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4 de Agosto del 2017
Historias
Lectura: 15 minutos
4 de Agosto del 2017
Gustavo Isch

Consultor político, experto en comunicación electoral y de gobierno. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar

JG y la noche triste de Alianza PAIS
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La disputa por la hegemonía de la correlación de fuerzas dentro del correísmo tiene como arranque el nombramiento de Glas como binomio de Moreno, impuesto por Rafael Correa.

 

Su peso muerto es fundamental en la coyuntura de los últimos días y horas: si la “revolución” lo pierde como vicepresidente, lo expone fuera del campo político donde tiene inmunidad, al campo penal, donde es altamente vulnerable. Si JG cae, caen todos los involucrados en las cuentas coloradas de la corrupción. RC lo sabe bien. Todos ellos lo saben.

El martes 01 de agosto del 2017 será especialmente recordado para los ecuatorianos. Ese día, el diario brasileño O'Globo publicó una grabación de audio sobre una conversación sostenida entre el excontralor general del Estado Carlos Pólit Faggioni y el alto ejecutivo internacional de Odebrecht, José Conceição dos Santos Filho. 

En la grabación de un minuto con 24 segundos que publica el diario brasileño, las supuestas voces de Conceição dos Santos y de Pólit hacen referencia a las altas sumas de dinero que recibía “siempre en efectivo” el entonces Contralor (hoy refugiado en Miami), para facilitar contrataciones a la gigante empresa brasilera.

El escándalo se tornó mayúsculo, cuando en la conversación entre el delator brasileño y el excontralor se involucra al vicepresidente ecuatoriano, JG, por entonces ya cercado por varias denuncias o sospechas de corrupción, en su calidad de responsable de las llamadas áreas estratégicas.

Casi de inmediato, las redes sociales ecuatorianas empezaron a desbordarse. Para JG, RC (léase  Rafael Correa), y su facción en el movimiento AP, el impacto de la revelación fue devastador; en cambio, para el gobierno actual y para los actores alineados en un discurso contra la impunidad y contra la corrupción, la nota de prensa fue como haber recibido una Biblia con un pedazo de Dios adentro.

Los números mostraban que ni RC y peor aún JG muy difícilmente ganarían las elecciones generales que se avecinaban si ellos encabezan la papeleta electoral; en cambio, la figura de Lenín Moreno sí ofrecía esa posibilidad.

La carrera política de JG, que parece haber llegado a su fin cuando escribimos estas líneas, es interesante, tanto como la de muchos de los desconocidos e inopinados hombres y mujeres que en 10 años de “revolución ciudadana” saltaron del anonimato, para personificar sorprendentes papeles protagónicos dignos de un triller policíaco alucinante y ojalá irrepetible.

Es el caso de JG, quien de su trabajo como ejecutivo de un modesto canal televisivo —cuasi invisible en el rating— llegó a ser el vicepresidente ideal de Rafael Correa, acumulando paulatinamente tal poder, que llegó a presidir nada más y nada menos que las llamadas “áreas estratégicas”, precisamente las portadoras de los mayores recursos financieros contables y potenciales del país. Para llegar a ese punto, sin duda debió contar con la confianza y respaldo a toda prueba de RC.

Fue notorio en las pasadas elecciones generales, que JG jugó el rol del binomio incómodo en la campaña electoral de Lenín Moreno; y luego de las elecciones de abril del 2017 se posicionó como el mayor lastre —incluso más pesado que el mismo RC— del proyecto político del nuevo presidente.

Los acontecimientos que vertiginosamente han transformado el escenario político nacional en la primera semana de agosto de este año, tienen sus antecedentes más cercanos en la nominación a la candidatura presidencial de Lenín Moreno, cuya imagen era la única que podía enfrentar el deterioro del modelo correista hostigado por una incesante oposición, minado por el hastío de los electores hacia el prepotente estilo de gobierno de RC, el deterioro de su credibilidad, y  la debacle de su movimiento político el 23 de febrero del 2014.

Los números mostraban que ni RC y peor aún JG muy difícilmente ganarían las elecciones generales que se avecinaban si ellos encabezan la papeleta electoral; en cambio, la figura de Lenín Moreno sí ofrecía esa posibilidad; no obstante, desde que en octubre del 2016 se oficializa la candidatura del actual presidente, diversos análisis coincidían en evidenciar la inexistencia de la armonía requerida en el binomio. De hecho, la última fase de la campaña, Moreno cargó con todo el peso de la misma en razón de los efectos contraproducentes que generabas la sola  presencia de JG acompañando al entonces candidato presidencial.

