la defensa de los recursos para el trabajo de los gobiernos autónomos descentralizados" al tiempo que los criticó por no haber puesto clara su postura sobre las enmiendas constitucionales, en especial, la reelección indefinida, que impulsa el correísmo en el poder. 

Desencantado ante lo que parece una tibieza políticamente correcta de los de Cuenca, que se negaron, por lo menos de momento, a lanzar una agenda preelectoral, Montúfar apostilló: "¿Entonces la unidad para qué? Si no tiene una perspectiva de poder no entenderé el sentido de la reunión de Cuenca. Tiene que tener una perspectiva de poder y eso pasa por las elecciones, pasa por luchar contra las enmiendas y pasa por definir una política alternativa al correísmo".

Mientras tanto, el presidente Rafael Correa y varios de los voceros de PAIS han insistido en sus tesis del "golpe de Estado blando" y en las maquinaciones de quienes quieren "calentar las calles". 

Pero, ¿de dónde vienen estas ideas, que en el país, Gobierno y oposición hacen pasar como frutos de su trabajosa -y originalísima- lectura de los sucesos políticos? En un modesto apartamento del centro de Boston, en Estados Unidos, parece estar la respuesta. 


En este documental de la TV española se analiza la influencia de Sharp en varios países del mundo. 

Modelo para armar democracia

Gene Sharp es un anciano norteamericano que, en verano, pasea por los parques de la ciudad universitaria de Boston, en Estados Unidos, de la mano de su asistente.

Es un catedrático de ciencia política que, en su ático, tiene un pequeño invernadero donde cosecha orquídeas. En su casa funciona también, en una oficina repleta de antiguos archivadores de metal y anaqueles llenos de libros, la Institución Albert Einstein. Aunque Sharp nunca conoció al físico alemán, ni su Institución tiene relación oficial con su legado científico, le puso ese nombre por su simpatía por la postura del genio con relación a la no violencia.

Sharp es el reconocido padre de una serie de tesis políticas que, según se afirma, ha revolucionado la forma de hacer política en situaciones de conflicto en países como Serbia, Ucrania, Siria, Egipto, Túnez, Vietnam, entre otros.

Sharp es el reconocido padre de una serie de tesis políticas que, según se afirma, ha revolucionado la forma de hacer política en situaciones de conflicto en países como Serbia, Ucrania, Siria, Egipto, Túnez, Vietnam, entre otros.

Su obra más conocida se titula "De la dictadura a la democracia" y es una suerte de manual que define por lo menos 198 formas de cambiar un régimen político opresivo por otro.

De hecho, fue el ex presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien denunció al académico como autor de la teoría de dar "un golpe de Estado blando, de mecha lenta" contra el chavismo. También Irán lo acusó de ser un agente de la CIA y encarceló a un grupo de personas que leían sus obras. 

Y muchos más de los que se cree, parecen tomar muy a pecho las teorías de Sharp en el Ecuador, tanto en el Gobierno -que explica así la revuelta policial del 30S- cuanto en la oposición -que no por accidente parece usar con demasiada frecuencia la idea de la "resistencia"- sin darle al académico el debido crédito.

Aunque es muy poco probable que Sharp demande a alguno de los bandos en conflicto en el Ecuador por propiedad intelectual, muchas de las declaraciones de los políticos ecuatorianos de antes y después del correísmo parecen inspirarse en los libros del académico norteamericano, quien, al igual que el líder hindú Gandhi, aboga por una lucha no violenta contra quienes tienen el poder del Estado y las armas de las fuerzas públicas.

Pero, ¿qué es lo que propone Sharp como herramientas "ciudadanas" para resistir a un gobierno o de plano derrocarlo? Sorprendentemente, algunas de las estrategias que ya se han aplicado en el Ecuador desde la época del empujón a Abdalá Bucaram, recetas que fueron seguidas luego al pie de la letra en las caídas de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez.

Entre las acciones que recomienda Sharp y que aparecen en sus libros, constan, por ejemplo, "desplegar banderas y colores simbólicos", "promover gobiernos paralelos o soberanías duales", "quedarse en casa", "poner nuevos nombres y símbolos", "crear instituciones sociales alternativas", "hacer vigilias y procesiones religiosas", "sacar los depósitos bancarios", "organizar un boicot de consumidores", "organizar la resistencia civil", "organizar elecciones y funerales simbólicos", entre otros, que el académico considera son armas tan eficaces como las de fuego. 

Esta resistencia "no violenta" explica Sharp, se fundamenta en el hecho evidente de que enfrentarse con armas a quienes las tienen más y mejores es simplemente llevar la pelea  al campo que le es más favorable al gobierno. De ahí que, en resumen, Sharp sea el teórico de las "revoluciones ciudadanas" tan eficazmente aplicadas en el caso ecuatoriano, desde el "qué se vaya" contra Bucaram, pasando por el 21 de enero y terminando en el movimiento "forajido".

