Back to top
23 de Marzo del 2015
Historias
Lectura: 13 minutos
23 de Marzo del 2015
Redacción Plan V
Jiménez y Villavicencio: un retorno emotivo y desafiante

Fotos: Luis Arguello

Villavicencio se reencuentra y da la bienvenida a Cléver Jiménez al ingreso a la sede de Pachakutik.

 

Un juez de la Corte Nacional de Justicia declaró prescrita la pena de un año de prisión que, por injuria judicial en contra del presidente Rafael Correa, pesaba en contra del ex asambleísta Cléver Jiménez y su asesor, Fernando Villavicencio. El tercer sentenciado, el médico Carlos Figueroa, cumplió seis meses de cárcel tras ser capturado en Quito. El 24 de marzo dieron una rueda de prensa en Pachakutik.

Notificación de la Corte Nacional, en la cual se detallan los antecedentes del caso.

Cuando faltaban diez minutos para las diez de la mañana del martes 24 de marzo, Fernando Villavicencio se bajó de un Kia Soul, que manejaba su esposa Verónica Saráuz, en la calle Lugo, detrás de la Universidad Andina Simón Bolívar.  Minutos antes decenas de periodistas y fotoreporteros de la prensa nacional y corresponsales extranjeros aguardaban impacientes, junto a la sede del Movimiento Plurinacional Pachakutik, donde iba a darse la rueda de prensa.

Villavicencio recibió el primer abrazo de sus hijas mayores, luego sus otros parientes, sus amigos y colegas. Estaba ojeroso y emocionado, con el último de sus hijos, Martín, en sus brazos.  El periodista y activista social ingresaba al edificio de dos plantas adornado con banderas del arcoíris cuando por la calle caminaba el exasambleísta Cléver Jiménez, un hombre de pequeña estatura y traje gris, sin corbata, que llego junto a una pequeña delegación. En la puerta el médico Carlos Figueroa, quien estuvo preso seis meses por el mismo caso los recibió con un estrecho abrazo.

Los principales líderes del brazo político del movimiento político se sentaron junto a los tres personajes principales de la noticia del día.  Ahí estuvieron César Umajinga, Magally Orellana, Lourdes Tibán, José Acacho, Julio César Trujillo, Fanny Campos, entre otros. Los recibieron como a héroes en emotivos discurso. Campos, la presidente nacional del partido declaró a este como una día histórico para el movimiento, por tener de vuelta a “hombres valerosos” que denunciaron la corrupción y sufrieron persecución por ello.  Hoy los vemos más fuertes, dijo en medio del silencio de decenas de reporteros que rodearon la mesa directiva y registraban el hecho.


Villavicencio, carga a su hijo más pequeño mientras una de sus hijas abraza a su esposa Verónica.


El reencuentro con su hija Amanda.

Notificación oficial de la prescripción de la pena de un año para Cléver Jiménez y Fernando Villavicencio.

“Casi me olvido de hablar”, fue la primera frase de un Villavicencio agotado al tomar el micrófono.  Agradeció a toda la dirección política de Pachakutik, a la prensa independiente del país y la tarea de apoyo que obtuvieron de Fundamedios y de César Ricaurte, su director. Pero también dijo reconocer que esa decisión del juez de la Corte Nacional es fruto de las movilizaciones del 19 de marzo último y del nuevo momento que vive el país.

Villavicencio, que en la clandestinidad escribió el libro La derrota del jabalí, sobre su peregrinar huyendo de las autoridades y su permanencia en territorio Sarayacu, dijo que la decisión de pasar al exilio y luego a la clandestinidad no fue un acto de cobardía, sino de valor al declararse, los tres sentenciados, en rebeldía por “la decisión dictatorial de Rafael Correa de desconocer el pedido de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, en una sentencia que calificó como “motivada por el odio y la venganza políticas”. Resolvimos, dijo, que ese poder no iba poner su mano sobre nosotros y no íbamos pasar un solo día en la cárcel por eso. 