Ello debido a que el tema de la corrupción fue uno de los ejes claves que definieron las estrategias de todos los competidores, y ya para entonces, JG era blanco de persistentes sospechas sobre su participación en actos públicos llenos de opacidad. Las sospechas engordaron en base a una serie de indicios disparados desde distintas fuentes y desde las investigaciones de periodistas dentro y fuera del país, hasta crear una inexpugnable capa de escepticismo ciudadano sobre las argumentaciones de JG, que abogaba por su inocencia. Su lamentable presentación ante la Asamblea, en la cual el oficialismo montó un rupestre show para exculparlo y evitar abrirle un expediente que pudiese franquear una investigación, fue uno de los peores errores de la facción ovejuna.

De igual modo, los tuits de RC desde Bélgica atacando a Lenín Moreno —llamándolo “desleal”, “traidor” y “mediocre”— inteligente y sutilmente respondidos por el presidente, hallaron eco en las guarichas sumisas a los mandatos de su líder histórico, pero abrieron aún más la brecha entre quienes apoyaban los llamados al  diálogo y lucha contra la corrupción planteados por el mandatario, frente a la facción verde flex, que llamaba a defender “su” revolución, su década ganada, sus manos limpias, sus corazones ardientes y a su compañero JG.

Si la “revolución” lo pierde como vicepresidente, lo expone fuera del campo político donde tiene inmunidad, al campo penal, donde es altamente vulnerable. Si JG cae, caen todos

¿Cómo JG se convirtió, por unos días, en el político más importante del Ecuador? Hasta llegar al 1 de agosto del 2017, en ausencia física de RC y sus ocho guardaespaldas, la imagen de sí mismo que JG parece haber consolidado a pulso y por herencia, es la de representar lo peor de 10 años de correismo. En política se dice que la verdad es la imagen que se percibe, y la política también es el arte de manejar las percepciones; en ese escenario y bajo esas premisas, JG terminó por convertirse en un muerto-vivo.

Su peso muerto es fundamental en estos últimos días y horas: si la “revolución” lo pierde como vicepresidente, lo expone fuera del campo político —donde tiene inmunidad— al campo penal, donde es altamente vulnerable. Si JG cae, caen todos los involucrados en las cuentas coloradas de la corrupción. RC lo sabe bien. Todos ellos lo saben.

Por otro lado, el gobierno de Lenín Moreno es inviable si realmente mantiene su empeño en una gestión de cero tolerancia a la corrupción y no logra deshacerse de JG y lo que su sola imagen encarna. Una negociación pactada entre ambos bandos es improbable. El tema pasa por la Asamblea, donde la mayoría oficialista está pegada con saliva; la misma saliva que se atraganta en discursos vacuos, o que humedece las yemas de esos dedos que solo reciben en efectivo; la que se escupe al cielo cuando deja de llover café en el campo.


Los días felices: Glas, a la derecha, festeja junto a los líderes del partido el triunfo en la segunda vuelta electoral.

Además, la información sobre el escándalo de Odebrecht no puede ser controlada por ninguno de los dos actores confrontados. Este factor es una ventaja para el gobierno de Lenín Moreno y una pesadilla para quienes saben que se les viene la noche; la noche triste que cierra una década ganada para la corrupción sin precedentes de la cual es co-responsable un grupo de ciegos, sordos y mudos ovejunos, y de la que parece sacaron millonario provecho un puñado de pillos.

Por otro lado ese no es el único caso que debe quitarles el sueño a RC y sus incondicionales: los contratos y la deuda con China, así como las auditorías a incontables procesos de contratación pública que podrían estar salpicados de acuerdos entre privados, suman cantidades de dinero que hacen ver en Odebrecht solo la punta del iceberg.

El Fiscal las tendrá muy duras para evitar otro papelón como el que lo puso en evidencia cuando se difundió desde Brasil y por redes sociales, la conversación entre el excontralor y el funcionario de Odebrecht. A todo esto, la oposición ecuatoriana es un mal chiste. En ella, Guillermo Lasso sigue perdido en su arrogancia, la misma que nunca le permitió crecer como líder de una opción de cambio, como candidato ganador, y ahora como opositor.