Aunque en sus obras, Sharp desarrolla extensamente las 198 tesis sobre cómo cambiar un gobierno de manera pacífica -siempre y cuando, parece matizar, no se pueda hacer ganando las elecciones en buena lid, como corresponde a todo defensor de la democracia al estilo de Estados Unidos- todas sus enseñanzas parecen sintetizarse en cinco pasos. 

Los cinco "peldaños" de Sharp

El pensamiento de Sharp sobre cómo cambiar un gobierno parece poder sintetizarse en cinco lecciones, que algunos de los políticos criollos, antes y durante el correísmo, parecen empeñados en aprovechar como buenos estudiantes. Cinco lecciones que, como con los libros de Maquiavelo, también podrían aplicarse al revés, para mantener un gobierno abusivo e ilegítimo en el poder a pesar de la oposición. 

¿Golpe blando? por el contrario, Sharp aboga no por el derrocamiento, sino por el desmoronamiento de un régimen que, al quedarse sin apoyo, se desploma solo.

La primera, dice Sharp, es "planificar la estrategia". Y pone un ejemplo contundente: en los sucesos de Tiannamen en China, los estudiantes que protestaban actuaban de forma errática y contradictoria. Esto significaba que pensaban que, improvisando sobre la marcha, iban a llegar a algún lado. Sharp cree que eso es un error: lo primero que se debe hacer, opina, es planificar correctamente la estrategia, definir los objetivos y visualizar lo que se quiere lograr. Mientras el correísmo parece haber tenido la estrategia clara desde el primer día, la oposición de centro derecha, por un lado, y la de centro izquierda, por otro, no parecen tener clara una estrategia conjunta, a juzgar por sus declaraciones de las últimas semanas. 

Lo que nos lleva a la segunda recomendación de Sharp: "superar la atomización". Mientras las organizaciones e individuos que están disconformes no logran unirse en un proyecto conjunto, es más fácil para el régimen que quieren combatir mantener su control. De ahí que, desde varios sectores se habla de "unidad" aunque, por el momento, esta no parece ser más que retórica. ¿Alude a esto Paúl Carrasco cuando habla de la lejana Gloriosa de 1944, cuando hubiera sido más fácil recordar la pintoresca Camioneta de 1997? Es difícil saberlo.

La tercera lección es "captar los pilares de apoyo". Para Sharp y sus colaboradores, es evidente que un gobierno, cualquier que sea, se sostiene en varios pilares: la fuerza pública, las iglesias, el empresariado, los medios de comunicación. Según el experto, no se trata de destruir los pilares de un gobierno sino de convencerles de que apoyen al nuevo régimen. Si el correísmo logró captar el apoyo de ciertos sectores del empresariado y decidió destruir a la prensa -en su visión del mundo el mayor peligro es la libre circulación de las ideas- parece vivir también convencido de que, en el 30S, se trató, por parte de movimientos de oposición de captar a uno de los pilares del poder político en el país: la fuerza pública.

La cuarta lección, según el académico residente en Boston, es "resistir a la violencia". Es posible, explica, que un régimen incurra en acciones violentas: homicidios, torturas, desapareciones, descalificaciones, persecuciones. El tema, dice, está en resistir a esa violencia pues, tarde o temprano, algunos sectores que apoyan al régimen violento terminarán por quitarle su  simpatia. ¿Le apuestan a esto quienes en el Ecuador hablan de "resistencia"? Nuevamente es difícil de determinar. 

La quinta y última lección parece la más difícil de todas: "no rendirse", lo que se explica solo.

Aunque las teorías de Sharp fueron publicadas antes de la era de la Internet y de las redes sociales, en países como Egipto y Siria los revolucionarios locales adaptaron las tesis a la nueva tecnología. ¿Es esta la causa de la reciente preocupación del correísmo por controlar las redes sociales y los memes? Es posible que así sea, si se toma en cuenta que varios funcionarios del Gobierno han esgrimido la tesis del "golpe blando", que, por cierto, no menciona explícitamente el autor. Por el contrario, Sharp aboga no por el derrocamiento, sino por el desmoronamiento de un régimen que, al quedarse sin apoyo, se desploma solo. 

¿Es posible que la receta de Sharp, a la que se atribuyen exitosas revoluciones, viva en la casa de la política ecuatoriana sin pagar arriendo? La mayor paradoja para la legión de admiradores que parece tener entre los políticos ecuatorianos es que cuando Sharp enumera las revoluciones que reivindica como fruto de su obras, ni siquiera menciona al Ecuador. 

 

 

 

 

 

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