Villavicencio definió a la decisión del juez que declaró la prescripción de la causa como un “acto de consecuencia jurídica en un océano de incompetencia”. Pero advirtió que la persecución de la que fueron objeto fue debido a las denuncias de persecución, y recordó que el “allanamiento brutal” a la morada de su familia la noche del 26 de diciembre del 2013 no quedará en la impunidad y que “Rafael Correa, Alexis Mera y todos los que actuaron en este caso deberán responder a los tribunales nacionales e internacionales por esto”. Dijo que hasta este momento no han podido probar una sola de sus acusaciones que motivaron este allanamiento, del cual mis hijos no se recuperan”, y recordó que unos quince policías entraron a su domicilio con fusiles. Por este tema continuarán el proceso hasta llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dijo y prometió que  no se callará en sus denuncias de corrupción contra el gobierno. Villavicencio contó que debido a la persecución judicial su esposa, Verónica, perdió su empleo y su familia no tuvo los ingresos para mantener el hogar, salvo el producto de la venta de dos libros que había publicado recientemente. “Perdí todo, así que si Rafael Correa nos quiere cobrar los 140 mil dólares de la multa de una vez le digo que no tengo plata, si quiere decláreme insolvente, lo perdimos todo”.


Jiménez, Villavicencio y Carlos Figueroa en un momento de alegría durante la rueda de prensa en la sede de Pachakutik


La dirigencia nacional de Pachakutik acompañó a los dos sentenciados a su rueda de prensa.

 

Según el abogado defensor de Jiménez y Villavicencio, Julio César Sarango, desde el 3 de marzo se había pedido que la Corte se pronuncie en ese sentido. También se había presentado un amparo de libertad. Con la providencia, ambos pueden volver a la vida ordinaria.

Cléver Jiménez tuvo un discurso más político, acorde con su condición de dirigente nacional de PK y como exlegislador de ese partido. Quien lo reemplazó en el congreso, César Umajinga, le entregó un bastón, que, aclaró, no es de mando, sino de guía, “para los tres compañeros, que no pierdan el camino de seguir luchando con valor por la transparencia y contra la corrupción”. Jiménez fue investido también con un poncho tradicional, en homenaje a las familias que los tres sentenciados, que cargaron con todo el peso de su ausencia, dijo el dirigente.

El exasambleísta se declaró contento de estar frente al pueblo ecuatoriano, “frente a los más pobres, que nos acogieron y apoyaron, a quienes agradecemos, especialmente al noble pueblode Sarayaku”, tras lo cual la sala estalló en aplausos.  Sarayaku, un pueblo noble y pacífico, fue para nosotros una escuela de vida, y para mi la maestría que me hacía falta, señaló.

Me admira, dijo, que el gobierno haya gastado tanto dinero y tecnología en su afán de tomarlos presos, pero “pudo más la solidaridad de la gente”. Calificó al actual como “uno de los gobiernos más corruptos de la historia del Ecuador. He visto que nuestro sacrificio no ha sido en vano. La gente le está perdiendo el miedo a este gobierno prepotente y autoritario”, dijo. En parte de su intervención se refirió a que la crisis se debe “a imposiciones externas y la dilapidación y corrupción del dinero de los ecuatorianos” y ofreció luchar para que el dinero regrese a las arcas del Estado, “que son sagradas”. “Esto –el gobierno- se termina, el tiempo de Correa terminó, lo que debemos hacer es dialogar con todas las fuerzas sociales y políticas, no en busca de alianzas políticas sino para impedir la reelección indefinida”, dijo.

La providencia en la cual se declaraba la prescripción de la pena de un año y notificaba a la Policía de que se abstuviera de encarcelarlos, fue notificada a primera hora del día anterior, el 23 de marzo de 2015. El juez penal de la Corte Nacional de Justicia, Luis Enríquez, dictaminó que el 21 de marzo se cumplió un año que se ejecutorió la sentencia en contra del ex asambleísta por Zamora Chinchipe, Cléver Jiménez, su asesor Fernando Villavicencio y el médico Carlos Figueroa, a quienes la justicia sentenció por el delito de injuria judicial cometido en contra del presidente Rafael Correa.