RC sigue rutilando como el único y más peligroso opositor del régimen. Si alguien se pregunta por qué no ha regresado aún, es evidente que no hallará la respuesta en su devoción familiar. Las razones para mantenerse a buen recaudo en Bélgica son claras. Por lo pronto, fuera del poder real, imposibilitado de manejar toda la institucionalidad pública a su antojo, y desprovisto de los recursos de su campaña de comunicación permanente, está condenado a bramar desde el Twitter y monitorear vía virtual a sus operadores.

Su temperamento incontrolable ha sido hasta ahora su mejor recurso, pues le ha permitido patear hacia adelante y forzar la crisis de la primera semana de agosto a límites que pusieron en vilo a muchos, y que mostraron el temple de Moreno, quien maneja sus propios ritmos para hacer lo que hace.

RC sigue rutilando como el único y más peligroso opositor del régimen. Si alguien se pregunta por qué no ha regresado aún, es evidente que no hallará la respuesta en su devoción familiar.

De su parte, JG demostró que ya no tenía ya nada que perder, cuando el 2 de agosto difundió un comunicado contra el presidente, al que siguió el clima de tensión que todos atestiguamos con vivo interés. La respuesta vino al día siguiente, cuando se oficializaba la indagación fiscal por un escandaloso contrato petrolero en el que una veintena de funcionarios están implicados penalmente, incluido JG.

Como presidente de AP, Moreno, obligó a la ya debilitada organización verdeflex, a publicar un mensaje dirigido a la “querida militancia”, en la que llamaba a la unidad y le recordaba que continuar con “el proyecto” no pasa por tranzar con la impunidad. El mensaje se difundió cerca de las 11 de la noche del 2 de agosto. A la mañana siguiente, la inefable Gabriela Rivadeneira, fiel seguidora del “querido líder histórico” RC y secretaria ejecutiva de AP emitió un comunicado muy a su estilo, donde valió la pena —por primera vez— leer su discurso; pues lo esencial era lo que no estaba escrito: en ningún párrafo mencionó a su compañero JG.

El 3 de agosto JG tuvo una apretada agenda: al medio día plastificó el Decreto por el cual Moreno le retiraba todas sus funciones como vicepresidente. A las 3 de la tarde, en rueda de prensa, se quejó de que no le permitían usar ninguno de los aviones presidenciales, se victimizó —como reza el libreto patentado por los hermanos Alvarado—; flameó su versión de la verdad como bandera que guiará a los y sacrificados héroes de la revolución  hacia el retorno de la aurora; anunció una buena noticia para miles de ecuatorianos: la reforma a la ley de plusvalía impulsada por Moreno; recordó que es el vicepresidente electo de todos los ecuatorianos, y se retiró. No sabemos si a ver el capítulo de Astroboy, que en esos mismos minutos el canal del Estado transmitía como si nada estuviera pasando.

Pero esta historia aún no llega a su desenlace.

Las historias que cuentan la política son mucho más complejas, duras, enredadas, siniestras, oscuras y azarosas, que el más imaginativo de los melodramas producidos para el entretenimiento masivo.

La política nunca busca un final feliz, no es ése su objetivo. Su finalidad es la conquista y el control del poder; y el poder es una facultad que individuos o grupos tienen para imponerse sobre otros. Las razones y las motivaciones que justifican la imposición de tal poder son variadas: van desde la ideología hasta la economía, pasando por la antropología o la religión, y la aplicación de la violencia como recurso para la imposición de las voluntades predominantes puede ser justificada por la ética y normada por la ley, apelando al “bien común” o la legítima defensa. El tema es harto complejo e invita a ensayar reflexiones inacabables, así que dejémoslo hasta allí. Solo mencionemos que de eso se trata lo que el Ecuador está viviendo desde que Lenín Moreno asumió la presidencia de la república. Una lucha por el poder en la que están en juego inconfesables e inconmensurables intereses creados a la sombra de una década arranchada a la ética y a la democracia.

Parecería que el plan de la AP fiel a RC será mantener a JG en la línea de sucesión y sacar del poder al presidente Moreno.

Está por verse.

Postdata: el uso de iniciales en este artículo es para proteger a los inocentes.

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