Jiménez y Villavicencio pasaron un año en la clandestinidad, pues no pudieron ser detenidos, aunque se conoció de su presencia en la comunidad indígena de Sarayaku, de donde debieron huir ante la amenaza de una intervención de la fuerza pública. Figueroa, entre tanto, fue detenido al norte de Quito, luego de que volviera a la capital para atender a su madre, quien falleció de cáncer mientras él se encontraba preso en la Cárcel Cuatro.

Los tres fueron sentenciados por la ex jueza nacional Lucy Blacio, quien consideró que la denuncia que formularon en la Fiscalía, acusando al presidente Rafael Correa de presuntos delitos de lesa humanidad, constituyó un caso de injuria judicial. La sentencia fue expedida por la jueza Blacio el 21 de marzo de 2014, una vez que fueron rechazados todos los recursos presentados por el ex asambleísta y sus asesores tanto en casación cuanto en la Corte Constitucional. 

En su análisis del caso, el juez Enríquez establece que, dado que es obligación del Estado hacer cumplir con el límite temporal que tienen las penas, y dado que la legislación vigente establece que la pena prescribe en el mismo tiempo que la condena, siempre y cuando no sea menor de seis meses, dispone que se declare prescrita la condena para los dos prófugos y que se oficie a la Policía para que "se abstenga de capturarlos".


Decenas de medios de comunicación nacional e internacional cubrieron el retorno.

El abogado Julio César Sarango rechazó los argumentos del procurador judicial del presidente Rafael Correa, Caupolicán Ochoa, quien en un escrito insistió ante la Corte Nacional en que la pena fue de 18 meses de cárcel, por lo que no habría prescrito.

Según el abogado defensor de Jiménez y Villavicencio, Julio César Sarango, desde el 3 de marzo se había pedido que la Corte se pronuncie en ese sentido. También se había presentado un amparo de libertad. Con la providencia, ambos pueden volver a la vida ordinaria.

Pero hay una indigación previa en la Fiscalía en contra de los dos sindicados: la del allanamiento en contra de Fernando Villavicencio y Cléver Jiménez por supuesto hackeo de mails del Palacio de Gobierno, que se realizó el 26 de diciembre de 2013, y del que aún no hay resultados. 

En la parte final de la rueda de prensa, Jiménez anunció que llevará el caso del 30S a la Corte Penal Internacional, a pesar del revés en la justicia nacional que condujo a su sentencia por injurias judiciales. El ex asambleísta precisó que todavía se debe castigar a los culpables de los sucesos de ese día, que, en su criterio, no son los ex policías y ex militares actualmente procesados ni él y sus asesores como denunciantes.También se mostró convencido de que el modelo correísta está agotado y que se debe propiciar, desde los sectores políticos de oposición, una transición pacífica y democrática. 

De su lado, el abogado Julio César Sarango rechazó los argumentos del procurador judicial del presidente Rafael Correa, Caupolicán Ochoa, quien en un escrito insistió ante la Corte Nacional en que la pena fue de 18 meses de cárcel, por lo que no habría prescrito. Explicó que el argumento no es válido, y que el delito de injurias desapareció con la nueva legislación penal, por lo que ya no hay motivo para revisar la providencia que declaró prescrita la causa contra Jiménez y sus asesores.


Jiménez posa junto a los líderes y asambleístas del movimiento Pachakutik.

 

 

GALERÍA
Jiménez y Villavicencio: un retorno emotivo y desafiante
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

El Gobierno prepara un confinamiento de fin de semana contra la pandemia
Redacción Plan V
Una salud pública, herida de muerte y con menos camas, ha enfrentado la pandemia en el mandato de Moreno
Redacción Plan V
Una economía estancada y con más deuda externa tras cuatro años de Moreno
Redacción Plan V
Lenín Moreno: El desempleo y la pobreza fueron de la mano
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Mientras Correa "pide cacao", el correísmo prepara el contraataque
Redacción Plan V
El contralor Pablo Celi, detenido por la trama de sobornos en Petroecuador
Redacción Plan V
Así se lavan en Miami los sobornos del 10% que circulan en Petroecuador
Redacción Plan V
La peor tragedia del correísmo no es haber perdido las elecciones, sino su futuro
Ramiro J. García Falconí